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19-Károly Kisfaludy



FRONTERA HERMOSA

¡Lugar de nacimiento, frontera hermosa!
Recuerdo el tiempo que ha pasado,
¿dónde estoy, adónde voy?
Solamente vivo para mirarte;
si un pájaro viene, le pregunto:
¿todavía existe mi lugar de nacimiento?
Observo las nubes, que me están susurrando.

Károly Kisfaludy

57-Manuel Justo de Rubalcava



QUÉ IMPORTA

¿Qué importa, amigo, que el natal y oriente,
la luz primera y la primer aurora
tuvieses en la Reina y la Señora
emperatriz antigua de la gente?

¿Qué importa que la patria reverente
que Rómulo engrandece, Curcio honora,
Catón ilustra y Cicerón decora,
fuese tu cuna y tu primer ambiente?

Nada influye la patria en los varones,
que es error vanamente encarecido,
romanos fueron Silas y Escipión,

Quincio glorioso y Apio fementido:
Al hombre le hacen grande sus acciones,
no la patria ni el tiempo en que ha nacido.

Manuel Justo de Rubalcava


LETRILLA

Busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Niño y ciego con antojos
te venera el vulgo lego,
pero mal puede ser ciego
quien hiere con muchos ojos.

Visibles son los despojos
de tu arco triunfador,

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Te comparan al veneno
por tu mortal frenesí,
pero admiro que sin ti
no puede haber nada bueno.

Y pues nadie vive ajeno
de tu piedad o rigor,

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

De homicida cruel te trata
quien se queja de tu herida,
pero otros de que das vida,
cosa impropia del que mata:

Y pues ninguno retrata
tu carácter vencedor,

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Fuego voraz diz que eres,
publícalo necio el mundo,
como si fuera infecundo
el autor de los placeres.

Ya reproduzcas los seres
o aniquiles su verdor

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Con sátiras descubiertas
te llenan de mil apodos,
y aunque carezcas de modos
todo cuanto hay lo conciertas.

Y pues agravios despiertas
a la sombra del favor,

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Que te figure el villano
tan humilde como él es,
y por su loco interés
atrevido y cortesano,

lo mismo es para tu mano
el esclavo que el señor,

busca, Amor,
quien te descifre mejor.

Manuel Justo De Rubalcava

150-Eliseo Giberga



LOS BUEYES

De Tejas vino aquel; este de Honduras;
y hoy, en otra región, bajo otro dueño,
juntos rumian tejano y hondureño
insensibles al cambio, otras verduras.

Ora sueltos sin yugo en las llanuras,
ya uncidos del arado al santo leño,
ya en lenta digestión, o en largo sueño,
nunca amarga un recuerdo sus harturas.

El establo es su patria. Donde quiera
que are el buey, ni otra tuvo, ni más quiere
que buen pasto y sufrida compañera.

Más que el hombre feliz, no ha conocido
el amor que en el hombre nunca muere;
el amor de la tierra en que ha nacido.

