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Roberto Gonzales




YO SOY JOAQUÍN

Yo soy Joaquín,
perdido en un mundo de confusión,
enganchado en el remolino de una
sociedad gringa,
confundido por las reglas,
despreciado por las actitudes,
suprimido por manipulaciones,
y destrozado por la sociedad moderna.
Mis padres
perdieron la batalla económica
y conquistaron
la lucha de supervivencia cultural.
Y ¡ahora!
yo tengo que escoger
entre la paradoja del triunfo del espíritu,
a despecho de hambre física,
existir entre las garras
de la neurosis social americana,
con el alma esterilizada
y el estómago lleno.
Sí,
vine de muy lejos a ninguna parte,
involuntariamente arrastrado por ese
gigantesco, monstruoso, técnico,
industrial, llamado
Progreso
y éxito angloamericano...
Me miro yo mismo.
Observo a mis hermanos.
Lloro lágrimas de desgracia.
Siembro semillas de odio.
Me retiro a la seguridad dentro del
círculo de vida...

MI GENTE.

Yo soy Cuauhtémoc,
majestuoso y Noble,
guía de hombres,
Rey de un imperio, civilizado
incomparablemente a los sueños
del Gauchupín Cortés,
quien igualmente es la sangre,
la imagen de yo mismo
Yo soy el príncipe de los Mayas,
yo soy Nezahualcoyotl,
líder famoso de los Chichimecas.
Yo soy la espada y la llama de Cortés
el déspota
yo soy la Águila y la Serpiente
de la Civilización Azteca.
Fui dueño del terreno hasta donde veían
los ojos debajo la corona de España,
Y yo trabajé en mi tierra
y di mi sudor y sangre india
por el maestrazgo español
que gobernó con tiranía sobre hombre y
bestia y todos los que él podía pisotear
Pero...

EL TERRENO ERA MÍO

Yo era ambos tirano y esclavo.
Cuando iglesia Cristiana tomó su lugar
en el buen nombre de Dios
para tomar y usar mi fuerza virgen
y fe confiada
los sacerdotes,
ambos buenos y malos,
cogieron,
pero
dieron una verdad perdurable que
español,
indio,
mestizo,
todos eran hijos de Dios
y
de estas palabras originaron hombres
que rezaron y pelearon
por
su mismo mérito como seres humanos,
para
ese
MOMENTO DORADO
de
LIBERTAD.
Yo fui parte en sangre y espíritu
de aquel
padre aldeano y valiente
Hidaogo
que en el año mil ochocientos diez
repicó la campana de independencia
y dio el constante:
"Grito de Dolores, que mueran
los Gauchupines y que viva
la Virgen de Guadalupe"...
Yo lo condené a él
que era yo.
Yo lo descomulgué a él de mi sangre.
Lo desterré del púlpito para encabezar
una revolución sangrienta para él y yo...
Yo lo maté.
Su cabeza,
que es mía y de todos los que
pasaron por aquí,
La puse en la pared del fuerte
para esperar la Independencia.
¡Morelos!
¡Matamoros!
¡Guerrero!
Todos compañeros en el acto, se pararon

ENFRENTE DE AQUELLA PARED DE INFAMIA

a sentir el arrancón caliente de plomo
que mis manos producieron.
Yo morí con ello...
Viví con ellos...
Viví a ver mi patria libre,
libre
de regla Hispana, en
mil ochocientos veinte y uno.
¿México estaba Libre?
Ya no estaba la soberanía
pero
quedaban todos sus parásitos
y regimentaban
y enseñaban
con fusil y llama y poder místico.
Yo trabajé,
Yo sudé,
Yo derramé sangre,
Yo recé
y
esperé silenciosamente, que la vida
comenzara de nuevo.
Yo batallé y morí
por
Don Benito Juárez,
Guardián de la Constitución.
Yo fui él
en caminos empolvados,
en terrenos estériles,
cuando él protegía sus archivos
como protegió Moisés sus sacramentos.
Él detuvo su México
en sus manos
en
los terrenos más desolados
y remotos
cual era su patria.
Y este gigante
Zapotec pequeño
no dio
ni una palma de mano
de la tierra de su patria a
Reyes o Monarcas o Presidentes
de poderes extranjeros.
Yo soy Joaquín.
Cabalgué con Pancho Villa,
tosco y simpático,
un tornado a toda fuerza,
alimentado e inspirado
por la pasión y la lumbre
de su gente mundana.
Soy Emmiliano Zapata.
"Este terreno,
esta tierra
es

