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284-Leonor de Ovando



SONETO

El Niño Dios, la Virgen y parida,
el parto virginal, el Padre Eterno,
el portalico pobre, y el invierno
con que tiembla el auctor de nuestra vida.

Sienta (señor) vuestra alma, y advertida
del fin de aqueste don y bien superno,
absorta esté en aquel, cuyo gobierno
la tenga con su gracia guarnecida.

Las Pascuas os dé Dios cual me las distes
con los divinos versos de esa mano;
los cuales me pusieron tal consuelo,

que son alegres ya mis ojos tristes,
y meditando bien tan soberano,
el alma se levanta para el cielo.

Leonor de Ovando

321-Félix María del Monte



A LA NOCHE

Un tiempo con ardor por ti anhelaba,
tu sosegado imperio apetecía
y en él, junto a la hermosa amada mía,
tus horas entre el júbilo contaba.

Si amante Diana su Endimión buscaba
y con plateados rayos nos hería;
si allá a lo lejos céfiro gemía
o el mar en la ribera rebramaba,

eres hermosa, ¡oh noche! Mi divina
idolatrada Flérida presente,
la majestad te daba que perdiste.

¿Qué dices hoy al corazón? Mezquina
luce la luna, miro indiferente
el tachonado manto que te viste.

Félix María del Monte

398-Apolinar Perdomo





Va perfumando la voluble brisa
tu grato olor de carne y de limpieza;
y parece que escondes en tu risa
una vaga penumbra de tristeza.

¡Tu sonrisa se alumbra en tu belleza
cuando la pena, cruel, te martiriza;
mas, si una dulce placidez te besa,
tu belleza se alumbra en tu sonrisa!

Cubres con un romántico idealismo
tu oculta sed de amar como tú quieres;
pero a veces, fugados de su abismo,

se te van a los ojos tus quereres,
porque es, al fin, tu corazón, lo mismo
que el corazón de todas las mujeres.

Apolinar Perdomo

463-Gastón Fernando Deligne y Figueroa



SUBJETIVA

¡Así es mejor! Porque de ti atraído
con ímpetu febril, te amo de veras;
por eso no te he dicho que te amo;
y aún pesárame hermosa que lo sepas.

Por eso no he venido a deshacerme
en ruego vil ni en desmayada queja,
porque temo, no tanto tus desdenes,
como tu blanda y fiel correspondencia.

En la mas honda y apartada cueva,
hay un monstruo voraz que a Amor vigila,
como terco y terrible centinela.

Cuando prende en dos almas el cariño,
su ojo apagado entre la sombra acecha;
y brilla -cuando en una se confunden,-
como un botón de fuego en las tinieblas.

El precede a la tarde en que declinan
albas que los amores encendieran;
él es el sacerdote que salmodia
de todo afecto la hora postrimera;

Oculto en el jardín del sentimiento,
él es la nube que ensombrece el cielo;
el petrel que se goza en la tormenta:
para él lo eterno es irrisión, y sólo
-si habla de la constancia- es como befa.

Por eso, porque te amo, yo no quiero
que hagamos en sus garras mutua presa.
¿Quién más pronto o más tarde, del Hastío
no es juguete en la efímera existencia?…

Por eso, porque te amo y porque quiero
amarte siempre, con pasión eterna;
no te he dicho el cariño que me inspiras
y no anhelo tampoco que me quieras.

¡Así es mejor! -Vivir en el deseo,
es una llama alimentar perpetua;
¡es vivir abrasados, cual vivían
los mártires, los místicos y ascetas!

Gastón Fernando Deligne

543-Federico Bermúdez y Ortega



ATRIO

El misterio es el alma de la virgen Poesía,
en el lago es silencio y en la estrella temblor;
dad al verso el lenguaje de los largos silencios,
como en lago y estrella que el misterio nimbó.

Dejad siempre velado bajo el ala del verso,
para ciertos espíritus, lo más blanco y mejor;
tal así como bajo de una tímida niebla
el matiz impreciso de una incógnita flor.

Lo que dice el absurdo inarmónico idioma
de los labios que hablan, es salvaje dicción;
en la lengua divina de la Maga Poesía,
el silencio idealiza la palabra mejor;

Así tal, bajo el césped, como en tórpido limbo,
la fragante violácea de su encanto de flor;
¡tal así, tras el velo de la bruma flotante
da una estrella lejana su indeciso fulgor...!

Federico Bermúdez y Ortega

744-Salomé Ureña de Henríquez



AMOR Y ANHELO

Quiero contarte, dueña del alma,
las tristes horas de mi dolor;
quiero decirte que no hallo calma,
que de tu afecto quiero la palma
que ansiando vivo sólo tu amor.

Quiero decirte que a tu mirada
me siento débil estremecer,
que me enajena tu voz amada,
que en tu sonrisa vivo extasiada,
que tú dominas todo mi ser.

Por ti suspiro, por ti yo vierto
llanto de oculto, lento sufrir;
sin ti es el mundo triste desierto
donde camino sin rumbo cierto,
viendo entre sombras la fe morir.

Y con tu imagen en desvarío
vivo encantando mi soledad,
desde que absorta te vi, bien mío,
y arrebatada, sin albedrío,
rendí a tus plantas mi libertad.

Deja que el alma temblando siga
de una esperanza soñada en pos,
que enajenada su amor te diga,
mientras un rayo de luz amiga
pido al futuro para los dos.

¡Oh, si a tu lado pasar la vida
me diera el cielo por todo bien!
¡Si a tu destino mi suerte unida,
sobre tu seno de amor rendida
pudiera en calma doblar la sien!

¿Qué a mí la saña del hado crudo?
¿Qué los amagos del porvenir?
Tu amor llevando por todo escudo,
yo desafiara su embate rudo
y así me fuera grato vivir.

¡Ay! en las horas de hondo tormento
que al alma asedian con ansia cruel,
vuela en tu busca mi pensamiento,
mientras el labio trémulo al viento
tu nombre amado murmura fiel.

Ven y tu mano del pecho amante
calme amorosa las penas mil,
¡oh de mis ansias único objeto!
Ven, que a ti sólo quiero en secreto
contar mis sueños de amor febril.

Mas no, que nunca mi amante anhelo
podré decirte libre de afán,
gimiendo a solas, en desconsuelo,
cual mis suspiros, en raudo vuelo,
mis ilusiones perdidas van.

Tuya es mi vida, tuya mi suerte,
de ti mi dicha pende o mi mal;
si al dolor quieres que venza fuerte,
sobre mi frente pálida vierte
de tu ternura todo el raudal.

Salomé Ureña de Henríquez