Eliseo Giberga

197-Poeta Anónimo



ROMANCE REBELDE

La Macarena lucía
los soles de sus alhajas.
¿Te acuerdas, viejo, aquel día?
Los tambores martillaban
tus oídos y tus sienes
y tu corazón lloraba...
Sollozos estrangulados
subían a tu garganta.
En un catre miserable
tu compañera expiraba,
el hambre la consumió
poco a poco... ¡como a tantas!
Y mientras, la vanidad
de los ricos paseaba
por las calles de Sevilla,
encendida como un ascua
en la luz de sus diamantes
lucía la Macarena
los soles de sus alhajas...
Jornales de medio duro,
hambre y miseria en las casas.
Junto al surco, el campesino
los terrones destripaba
derritiéndose los sesos,
quemándose las entrañas.
Sevilla, sumida en luto,
entre las piedras calladas
de sus callejuelas tristes,
pavorosas, desoladas,
sangre reseca del pueblo
clamando a gritos venganza.
Negro luto en los hogares
y rebeldía en las almas.
El odio envenena el aire...
Las narices dilatadas
de los sabuesos de Queipo,
que de sangre no se sacian,
olfatean carne roja
en la que clavar las garras.
Ahora la Virgen no tiene
ni brillantes ni esmeraldas.
Para su causa siniestra
Queipo las necesitaba:
Ya sin joyas se quedó
la Virgen de la Esperanza.
Pronto esas joyas serán
bombas de fuego y metrallas,
los brillantes de la Virgen
presto han de tornarse balas,
y harán que corra la sangre
de los pobres en riadas.
Niños, mujeres, ancianos,
pueblo que empuñas las armas
a tu Patria defendiendo:
la Virgen de la Esperanza
ya sin joyas se quedó
para que allá en Alemania
las conviertan en obuses,
para que hagan en Italia
más aviones, tanques... ¡Sangre,
sangre en que anegar España!

Poeta Anónimo

207-Juan León Mera



MI FORTUNA

Siempre avara conmigo la fortuna
de mi alcance sus dones ha alejado;
a perpetua pobreza condenado
por un capricho fui desde la cuna.

Mis locas esperanzas, una a una,
cual seductores sueños han pasado;
pero nunca en mis ansias he llevado
al pie de esa deidad queja importuna.

Con otro don divino estoy contento,
no comparable a material tesoro:
mi noble corazón y mi talento.

De mi Patria a la gloria éste dedico,
y a la tierna beldad a quien adoro
mi corazón entero sacrifico.

Juan León Mera

289-Juan Diéguez Olaverri



A LOS CUCHUMATANES

¡Oh cielo de mi Patria!
¡Oh caros horizontes!
¡Oh azules, altos montes;
oídme desde allí!
La alma mía os saluda,
cumbres de la alta Sierra,
murallas de esa tierra
donde la luz yo vi!

Del sol desfalleciente
a la última vislumbre,
vuestra elevada cumbre
postrer asilo da:
cual débil esperanza
allí se desvanece:
ya más y más fallece,
y ya por fin se va.

En tanto que la sombra
no embargue el firmamento,
hasta el postrer momento
en vos me extasiaré;
que así como esta tarde,
de brumas despejados,
tan limpios y azulados
jamás os contemplé.

¡Cuán dulcemente triste
mi mente se extasía,
oh cara Patria mía,
en tu áspero confin!,
¡cual cruza el ancho espacio,
ay Dios que me separa
de aquella tierra cara,
de América el jardín!

En alas del deseo,
por esa lontananza,
mi corazón se lanza
hasta mi pobre hogar.
¡Oh, dulce made mía,
con cuanto amor te estrecho
contra el doliente pecho
que destruyó el pesar!

¡Oh, vosotros que al mundo
conmigo habéis venido,
dentro del mismo nido
y por el mismo amor;
y por el mismo seno
nutridos y abrigados,
con los mismos cuidados,
arrullos y calor!

¡Amables compañeros,
a quienes la alma infancia
en su risueña estancia
jugando me enlazó
con lazo tal de flores,
que ni por ser tan bello,
quitárnosle del cuello
la suerte consiguió!

Entro en el nido amante
vuelvo al materno abrigo:
¡Oh cuánto pecho amigo
yo siento palpitar,
en medio el grupo caro,
que en tierno estrecho nudo
llorar tan sólo pudo,
llorar y más llorar.

¡Oh cielo de mi Patria!
¡Oh caros horizontes!
¡Oh ya dormidos montes
la noche ya os cubrió!:
adiós, oh mis amigos,
dormid, dormid en calma,
que las brumas en la alma,
¡ay, ay! las llevo yo.

