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413-José Agustín Quintero



¡ADELANTE!

Dios le dijo a la luz con voz sonora:
¡adelante!, ¡adelante!
Movió el tiempo su rueda giradora,
y un sol tras otro sol, y hora tras hora,
su marcha comenzaron incesante.

Los arroyos, los ríos y las fuentes,
con eco murmurante,
desataron sus límpidas corrientes,
y las nubes y vientos prepotentes
gritaron: ¡adelante!

Las montañas se alzaron altaneras
con majestad triunfante;
su penacho elevaron las palmeras
y su vuelo las águilas ligeras.
¡Adelante!, ¡adelante!

Al ánima del hombre el mismo acento
le dijo resonante:
corta el altivo cedro corpulento,
doma del mar el ímpetu violento.
¡Adelante!, ¡adelante!

Ve saca el mármol y, con noble anhelo,
toma el cincel cortante...
Cúpulas y columnas desde el suelo
alzáronse soberbias hasta el cielo.
¡Adelante!, ¡adelante!

Del cometa la marcha misteriosa
ve y descubre constante.
Arrebata a la nube tenebrosa
el rayo de explosión estrepitante.
¡Adelante!, ¡adelante!

El hombre oyó la celestial llamada
de emoción palpitante;
y en base inmensa la dejo grabada
con dócil pluma o vengadora espada.
¡Adelante!, ¡adelante!

Los sabios en las aulas proclamaron
el principio triunfante;
la razón y la gloria se hermanaron,
y las artes y ciencias exclamaron:
¡Adelante!, ¡adelante!

Despierta ¡Oh Cuba! Tras tormenta fiera
asoma el sol radiante
¡Esperanza y valor! Oprobio fuera
no llevar por divisa en tu bandera:
¡Adelante!, ¡adelante!

José Agustín Quintero

805-Juan María Gutiérrez



MI BANDERA

¡Bandera de mi Patria! Está completa
la ambición de mi pecho entusiasmado:
porque para cantarte soy poeta,
y para defenderte soy soldado.

Doble misión de bardo y de guerrero:
permite al hijo que en tu amor se inspira
a tus servicios consagrar su acero,
¡y a tus hazañas dedicar su lira!

Si estás en paz, ¡bandera idolatrada!,
canta mi lira de la paz la fiesta.
Si estás en guerra, mi fulgente espada
brilla en mi mano a combatir dispuesta.

El himno vuela, el sable centellea
con fulgor que ilumina la victoria,
y ambas fuerzas, las armas y la idea,
las tengo yo para afirmar tu gloria.

Y si a silbar volvieran las metrallas
en torno de tus bravos defensores,
que me conceda el Dios de las batallas
morir bajo tus pliegues bicolores.

Te juro que al caer, ¡bandera mía!,
por muerte honrosa, el pecho destrozado,
aún te podré cantar mi poesía,
con mi último suspiro de soldado.

Juan María Gutiérrez