Lao Tsé



EL CAMINO

Cuando el sabio oye hablar del Camino,
trata de vivir en armonía con él.
Cuando el hombre normal oye hablar del Camino,
sólo lo comprende en parte.
Cuando el loco estudia el Camino, 
se ríe de él a carcajadas.
Sin embargo, si el loco no se riera,
no sería el Camino.
Por tanto, si buscas el camino,
escucha la risa de los locos.

Lao Tsé

Sam Keen



PARA CREAR UN ENEMIGO

Para crear un enemigo
toma un lienzo en blanco
y esboza en él las figuras
de hombres, mujeres y niños.

Sumerge en la paleta inconsciente
de tu sombra enajenada
un gran pincel y emborrona a los extraños
con los turbios colores de la sombra.

Dibuja en el rostro de tu enemigo
la envidia, el odio y la crueldad
que no te atreves a admitir como propias.

Ensombrece todo asomo
de simpatía en sus rostros.

Borra cualquier indicio de los amores,
esperanzas y temores
que se constelan caleidoscópicamente
en torno al corazón de todo ser humano.

Deforma su sonrisa
hasta que adopte el aspecto tenebroso 
e una mueca de crueldad.

Arranca la piel de los huesos
hasta que asome
el esqueleto inerme de la muerte.

Exagera cada rasgo
hasta transformar a cada ser humano
en una bestia, una alimaña, un insecto.

Llena el fondo del cuadro
con todos los diablos, demonios y figuras malignas
que alimentan nuestras pesadillas ancestrales.

Cuando hayas terminado el retrato
de tu enemigo podrás matarlo y descuartizarlo
sin sentir vergüenza ni culpa alguna.

Porque entonces lo que destruirás
se habrá convertido en un enemigo de Dios
o en un obstáculo
para la sagrada dialéctica de la historia.

Sam Keen

Laudato Si



DE LA HERMANA Y MADRE TIERRA

Esta hermana que tenemos

como madre cada año
nos reclama por el daño
que el mal provecho le hacemos
cuando el pecado en extremo
explota el bien esencial
con ambición desleal
desperdiciando recursos
sin respetar el transcurso
de renovación vital.

No pensar en los demás,

qué indiferente querella,
son todos hijos de ella,
hermanos todos, y aún más:
hijos de un Padre veraz
que tanto en ella dispuso
para todos en buen uso
con ecuánime reparto,
no estos dolores de parto
que ella sufre por abusos.

Laudato Si 

Eduardo Marquina




SE PINTA EL MAR

La tierra es toda vida,
y el mar es todo amor.
En el mar hay escondida
una fuerza más grande que la vida:
la tierra es criatura, y el mar es creador.
Todo el mar es misterio resonante
y palabra inicial:
nada hay a espaldas de él, nada hay delante;
el mar es una eternidad constante
y un movimiento en lo inmortal.
Escapa al pertinaz conocimiento
y prolonga en fantasmas la visión;
el mar es elemento,
hermano del pensamiento
y lecho azul de la imaginación.
Las mujeres suspiran
cuando en la tarde miran
la gran fatiga, hecha pasión, del mar;
toda mujer quisiera,
en una noche encapotada y fiera,
estarse a solas abrazando al mar.
Los marineros de canosa frente,
estatuas que ha esculpido su garra omnipotente,
pasan como hombres tipos a la orilla del mar:
llevan en sus pupilas el misterio
y tienen un hablar de magisterio,
mamado en su nodriza, la recia tempestad.
A las mozas alegres de la costa,
cuando más lindas van, se les agosta
en sólo un día toda su beldad:
prometidas tal vez a un fiero esposo,
pierden en un abrazo misterioso,
como la tierra en junio, toda su majestad.
Los barrios, junto al mar, de pescadores,
son hornos de fantásticas mentiras,
cunas de unos deseos buscadores
que se echan a volar, emprendedores
renuevos de la tierra, en arriesgadas jiras.
Las noches, en las casas marineras,
vienen con aparatos de quimeras,
poniendo luces rojas en todas las ventanas;
detrás de los cristales arden unas pupilas,
espiando las sombras intranquilas
y en atisbo de barcas lejanas.
Entre las rocas de la costa alzada
se oye un extraño hablar, de madrugada,
de gentes que en la noche vigilaron;
las barcas, animadas de un deseo,
tienen un misterioso balanceo,
y nunca se están quietas en donde las dejaron.
Las casas de los pueblos marineros
abren todas al mar sus agujeros:
rejas y puertas y ventanas,
toda la vida, de la mar esperan;
al monte sólo irán cuando se mueran, 
al quieto cementerio de las tapias enanas.
¡Oh mar! ¡Oh extraño mar! ¡Oh gran misterio!
¡Oh! ¡No saben tus gentes el imperio
que ejerces en sus almas!
Tú has sabido, a través de las edades,
garantir con tus altas tempestades
la majestad suprema de tus calmas.
¡Santo mar, fuerza nueva, agua querida,
adobo espiritual de nuestra vida,
campo siempre fecundo a la mirada!
¡Sólo tú, cuando un ansia la enajena,
pones la gracia de una paz serena
en la pupila fácil de la Amada!