Juan Diéguez Olaverri

340-Giralda



A MI HIJO SALVADOR ZURRO GIRALDA,
CAÍDO EN EL FRENTE

Naciste hijo querido,
naciste de mis entrañas,
con orgullo lo pronuncio
y se me desgarra el alma.
Brotó tu sangre aquel día
del Cuartel de la Montaña,
y aún diste sangre para otro
de la que a ti te sobraba.
Eras sano y eras fuerte,
¡era muy grande tu alma!,
eras, como comunista,
alma desinteresada.
Cuando ya te repusiste
saliste a Santa Olalla,
luchaste como se lucha,
con entereza, con saña,
sacrificándolo todo
por defender a tu patria.
Descansaste siete días
y estaba en vilo tu alma;
decías que hacías falta
en los campos de batalla.
Y volviste para el frente,
a Robledo de Chavela,
y allí dejaste tu vida
clavada en una trinchera,
pues una bala traidora
te hizo caer en la tierra.
¡Descansa en paz, hijo mío!,
que los hombres no se acaban,
sobran para defenderla.
Nos sobran hombres y armas,
y si ellos se agotasen
tu madre empuñará el arma,
y dará su vida antes
tal como tú la enseñaras,
morirá en una trinchera
defendiendo nuestra causa;
que Agustina de Aragón
también defendió su patria.

Giralda

359-José de Jesús del Ossio



AMOR PATRIO

Yo no dejo el San Juan por el Henares
ni un solar de mi Cuba por España,
ni por su pera nuestra dulce caña
ni por montes de olivos mis palmares.

Goce el ibero allá sus olivares
que el áureo Tajo con sus ondas baña,
que a mí en Cuba me basta un cabaña
donde pueda entonar dulces cantares.

Nunca el Pan trocaré por el Moncayo,
y ni el modesto túmulo de Hatuey
por la frígida tumba de Pelayo;

y puesto que he nacido siboney,
quiero encontrar mi tumba en el Yucayo,
a la sombra apacible de un mamey.

José de Jesús del Ossio

372-Félix Gutiérrez González



ROMANCE

Siempre cara al enemigo,
siempre alerta la mirada,
agudo siempre el oído
en la noche quieta en calma
vela como buen soldado
sobre las bruñidas armas.
¡Aprendió del caballero
Don Quijote de la Mancha!
¡Alerta buen paladín
de la heroica cruzada!
Que Dios pagará con creces
tu vigilancia bizarra,
pues a ti te ha encomendado
la salvación de la patria,
el honor de las mujeres
y la religión cristiana.
A ti, noble defensor
de nobles y justas causas,
Dios pondrá sobre tus sienes,
bendecidas y ensalzadas,
coronas de roble y lauro,
¡para los mártires palmas!

