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María José Rojo





SONETO

Camino del desierto, paso a paso,
tras la nube que oculta tu presencia,
mi fe se robustece en esta ausencia,
irradiada en tu Faz, luz sin acaso.

Sin temor a la muerte, ni al fracaso,
marcada por el toque de tu ciencia,
en ofrenda de amor darte mi esencia,
urgida por tu fuego en que me abraso.

Gustar que me poseas, poseerte,
dejar la vida entera en tu regazo,
mi gozosa tarea, mi ejercicio.

En despojo feliz, así quererte;
y fundirnos los dos en un abrazo,
que ya sólo de amar tengo el oficio.

María José Rojo

Alejandro Nieto





SONETO

Es la riqueza y entre pajas nace,
es la justicia, y entre reos muere,
es fuerza suma y ruega a quien le hiere,
es vida eterna y sucumbir le place.

No hay pecho atribulado que él no abrace,
no hay alma rezagada a quien no espere,
no hay virtud que en su ser no reverbere,
no hay contrición que su bondad rechace.

Perlas le brinda el mar; la tierra, flores;
la aurora, bellas nubes purpurinas;
los astros, inmortales resplandores.

Tersa alfombra las aguas cristalinas;
música, los alegres ruiseñores,
y el hombre, hiel y cruz, clavos y espinas.

Alejandro Nieto

Julio Mariscal Montes



NADIE. NADIE EN EL MUNDO...

Nadie, nadie en el mundo.
Porque el mundo está hecho para el amor.
Para la oscura selva de brazos que se ajustan
al sarmiento triunfante de una cintura esquiva.
Para labios que mueren
y labios que reviven
por menos que una rosa, una palabra apenas.

El mundo está vacío, desmantelado, yermo...
Cuerpos opacos rugen vendavales sin luna;
alcobas espectrales sin la melancolía
de una rama de otoño;
manos que no se ajustan a otra mano y que aprietan
entre los dedos fríos el beso y el negocio.

Pero queda una última mañana de domingo,
un niño que aún ignora lo gris de la manzana,
y queda la esperanza loca entre las estrellas
para que el mundo vuelva a poblarse de nuevo.

Julio Mariscal Montes

Jacinto Benavente




EN EL "MEETING" DE LA HUMANIDAD

En el "meeting" de la Humanidad
millones de hombres gritan lo mismo:
¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!…
¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!…
¡Cu, cu, cantaba la rana;
cu, cu, debajo del agua! …
¡Qué monótona es la rana humana!
¡Qué monótono es el hombre mono!
¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!…
Y luego: A mí, para mí;
en mi opinión, a mi entender...
¡Mi, mi, mi, mi!
¡Y en francés hay un "Moi"!
¡Oh!, el "Moi" francés, ¡ese sí que es grande!
"¡Monsieur le Moi!"
La rana es mejor:
¡Cu, cu, cu, cu, cu!
¡Sólo los que aman saben decir Tú!

Jacinto Benavente

Susana March



EL HIJO

 ¿Quién eras antes, dime?
¿Un ángel? ¿Un príncipe de cuento?
¿Tal vez un dios? ¿O un pájaro?
¿O un álamo esbelto?

¿Quién eras? ¿Un claro arroyo
cruzando un verde bosque de abetos?
¿El capullo de un jardín? ¿Un pedazo de viento?
¿Quién eras antes, dime? ¿Por qué
diste a mi vida tanto deslumbramiento?

Me basta con tocarte
para que se me apacigüe el pensamiento.
Y me basta con verte
para sentirme a gusto con mi cuerpo.

¿Quién eras, dime? ¡Oh mago
de mi ser descontento!
Con tu varita mágica
me vas cambiando los sueños,
me vas cambiando la vida...
¡Ya no me quejo!