NUESTRA"

Los Pueblos,
las Montañas,
los arroyos
pertenecen a los Zapatistas.
Nuestra vida
o las suyas,
es el único cambio por tierra blanda,
morena y por maíz.
Todo lo que fue nuestro regalo,
un credo que formó una constitución
para los que atreven vivir libre.
"Esta tierra es nuestra...
Padre, Yo te la doy de vuelta.
México debe ser libre . . ."
Peleo con revolucionarios
en contra de yo mismo.
Yo soy Rural,
Ordinario y Bruto,
Yo soy el indio montañero,
superior sobre todos.
El galope truenoroso son mis caballos.
El chirrido de ametralladoras
es muerte para los que son yo:
Yaqui
Tarahumara
Chamula
Zapotec
Mestizo
Español.
Yo he sido la Revolución Sanguinosa,
el Vencedor,
el Vencido,
Yo he matado
y he sido matado.
Yo soy los déspotas Díaz
y Huerta
y el apóstol de democracia
Francisco Madero.
Yo soy
las mujeres fieles
con sus rebozos negros
que mueren conmigo
o viven
pendiente al lugar y el tiempo.
Yo soy
leal,
humilde,
Juan Diego
la Virgen de Guadalupe,
también Tonatzín, la diosa azteca.
Cabalgué las montañas de San Joaquín
Cabalgué al este y al norte
hasta las Montañas Roquenas
y
todos los hombres temían las pistolas
de Joaquín Murieta.
Maté a esos hombres que atrevieron
a robar mi mina
que violaron y mataron a
mi Amor,
mi Esposa.
Luego
Yo maté para vivir.
Yo fui Elfego Baca,
viviendo mis nueve vidas completamente,
Yo fui los hermanos Espinoza
Del Valle de San Luis.
Todos,
fueron añadidos al número de cabezas
que
en el nombre de civilización
pusieron en la pared de independencia.
Cabezas de hombres valientes
que murieron por causa o motivo
Bueno o Malo
¡Hidalgo! ¡Zapata!
¡Murieta! ¡Espinozas!
Son solamente pocos.
Ellos
se arriesgaron afrontar
la fuerza de tiranía
de hombres
que gobiernan
con enredos e hipocresía
Aquí estoy mirando hacia el pasado
y ahora veo
el presente
y todavía
Yo soy el campesino,
soy el político, gordo y traicionero.
Yo,
del mismo nombre,
Joaquín.
En un país que ha derrotado
toda mi historia,
sofocado todo mi orgullo.
En un país que ha puesto un peso
De indignidad diferente
en
mi
espalda
centenaria.
Inferioridad
es la nueva carga . . .
El indio ha sobrellevado y todavía.
Emergió el vencedor,
el mestizo debe todavía vencer,
y el Gauchupín solamente ignorará.
Me miro yo mismo,
veo parte de mí
que renuncia a mi padre y mi madre y se
derrite en la mezcla de esta sociedad
para desaparecerme en vergüenza.
A veces
vendo a mi hermano
y lo reclamo
como mío cuando la sociedad me da
liderato simbólico
en el mismo nombre de la sociedad.
Yo soy Joaquín,
que se sangra en muchos modos.
Los altares de Montezuma
Yo los manché de sangre.
Mi espalda de esclavitud india
fue tornada color encarnado
de los azotes de patrones
que perderían su sangre tan pura
cuando la Revolución los hizo pagar.
Parados en frente de las paredes de
Retribución,
Sangre ha derramado de 
en cada campo de batalla
entre campesino, hacendado
esclavo y dueño,
Revolución.
Yo brinqué de la torre de Chapultepec
dentro del mar de la fama.
La bandera de mi patria,
mi sudario.
Con Los Niños,
cuyo orgullo y valor
no pudieron entregar
con indignidad
la bandera de su patria
a extranjeros... en su tierra.
Ahora
me sangro en una celda hedionda
de garrote
o pistola
o tiranía.
Sangro mientras los guantes viciosos
de hambre parten mi cara, mis ojos,
mientras peleo desde barrios corrompidos
al encanto del cuadrilatero
y luces de fama
o pesar mutilado.
Mi sangre cursa pura en los cerros
escarchados de las Isletas de Alaska,
en la playa derramada de cuerpos en Normandía,
la tierra ajena de Corea
y ahora
Vietnam.
Aquí estoy parado
enfrente la Corte de Justicia,
culpable
por toda la gloria de mi Raza
a ser sentenciado a desesperación.
Aquí estoy parado,
pobre en dinero,