Félix Gutiérrez González

404-Manuel José Quintana



A ESPAÑA

¿Qué era, decidme, la nación que un día
reina del mundo proclamó el destino,
la que a todas las zonas extendía
su cetro de oro y su blasón divino?
Volábase a Occidente,
y el vasto mar Atlántico sembrado
se hallaba de su gloria y su fortuna.
Doquiera España, en el preciado seno
de América, en el Asia, en los confines
del Africa, allí España. El soberano
vuelo de la atrevida fantasía
para abarcarla se cansaba en vano;
la tierra sus mineros le rendía,
sus perlas y coral el Oceano.
Y donde quier que revolver sus olas
él intentase, a quebrantar su furia
siempre encontraba costas españolas.
Ora en el cieno del oprobio hundida,
abandonada a la insolencia ajena,
como esclava en mercado, ya aguardaba
la ruda argolla y la servil cadena.
¡Qué de plagas, oh Dios! Su aliento impuro
la pestilente fiebre respirando,
infestó el aire, emponzoñó la vida;
el hambre enflaquecida
tendió los brazos lívidos, ahogando
cuanto el contagio perdonó; tres veces
de Jano el templo abrimos,
y a la trompa de Marte aliento dimos;
tres veces, ¡ay!, los dioses tutelares
su escudo nos negaron, y nos vimos
rotos en tierra y rotos en los mares.
¿Qué en tanto tiempo viste
por tus inmensos términos, oh Iberia?
¿Qué viste ya, sino funesto luto,
honda tristeza, sin igual miseria,
de tu vil servidumbre acerbo fruto?
Así, rota la vela, abierto el lado,
pobre bajel, a naufragar camina,
de tormenta en tormenta despeñado,
por los yermos del mar; ya ni en su popa
las guirnaldas se ven que antes le ornaban,
ni, en señal de esperanza y de contento,
la flámula riendo al aire ondea.
Cesó en su dulce canto el pasajero,
ahogó su vocerío
el ronco marinero,
terror de muerte en torno le rodea,
terror de muerte silencioso y frío;
y él va a estrellarse al áspero bajío.
Llega el momento, en fin; tiende su mano
el tirano del mundo al Occidente,
y fiero exclama: "El Occidente es mío".
Bárbaro gozo en su ceñuda frente
resplandeció, como en el seno oscuro
de nube tormentosa en el estío
relámpago fugaz brilla un momento
que añade horror con su fulgor sombrío.
Sus guerreros feroces
con gritos de soberbia el viento llenan;
gimen los yunques, los martillos suenan;
arden las forjas. ¡Oh, vergüenza! ¿Acaso
pensáis que espadas son para el combate
las que mueven sus manos codiciosas?
No en tanto os estiméis; grillos, esposas
cadenas son que en vergonzosos lazos
por siempre amarren tan inertes brazos.
Estremecióse España
del indigno rumor que cerca oía,
y al gran impulso de su justa saña
rompió el volcán que en su interior hervía.
Sus déspotas antiguos,
consternados y pálidos se esconden;
resuena el eco de venganza en torno,
y del Tajo las márgenes responden:
"¡Venganza!" ¿Dónde están, sagrado río,
los colosos de oprobio y de vergüenza
que nuestro bien en su insolencia ahogaban?
Su gloria fue, nuestro esplendor comienza;
y tú, orgulloso y fiero,
viendo que aún hay Castilla y castellanos,
precipitas al mar tus rubias ondas,
diciendo: "Ya acabaron los tiranos".
¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento!
¿Con qué puede ya dar el labio mío
el nombre augusto de la patria al viento?
Yo le daré; mas no en el arpa de oro
que mi cantar sonoro
acompañó hasta aquí; no aprisionado
en estrecho recinto, en que se apoca
el numen en el pecho
y el aliento fatídico en la boca.
Desenterrad la lira de Tirteo,
y el aire abierto a la radiante lumbre
del sol, en la alta cumbre
del riscoso y pinífero Fuenfría,
allí volaré yo, y allí cantando
con voz que atruene en derredor la sierra,
lanzaré por los campos castellanos
los ecos de la gloria y de la guerra.
¡Guerra!, nombre tremendo, ahora sublime,
único asilo y sacrosanto escudo
al ímpetu sañudo
del fiero Atila que a Occidente oprime
¡Guerra, guerra, españoles! Es el Betis;
ved del Tercer Fernando alzarse airada
la augusta sombra; su divina frente
mostrar Gonzalo en la imperial Granada;
blandir el Cid su centelleante espada,
y allá sobre los altos Pirineos,
del hijo de Jimena
animarse los miembros giganteos.
En torvo ceño y desdeñosa pena,
ved cómo cruzan por los aires vanos;
y el valor exhalando que se encierra
dentro del hueco de sus tumbas frías,
en fiera y ronca voz pronuncian: "¡Guerra!"
¡Pues qué! ¿Con faz serena
vierais los campos devastar opimos,
eterno objeto de ambición ajena,
herencia inmensa que afanando os dimos?
Despertad, raza de héroes; el momento
llegó ya de arrojarse a la victoria:
que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,
que vuestra gloria humille nuestra gloria.
No ha sido en el gran día
el altar de la patria alzado en vano
por vuestra mano fuerte.
Juradlo, ella os lo manda: "¡Antes la muerte
que consentir jamás ningún tirano!".
Si, yo lo juro, venerables sombras;
yo lo juro también, y en este instante
ya me siento mayor. Dadme una lanza,
ceñidme el casco fiero y refulgente;
volemos al combate, a la venganza;
y el que niegue su pecho a la esperanza,
hunda en el polvo la cobarde frente.
Tal vez el gran torrente
de la devastación en su carrera
me llevará. ¿Qué importa? ¿No iré, expirando,
a encontrar nuestros ínclitos mayores?
"¡Salud, oh padres de la patria mía,
yo les diré, salud! La heroica España
de entre el estrago universal y los horrores
levanta la cabeza ensangrentada,
y vencedora de su mal destino,
vuelve a dar a la tierra amedrentada
su cetro de oro y su blasón divino".

