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482-Félix María de Samaniego



LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla el vientre de contado;
pero, después de haberla registrado,
¿qué sucedió? que muerta la gallina,
perdió su huevo de oro y no hubo mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones!

Félix María de Samaniego

558-Wilfred Bion



EL AVARO

Conserva siempre el avaro
sus infinitos tesoros
cual si ciertamente fueran
de sí mismo y no de otros,
nunca dispuesto a gozarlos,
de perderlos temeroso
no hace jamás uso de ellos
placentero o provechoso,
como si en verdad no fueran
verdaderamente propios.

Wilfred Bion

852-Juan de Jáuregui



A UN NAVÍO DESTROZADO

Este bajel inútil, seco y roto,
tan destrozado ya del agua y viento,
vio con desprecio el vasto movimiento
del proceloso mar, del Euro y Noto.

Soberbio al golfo, humilde a su piloto,
y del rico metal siempre sediento,
trajo sus minas al ibero asiento,
habidas en el índico remoto.

Ausente yace de la selva cara,
do el verde ornato conservar pudiera,
mejor que pudo cargas de tesoro.

Así quien sigue la codicia avara,
tal vez mezquino muere en extranjera
provincia, falto de consuelo y oro.

Juan de Jáuregui