arrogante con orgullo
valiente con machismo
rico en valor 
adinerado de espíritu y fe.
Mis rodillas están cubiertas con barro.
Mis manos ampolladas del azadón.
Yo he hecho al angloamericano rico.
Aún Igualdad es solamente una palabra.
El Tratado de Hidalgo se ha roto
y es solamente otra promesa traicionera.
Mi tierra está perdida
y robada.
Mi cultura ha sido violada.
Alargo
la línea en la puerta del beneficio
y lleno las cárceles con crímenes.
Estos entonces
son los regalos
que esta sociedad tiene
para hijos de Jefes
y Reyes
y Revolucionarios sanguinarios.
Quienes
dieron a la gente ajena
todas sus habilidades e ingenio
para allanar la vía con sesos y sangre
para esas hordas de extranjeros hambrientos
de Oro,
quienes
cambiaron nuestro idioma
y plagiaron nuestros hechos
como acciones de valor
de ellos mismos.
Desaprobaron de nuestro modo de vivir
y tomaron lo que podían usar.
Nuestro Arte.
Nuestra Literatura.
Nuestra música ignoraron.
Así que dejaron las cosas de valor verdadero
y se aferraron a su misma destrucción
con su gula y avaricia.
Pasaron por alto aquella fontana purificadora
de naturaleza y hermandad
cual es Joaquín.
El arte de nuestros señores excelentes,
Diego Rivera,
Siqueiros,
Orozco es solamente
otro acto de revolución para
la salvación del género humano.
Música de mariachi, el corazón y el alma
de la gente de la tierra,
la vida del niño
y la alegría del amor.
Los Corridos dicen los cuentos
de vida y muerte,
de tradición,
leyendas viejas y nuevas,
de gusto,
de pasión y de pesar
de la gente: quien yo soy.
Yo estoy en los ojos de la mujer,
protegido debajo de su chal negro,
ojos hondos y dolorosos,
que llevan el pesar de hijos enterrados
o agonizantes,
muertos
en batalla o en el alambre de púas
de la lucha social.
Su rosario lo reza y lo pulsa
infinitamente,
como la familia
trabajando una hilera de remolachas,
a dar vuelta
y trabajar
y trabajar.
No hay ningún fin.
Sus ojos un espejo de todo el calor
y todo el amor para mí.
Y yo soy ella.
Y ella es yo.
Juntos afrontamos la vida con
pesar, coraje, alegría, fe
pensamientos ilusionados.
Lloro lágrimas de angustia
cuando veo a mis hijos desaparecer
detrás de la mortaja de la mediocridad,
para jamás reflexionar o acordarse de mí.
Yo soy Joaquín.
Debo pelear
y ganar la lucha
para mis hijos, y ellos
deben saber de mí,
quien soy yo.
Parte de la sangre que corre hondo en mí
no pudo ser vencida por los moros.
Los derroté después de quinientos años,
y yo perduré.
La parte de sangre que es mía
ha obrado infinitamente cuatrocientos
años debajo el talón de europeos lujuriosos.
¡Yo todavía estoy aquí!
He perdurado en las montañas escarpadas
de nuestro país.
He sobrevivido los trabajos y esclavitud de los campos.
Yo he existido en los barrios de la ciudad,
en los suburbios de intolerancia,
en las minas de snobismo social,
en las prisiones de desaliento,
en la porquería de explotación y
en el calor feroz de odio racial.
Y ahora suena la trompeta,
la música de la gente incita la revolución.
Como un gigantón soñoliento lentamente
alza su cabeza
al sonido de
patulladas,
voces clamorosas,
tañido de mariachis,
explosiones ardientes de tequila,
el aroma de chile verde y
ojos morenos, esperanzados de una
vida mejor.
Y en todos los terrenos fértiles,
los llanos áridos,
los pueblos montañeros,
ciudades ahumadas,
empezamos a AVANZAR.
¡La Raza!
¡Méxicano!
¡Español!
¡Latino!
¡Hispano!
¡Chicano!
O lo que me llame yo,
Yo parezco lo mismo
Yo siento lo mismo
Yo lloro
Y
Canto lo mismo.
Yo soy el bulto de mi gente y
Yo renuncio ser absorbido.
Yo soy Joaquín.
Las desigualdades son grandes
pero mi espíritu es firme,
mi fe impenetrable,
Mi sangre pura.
Soy príncipe azteca y Cristo cristiano.
¡YO PERDURARÉ!
¡YO PERDURARÉ!