Manuel José Quintana

413-José Agustín Quintero



¡ADELANTE!

Dios le dijo a la luz con voz sonora:
¡adelante!, ¡adelante!
Movió el tiempo su rueda giradora,
y un sol tras otro sol, y hora tras hora,
su marcha comenzaron incesante.

Los arroyos, los ríos y las fuentes,
con eco murmurante,
desataron sus límpidas corrientes,
y las nubes y vientos prepotentes
gritaron: ¡adelante!

Las montañas se alzaron altaneras
con majestad triunfante;
su penacho elevaron las palmeras
y su vuelo las águilas ligeras.
¡Adelante!, ¡adelante!

Al ánima del hombre el mismo acento
le dijo resonante:
corta el altivo cedro corpulento,
doma del mar el ímpetu violento.
¡Adelante!, ¡adelante!

Ve saca el mármol y, con noble anhelo,
toma el cincel cortante...
Cúpulas y columnas desde el suelo
alzáronse soberbias hasta el cielo.
¡Adelante!, ¡adelante!

Del cometa la marcha misteriosa
ve y descubre constante.
Arrebata a la nube tenebrosa
el rayo de explosión estrepitante.
¡Adelante!, ¡adelante!

El hombre oyó la celestial llamada
de emoción palpitante;
y en base inmensa la dejo grabada
con dócil pluma o vengadora espada.
¡Adelante!, ¡adelante!

Los sabios en las aulas proclamaron
el principio triunfante;
la razón y la gloria se hermanaron,
y las artes y ciencias exclamaron:
¡Adelante!, ¡adelante!

Despierta ¡Oh Cuba! Tras tormenta fiera
asoma el sol radiante
¡Esperanza y valor! Oprobio fuera
no llevar por divisa en tu bandera:
¡Adelante!, ¡adelante!

