Kitty O'Meara



Y LA GENTE SE QUEDÓ EN CASA...

Y la gente se quedó en casa,
y leyeron libros, y escucharon,
y descansaron, y se ejercitaron.
También crearon arte, y jugaron juegos,
y aprendieron nuevas formas de ser,
y estuvieron quietos.
Y escucharon más.
Algunos meditaron, otros rezaron,
algunos incluso bailaron.
Hubo algunos que conocieron sus sombras.
Y las personas empezaron a pensar diferente.
Y las personas empezaron a sanar.
Y, en la ausencia de personas
viviendo de maneras ignorantes, peligrosas,
en automático y sin corazón,
el planeta comenzó a sanar.
Y cuando el peligro pasó,
las personas se volvieron a reunir,
lamentaron sus pérdidas
y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas imágenes.
Y crearon nuevas maneras de vivir y sanar al planeta completamente,
así como ellas habían sido sanadas.

Kitty O'Meara

Vanina Rotela



SABER...

Saber que la medicina viene de adentro,
que todo lo que buscas habita en esos reinos,
que los rayos de colores renacerán
cuando sanes conscientemente...
Saber sembrar desde la paciencia,
contemplar la voz de las abuelas,
su sabiduría hecha luz
y sus arrugas hechas sabiduría...
Saber que desde su mirada
habla la Tierra y su abundancia,
que su experiencia es tan valiosa como la lluvia
y tan sagrada como una estrella.
Saber cosechar desde el silencio como lo hacen ellas,
abuelas que curan con sus caricias al suelo,
con sus lágrimas riegan las flores
para recibir su aroma mientras despiertan...
Saber que necesitamos honrar sus rezos
como su templo,
que poseen magia en sus pies
y reflejos de Dios en sus manos,
alegría en sus dolores y esperanza en su sonrisa.
Saber que ellas hablan el lenguaje universal
donde el arco iris brilla y el amor regresa para sanar.

Vanina Rotela

¡Vente, Veinte!




¡VENTE, VEINTE!

¡Vente Veinte sin rubor,
y que el pasado se lleve
a este 2019
dejando sólo su amor!
¡Y que todo se renueve!

¡Renovarse es Libertad!
¡Que se renueve mi gente,
tengan Feliz Navidad
y un Próspero 2020!

Jesús María Bustelo Acevedo

María Monvel



NO ENTENDIÓ

No entendió mi cariño,
que era un amor de madre
y era un amor de niño.

No entendió mi ambición,
que si le hurtaba el cuerpo,
le daba el corazón.

No entendió mi locura,
,que le abrasó las manos,
sedienta de ternura.

No entendió mi martirio:
buscar, buscar un alma
con singular delirio.

No comprendió mi amor,
diamante bien pulido
con llamas de dolor.

¡No me comprendió nunca!,
y así fue como entonces
quedó mi vida trunca...

Cuando busqué sus labios,
me mordieron sus dientes,
infiriéndome agravios.

Cuando busqué sus ojos,
me hirieron sus miradas
como dos dardos rojos.

Cuando busqué su pecho,
me asaltó su deseo
como huracán deshecho...

No me entendió... Partimos
por sendas diferentes
y... ¡ni adiós nos dijimos!

María Monvel

Antonio Mediz Bolio



A LAS MADRES

¡Madres de los héroes, madres de los mártires,
madres del soldado que cayó en campaña,
madres del que sueña con la gloria arisca,
madres del que busca paz sin encontrarla,
madres del vencido sin lauros, ni lucha,
madres del que vence con fortuna y fama!
¡Madres de mendigos y de paladines,
de triunfantes próceres y de oscuros parias!
¡Sean todas benditas en todas las lenguas
por todos los hombres de todas las razas!
¡Mater Admirabilis! ¡Santas Madres Nuestras!
¡Que nos dieron todo sin pedirnos nada!

Antonio Mediz Bolio

Enrique P. Maroni



MILAGROSAMENTE

No me mires nunca si me sabes muerto,
porque estoy cansado de la pena mía,
y al mirar sereno de tus ojos bellos,
¡milagrosamente resucitaría!...

No me beses nunca si me vieras muerto,
pues tu boca roja fue mi peor herida,
y si me besaras como yo te siento,
¡milagrosamente resucitaría!...

No me llores nunca cuando ya esté muerto,
porque estaré viendo cielos de armonía,
y si me lloraras de arrepentimiento,
¡milagrosamente resucitaría!...

No me llames nunca si me sabes muerto,
porque ya habré entrado a la postrer guardia,
y si tú me sueñas, por Dios lo presiento,
¡milagrosamente resucitaría!...

Nunca me recuerdes si me sabes muerto,
demasiado tiempo me quisiste un día…
Si me recordaras en tu pensamiento,
¡milagrosamente volveré a la vida!

Enrique Pedro Maroni

Susana March



EL HIJO

 ¿Quién eras antes, dime?
¿Un ángel? ¿Un príncipe de cuento?
¿Tal vez un dios? ¿O un pájaro?
¿O un álamo esbelto?

¿Quién eras? ¿Un claro arroyo
cruzando un verde bosque de abetos?
¿El capullo de un jardín? ¿Un pedazo de viento?
¿Quién eras antes, dime? ¿Por qué
diste a mi vida tanto deslumbramiento?

Me basta con tocarte
para que se me apacigüe el pensamiento.
Y me basta con verte
para sentirme a gusto con mi cuerpo.

¿Quién eras, dime? ¡Oh mago
de mi ser descontento!
Con tu varita mágica
me vas cambiando los sueños,
me vas cambiando la vida...
¡Ya no me quejo!


SUEÑOS

¡Ah, déjame que cante
para ti esa canción vaga y remota!
Yo nací con un verso clavado en mi costado,
por cuya herida mana mi sangre enfebrecida.
No tengo más que esta tristeza lírica
y esta pasión de ser... Desalentada,
soy como corza huyendo de la vida.
¿Serás tú el cazador que me derribe
mal herida, en los campos del deseo?
¿Será tu mocedad la que traduzca
la inquietud de mi carne enamorada?
¡Qué sola estoy sin ti! Sola y perdida
como un arcángel triste, desterrado,
que al pie de los celestes torreones
evoca su perdida aristocracia.
¿Por qué vacilo aún si estoy muriendo
por apagar mi sed en tu corriente?
Mi timidez me ciñe a la tortura
de soñarte hasta el éxtasis y, a veces,
-¡tanto te habré besado!- que despierto
con un sabor de estrellas en los labios.

Susana March