Roberto Gonzales

Antonio Mediz Bolio



A LAS MADRES

¡Madres de los héroes, madres de los mártires,
madres del soldado que cayó en campaña,
madres del que sueña con la gloria arisca,
madres del que busca paz sin encontrarla,
madres del vencido sin lauros, ni lucha,
madres del que vence con fortuna y fama!
¡Madres de mendigos y de paladines,
de triunfantes próceres y de oscuros parias!
¡Sean todas benditas en todas las lenguas
por todos los hombres de todas las razas!
¡Mater Admirabilis! ¡Santas Madres Nuestras!
¡Que nos dieron todo sin pedirnos nada!

Antonio Mediz Bolio

Amado Nervo



CONTIGO

Espíritu que no hallas tu camino,
que hender quieres el cielo cristalino
y no sabes qué rumbo
has de seguir, y vas de tumbo en tumbo,
llevado por la fuerza del destino:


¡Detente! Pliega el ala voladora:
¡buscas la luz, y en ti llevas la aurora;
recorres un abismo y otro abismo
para encontrar al Dios que te enamora,
y a ese Dios tú lo llevas en ti mismo!


¡Y el agitado corazón latiendo,
en cada golpe te lo está diciendo,
y un misterioso instinto,
de tu alma en’ el obscuro laberinto,
te lo va noche a noche repitiendo!


…¡Mas tú sigues buscando lo que tienes!
Dios en ti, de tus ansias es testigo;
y, mientras pesaroso vas y vienes,
como el duende del cuento, Él va contigo.

Amado Nervo

Eduardo Gómez Haro



SONETO

Más blanca que la nieve del Carmelo,
más pura que el candor de la inocencia,
más limpia que del justo la existencia,
más grata que el amor y que el consuelo.

Más tierna que la madre en su desvelo,
más noble que el deber de la conciencia,
más fragante que el lirio en su opulencia,
más delicada que el azul del cielo.

Así es la flor de Nazaret, María,
que al abrir su corola inmaculada,
llenó el mundo de paz y de alegría.

Como Madre de Dios predestinada,
no pudo Satanás en su osadía
ni mancharla siquier con su mirada.

Eduardo Gómez Haro

Nezahualcóyotl



CÁHUITL

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive
con raíz en la tierra?
No para siempre en la tierra: 
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Nezahualcóyotl

50-Juan Valle



INDIFERENTE

Va a amanecer: gozosa la campana
saluda al resplandor que el alba envía;
se alza del lecho la doncella pía
a rezar su oración de la mañana.

Cansada de gozar, la cortesana
sale riendo de la alegre orgía;
maldice el amador la luz del día,
dejando de su amada la ventana.

¡Feliz es el que cree, goza o padece!
Yo ni creo, ni gozo, ni padezco,
y todo indiferente me parece.

Ni maldigo la luz ni la apetezco;
nada me regocija ni entristece;
nada me inspira amor, nada aborrezco.

Juan Valle

51-Joaquín Arcadio Pagaza



LA ORACIÓN DE LA TARDE

Tiende la tarde el silencioso manto
de albos vapores y húmedas neblinas
y los valles y lagos y colinas
mudos deponen su divino encanto.

Las estrellas en solio de amaranto
al horizonte yérguense vecinas
salpicando de gotas cristalinas
las negras hojas del dormido acanto.

De un árbol a otro en verberar se afana
nocturna el ave con pesado vuelo
las auras leves y la sombra vana;

y presa el alma de pavor y duelo,
al místico rumor de la campana
se encoge, y treme, y se remonta al cielo.