José Agustín Quintero

433-Tomás H. Redondo



EL MEJOR ALFÉREZ

Eras el mejor alférez
de toda la alfarería.
Yo te vi salir contento
cuando te marchaste a filas
llevando en el corazón
la única estrella prendida
y en el alma el entusiasmo
que el patrio amor siempre inspira.
Yo te vi salir de casa
dejando en ella transida
de gozo y dolor a aquella
que fue tu madre bendita.
De gozo porque marchabas
con fe a jugarte la vida,
y de dolor porque, madre,
por tus destinos temía.
Y yo te vi despedir
allá en la noche tranquila
muy pegadito en la reja
a la moza que querías;
y entre reflejos de luna
vi asomarse a sus mejillas
dos gruesas perlas que presto
en tus labios recogías.
Luego te he visto en el frente,
siempre en la primera línea,
dando ejemplo a tus soldados
que al principio sonreían
con tu mocedad, y pronto
tu valor les sorprendía
cuando a otra novia, la Muerte,
de amores la requerías.
Te he visto en el Pingardón,
en Jarama, en Navafría,
en el frente de Vizcaya,
en Aragón y en Castilla,
en todas partes luchando
con valor y bizarría
y en todas partes venciendo
a las huestes enemigas.
Hasta que en un día aciago
vino para tu desdicha,
mas para gloria de España,
la Muerte a segar tu vida.
Aquella bala traidora
que rasgando el aire silba
se incrustó en tu corazón,
la mejor tumba que había.
Y atravesando la estrella
que sobre el pecho tenías,
corazón y estrella a un tiempo
con tu sangre se teñían.
España vino a besarte
tu frente pálida y fina
cuando amorosa la tierra
sus entrañas te ofrecía.
Te beso como una madre
que pierde toda su dicha
y te besó como novia
al darte la despedida.
Hoy ya pregona la Fama
tu hazaña heróica y sencilla
y tu nombre antes oscuro
se esclarece y se sublima...
No importa cómo te llamas
ni cual es tu patria chica;
Pedro, Juan, Francisco, etc.,
como dice la Doctrina.
Eras español y basta,
de Aragón o de Castilla,
de León o de Navarra,
andaluz o de Galicia.
Eras émulo del Cid,
aquel buen Rodrigo Díaz
que te legó por herencia
su honor y su valentía.
Y otra cosa también eras
para tu orgullo y mi dicha:
eras el mejor alférez
de toda la alfarería.

Tomás H. Redondo

445-Joaquín Barasona Candau



ESPAÑA Y NAPOLEÓN

Noble tierra de Cides y Guzmanes,
valerosa nación que el mundo admira,
la gloria que en tus lares se respira
es el premio que colma tus afanes.

Desde el Sena dirige a ti sus planes
el grande genio que a vencerte aspira
y en su delirio y ambición no mira
que en la lucha tus hijos son titanes.

Pasa las cumbres del Pirene frío
y el águila imperial nubla tu cielo
y el canto exhala de la guerra, impío.

Mas tu te agitas con ardiente anhelo,
demuestras tu gigante poderío
y al águila imperial cortas el vuelo.

Joaquín Barasona Candau

481-Francisco Pobeda y Armenteros



A CUBA

Canto al delicioso clima
donde la alterosa palma
y la corpulenta ceiba
más feraces vegetaban.

Canto a mi patria querida,
que produce con más gala
cuanto en otros climas nace
de poca o más importancia.

Si mi destemplada lira
a empresa tan soberana,
da cabo, seré feliz
con el hecho de lograrla.

Bien puede el zoilo mordaz
hacer el juicio mañana,
y vituperar mis versos,
y reír a carcajadas.

Yo, ni pretendo favores,
ni esclavizo mis palabras:
Canto a Cuba, por ser Cuba
mi dulce y querida patria.

Si algún hijo espúreo suyo
no siente en su ardiente alma
por ella un amor sincero,
menosprecio mi trovada.

Yo sólo escribo a los buenos
y aunque cometa mis faltas
describiré de mi Cuba
los montes y las sabanas.

Permítele a mi lira, patria mía,
que una mi voz al preludiar del arpa
que en los ecos del Vate Peregrino
nos cantó el huracán, después la calma.

Érase un tiempo que en sencillas trovas
del Almendar en las floridas playas
di solaz al guajiro que afanosos
tus fructíferos campos trabajaba.
Entonces te canté por vez primera
pensil hermoso de la esfera indiana:
yo abrí la senda y otros vates luego
describieron tus frutas y tus plantas.

Pero yo quiero cantar
para cumplir con mi amor,
y describir y pintar,
y tú debes apreciar
los cantos del Trovador.

¿Qué importa al fin que en tu mente
no haya el hombre penetrado,
si en gorgeo regalado
trina en el cedro el sinsonte
y el ruiseñor en el prado?

¿Qué importa que el duro acero
del hacha cruel, destructora,
no haya en tu oculto venero
privado el verdor primero
de la mano creadora?

Linderos ni guardarrayas,
coto a la humana ambición,
tienes aún, pero en tus playas
cien naves flotando hallas
de distinto pabellón.

