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40-Al Bakri



CASI NO PUEDO AGUARDAR

Casi no puedo aguardar
que el vaso brille en mi diestra,
beber ansiando el perfume
de rosas y de violetas.
Resuenen, pues, los cantares;
empiece, amigos, la fiesta,
y de oculto a nuestros goces
libre dejando la rienda,
evitemos las miradas
de la censura severa
para retardar la orgía
ningún pretexto nos queda,
porque ya viene la luna
de ayunos y penitencias,
y cometen gran pecado
cuantos entonces se alegran.

Al Bakri

42-Abbada Al Qazzaz



ELLA ES LUNA

Ella es luna, sol, tallo que nace
y perfume de almizcle.
Perfecta, brillante, floreciente
y aroma enamorado.
Quién la mira se prenda de ella,
pero es coto cerrado.

Abbada Al Qazzaz

59-María Monvel



YO ERA LA LUNA

Es que yo era la luna
y es que tú eras el sol.
Cuando resplandecías
blanca brillaba yo.
Me miraban diciendo:
"¡qué dulce resplandor!"
y bajo mis destellos
de clara respiración
se amaban los amantes
con más ardiente amor.

Es que yo era la luna
y es que tú eras el sol.
Las gentes lo ignoraban
y lo ignoraba yo.
¡Yo creía que mío
era todo el fulgor!
Pero un día en el cielo
el sol apagó Dios.
No brilló más la luna
ni nunca más bañó
rostros de amantes pálidos
con pálido fulgor.
Como apagada escoria
en las nubes quedó
y supo ¡oh desencanto!
que no era un resplandor,
sino un reflejo pálido
que le mandaba el sol.

Tú eras el sol, mi vida,
y la luna era yo.

María Monvel

63-Claudio Peñaranda



EL ALMA DEL AGUA

Cual una cinta de plata,
por la grama verdinegra
se desliza el arroyuelo, murmurando...
¡Y que cosas tan extrañas va diciendo el arroyuelo!

Han herido los guijarros
y los rayos de los soles han quemado
muchas perlas de sus gotas, sepultándolas,
en el seno de la tierra calcinada.
Es por eso que se queja el arroyuelo,
Musitando sus querellas sollozantes...

Canta el rió su cantiga
y sus gotas se desgranan
como alegres carcajadas de los niños,
como risas de mujeres
que trajeran fieles ecos...

Salta el rió entre las piedras, alocado...
Y sus gotas, que salpican a las flores de la orilla,
se columpian en los pétalos
y cayendo como perlas se deshacen y se pierden...

Duerme, duerme el hondo lago...
Suena el lago a la caricia
de la Luna.

Va arreciando la tormenta
y las olas que se juntan formidables,
braman , braman de coraje...
Luego embisten a la altiva roca enhiesta,
con afanes destructores,
y vencidas pronto caen
en cascadas estruendosas
al gran piélago bravío.
Vuelven todos sus rencores
a la nave que esclaviza su dominio,
la sepultan en su seno negro, amargo...

Y se venga el océano
del poder armipotente
de sus débiles señores
en el trágico spoliarium del naufragio...

Sufre al Agua, llora, canta.
Es en veces despiadada,
es en veces compasiva.
¡Tiene un alma!
Y es un alma misteriosa y poliforme la del Agua...

Claudio Peñaranda

136-Wang Wei



OTOÑO SOMBRÍO

Sobre el desolado cerro
nuevamente ha llovido.
El frío atardecer anticipa
la llegada del otoño.
La luna atisba
entre los pinos.
De lo alto de las rocas
fluye un claro arroyo.
Un vocerío en los bambúes
anuncia el regreso de las lavanderas.
Los lotos se mecen
bajo la barca de pesca.
La fragancia estival
se lamenta y expira.
¿Cómo detenerla
para que no se vaya?