SUEÑOS

¡Ah, déjame que cante
para ti esa canción vaga y remota!
Yo nací con un verso clavado en mi costado,
por cuya herida mana mi sangre enfebrecida.
No tengo más que esta tristeza lírica
y esta pasión de ser... Desalentada,
soy como corza huyendo de la vida.
¿Serás tú el cazador que me derribe
mal herida, en los campos del deseo?
¿Será tu mocedad la que traduzca
la inquietud de mi carne enamorada?
¡Qué sola estoy sin ti! Sola y perdida
como un arcángel triste, desterrado,
que al pie de los celestes torreones
evoca su perdida aristocracia.
¿Por qué vacilo aún si estoy muriendo
por apagar mi sed en tu corriente?
Mi timidez me ciñe a la tortura
de soñarte hasta el éxtasis y, a veces,
-¡tanto te habré besado!- que despierto
con un sabor de estrellas en los labios.

Susana March

José María Blanco White



MYSTERIOUS NIGHT

¡Oh noche! cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,
¿no temió que enlutase tu estandarte
el bello alcázar de zafir dorado?

Mas ya el celaje etéreo, blanqueado
del rayo occidental, Héspero parte:
su hueste por los cielos se reparte,
y el hombre nuevos mundos ve admirado.

¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,
oh Sol! ¿quién acertara, cuando ostenta
la brizna más sutil tu luz mentida,

esos orbes sin fin que nos velabas? ...
¡Oh, mortal! y ¿el sepulcro te amedrenta?
Si engañó el Sol, ¿no engañará la vida? 

José María Blanco White (versión de Alberto Lista)

Francisco Caudet Yarza



EL NUEVO DÍA

Mirar un nuevo día
es volver a la vida,
es volver a nacer...
¡es llorar de alegría!
Y si nacemos por amor...
¿por qué no empezar amando
el nuevo día?
El amor, no lo dudes, es optimismo.
Es ese optimismo... ¡que tanto necesitas!
¿Verdad que te hace falta el optimismo?
¡Ahí lo tienes, al levantarte!
Está a tu alrededor...
Es ese que, al asomarte a la ventana,
por la mañana,
te hace comprender que todo...
es hermoso.
¡Y lo es, de veras, a poco que te empeñes!
La luz del sol, el aire, el azul del cielo, las flores,
tus hermanos...
Todo es hermoso.
¡Lo es, de veras, a poco que lo intentes!
Porque en el sol, el aire, el cielo, las flores
y en cada uno de tus hermanos...
está Él,
está Dios.
¿Y digo yo... qué más quieres?
¡Si te lo ha dado todo hecho!
¡Si te ha puesto en el camino!
¡Si te impulsa a correr en pos de la felicidad!
¡Pues corre, sé feliz!
¿Qué más quieres?

Mirar un nuevo día, pues...
es mirar a Dios, es mirarse en Él,
es verlo, es tenerlo...
¿Qué más quieres?
¡Pues corre, sé feliz!

Si así haces,
si así piensas,
si así lo entiendes...
¡sabrás que vivir es hermoso!
Lo que es más todavía....
¡sabrás que eres feliz!

Cuando salgas a la calle
impregnado de amor
y con enormes deseos
de hacer el bien,
de vivir con cristiana intensidad...
¡Verás como la vida misma te corresponde!
¿Cómo...?
¡Devolviéndote multiplicada la felicidad!
Verás como aquel que ayer juzgaste ruin,
no lo es.
Verás como hay amor...
Verás como está Dios...
Y es que para hallarlos, amigo,
basta únicamente con desear encontrarlos.
Deséalo en este amanecer, con toda la fuerza,
¡y verás como los hallas!.
¡y verás como eres feliz!

Si así haces
el optimismo renacerá en ti,
te sentirás diferente, nuevo...
y tendrás tantas ganas de vivir,
tanto hambre de amor y de Dios...
que difícilmente podrás saciarte.