Joaquín Arcadio Pagaza

58-Manuel Martínez de Navarrete



A UNOS OJOS

Cuando mis ojos miraron
de tu cielo los dos soles,
vieron tales arreboles
que sin vista se quedaron.
Mas por ciegos no dejaron
de seguir por sus destellos,
por lo que duélete de ellos,
que aunque te causen enojos,
son girasoles mis ojos
de tus ojos soles bellos.

Manuel Martínez de Navarrete

62-Efrén Rebolledo



LOS BESOS

Dame tus manos puras; una gema
pondrá en cada falange transparente
mi labio tembloroso, y en tu frente
cincelará una fúlgida diadema.

Tus ojos soñadores, donde trema
la ilusión, besaré amorosamente,
y con tu boca rimará mi ardiente
boca un anacreóntico poema.

Y en tu cuello escondido entre las gasas
encenderé un collar, que con sus brasas
queme tus hombros tibios y morenos,

y cuando al desvestirse lo desates
caiga como una lluvia de granates
calcinando los lirios de tus senos.

Efrén Rebolledo

69-Antonio Plaza Llamas



A UNA NIÑA

Niña gentil que a la vida
despertaste alegre ayer,
como en Oriente despierta
la luz al amanecer.

Niña, que del oro cielo
viniste al mundo a caer,
como aljofarada gota
del nítido rosicler.

Y en inmaculada cuna
te remeciste después,
como ilusión que se mece
del sueño al dulce vaivén.

Niña de cabellos de oro
y de labios de clavel
Son de rosa tus mejillas
es de raso tu alba tez.

Es tu sonrisa inconsciente,
de ángel tu mirada es,
y como brilla una estrella
brilla el candor en tu sien.

Dichosa tú que del mundo
pasando vas el dintel,
sin sospechar que las flores
espinas tienen también.

En mi canto, bella niña,
le ruego al Dios de Israel,
que la virtud de tus años
tiernos en otros te dé.

Para que ese mundo nunca
con su lodo y fetidez,
ensucie de tu pureza
el blanquísimo glasé;

Qué siempre tú, mariposa
en primoroso vergel
hueles y en las flores halles
ánforas ricas de miel;

Que dé calor a tus alas
el santo sol de la fe,
y que jamás una espina
tus alas llegue a romper.

Antonio Plaza Llamas

94-Fray José Manuel de Navarrete



RECUERDOS TRISTES

Cuando tu blanca frente yo ceñía
de yedra azul y de encarnada rosa;
cuando en el fértil prado y selva umbrosa
mil cariños muy dulces te decía;

cuando de agreste flauta me servía
para cantar tu cara milagrosa;
cuando en nuestra cabaña venturosa
me nombraba por tuyo, y tú por mía;

cuando... mas no, no quieras, Clori amada,
que refiera más gustos, pues no intento
que gima la memoria lastimada.

Iba a decirle que en aquel momento
que recuerdo la vida ya pasada,
no sé como no muero de tormento.

Fray José Manuel de Navarrete

227-Manuel Gutiérrez Nájera



PARA ENTONCES

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira;
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven; antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: "Soy tuya",
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Manuel Gutiérrez Nájera

241-Salvador Díaz Mirón



A MIS VERSOS

Insensibles a fiestas y grimas
y con alas de luz de centellas,
pero esquivos a cautas doncellas,
difundíos por gentes y climas.

No sois gemas inmunes a limas
y con lampos de fijas estrellas,
Sino chispas de golpes y mellas
y ardéis lascas de piedras de simas.

Pero hay siempre valer en las rimas.
¿Por que duran refranes? Por ellas,
y no suelen llevarlas opimas.

Id, las mías, deformes o bellas:
inspirad repugnancias o estimas,
pero no sin dejar hondas huellas.

Salvador Díaz Mirón

253-Poeta Anónimo



EL PINTOR

El pintor: la tinta negra y roja,
artista, creador de cosas con el agua negra.
Diseña las cosas con el carbón, las dibuja,
prepara el color negro, lo muele, lo aplica.
El buen pintor: entendido, dios en su corazón,
diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.
Conoce los colores, los aplica, sombrea;
dibuja los pies, las caras,
traza las sombras, logra un perfecto acabado.
Todos los colores aplica a las cosas,
como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.