Wang Wei

168-Ignace Nau



A LA LUNA

¡Oh tímida viajera, cándida peregrina!
¡Oh sílfide nocturna, luna casta y divina!
Tan triste y soñadora, perdida en el celaje,
¿cuál es tu rumbo intérmine, tu sempiterno viaje?

Qué lentos son tus pasos, qué pálida tu frente,
cuando asoma en la noche tu faz opalescente,
y desde los collados, a la lumbre indecisa
de tus rayos se esparcen aromas en la brisa.

Tú que llevas por halo tanta melancolía;
Tú la que de mi pecho recibe idolatría,
dime si eres el mundo o el alma de la muerte
donde en flor o en arbusto la vida se convierte.

Allá sobre tus montes, astro de la esperanza,
allá sobre tus valles de clara lontananza,
orilla a tus balsámicos arroyos argentinos,
o bajo sus follajes sedantes y opalinos,

¿otra vez hallaremos madre, hermanos, amadas,
todos los que partieron en horas desoladas,
y los mismos amores, deliquios y embriagueces
que nuestros corazones cambiaron tantas veces?

Ignace Nau

171-Vidyapati



PLENITUD

Canta, cuchillo despiadado,
Luna funesta, sigue en tu desolación,
Flechas de amor, disparen.
Ha vuelto, al fin, mi amor.
Otra vez tengo casa.
Otra vez tengo Dios.
Otra vez tengo cuerpo.
Soy yo.

Vidyapati

321-Félix María del Monte



A LA NOCHE

Un tiempo con ardor por ti anhelaba,
tu sosegado imperio apetecía
y en él, junto a la hermosa amada mía,
tus horas entre el júbilo contaba.

Si amante Diana su Endimión buscaba
y con plateados rayos nos hería;
si allá a lo lejos céfiro gemía
o el mar en la ribera rebramaba,

eres hermosa, ¡oh noche! Mi divina
idolatrada Flérida presente,
la majestad te daba que perdiste.

¿Qué dices hoy al corazón? Mezquina
luce la luna, miro indiferente
el tachonado manto que te viste.

Félix María del Monte

344-Yosa Buson



LUNA

Hasta el rey de los ladrones
se detiene ante esta Luna
para brindar sus canciones.

Yosa Buson

348-Safo



DUERMO SOLA

Ya se han ocultado
las Pléyades y la Luna;
mediada está la noche,
se fue la hora propicia:
estoy durmiendo sola.

Safo

432-Juan Díaz Covarrubias



A LA LUNA

Quédate, ¡oh luna!, plácida, argentada,
queda con tus encantos, tu luz pura,
yo ocultaré mi vida abandonada
entre las sombras de la noche oscura.

Y si alumbra tu luz, pálida y triste,
a la hermosa que amé sin esperanza,
dila que el llanto que en mis ojos viste,
nadie en el mundo a disipar alcanza.

Ahora, tal vez risueña y afanosa
te contempla al vagar entre las flores,
o a su amante esperando cariñosa
se aduerme en sueños de ilusión y amores.

Yo adoré a esa mujer, pura violeta
que brotó entre la lava de este suelo;
más pura que el ensueño de un poeta,
traslado de los ángeles del cielo.

Dulce suspiro de inocente niño,
ángel de amor que por amor delira,
plácida virgen del primer cariño,
flor que perfuma y perfumando expira.

Contémplala feliz, luna querida
al dulce lazo del placer sujeta,
que yo tranquilo cruzaré la vida
con mi llanto y miseria de poeta.

Dila que su recuerdo en mi memoria
por siempre existirá, solo, profundo,
ya me acaricie un porvenir de gloria
o ya cruce mendigo por el mundo.

Y al dejar de la vida la ribera,
cuando cansado de llorar, sucumba,
alumbra ¡oh luna! por la vez postrera
las olvidadas flores de mi tumba.

Juan Díaz Covarrubias

535-Julio Herrera y Reissig



LA NOCHE

La noche en la montaña mira con ojos viudos
de cierva sin amparo que vela ante su cría;
y como si asumieran un don de profecía,
en un sueño inspirado hablan los campos rudos.

