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Julio Mariscal Montes



NADIE. NADIE EN EL MUNDO...

Nadie, nadie en el mundo.
Porque el mundo está hecho para el amor.
Para la oscura selva de brazos que se ajustan
al sarmiento triunfante de una cintura esquiva.
Para labios que mueren
y labios que reviven
por menos que una rosa, una palabra apenas.

El mundo está vacío, desmantelado, yermo...
Cuerpos opacos rugen vendavales sin luna;
alcobas espectrales sin la melancolía
de una rama de otoño;
manos que no se ajustan a otra mano y que aprietan
entre los dedos fríos el beso y el negocio.

Pero queda una última mañana de domingo,
un niño que aún ignora lo gris de la manzana,
y queda la esperanza loca entre las estrellas
para que el mundo vuelva a poblarse de nuevo.

Julio Mariscal Montes

José María Blanco White



MYSTERIOUS NIGHT

¡Oh noche! cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,
¿no temió que enlutase tu estandarte
el bello alcázar de zafir dorado?

Mas ya el celaje etéreo, blanqueado
del rayo occidental, Héspero parte:
su hueste por los cielos se reparte,
y el hombre nuevos mundos ve admirado.

¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,
oh Sol! ¿quién acertara, cuando ostenta
la brizna más sutil tu luz mentida,

esos orbes sin fin que nos velabas? ...
¡Oh, mortal! y ¿el sepulcro te amedrenta?
Si engañó el Sol, ¿no engañará la vida? 

José María Blanco White (versión de Alberto Lista)

Juan Carlos Aragón Becerra



Me recuerdas al fusil en la noche de Cuba,
al sol del malecón sonriendo,
a los pecados plurales de Plaza de Armas,
al bar de los trovadores,
a una novia desayunando huevos con mojito.
Oh tú mi libertad derretida en las manos
como una alud gigante y millonario,
tú me haces saber las verdades más impermeables
a golpe de grito, a golpe de risa, a golpe de amor,
derretida en las manos tanto que se me resbala.
Me recuerdas a la mañana en la madera de la guitarra,
al acantilado en el sol de la tarde,
al pecado venial de la noche interminable,
a la golondrina del pueblo,
a una novia nerviosa y única.
Oh tú mi libertad derretida en las sienes
como un alud gigante y guayabero,
hasta me haces sentir que el mundo no importa,
a golpe de canción, a golpe de palabra, a golpe de amor.
Derretida en las manos tanto que se pierde.
Me recuerdas a la guitarra en la mañana de la madera,
al sol de la tarde acantilada, 
al pecado interminable de la noche venial,
al pueblo de las golondrinas,
a una novia de temple blanco.
Oh tú mi libertad derretida en tu pecho,
como un alud gigante y chirigotero,
hasta me haces sentir que el mundo aún me importa,
a golpe de humor, a golpe de ironía, a golpe de deseo,
derretida en la historia tanto que se detiene.
Oh tú mi libertad derretida en la esperanza,
como un alud gigante y afinado.
No es que me importe el mundo,
pero suena mejor que antes de ayer.
A grito cambiado, a grito alterno, a grito de combate,
derretido en los astros de tu sonrisa.
Me recuerdas a la playa de Atlanterra,
a la cala de San Marcos,
a la colección de pecados más distinguida,
al bar del pueblo,
a tanto me recuerdas.

Juan Carlos Aragón Becerra

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia



LARGO PEREGRINAR

 ¡Qué peregrinar más largo…!
¡Qué nostalgias por tu encuentro…!
¡Qué ansias por poseerte,
en este vivir muriendo,
en este clamar constante
por encontrarte en tu seno…!

 Parece que las entrañas
se me resecan, pidiendo
la llenura de mi vida
en tu Manantial eterno,
en la Luz de tu mirada,
en la hondura de tu Pecho.

 Yo necesito meterme
en tu divino Misterio,
en la profundidad honda
de tu infinito Cauterio,
y, en él, quedar sumergida,
cauterizada en su fuego.

 ¡Oh, qué urgencias por tenerte
en mis urgencias muriendo,
en mis nostalgias vividas,
en mi torturante anhelo,
para sentirme engolfada
ya para siempre en tu Seno…!

 Es mi vivir tan divino
y en tan terrible misterio,
que, si no vienes piadoso
y compasivo a mi encuentro,
de tanto y tanto tenerte,
en tu posesión me muero,
ante mi sed anhelante
por poseerte sin velos.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

Romance de la Mente y el Corazón



ROMANCE DE LA MENTE Y EL CORAZÓN

- ¿Qué te pasa, Corazón,
que pareces como ausente?

- Es sólo que no me escuchas,
pues yo estoy contigo siempre...

- Sí te escucho... Te oigo andar
con tu compás permanente...

- Mis latidos son los ecos
de la Verdad que se siente...

- La Verdad... ¿qué otra verdad
puede haber sino la muerte?

