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Rabia al Adawiyya



TÚ QUE HACES FLORECER EL DESIERTO

¡Oh mi alegría, mi deseo y mi refugio!
¡Mi compañero, mi amparo en el camino!
¡Oh, mi Fin!
Eres el espíritu de mi corazón.
Tú eres mi esperanza,
Mi confidente, mi Amigo.
Mi anhelo de Ti es mi única riqueza.
Mi ardiente deseo, todo mi sustento.
Si no fuera por Ti, oh vida de mi vida,
no habría vagado de un lado para otro
por la inmensidad del país.
¡Cuántas gracias me han sido reveladas,
cuántos dones y favores tienes Tú para mí!
Tu amor es mi único deseo.
Tu amor es mi delicia,
la luz que sacia mi sediento corazón.
No me alejaré de Ti mientras viva,
no hay lugar para mí sino Tú,
que haces florecer el desierto.
Tú eres el único dueño de mi corazón.
Si en mí encuentras contento,
¡oh, anhelo de mi corazón!,
desbordaré de alegría.

Rabia al Adawiyya

26-Ibn Husain


 
ORACIÓN

¡Oh tú que el más oculto sentimiento
sabes del corazón!
¡Oh tú que en los trabajos das aliento
y alivio en la aflicción,
a quien se vuelve lleno de esperanza
el corazón contrito;
Por quien el pecador tan sólo alcanza
expiar su delito!
Tú que viertes de gracias un tesoro,
al decir:
Escúchame, Alá mío, yo te imploro;
Mi voz dígnate oír.
Que mi propia humildad por mí interceda
¡Oh mi dulce sostén!
Eres mi único bien.
En mi abandono, en tu bondad confío;
A tu puerta he llamado:
Si no me abres, el dolor impío
me hará caer postrado.
Tú, cuyo nombre invoco reverente,
Si no das lo que anhela
tu pobre siervo en oración ferviente,
Señor, su afán consuela.
Haz que no desespere en tanta cuita
el débil pecador,
pues tu misericordia es infinita.

Ibn Husain