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Susana March



EL HIJO

 ¿Quién eras antes, dime?
¿Un ángel? ¿Un príncipe de cuento?
¿Tal vez un dios? ¿O un pájaro?
¿O un álamo esbelto?

¿Quién eras? ¿Un claro arroyo
cruzando un verde bosque de abetos?
¿El capullo de un jardín? ¿Un pedazo de viento?
¿Quién eras antes, dime? ¿Por qué
diste a mi vida tanto deslumbramiento?

Me basta con tocarte
para que se me apacigüe el pensamiento.
Y me basta con verte
para sentirme a gusto con mi cuerpo.

¿Quién eras, dime? ¡Oh mago
de mi ser descontento!
Con tu varita mágica
me vas cambiando los sueños,
me vas cambiando la vida...
¡Ya no me quejo!


SUEÑOS

¡Ah, déjame que cante
para ti esa canción vaga y remota!
Yo nací con un verso clavado en mi costado,
por cuya herida mana mi sangre enfebrecida.
No tengo más que esta tristeza lírica
y esta pasión de ser... Desalentada,
soy como corza huyendo de la vida.
¿Serás tú el cazador que me derribe
mal herida, en los campos del deseo?
¿Será tu mocedad la que traduzca
la inquietud de mi carne enamorada?
¡Qué sola estoy sin ti! Sola y perdida
como un arcángel triste, desterrado,
que al pie de los celestes torreones
evoca su perdida aristocracia.
¿Por qué vacilo aún si estoy muriendo
por apagar mi sed en tu corriente?
Mi timidez me ciñe a la tortura
de soñarte hasta el éxtasis y, a veces,
-¡tanto te habré besado!- que despierto
con un sabor de estrellas en los labios.

Susana March

Mary W. Shelley



Descansamos, y un sueño puede envenenar nuestro descanso.
Despertamos, y un pensamiento fugaz corrompe el día.
Sentimos, concebimos, razonamos;
reímos o lloramos, da igual:
pues ya sea el gozo o el dolor,
el sendero de su marcha aún está libre.
El ayer del hombre jamás será como el mañana.
¡Nada dura salvo la propia mutabilidad!

Mary W. Shelley

38-Al Mutamid



AMOR ONÍRICO

Te he visto en sueños en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
¡Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueños, a intervalos, no dormiría más.

Al Mutamid

78-Fray Jerónimo de San José



INVOCACIÓN AL SUEÑO

Imagen de la vida y de la muerte
(que vida y muerte son un breve sueño),
treguas de paz al riguroso ceño
de la más infeliz y dura suerte.

Pues en ti su rigor el arco fuerte
afloja, y calma el combatido leño,
recíbeme en tu paz, en cuyo empeño
mi guerra entrego, hasta que en paz despierte.

Ya que otro bien no ofreces, sueño amigo,
sino privar del mal, y eres figura
del no ser (privación del todo extrema),

no me niegues el seno de tu abrigo,
donde hallando su fin mi desventura,
no más miseria, ni mayor, la tema.

Fray Jerónimo de San José

85-Heinrich Heine



PON TU MANO EN MI PECHO

Tu mano se posa sobre el pecho mío.
¿Sientes de un rudo golpe la inquietud?
Es que hay adentro un carpintero impío
que labra mi ataúd.

Y no cesa un instante el golpe fiero...
Y en vano intento al sueño recurrir...
¡Acaba, acaba pronto carpintero,
y déjame dormir!

Heinrich Heine

124-Morikawa Kyoroku



HAIKU

Dormí en la pieza
de un daimyo
y también hacía frío.

Morikawa Kyoroku

143-Ho Xuan Huong



JOVEN DORMIDA EN PLENO DÍA

La brisa de verano la acaricia.
Apenas se ha tumbado, ha quedado dormida.
Se le cae del pelo la peineta,
se le ha desanudado la pechera.
Ni rastro de rocío sobre las dos colinas
del País de las Hadas.
La fuente de las flores de durazno no brota todavía.
El hombre honrado, aunque vacila,
no puede apartar la vista;
partir le duele, pero no debería quedarse.

Ho Xuan Huong

154-Ricardo Gil



SUEÑA

No despiertes aún... En los risueños
abriles tan cercanos a tu cuna
vas cabalgando al rayo de la luna
en el corcel nevado de los sueños...

Suelta la rienda de oro... Los pequeños
te atajarán con crítica importuna...
Déjalos que, envidiando tu fortuna,
rían de tus quiméricos empeños.

De paso vas... Del éter estrellado
no desciendas a un mundo miserable
que todo sueño en lágrimas disuelve...

¡Antes se pierda tu corcel nevado
en la noche callada, impenetrable
de esa región de la que nadie vuelve!

Ricardo Gil

195-Vicente Medina



CARPINTERO DE RIBERA

Haciendo un barquito estás,
carpintero de ribera...
Haciendo un barquito estás,
de madera...

¿Adónde irá ese barquito
cuando le pongan la vela?
¿Adónde irá ese barquito,
carpintero de ribera?

Trabajando en tu barquito,
carpintero, te recreas,
¡para que luego la mar
haga con él lo que quiera!

En la playa
carpintero de ribera,
tu barquito
armando estás en la arena.

La mar azul está en frente,
risüeña,
y, para jugar con él,
la mar tu barquito espera...

¿Quién no está haciendo un barquito?
¿Quién no sueña?
¡No haces tú solo barquitos,
carpintero de ribera!

Vicente Medina

341-Ben Farach



VISIÓN NOCTURNA

¿A quién debo agradecer más?
¿A la imagen del sueño
o al propio sueño que la imagina?
Despertó mi pasión con su presencia,
mas quise ser casto y me abstuve.
Es lícito en sueños el pecado,
pero según mis hábitos
incluso en ellos conservo mi castidad.

Ben Farach

384-Paul Verlaine



MI SUEÑO

Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora,
que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
y que las huellas sigue de mi existencia errante.

Se vuelve transparente mi corazón sangrante
para ella, que comprende lo que mi mente añora;
ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
y lo perdona todo con su sonrisa amante.

¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
el de virgen de aquellas que adorando murieron.

Como el de las estatuas es su mirar de suave
y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
un eco de las voces queridas que se fueron...

Paul Verlaine

443-José Rosas Moreno



LA VUELTA A LA ALDEA

Ya el sol oculta su radiosa frente;
melancólico brilla en occidente
su tímido esplendor;
ya en las selvas la noche inquieta vaga
y entre las brisas lánguido se apaga
el último cantar del ruiseñor.

¡Cuánto gozo escuchando embelesado
ese tímido acento apasionado
que en mi niñez oí!
Al ver de lejos la arboleda umbrosa
¡cuán recuerdo, en la tarde silenciosa,
la dicha que perdí!

Aquí al son de las aguas bullidoras,
de mi dulce niñez las dulces horas
dichoso vi pasar,
y aquí mil veces, al morir el día
vine amante después de mi alegría
dulces sueños de amor a recordar.

Ese sauce, esa fuente, esa enramada,
de una efímera gloria ya eclipsada
mudos testigos son:
cada árbol, cada flor, guarda una historia
de amor y de placer, cuya memoria
entristece y halaga el corazón.

Aquí está la montaña, allí está el río;
a mi vista se extiende el bosque umbrío
donde mi dicha fue.
¡Cuántas veces aquí con mis pesares
vine a exhalar de amor tristes cantares!
¡Cuánto de amor lloré!

Acá la calle solitaria; en ella
de mi paso en los céspedes la huella
el tiempo ya borró.
Allá la casa donde entrar solía
de mi padre en la dulce compañía.
¡Y hoy entro en su recinto sólo yo!

Desde esa fuente, por la vez primera,
una hermosa mañana, la ribera
a Laura vi cruzar,
y de aquella arboleda en la espesura,
una tarde de mayo, con ternura
una pálida flor me dio al pasar.

Todo era entonces para mí risueño;
mas la dicha en la vida es sólo un sueño,
y un sueño fue mi amor.
Cual eclipsa una nube al rey del día,
la desgracia eclipsó la dicha mía
en su primer fulgor.

Desatóse estruendoso el torbellino,
al fin airado me arrojó el destino
de mi natal ciudad.
Así cuando es feliz entre sus flores
¡ay! del nido en que canta sus amores
arroja al ruiseñor la tempestad.

Errante y sin amor siempre he vivido;
siempre errante en las sombras del olvido..
¡Cuán desgraciado soy!
Mas la suerte conmigo es hoy piadosa;
ha escuchado mi queja, cariñosa,
y aquí otra vez estoy.

No sé, ni espero, ni ambiciono nada;
triste suspira el alma destrozada
sus ilusiones ya:
mañana alumbrará la selva umbría
la luz del nuevo sol, y la alegría
¡jamás al corazón alumbrará!

Cual hoy, la tarde en que partí doliente,
triste el sol derramaba en occidente
su moribunda luz:
suspiraba la brisa en la laguna
y alumbraban los rayos de la luna
la solitaria cruz.

Tranquilo el río reflejaba al cielo,
y una nube pasaba en blando vuelo
cual pasa la ilusión;
cantaba el labrador en su cabaña,
y el eco repetía en la montaña
la misteriosa voz de la oración.

Aquí está la montaña, allí está el río…
Mas ¿dónde está mi fe? ¿Dónde, Dios mío,
dónde mi amor está?
Volvieron al vergel brisas y flores,
volvieron otra vez los ruiseñores…
Mi amor no volverá.

¿De qué me sirven, en mi amargo duelo,
de los bosques los lirios, y del cielo
el mágico arrebol;
el rumor de los céfiros suaves
y el armonioso canto de las aves,
si ha muerto ya de mi esperanza el sol?

Del arroyo en las márgenes umbrías
no miro ahora, como en otros días,
a Laura sonreír.
¡Ay! En vano la busco, en vano lloro;
ardiente en vano su piedad imploro:
¡jamás ha de venir!

José Rosas Moreno

462-Antero de Quental



DESPERTAR

Soñando a veces –si el soñar quebranta
ese vago sufrir, esa agonía–,
como canta al volar la alondra pía,
por el cielo mi alma vuela y canta.