- Ay, amiga, quien la busca
es normal que se lamente...

- Yo no sé qué es la Verdad,
pero sé que tú no mientes...

- Pues si sabes que no miento,
será tuya eternamente...

- Siempre que tú estés conmigo...
- Siempre que jamás me dejes.

Jesús María Bustelo Acevedo

3-Fermín Salvochea



EL POBRE Y EL RICO

Un pasajero que de orgullo henchido
navegaba en primera,
con desprecio miraba al desvalido
viajero de tercera.
"Al que hable de igualdad -decía el primero-
considero insensato.
¿Cómo ha de ser cual yo, quien sin dinero
se encuentra y sin zapatos?"
Y entre tanto en el pecho del segundo
el odio se despierta,
al ver que en contra suya todo el mundo
parece se concierta.
Mas pronto la comedia cruel y fría
tornárase en tragedia
al no surgir brillante un nuevo día
del mismo mal que asedia.
Un choque atroz, terrible y formidable
la catástrofe anuncia
y de la muerte el fallo inapelable
en alta voz denuncia.
Entonces de las clases los extremos
sin mirar diferencia,
con ardor se dirigen a los remos
y se unen sin violencia.
El peligro común de los mortales
la vanidad ahuyenta
y hace se reconozcan como iguales
entrando en la ancha senda.
La vida del error no es más que un día,
aunque parezca larga;
la verdad solamente da alegría
y nunca es una carga.

Fermín Salvochea

16-Joaquín Álvarez Quintero



GESTACIÓN DE UN SONETO

Cuando un soneto en la cabeza empieza
a pedir vida pública y brillante,
no hay en la voluntad poder bastante
para que esté tranquila la cabeza.

En tanto que el ingenio lo adereza,
como moscón molesto y susurrante,
salta de consonante en consonante,
bebe en la flor, se irrita en la maleza.

Adonde vamos nuestra sombra sigue:
zumba en casa, en la mesa y en el lecho,
y aun en graves lecturas nos persigue.

Venga el parto torcido, o bien derecho,
si anhelamos que no nos atosigue,
no hay sino rematar... ¡Ay!, ¡ya está hecho!

Joaquín Álvarez Quintero

20-Ibn Zuhr



¡POR DIOS!

¡Por Dios!, oh médico del amor, coge mi mano
que muero de debilidad.
Libera mi cuerpo, que de dolor se queja
de la camisa débil que lo viste.
El fuego de la pasión ardió en mi interior
y creció la nostalgia.
El amor descubrió mis secretos
y las lágrimas corrieron.

Ibn Zuhr

21-Ibn Zaydun


 
ALEJADOS

Alejados uno de otro,
mis costados están secos de pasión por ti,
y en cambio no cesan mis lágrimas...
Al perderte, mis días han cambiado
y se han tornado negros,
cuando contigo hasta mis noches eran blancas.
Diríase que no hemos pasado juntos la noche,
sin más tercero que nuestra propia unión,
mientras nuestra buena estrella
hacía bajar los ojos de nuestros censores.
Éramos dos secretos en el corazón de las tinieblas,
hasta que la lengua de la aurora
estaba a punto de denunciarnos.

Ibn Zaydun

22-Ibn Zamrak


 
DETENTE

Detente en la explanada de la Sabika y mira a tu alrededor:
La ciudad es una dama cuyo marido es el monte.
Está ceñida por el cinturón en su garganta...
Mira las arboledas rodeadas por los arroyos:
son como invitados a quienes escancian las acequias...
La Sabika es una corona sobre la frente de Granada,
en la que querrían incrustarse los astros.
Y la Alhambra (¡Dios vele por ella!)
es un rubí en lo alto de esa corona.

Ibn Zamrak

23-Ibn Suhayd


 
DESPUÉS DE LA ORGÍA

Cuando, llena de su embriaguez, se durmió,
y se durmieron los ojos de la ronda,
me acerqué a ella tímidamente,
como el amigo que busca el contacto furtivo con disimulo.
Me arrastré hacia ella insensiblemente como el sueño;
me elevé hacia ella dulcemente como el aliento.
Besé el blanco brillante de su cuello;
apuré el rojo vivo de su boca.
Y pasé con ella deliciosamente,
hasta que sonrieron las tinieblas,
mostrando los blancos dientes de la aurora.

Ibn Suhayd

24-Ibn Said Al Magribi



MIENTRAS GIMEN

Mientras gimen las palomas,
alárgame el vaso lleno:
venga vino, y de mi seno.
ahuyente todo pesar.
Dicen que por causa tuya
adquiero perversa fama:
que el mundo loco me llama.
y que se burla de mí;
que tus amores quebrantan.
la energía de mi vida;
que está mi hacienda perdida;
que hasta mi honra te di.
Pero yo al punto respondo
que temo más tus desdenes,
que honra, paz, salud y bienes
en un instante perder.