Francisco Caudet Yarza

Eduardo Marquina




SE PINTA EL MAR

La tierra es toda vida,
y el mar es todo amor.
En el mar hay escondida
una fuerza más grande que la vida:
la tierra es criatura, y el mar es creador.
Todo el mar es misterio resonante
y palabra inicial:
nada hay a espaldas de él, nada hay delante;
el mar es una eternidad constante
y un movimiento en lo inmortal.
Escapa al pertinaz conocimiento
y prolonga en fantasmas la visión;
el mar es elemento,
hermano del pensamiento
y lecho azul de la imaginación.
Las mujeres suspiran
cuando en la tarde miran
la gran fatiga, hecha pasión, del mar;
toda mujer quisiera,
en una noche encapotada y fiera,
estarse a solas abrazando al mar.
Los marineros de canosa frente,
estatuas que ha esculpido su garra omnipotente,
pasan como hombres tipos a la orilla del mar:
llevan en sus pupilas el misterio
y tienen un hablar de magisterio,
mamado en su nodriza, la recia tempestad.
A las mozas alegres de la costa,
cuando más lindas van, se les agosta
en sólo un día toda su beldad:
prometidas tal vez a un fiero esposo,
pierden en un abrazo misterioso,
como la tierra en junio, toda su majestad.
Los barrios, junto al mar, de pescadores,
son hornos de fantásticas mentiras,
cunas de unos deseos buscadores
que se echan a volar, emprendedores
renuevos de la tierra, en arriesgadas jiras.
Las noches, en las casas marineras,
vienen con aparatos de quimeras,
poniendo luces rojas en todas las ventanas;
detrás de los cristales arden unas pupilas,
espiando las sombras intranquilas
y en atisbo de barcas lejanas.
Entre las rocas de la costa alzada
se oye un extraño hablar, de madrugada,
de gentes que en la noche vigilaron;
las barcas, animadas de un deseo,
tienen un misterioso balanceo,
y nunca se están quietas en donde las dejaron.
Las casas de los pueblos marineros
abren todas al mar sus agujeros:
rejas y puertas y ventanas,
toda la vida, de la mar esperan;
al monte sólo irán cuando se mueran, 
al quieto cementerio de las tapias enanas.
¡Oh mar! ¡Oh extraño mar! ¡Oh gran misterio!
¡Oh! ¡No saben tus gentes el imperio
que ejerces en sus almas!
Tú has sabido, a través de las edades,
garantir con tus altas tempestades
la majestad suprema de tus calmas.
¡Santo mar, fuerza nueva, agua querida,
adobo espiritual de nuestra vida,
campo siempre fecundo a la mirada!
¡Sólo tú, cuando un ansia la enajena,
pones la gracia de una paz serena
en la pupila fácil de la Amada!

Eduardo Marquina

Juan Carlos Aragón Becerra



Me recuerdas al fusil en la noche de Cuba,
al sol del malecón sonriendo,
a los pecados plurales de Plaza de Armas,
al bar de los trovadores,
a una novia desayunando huevos con mojito.
Oh tú mi libertad derretida en las manos
como una alud gigante y millonario,
tú me haces saber las verdades más impermeables
a golpe de grito, a golpe de risa, a golpe de amor,
derretida en las manos tanto que se me resbala.
Me recuerdas a la mañana en la madera de la guitarra,
al acantilado en el sol de la tarde,
al pecado venial de la noche interminable,
a la golondrina del pueblo,
a una novia nerviosa y única.
Oh tú mi libertad derretida en las sienes
como un alud gigante y guayabero,
hasta me haces sentir que el mundo no importa,
a golpe de canción, a golpe de palabra, a golpe de amor.
Derretida en las manos tanto que se pierde.
Me recuerdas a la guitarra en la mañana de la madera,
al sol de la tarde acantilada, 
al pecado interminable de la noche venial,
al pueblo de las golondrinas,
a una novia de temple blanco.
Oh tú mi libertad derretida en tu pecho,
como un alud gigante y chirigotero,
hasta me haces sentir que el mundo aún me importa,
a golpe de humor, a golpe de ironía, a golpe de deseo,
derretida en la historia tanto que se detiene.
Oh tú mi libertad derretida en la esperanza,
como un alud gigante y afinado.
No es que me importe el mundo,
pero suena mejor que antes de ayer.
A grito cambiado, a grito alterno, a grito de combate,
derretido en los astros de tu sonrisa.
Me recuerdas a la playa de Atlanterra,
a la cala de San Marcos,
a la colección de pecados más distinguida,
al bar del pueblo,
a tanto me recuerdas.

Juan Carlos Aragón Becerra

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia



LARGO PEREGRINAR

 ¡Qué peregrinar más largo…!
¡Qué nostalgias por tu encuentro…!
¡Qué ansias por poseerte,
en este vivir muriendo,
en este clamar constante
por encontrarte en tu seno…!