El mal pintor: corazón amortajado,
indignación de la gente, provoca fastidio,
engañador, siempre anda engañando.
No muestra el rostro de las cosas,
da muerte a sus colores,
mete a las cosas en la noche.

Pinta las cosas en vano,
sus creaciones son torpes, las hace al azar,
desfigura el rostro de las cosas.

Poeta Anónimo

254-Poeta Anónimo



CONSEJOS DE UN PADRE A SU HIJA

Aquí estás, mi hijita,
mi collar de piedras finas,
mi plumaje de quetzal, mi hechura humana,
la nacida de mí.
Tú eres mi sangre, mi color,
en ti está mi imagen.

Ahora recibe, escucha: vives, has nacido,
te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro,
el Dueño del cerca y del junto,
el hacedor de la gente,
el inventor de los hombres.

Ahora que ya miras por ti misma, date cuenta.
Aquí en la tierra es de este modo:
no hay alegría, no hay felicidad.
Hay angustia, preocupación, cansancio.
Por aquí surge, crece el sufrimiento y la preocupación.

Aquí en la tierra es lugar de mucho llanto,
lugar donde se rinde el aliento,
donde es bien conocida la amargura y el abatimiento.
Un viento como de obsidianas sopla
y se desliza sobre nosotros.

Dicen que en verdad nos molesta
el ardor del sol y del viento.
Es este lugar donde casi perece uno
de sed y de hambre. Así es aquí en la tierra.

Oye bien, hijita mía, niñita mía:
no es lugar de bienestar en la tierra,
no hay alegría, no hay felicidad.
Se dice que la tierra es lugar de alegría penosa,
de alegría que punza.

Así andan diciendo los viejos:
para que no siempre andemos gimiendo,
para que no estemos siempre llenos de tristeza,
el Señor Nuestro nos dio a los hombres
la risa, el sueño, los alimentos, nuestra fuerza
y nuestra robustez y finalmente el acto sexual,
por el cual se hace siembra de gentes.

Todo esto embriaga la vida en la tierra,
de modo que no se ande siempre gimiendo.
Pero, aún cuando así fuera,
si saliera verdad que sólo se sufre,
si así son las cosas en la tierra,
¿acaso por esto se ha de estar siempre con miedo?
¿Hay que estar siempre temiendo?
¿Habrá que vivir llorando?

Porque, hijita mía, se vive en la tierra,
hay en ella señores, hay mando,
hay nobleza, hay águilas y tigres.
¿Y quién anda diciendo siempre que así es en la tierra?
¿Quién anda tratando de darse la muerte?
Hay afán, hay vida, hay lucha, hay trabajo.
Se busca, mujer, se busca marido.

Pero, ahora, mi muchachita,
escucha bien, mira con calma:
he aquí a tu madre, tu señora, de su vientre,
de su seno te desprendiste, brotaste.

Cómo si fueras una yerbita, una plantita,
así brotaste. Como sale la hoja, así creciste, floreciste.
Como si hubieras estado dormida
y hubieras despertado.

Mira, escucha, advierte, así es en la tierra:
no seas vana, no andes como quiera,
no andes sin rumbo.
¿Cómo vivirás, cómo seguirás aquí por poco tiempo?
Dicen que es muy difícil vivir en la tierra,
lugar de espantosos conflictos,
mi muchachita, mi palomita, mi pequeñita...

Se cuidadosa, porque vienes de gente principal,
desciendes de ella,
gracias a personas ilustres has nacido.
Tú eres la espina y el brote de nuestros señores.
Nos fueron dejando los señores,
los que gobiernan, los cuales
allá se fueron colocando en fila,
los que vinieron a hacerse cargo de poder en el mundo;
dieron renombre y fama a la nobleza.

Escucha: mucho te he dado a entender que eres noble.
Mira que eres cosa preciosa,
aún cuando sólo seas una mujercita.
Eres piedra fina, eres turquesa.
Fuiste forjada, taladrada, tienes la sangre,
el color, eres brote y espina, cabellera,
desprendimiento, eres de noble linaje.

Todavía esto ahora te voy a decir:
¿acaso no lo entenderás muy bien?
¿Todavía andas jugando con tierra y tepalcates?
¿Acaso todavía estas reposando en la tierra?
En verdad un poco escuchas ya,
te das cuenta de las cosas:
por tu propia cuenta, vas cobrando experiencia.