Rayan el panorama, como espectros agudos,
tres álamos en éxtasis... Un gallo desvaría,
reloj de medianoche. La grave luna amplía
las cosas, que se llenan de encantamientos mudos.

El lago azul de sueño, que ni una sombra empaña,
es como la conciencia pura de la montaña...
A ras del agua tersa, que riza con su aliento,

Albino, el pastor loco, quiere besar la luna.
En la huerta sonámbula vibra un canto de cuna...
Aúllan a los diablos los perros del convento.

Julio Herrera y Reissig

572-Niccoló Ugo Foscolo



A LA AMADA

Así el entero día en largo, incierto
sueño gimo; mas luego cuando aduna
la noche las estrellas y la luna,
frío el aire y de sombras ya cubierto,

donde el llano es selvoso y más desierto
lento entonces vagando, una por una,
palpo las llagas que la vil fortuna
y Amor y el mundo han en mi pecho abierto.

Tal vez cansado, apoyo me da un pino
o con mis esperanzas, allí donde
suena la onda, tal vez hablo y deliro.

Mas las iras del mundo y del destino
olvidando por ti, por ti suspiro
luz de mis ojos, ¿quién a mí te esconde?

Nicolo Ugo Foscolo

605-José Gonzalo Roldán



MI AMOR Y LA LUNA

Eres tú con tu mágico lucero,
con tu luz que jamás brilla importuna,
pura, apacible, misteriosa luna,
cándida imagen de mi amor primero.

Si eres tú la que vuelves lisonjero
sueño de cisne en límpida laguna,
la que viste mi amor y mi fortuna,
la misma que brillaste aquel enero;

dile a aquella beldad de acento blando
que piense en mí cuando suspire al verte,
que contigo y su amor estoy soñando,

que yo mismo no sé cuál es mi suerte,
que no sé si a la vida voy andando
o si voy caminando hacia la muerte.

José Gonzalo Roldán

611-José Joaquín Govantes



A LOS RAYOS DE LA LUNA

Cuán bella, oh Luna, estás: el verde prado
ostenta con tu luz su lozanía,
y entretanto sorprende al alma mía
un recuerdo de amor infortunado.

Cuando de Lesbia al venturoso lado
el mortal más dichoso me creía,
con que placer, ¡oh Luna!, te veía
iluminar su pecho enamorado.

Mas hoy que de la muerte el triste velo
cubre su rostro, cándido y divino,
ya mis ojos te ven con desconsuelo:

A su memoria mi cabeza inclino,
mientras que tú, desde el azul del cielo,
indiferente miras mi destino.

José Joaquín Govantes

614-Gabriel de la Concepción Valdés



LA LUNA DE ENERO

Resuene el pandero,
al monte, a la loma,
vegueros, que asoma
la luna de Enero.

No la estéis buscando
sobre el firmamento,
que viene cual viento
las flores hollando.

Si al ver el salero
de mi guajirilla,
y el rostro hechicero
parece que brilla
la luna de Enero.
Ábrense las flores
aromas vertiendo
¡qué hermosa es riendo!
Miradla, cantores;
y los ruiseñores
con trino parlero
la cercan volando,
como saludando
la luna de Enero.

¿La veis entre galas
como aves sencillas
sobre sus rodillas
sacuden las alas?
Cantando el jilguero
junto a su hermosura
dice el lisonjero:
-No luce tan pura
la luna de Enero.

El céfiro blando
y amorcitos bellos,
rizan sus cabellos
las hebras soltando;
y con grato esmero
salpican su sayo,
porque es mi lucero
la rosa de Mayo,
la luna de Enero.

Gabriel de la Concepción Valdés

644-María de las Mercedes Valdés Mendoza



A LA LUNA

Salve, lumbrera bella de la callada noche,
henchido de entusiasmo te mira el corazón,
vertiendo placentera desde tu excelso coche
consuelos al que gime y al bardo inspiración.