Ibn Said Al Magribi

25-Ibn Mutarrif



YO SOY

Yo soy, como quieres y deseas,
un amante apasionado,
un poeta ilustre, noble, generoso.
El Iraq me ha amamantado al pecho de su amor,
Bagdad me ha conquistado con su mirada.
Cuando el dolor se prolonga,
cuando la vigilia se apodera de mis párpados,
mi propio sufrir me sirve de descanso:
Método que fundó Chamil
y cuya rigidez aumentaron
los que, como yo, vinieron después.

Ibn Mutarrif

26-Ibn Husain


 
ORACIÓN

¡Oh tú que el más oculto sentimiento
sabes del corazón!
¡Oh tú que en los trabajos das aliento
y alivio en la aflicción,
a quien se vuelve lleno de esperanza
el corazón contrito;
Por quien el pecador tan sólo alcanza
expiar su delito!
Tú que viertes de gracias un tesoro,
al decir:
Escúchame, Alá mío, yo te imploro;
Mi voz dígnate oír.
Que mi propia humildad por mí interceda
¡Oh mi dulce sostén!
Eres mi único bien.
En mi abandono, en tu bondad confío;
A tu puerta he llamado:
Si no me abres, el dolor impío
me hará caer postrado.
Tú, cuyo nombre invoco reverente,
Si no das lo que anhela
tu pobre siervo en oración ferviente,
Señor, su afán consuela.
Haz que no desespere en tanta cuita
el débil pecador,
pues tu misericordia es infinita.

Ibn Husain

28-Ibn Hayyun



DESTERRARME

Desterrarme del Sur
jamás podréis.
Aquí habrán de volver
mis ojos incendiados
cuando julio prepare las vides y el aliento
del verano campee en el henar.
A por mieses soleadas
he de volver un día
en que nadie me espere y el olvido
tenga ya preparada la hornacina
repleta con mi ausencia,
piedra tal vez,
prímula dadivosa,
yo sé que el Sur me aguarda.

Ibn Hayyun

29-Avicebrón


 
SOL DEL OCASO

Fíjate en el sol del ocaso, rojo,
como revestido de un velo de púrpura:
va desvelando los costados del norte y el sur,
mientras cubre de escarlata el poniente;
abandona la tierra desnuda
buscando en la sombra de la noche cobijo;
entonces el cielo se oscurece, como si
se cubriera de luto por la muerte de Yequtiel.

Avicebrón

30-Ibn Al Jatib



EL SEÑOR DE LOS PROFETAS

Del Señor de los Profetas
me enamoré, ¡oh generoso!,
y se elevó mi buena estrella.
Me encendió su amor, se trastornó mi mente
dejando al descubierto mi delirio.

Ibn Al Jatib

31-Ibn Al Faradi



CAUTIVO

Cautivo y lleno de culpas
estoy, Señor, a tu puerta,
temiendo que me castiguen,
aguardando mi sentencia.
De mis pecados el cúmulo
con tu mirada penetras;
por Ti me angustia el temor
y la esperanza me alienta,
¿pues de quién, sino de Ti,
el alma teme o espera?
Es inevitable el fallo
de tu justicia tremenda,
cuando a abrir llegues el libro
donde escribiste mis deudas,
la suma de mis maldades
temo escuchar con vergüenza;
ilumíname y consuélame,
del sepulcro en las tinieblas,
donde yaceré olvidado
de mis más queridas prendas,
y que el perdón de mis culpas
tu gran bondad me conceda,
pues tendré sin tu perdón
una eternidad de penas.

Ibn Al Faradi

33-Ibn Abi Ruh



EL RÍO DE LA MIEL

Detente junto al río de la Miel, párate y pregunta
por una noche que pasé allí hasta el alba,
a despecho de los censores,
bebiendo el delicioso vino de la boca
o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan
los ramos encima del arroyo.
Había copas de vino fresco
y nos servía de copero el aquilón.
Las flores, sin fuego ni pebetero,
nos brindaban el aroma del áloe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas
de lanzas sobre loriga del río.
Así pasamos la noche hasta que nos hizo
separarnos el frío de las joyas.
Y nada excitó mi melancolía
más que el canto del ruiseñor.

Ibn Abi Ruh

34-Aben Abderrabihi



DESPEDIDA

Ella se despidió de mí con suspiros y abrazos,
y luego me preguntó
cuándo habríamos de encontrarnos nuevamente.
Presentóse a mí sin velo, al descubierto,
y la aurora recibió de ella nueva luz
(por la hermosura de su cuello)
rodeada por las aberturas de la túnica y los collares.
Oh tú, cuyo semblante languidece sin enfermedad:
ante los ojos está el lugar
de combate para los amantes.
Ciertamente que el día de la separación
es un día terrible en grado sumo.
¡Ojalá que yo hubiere muerto
antes del día de la separación!

Aben Abderrabihi