Eduardo Marquina

Walt Whitman



A AQUÉL QUE FUE CRUCIFICADO

Mi espíritu al tuyo, querido hermano,

No importa que muchos de los que pronuncian tu nombre no te entiendan.
Yo no pronuncio tu nombre, pero te entiendo.
Te señalo con alegría, oh compañero, para saludarte,
y para saludar a aquellos que estuvieron contigo, antes y después, y los que vendrán.
Todos los que trabajamos juntos transmitiendo la misma tarea y la misma herencia.
Unos pocos iguales, por encima de países y épocas,
Abarcamos todos los continentes, todas las castas, y aceptamos todas las teologías.
Compasivos, observadores, cerca de los hombres,
Caminamos en silencio entre discusiones y afirmaciones,
aunque sin rechazar a quienes discuten, ni nada de lo afirmado.
Oímos el griterío y el estruendo, divisiones, celos,
recriminaciones, nos llegan de todas partes.
Nos cercan imperiosamente para que nos rindamos, compañero.
Pero caminamos sueltos, libres, por toda la tierra,
viajando de un lado a otro, hasta que dejamos
nuestra marca imborrable en el tiempo y en las diversas eras.
Hasta que saturamos el tiempo y las eras,
para que los hombres y las mujeres de razas y edades futuras
puedan ser hermanos y amantes como nosotros somos.

Walt Whitman

Juan Carlos Aragón Becerra



Me recuerdas al fusil en la noche de Cuba,
al sol del malecón sonriendo,
a los pecados plurales de Plaza de Armas,
al bar de los trovadores,
a una novia desayunando huevos con mojito.
Oh tú mi libertad derretida en las manos
como una alud gigante y millonario,
tú me haces saber las verdades más impermeables
a golpe de grito, a golpe de risa, a golpe de amor,
derretida en las manos tanto que se me resbala.
Me recuerdas a la mañana en la madera de la guitarra,
al acantilado en el sol de la tarde,
al pecado venial de la noche interminable,
a la golondrina del pueblo,
a una novia nerviosa y única.
Oh tú mi libertad derretida en las sienes
como un alud gigante y guayabero,
hasta me haces sentir que el mundo no importa,
a golpe de canción, a golpe de palabra, a golpe de amor.
Derretida en las manos tanto que se pierde.
Me recuerdas a la guitarra en la mañana de la madera,
al sol de la tarde acantilada, 
al pecado interminable de la noche venial,
al pueblo de las golondrinas,
a una novia de temple blanco.
Oh tú mi libertad derretida en tu pecho,
como un alud gigante y chirigotero,
hasta me haces sentir que el mundo aún me importa,
a golpe de humor, a golpe de ironía, a golpe de deseo,
derretida en la historia tanto que se detiene.
Oh tú mi libertad derretida en la esperanza,
como un alud gigante y afinado.
No es que me importe el mundo,
pero suena mejor que antes de ayer.
A grito cambiado, a grito alterno, a grito de combate,
derretido en los astros de tu sonrisa.
Me recuerdas a la playa de Atlanterra,
a la cala de San Marcos,
a la colección de pecados más distinguida,
al bar del pueblo,
a tanto me recuerdas.

Juan Carlos Aragón Becerra

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia



LARGO PEREGRINAR

 ¡Qué peregrinar más largo…!
¡Qué nostalgias por tu encuentro…!
¡Qué ansias por poseerte,
en este vivir muriendo,
en este clamar constante
por encontrarte en tu seno…!

 Parece que las entrañas
se me resecan, pidiendo
la llenura de mi vida
en tu Manantial eterno,
en la Luz de tu mirada,
en la hondura de tu Pecho.

 Yo necesito meterme
en tu divino Misterio,
en la profundidad honda
de tu infinito Cauterio,
y, en él, quedar sumergida,
cauterizada en su fuego.

 ¡Oh, qué urgencias por tenerte
en mis urgencias muriendo,
en mis nostalgias vividas,
en mi torturante anhelo,
para sentirme engolfada
ya para siempre en tu Seno…!

 Es mi vivir tan divino
y en tan terrible misterio,
que, si no vienes piadoso
y compasivo a mi encuentro,
de tanto y tanto tenerte,
en tu posesión me muero,
ante mi sed anhelante
por poseerte sin velos.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia