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212-Andrés Héctor Lerena Acevedo



MAR HURAÑO

Muere el sol. Los pesqueros sobre sí se repliegan.
El mar vinoso y áspero yergue su crin bravía.
Y ellos, graves, indagan la móvil lejanía
del ponto levantisco… ¡y las barcas no llegan!

Las cabañas desiertas en la playa aldeana
demacradas, se agrupan, como salvajes hordas.
¡Y pensar que zarparon con el sol en las bordas
cuando sus hebras de oro trenzaba la mañana!

Las redes del crepúsculo sobre el mar se despliegan
turbias y presagiosas… ¡y las barcas no llegan!
Arisco, muge el viento con su broncínea voz.

Sobre el acantilado se recortan, sañudos,
los perfiles marinos, escrutadores, mudos.
Si volverán las barcas… sólo lo sabe Dios!

Andrés Héctor Lerena Acevedo

223-Delmira Agustini



EXPLOSIÓN

¡Si la vida es amor, bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
rotas las alas mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!

Delmira Agustini

396-María Eugenia Vaz Ferreira



LA ESTRELLA MISTERIOSA

Yo no sé dónde está, pero su luz me llama,
¡oh misteriosa estrella de un inmutable sino!...
Me nombra con el eco de un silencio divino
y el luminar oculto de una invisible llama.

Si alguna vez acaso me aparto del camino,
con una fuerza ignota de nuevo me reclama:
gloria, quimera, fénix, fantástico oriflama
o un imposible amor extraño y peregrino...

Y sigo eternamente por la desierta vía
tras la fatal estrella cuya atracción me guía,
¡mas nunca, nunca, nunca a revelarse llega!

Pero su luz me llama, su silencio me nombra,
mientras mis torpes brazos rastrean en la sombra
con la desolación de una esperanza ciega...

María Eugenia Vaz Ferreira

535-Julio Herrera y Reissig



LA NOCHE

La noche en la montaña mira con ojos viudos
de cierva sin amparo que vela ante su cría;
y como si asumieran un don de profecía,
en un sueño inspirado hablan los campos rudos.

Rayan el panorama, como espectros agudos,
tres álamos en éxtasis... Un gallo desvaría,
reloj de medianoche. La grave luna amplía
las cosas, que se llenan de encantamientos mudos.

El lago azul de sueño, que ni una sombra empaña,
es como la conciencia pura de la montaña...
A ras del agua tersa, que riza con su aliento,

Albino, el pastor loco, quiere besar la luna.
En la huerta sonámbula vibra un canto de cuna...
Aúllan a los diablos los perros del convento.

Julio Herrera y Reissig

794-Francisco Acuña Figueroa



¿POR QUÉ SU ODIO?

Sé que es un ingrato Bruno;
pero ese odio que me tiene
no sé de dónde le viene,
pues no le hice bien ninguno.

Francisco Acuña Figueroa