Mira no te deshonres a ti misma,
a nuestros señores, a los príncipes,
a los gobernantes que nos precedieron.
No te hagas como la gente del pueblo,
no vengas a salir plebeya, macehual.
En tanto que vivas en la tierra,
junto y al lado de la gente,
sé siempre en verdad una mujercita.

He aquí tu oficio, lo que tendrás que hacer:
durante la noche y durante el día,
conságrate a las cosas de Dios,
muchas veces piensa en él
que es como la Noche y el Viento.
Hazle súplicas, invócalo, llámalo, ruégale mucho
cuando estés en el lugar donde duermes.
Así se te hará gustoso el sueño...

Despierta, levántate a la mitad de la noche,
póstrate con tus codos y tus rodillas,
levanta tu cuello y tus hombres.
Invoca, llama al Señor, a Nuestro Señor,
a aquel que es como la Noche y el Viento.
Será misericordioso, te oirá de noche,
te verá entonces con misericordia,
te concederá entonces aquello que mereces,
lo que te está asignado.

Pero si fuera malo el merecimiento,
la asignación que se te dieron
cuando aun para ti era de noche,
la que te tocó al nacer, cuando viniste a la vida,
con eso (con tus súplicas) se te hará buena,
se te rectificará: la modificará el Señor,
el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto.

Y durante la noche está vigilante,
levántate aprisa, extiende tus manos,
extiende tus brazos, aderézate la cara,
aséate las manos, lávate la boca,
toma de prisa la escoba, ponte a barrer.
No te estés dando gusto,
no te pongas nada más a calentar,
lava la boca a los otros, haz la incensación de copal,
no la dejes, porque así se obtiene
de Nuestro Señor su misericordia.

Y hecho esto, cuando ya estés lista, ¿qué harás?,
¿cómo cumplirás tus deberes de mujer?
¿Acaso no prepararás la bebida, la molienda?
¿No tomarás el huso, la cuchilla del telar?
Mira bien cómo quedan la bebida y la comida,
cómo se hacen, cómo quedan buenas,
cómo se hace una buena comida y una buena bebida.

Estas cosas que de algún modo se llaman
"las que pertenecen a las personas",
son las que corresponden a las señoras,
a los que gobiernan, por esto se las llamó
"cosas propias de los rostros
y los corazones, de las personas",
la comida propia de los que gobiernan, su bebida:
sé diestra en preparar la bebida, en preparar la comida.

Por atención, dedícate, aplícate,
aplícate a ver cómo se hace esto,
así pasarás tu vida, así estarás en paz.
Así serás valiosa.
No sea que en vano alguna vez
te envíe el infortunio el Señor Nuestro.
Acaso crezca la pobreza entre los nobles.
Míralo bien, abrázalo, que es oficio de mujer:
el huso, la cuchilla de telar.

Abre bien los ojos para ver cómo es el arte tolteca,
cuál el arte de las plumas, cómo bordan con colores,
cómo entreveran los hilos, cómo los tiñen, las mujeres,
las que son como tú,
las señoras nuestras, las mujeres nobles.
Cómo urden las telas, cómo se hace su trama,
cómo se ajusta. Pon atención, aplícate,
no seas vana, no te dejes vanamente,
deja de ser negligente contigo misma.

Ahora es buen tiempo, todavía es buen tiempo,
porque todavía hay en tu corazón
un jade, una turquesa.
Todavía está fresco, no se ha deteriorado,
no ha sido aún torcido, todavía está entero,
aún no se ha logrado, no se ha torcido nada.
Todavía estamos aquí nosotros,
nosotros tus padres,
que te metimos aquí a sufrir,
porque con esto se conserva el mundo.
Acaso así se dice: así lo dejó dicho,
así lo dispuso el Señor Nuestro
que debe haber siempre,
que debe haber generación en la tierra.

Todavía aquí estamos, todavía en tiempo nuestro,
aún no ha venido el palo
y la piedra del Señor Nuestro.
Todavía no morimos, todavía no perecemos,
¿qué es lo que tú piensas,
niñita, palomita, muchachita?
Cuando nos haya ocultado el señor nuestro,
con la ayuda de otro podrás vivir,
porque no es tu destino, no es tu don
vender yerbas, palos, sartas de chile,
tiestos de sal, tierra de tequesquite,
parada en la entrada de las casas,
porque tú eres noble. Adiéstrate en el huso,
en la cuchilla del telar, en preparar bebidas y comidas.