Canta el alba, la luz, la estrella santa
que ilumina la tierra... sólo un día.
Canta el cambio en las cosas, la alegría
que las llena de amor y las levanta.

Mas de repente, un viento húmedo y frío
sopla en mi sueño. Un leve escalofrío
me despierta. Y es noche. Es el dolor

que vela como antes a mi lado.
¡Ay! mis cantos de luz, ángel amado,
tan sólo sueño son, como mi amor.

Antero de Quental

494-Dolores Veintimilla De Galindo



ANHELO

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé
allá en los años de mi edad primera?
¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé
de blancas flores … ? ¡Todo fue quimera!

Hoy de mí misma nada me ha quedado,
pasaron ya mis horas de ventura,
y sólo tengo un corazón llagado
y un alma ahogada en llanto y amargura.

¿Por qué tan pronto la ilusión pasó?
¿Por qué en quebranto se trocó mi risa
y mi sueño fugaz se disipó
cual leve nube al soplo de la brisa …?

Vuelve a mis ojos óptica ilusión,
vuelve, esperanza, a amenizar mi vida,
vuelve, amistad, sublime inspiración …
yo quiero dicha aun cuando sea mentida.

Dolores Veintimilla De Galindo

500-Constantine Cavafy



VOCES

Ideales y profundamente amadas voces
de aquellos que murieron, o de quienes
se perdieron para nosotros como los muertos.

A veces nos hablan en los sueños;
a veces, pensando, la mente los escucha.

Y por un momento con su eco otros ecos
regresan desde la primera poesía de nuestra vida,
como música que extinguieran las lejanas tinieblas.

Constantine Cavafy

542-Terence Mann



CAMPO DE SUEÑOS

Si lo construyes, vendrá,
no se quedará en tinieblas
con la ilusión de vivir
sin que nazca y sin que muera.

Si lo construyes, vendrá,
aguarda sin que lo pueda
que comiences tu trabajo
y le permitas que venga.

Si lo construyes, será
como aquello que se sueña
y una mañana radiante
con emoción te lo encuentras.

Que a tu vida la acompañan
todas las cosas que creas.

Terence Mann

605-José Gonzalo Roldán



MI AMOR Y LA LUNA

Eres tú con tu mágico lucero,
con tu luz que jamás brilla importuna,
pura, apacible, misteriosa luna,
cándida imagen de mi amor primero.

Si eres tú la que vuelves lisonjero
sueño de cisne en límpida laguna,
la que viste mi amor y mi fortuna,
la misma que brillaste aquel enero;

dile a aquella beldad de acento blando
que piense en mí cuando suspire al verte,
que contigo y su amor estoy soñando,

que yo mismo no sé cuál es mi suerte,
que no sé si a la vida voy andando
o si voy caminando hacia la muerte.

José Gonzalo Roldán

606-Tristán de Jesús Medina



LAGUNA DORMIDA

Soñaba la laguna que escondido
un cielo en sus entrañas poseía;
y aún figuróse loca de alegría
ser de estrellas nacientes dulce nido.

Por leve guija su cristal herido,
se despertó con trémula agonía,
y en círculos sin fin se deshacía,
por abrazos pidiendo el bien perdido.

De su guirnalda deshojó las flores,
contra sí propia revolverse quiso,
y sólo cieno hallaron sus furores.

Volverse al sueño en paz la fue preciso,
cual a mi pecho cuando busca amores
para abrazar de nuevo el Paraíso.

Tristán de Jesús Medina

663-Jorge Isaacs



LAS HADAS

Soñé vagar por bosques de palmeras
cuyos blondos plumajes, al hundir
su disco el Sol en las lejanas sierras,
cruzaban resplandores de rubí.

Del terso lago se tiñó de rosa
la superficie límpida y azul,
y a sus orillas garzas y palomas
posábanse en los sauces y bambús.

Muda la tarde ante la noche muda
las gasas de su manto recogió;
del indo mar dormido en las espumas
la Luna hallóla y a sus pies el Sol.

Ven conmigo a vagar bajo las selvas
donde las Hadas templan mi laúd;
ellas me han dicho que conmigo sueñas,
que me harán inmortal si me amas tú.

Jorge Isaacs

667-Ángel María Dacarrete Hernández



A TI

Triste, en la noche solitaria y fría
entre sueños te llamo;
triste, al brillar el trabajoso día
te digo que te amo.

Tu seno implora mi abrasada frente
que abaten los enojos;
por ti preguntan con afán doliente
a cuanto ven mis ojos.

Tiendo los brazos al vapor liviano
de la niebla ligera,
y busco entre las sombras con mi mano
tu undosa cabellera.

¿Dónde estás? ¡Ven a mí! ¡Que otra vez suene
tu palabra en mi oído!
¡Que este vacío de mi pecho llene
de tu pecho el latido!

¡De tu mirada con la luz tranquila
serena mi alma loca,
y el llanto que en mis párpados oscila
enjuga con tu boca!

Ángel María Dacarrete Hernández