 Parece que las entrañas
se me resecan, pidiendo
la llenura de mi vida
en tu Manantial eterno,
en la Luz de tu mirada,
en la hondura de tu Pecho.

 Yo necesito meterme
en tu divino Misterio,
en la profundidad honda
de tu infinito Cauterio,
y, en él, quedar sumergida,
cauterizada en su fuego.

 ¡Oh, qué urgencias por tenerte
en mis urgencias muriendo,
en mis nostalgias vividas,
en mi torturante anhelo,
para sentirme engolfada
ya para siempre en tu Seno…!

 Es mi vivir tan divino
y en tan terrible misterio,
que, si no vienes piadoso
y compasivo a mi encuentro,
de tanto y tanto tenerte,
en tu posesión me muero,
ante mi sed anhelante
por poseerte sin velos.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

Pilar Paz Pasamar



LA TRISTEZA

No te asustes por mí. No me habías visto
-¿verdad?- nunca tan triste. Ya conoces
mi rostro de dolor; lo llevo oculto
y a veces, sin querer, cubre mi cara.
No temas, volveré pronto a la risa
Basta que oiga un trino, o tu palabra.
No te preocupes que ha de volver pronto
a florecer intacta la sonrisa.
Me has descubierto a solas con la pena
e inquieres el porqué. ¡Si no hay motivo!
Cuando menos se espera, el aguacero
cae sobre la tranquila piel del día.
Así ocurre. No temas, no te aflijas,
no hay secreto, mi amor, que nos separe.
La tristeza es un soplo, o un aroma,
para llevarlo dulce y suavemente.
No te quejes de mí. Yo estaba sola
y vino ella, y quiso acariciarme.
Déjanos un momento entretenidas
en escuchar los pasos del silencio
y sentir la tristeza de otros muchos
que no tienen amor ni compañía.

Pilar Paz Pasamar

Baltasar Pérez Argos



SONETO

¿Es posible, Señor, que en luz del Cielo
tu gracia transformar pueda la arcilla,
y que este ser que tanto nos humilla
lo eleve allá tan alto sobre el suelo?

¿Es posible acercar el Sol al hielo,
la nada a tu verdad, opuesta orilla;
convertir en eterna maravilla
lo que fue tentación y loco anhelo?

¡Ser como Dios, y que del pecho broten
las aguas vivas de un amor ardiente,
que calmen esta sed que el alma tiene!

Y pueda al cabo descansar mi frente
-aunque las olas de la vida azoten-
en la amistad de Aquel que me sostiene.

Baltasar Pérez Argos

Blas de Otero



INERME

Aún no nos damos por vencidos. Dicen
que se perdió una guerra. No sé nada
de ayer. Quiero una España mañanada
donde el odio y el hoy no maniaticen.

Ínclitas guerras paupérrimas, sangre
infecunda. Perdida. (No sé nada,
nada). Ganada (no sé) nada, nada:
éste es el seco eco de la sangre.

Por qué he nacido en esta tierra. Ruego
borren la sangre para siempre. Luego
hablaremos. Yo hablo con la tierra

inerme. Y como soy un pobre obrero
de la palabra, un mínimo minero
de la paz, no se nada de la guerra.

Blas de Otero

Antonio Bellido Almeida



¿QUE DONDE ESTOY, ME PREGUNTAS?

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo,
en la noche de la espera,
en el alba de la vida,
en el viento de la sierra,
en la tarde despoblada,
en el sueño que no sueña,
en el hambre desgarrada
y en el pan para la mesa;
en el hombre que me busca
y en aquel que se me aleja,
en el canto del hogar
y en el llanto de la guerra,
en el gozo compartido
y en la larga amarga pena.
En el silencio sellado
y en el grito de protesta.
En la cruz de cada día
y en la muerte que se acerca.
En la luz de la otra orilla,
y en mi amor como respuesta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo;
vivo y camino en la Tierra,
peregrino hacia Emaús
para sentarme a tu mesa;
al partir de nuevo el pan
descubrirás mi presencia.
Estoy aquí con vosotros,
con el alma en flor despierta,
en esta Pascua de amor
galopando por las venas
de vuestra sangre empapada
de un Dios que vive y que sueña.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo;
desnúdate a la sorpresa,
abre los ojos y mira
hacia dentro y hacia fuera,
que en el lagar del dolor
tengo mis gozos y penas,
y en la noria del amor,
yo tu Dios, llamo a tu puerta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
¡En tu vida, es la respuesta!