Que nunca sea vano el corazón,
nadie diga de ti, te señale con el dedo,
hable de ti. Si nada sale bien, ¿cómo será tu fracaso?
Por eso, ¿no vendríamos nosotros a ser vituperados?
Y si ya nos recogió el Señor Nuestro,
¿acaso por esto no se nos vituperará por atrás,
acaso no seremos reprendidos
en la región de los muertos?
En cuanto a ti, ¿acaso no pondrás en movimiento
en tu contra el palo y la piedra?,
¿no harás que contra ti se dirijan?

Pero si atiendes,
¿también entonces podrá venir la represión?
Tampoco seas ensalzada por otros en exceso,
no ensanches tu rostro, no te ensoberbezcas,
como si estuvieras en el estrado
de las águilas y los tigres,
como si estuvieras luciendo tu escudo,
como si todo el escudo de Huitzilopochtli
estuviera en tus manos.
Como si gracias a ti estuvieras levantando la cabeza
y a nosotros nos acrecentarás el rostro.
Pero si no haces nada,
¿no serás entonces como una pared de piedra,
no se hablará de ti, apenas serás ensalzada?
Pero sé en estas cosas como
lo desea para ti el Señor Nuestro.

He aquí otra cosa que quiero inculcarte,
que quiero comunicarte, mi hechura humana,
mi hijita: sabe bien, no hagas quedar burlados
a nuestros señores por quienes naciste.
No les eches polvo y basura,
no rocíes inmundicias sobre su historia,
su tinta negra y roja, su fama.

No los afrentes con algo,
no como quiera desees las cosas de la tierra,
no como quiera pretendas gustarlas,
aquello que se llama las cosas sexuales
y si no te apartas de ellas ¿acaso serás divina?
Mejor fuera que perecieras pronto.

Ahora bien, con calma, con mucha calma,
pon atención, si así lo ha de pensar el Señor Nuestro,
si alguno hablara de ti, si se dice algo de ti,
no lo desdeñes, no golpees
con tu pie la inspiración del Señor Nuestro,
acógela, no te retraigas, que no pase junto a ti,
dos o tres veces, no te andes haciendo la retraída,
aunque nosotros te tengamos por hija,
aun cuando por medio nuestro hayas nacido,
no te envanezcas olvidando
en tu corazón al señor Nuestro.
Así te arrojarías al polvo y a la basura,
a la vida de las alegradoras, las mujeres públicas.
Y entonces el Señor Nuestro se burlaría,
obraría contigo como él quisiera.

No como si fuera en un mercado
busques al que será tu compañero,
no lo llames, no como en primavera
lo estés ve y ve, no andes con apetito de él.
Pero, si tal vez tú desdeñas
al que puede ser tu compañero,
al escogido del Señor Nuestro,
si lo desechas, no vaya a ser que de ti se burle,
en verdad se burle de ti
y te conviertas en alegradora, en mujer pública.

Pero, prepárate, ve bien quién es tu enemigo,
que nadie se burle de ti,
no te entregues al vagabundo,
al que te busca para darse placer,
al muchacho perverso.

Que tampoco te conozca
dos o tres rostros que tú hayas visto.
Quien quiera que sea tu compañero,
vosotros, juntos tendréis que acabar la vida.
No lo dejes, agárrate de él,
cuélgate de él aunque sea un pobre hombre,
aunque sea sólo un aguilita, un tigrito,
un infeliz soldado, un pobre noble,
tal vez cansado, falto de bienes,
no por eso lo desprecies.

Que a vosotros os vea,
os fortalezca el Señor Nuestro,
el conocedor de los hombres,
el inventor de la gente,
el hacedor de los seres humanos.

Todo esto te lo entrego
de mis labios y mis palabras.
Así, delante del Señor Nuestro,
delante de Tloque Nahuaque,
cumplo con mi deber.
Y si tal vez por cualquier parte arrojaras esto,
tú ya lo sabes.
He cumplido mi oficio, muchachita mía, niñita mía.
Que seas feliz, que Nuestro Señor te haga dichosa.

Poeta Anónimo