William Shakespeare




LA MISERICORDIA

La cualidad de la misericordia no se puede forzar,
cae como la suave lluvia del cielo sobre la tierra.
Es doblemente bendita:
bendice al que la da y al que la recibe.
Es la más poderosa
entre los más poderosos.
Le sienta mejor al monarca en su trono
que su corona:
Su cetro  muestra la fuerza del poder efímero,
el atributo del temor y la majestad
en el que reside el poder de los reyes.
Pero la misericordia está por encima
del dominio del cetro,
está entronizada en los corazones de los reyes,
es un atributo del mismo Dios.
Y el poder terrenal
se asemeja más al de Dios
cuando la misericordia sazona la justicia.
Por lo tanto, judío,
aunque la justicia sea tu súplica,
considera esto:
que en el curso de la justicia
ninguno debería ver la salvación.
Oremos por misericordia,
y esa misma oración
nos enseñará a todos
a practicar esa misericordia.

William Shakespeare

Elizabeth Siddal






EL PASO DEL AMOR

¡Oh Dios, perdóname por haber puesto
mi vida en un sueño de amor!
¿Las lágrimas de angustia
nunca lavarán la pasión de mi sangre?
El amor guardó mi corazón
en una canción alegre,
mi pulso temblaba ante su son.
Las frías ráfagas del invierno
soplaron sobre mí como la dulce brisa de junio.
El amor flotó en las nieblas de la mañana
y descansó en los rayos de la puesta de sol.
Calmó el trueno de la tormenta
y alumbró todos mis caminos.
El amor me sostuvo alegre a través del día,
y soñando siempre durante toda la noche.
Ninguna cosa mala podía venir a mí,
mi espíritu era ligero...
¡Oh Cielo, ayudad a mi corazón insensato
que no escuchó el paso del tiempo
que arrastró a mi ídolo de su lugar
destrozando todo su santuario!

Elizabeth Siddal

María José Rojo





SONETO

Camino del desierto, paso a paso,
tras la nube que oculta tu presencia,
mi fe se robustece en esta ausencia,
irradiada en tu Faz, luz sin acaso.

Sin temor a la muerte, ni al fracaso,
marcada por el toque de tu ciencia,
en ofrenda de amor darte mi esencia,
urgida por tu fuego en que me abraso.

Gustar que me poseas, poseerte,
dejar la vida entera en tu regazo,
mi gozosa tarea, mi ejercicio.

En despojo feliz, así quererte;
y fundirnos los dos en un abrazo,
que ya sólo de amar tengo el oficio.

María José Rojo

Alejandro Nieto





SONETO

Es la riqueza y entre pajas nace,
es la justicia, y entre reos muere,
es fuerza suma y ruega a quien le hiere,
es vida eterna y sucumbir le place.

No hay pecho atribulado que él no abrace,
no hay alma rezagada a quien no espere,
no hay virtud que en su ser no reverbere,
no hay contrición que su bondad rechace.

Perlas le brinda el mar; la tierra, flores;
la aurora, bellas nubes purpurinas;
los astros, inmortales resplandores.

Tersa alfombra las aguas cristalinas;
música, los alegres ruiseñores,
y el hombre, hiel y cruz, clavos y espinas.

Alejandro Nieto

Marguerite Porete





Esta Humildad, que es abuela y madre,
hija es de Divina Majestad y nació de Divinidad.
Deidad es, madre y abuela de sus ramas,
cuyos retoños producen fruto en abundancia.
Callaremos, pues hablar los daña.
Ella, es decir, Humildad,
ha dado el tronco y el fruto de esos retoños
por eso se acerca 
la paz de Lejoscerca
que la descarga de toda obra;
hablar la perturba,
pensar la hace umbría,
el Lejoscerca la descarga
y nada le es obstáculo.
Está a salvo de todo servicio,
pues vive de Libertad.
Quien sirve no es libre,
quien siente no ha muerto,
quien desea quiere,
quien quiere mendiga,
quien mendiga no alcanza
la Divina Saciedad.

Marguerite Porete