El pecho palpitando de gozo y alegría
te ofrece enardecido sus cánticos de amor,
que a mí me cansa, ¡oh luna!, la claridad del día,
me oprime su hermosura, me mata su esplendor.

Yo anhelo de la noche la plácida frescura
sobre mi joven frente sentirla resbalar,
y ver cómo vagando la brisa en la espesura
las blancas hojas besa del nítido azahar.

Y ver cómo cuajadas las gotas del rocío
le roban a las perlas su diáfano color,
y ver la tortolilla bañándose en el río
exenta de los tiros del duro cazador.

Yo quiero esos acentos sublimes y armoniosos
brotados de los senos del gigantesco mar,
sentirlos acercarse, y luego vagarosos
de súbito perderse, de súbito sonar.

Yo quiero reclinada bajo un rosal de Cuba,
ceñida la cabeza de cándido jazmín,
que mi canción se eleve, que hasta los cielos suba,
y allí la guarde tierno de Dios un querubín.

¡Cuántos hechizos, cuántos de un gozo indefinible
le brindas, blanca luna, al mísero mortal,
cuando entre nubes bellas le muestras apacible
y ostentas esplendente tu rostro celestial!

¿Y quién serás?, ¡oh reina del claro firmamento!
Tu fúlgida existencia no puede comprender,
que siempre se confunde y muere el pensamiento
cual ola desgraciada al punto de nacer.

¿Será tal vez la maga que escucha cariñosa
de los amantes fieles el triste suspirar,
y de sus almas puras la pena congojosa
sensible y compasiva te place consolar?

¿O acaso del eterno un ángel destinado
para pesar del hombre la criminal acción,
y al verlo de maldades y vicios circundado
te ocultas abatida en tu alto pabellón?

Por eso muchas veces he visto tristemente
cubrirse tu semblante de pálido capuz,
por eso muchas veces te nublas de repente
y ocultas los reflejos de tu admirable luz.

Mas son delirios vanos, ensueños ardorosos,
lanzados, al mirarte, del vivo corazón,
fantasmas altaneros que vienen engañosos
a oscurecer la antorcha feliz de la razón.

Jamás, hermosa reina del claro firmamento,
jamás podré un instante tu vida comprender,
que siempre se confunde y muere el pensamiento
cual ola desgraciada al punto de nacer.

Esconde en tu albo seno los fúlgidos arcanos,
velados a los ojos del mundo terrenal.
La ciencia de la tierra, los cálculos humanos,
se estrellan en tu trono de límpido cristal.

Mas yo quiero sentada bajo un rosal de Cuba,
ceñida la cabeza de cándido jazmín,
que mi canción se eleve, que hasta tu solio suba,
bien seas preciosa hada, o tierno querubín.

María de las Mercedes Valdés Mendoza

656-Rafael Obligado



PENSAMIENTO

A bañarse en la gota de rocío
que halló en las flores vacilante cuna,
en las noches de estío
desciende el rayo de la blanca luna.

Así, en las horas de celeste calma
y dulce desvarío,
hay en mi alma una gota de tu alma
donde se baña el pensamiento mío.

Rafael Obligado

749-Marcos Zapata Mañas



LADRAR A LA LUNA

¡No desmayes jamás ante una guerra
de torpe envidia y miserables celos
¿Qué le importa a la luna, allá en los cielos,
que le ladren los perros en la tierra?

Si alguien aspira a derribarte, yerra
y puede ahorrarse inútiles desvelos;
no tan pronto se abate por los suelos
el Escorial que tu talento encierra.

¿Que no cede al ataque ni un minuto?
¿Que a todo trance busca tu fracaso?
¿Que te cansa el luchar...? ¡No lo discuto!

Mas oye, amigo, este refrán de paso:
¡Se apedrean las plantas que dan fruto!
¿Quién del árbol estéril hace caso?

Marcos Zapata Mañas