Antonio Bellido Almeida

José María Zandueta Munárriz



INMACULADA

Inmaculada cual la luz del día
que nace en los umbrales de la aurora.
Inmaculada y pura en toda hora
Santa Madre de Dios, Virgen María.

Inmaculada en la celeste vía
de traernos a Cristo y ser la autora
del virginal prodigio que atesora
tan divina y humana eucaristía.

Deja que al ver tu rostro y proclamarte
Purísima entre todas las mujeres,
me derrita de gozo en tu mirada.

Y encendido de amor sepa cantarte
demostrando ante el mundo que Tú eres
intacta, virginal, ¡Inmaculada!

José María Zandueta Munárriz

Bernardo Velado Graña



SONETO

Dos mil años después de tu venida
te espera nuestro mundo en nuevo adviento;
sólo contigo cobrará el aliento
para vivir la tierra envejecida.

Tú eres la luz de su razón perdida,
el agua viva del que está sediento,
el verdadero pan del hombre hambriento;
vencedor de la muerte, eres la Vida.

Eres alfa y omega de la Historia
que vive tu cruz y tu victoria.
Tú descubres al hombre qué es ser hombre.

Y le ayudas a serlo y lo levantas.
Por eso el mundo entero ante tus plantas
confiesa el Nombre sobre todo nombre.

Bernardo Velado Graña

Juan de Contreras



SONETO

¿Quién recuerda el aroma de las flores
abiertas en lejanas primaveras?
¿Quién aquel resplandor de las hogueras
que hicieron, otro invierno, los pastores?

Pasa la vida así, con sus dolores;
así la gloria, que afanoso esperas.
Poeta, ¿quién sabrá de tus quimeras?
Amante, ¿qué ha de ser de tus amores?

Una noche serena así decía,
mirando de los cielos la grandeza,
cuando una voz me susurró al oído:

Ama con puro amor, trabaja y reza;
duérmete luego en paz y en Mí confía:
¡Cuanto se hace por Mí, nunca es perdido!

Juan de Contreras

Patxi Loidi



CADA MAÑANA

Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte por ver si vuelvo.
Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.
Cada mañana me cortas la palabra,
te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo el cuerpo entero.
Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí por el ancho mundo.
Cada mañana me dices al oído con voz de primavera:
"Hoy puedes empezar de cero".

Patxi Loidi

Miguel Hernández



EL SILBO DEL DALE

Dale al aspa, molino, 
hasta nevar el trigo.
Dale a la piedra, agua, 
hasta ponerla mansa.
Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.
Dale al aire, cabrero, 
hasta que silbe tierno.
Dale al cabrero, monte,
hasta dejarlo inmóvil.
Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.
Dale, Dios, a mi alma,
hasta perfeccionarla.
Dale que dale, dale,
molino, piedra, aire, 
cabrero, monte, astro;
dale que dale largo.
Dale que dale, Dios,
¡ay! hasta la perfección.

Miguel Hernández

Cristina de Arteaga




INVERNAL

Solos por el parque,
por el parque viejo
que tenía un largo
cansancio de invierno;
tras de tantos años
volvimos a vernos.
yo llevaba el triste
corazón enfermo,
caía en el suyo
la niebla del tedio.
Cuan lejos las horas
vírgenes de duelos
en que nuestras vidas
eran como versos
que a veces rimaban
casi sin saberlo...
Me clavó sus ojos
como en otros tiempos,
mas nada me dijo
su turbado acento.
Yo cerraba el arca
de mis pensamientos
porque no rasgase
lo gris del silencio
que esfumaba un mudo
soñador arpegio...
Y con una angustia
despertaba en nuevo
pavoroso acorde
dentro de su pecho,
nos miramos como
se miran los ciegos...
¡Y nos separamos
para nunca vernos!

Cristina de Arteaga