Aquí un prado, allí un pensil,
acá un sitio de labor,
y vegas de mil en mil,
y donde quiera el verdor
del florido mes de abril.

Ingenios y cafetales
que son toda tu esperanza;
y firmísimos corrales
que en los hatos de crianza
levantan tus naturales.

Y puertos bien abrigados,
y montañas y colinas,
donde se ven respetados
entre tus frutos preciados
los productos de tus minas.

Allí, creciendo altaneras,
están con próspero augurio
tus más preciosas maderas,
y al par del hermoso purio
descollarán tus palmeras.

Allí el ébano real
y el ansiado granadillo
junto de un demajagual
y en medio de un guamajal
vegeta el duro cerillo.

Alli el árabo y el roble,
el pinto, la vera, el güije,
el encarecido mije,
y la caoba que noble
es de los árboles dije.

La yaba y el jaimiquí,
la jocuma y el ocuje,
y el predilecto jequí
que resiste fuerte allí
del huracán el empuje.

Allí avaricia la vara
al pintado recental,
y vemos en el corral,
cobijada de manaca
fábrica descomunal.

Alli en el feraz venero
cabe del río a la orilla,
vemos prolijo al veguero
trasponiendo la semilla
del gran tabaco habanero.

Y en sitios y en cafetales,
en ingenios y en jardines,
se ven hileras iguales
de frondosos platanales
y en ellos mil tomeguines.

Y entre otras frutas preciadas
vemos las gustosas piñas
de rico obrizo escamas,
que compiten con las viñas
de la Europa celebrada.

Y extensivos arrozales
del monte al cercano abrigo,
y junto los boniatales
las mieses del rubio trigo
y los muy grandes yucales.

Y para mayor tesoro
en tus tierras se dilata
cobre bueno y fina plata;
y el oro, el ansiado oro
que hace la existencia grata.

Y mármoles superiores
y jaspes de varias clases;
y piedras de mil colores;
y cristales que en sus faces
demuestran ser los mejores.

No te orgulleces en vano,
Cuba, con tanto arrebol,
cuando el Motor soberano
te diera por padre el Sol,
por esposo el Oceano.

Pues de continuo se ve
al sol tus campos dorar,
y aunque murmurando al mar
besar humilde tu pie
y tus contornos lavar.

Tu elegancia y tu belleza
consisten, suelo adorado,
en que la Naturaleza
se hospeda en tu verde prado,
y en la intrincada maleza.

¿Cuál debe ser el destino
de tu plantel soberano,
cuando el labrador divino
con su benéfica mano
fecunda tu hermoso pino?

Así es que quiero cantar
para cumplir con mi amor,
y describir y pintar,
y tú debes apreciar
los cantos del Trovador.

Francisco Pobeda y Armenteros

509-Bernardo López García



DOS DE MAYO

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron…
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona…!

Do quiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África , que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!…

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantosa esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque indómitos y fieros,
saben hacer tus vasallo,
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros…

Y aun hubo en la tierra un hombre,
que osó profanar tu manto…
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!…
Sin que el recuerdo me asombre
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que en su delirio profundo
captando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!…

La virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmado está
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!…”

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!…

Mártires de la lealtad
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad…
en la tumba descansad,
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.


EL PAN EUCARÍSTICO

Tú nos diste la luz, nos diste el viento,
la cumbre secular, y el océano;
con tu gigante y poderosa mano,
hiciste al mundo del mortal asiento.

Tú nos diste el amor y el sentimiento
y el genio de las artes soberano;
tú bajaste a la tierra, como hermano
de a criatura que te alzó el tormento.

Tú diste al hombre del saber la palma;
la fe que alumbra; la razón que advierte;
la religión que los pesares calma;

¡y grande, santo, generoso y fuerte,
te diste Tú, como manjar del alma,
al mundo infame que te dio la muerte.

Bernardo López García