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120-Guillermo Valencia Castillo



HAY UN INSTANTE

Hay un instante del crepúsculo
en que las cosas brillan más,
fugaz momento palpitante
de una morosa intensidad.

Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,
burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir.

Muda la tarde, se concentra
para el olvido de la luz,
y la penetra un don süave
de melancólica quietud,

como si el orbe recogiese
todo su bien y su beldad,
toda su fe, toda su gracia
contra la sombra que vendrá...

Mi ser florece en esa hora
de misterioso florecer;
llevo un crepúsculo en el alma,
de ensoñadora placidez;

en él revientan los renuevos
de la ilusión primaveral,
y en él me embriago con aromas
de algún jardín que hay ¡más allá!...

Guillermo Valencia Castillo

784-Ramón López Velarde



EN UN JARDÍN

Al decir que las penas son fugaces
en tanto que la dicha persevera,
tu cara es sugestiva y hechicera
y juegan a los novios los rapaces.

Al escuchar la apología que haces
del mejor de los mundos, se creyera
que lees a Abelardo... En voz parlera
dialogas con los pájaros locuaces.

De pronto, sin que tú me lo adivines,
cual por un sortilegio se contrista
mi alma con la visión de los jardines,

mientras oigo sonar plácidamente
los trinos de tu plática optimista
y el irisado chorro de la fuente.

Ramón López Velarde

846-Dhafer el Haddad



DESCRIPCIÓN DE UN SITIO DELICIOSO

¡Cuán plácida la vida aquí te fuera,
donde verías sin sentir entrarse
en lo hondo de tu pecho la alegría!
Jardín ornado de semblante verde,
con dulces arroyuelos dividido,
al que matiza con frecor el viento,
y palmas a manera de muchachas,
que sus tiernas gargantas con collares
de sus frutos lindísimos adornan.

Dhafer el Haddad

847-Arabshah




DESCRIPCIÓN DE UN JARDÍN

Cuando llega la dulce primavera
y el cervato fugaz ha desplegado
todas sus fuerzas ya, cuando el arribo
de las rosas el céfiro en los huertos
con su lascivo aliento anuncia, ríen
con murmullo suave los arroyos,
las ramas con respeto se doblegan,
y al vergel concurrimos, que enamora
con sus bellezas a natura misma,
las elevadas nubes, que lo entoldan,
por do quiera derraman sus raudales,
pero en él su cristal hermosas perlas
esparce sobre el bombacino suelo,
donde las copas son como rubíes,
los dientes jaspes con graciosa risa,
ojos cual plata vivos amorosos,
y ramas que al pasar, pequeños numos
con impulso travieso nos arrojan.
Sus aves en los troncos o volando
cantan sonoras, y al bajar trasciende
su cuerpo a almizcle, y se enrarece el aura
cuando por sus colinas atraviesa.
Éste es el paraíso donde luce
con todo su esplendor la luna mía,
y el jardín del Edén, donde con gusto
la inmensa eternidad hace su asiento.

¡Oh, cuánto de alegría en él se encuentra
y cuántos ésta regocijos causa!
Pues no se ve en su seno más que abrazos,
besos, caricias, rebosadas copas,
canto amoroso, plácido sosiego.

Si vinieran aquí los solitarios
perderían su olor, y de sus votos
les quedaría sólo la pobreza.

Vamos, muchacho, dame (pues no es tiempo
de tristezas) el vaso de alegría.
Desliemos en él con su templanza
los adversos acasos de la suerte,
y dame vino y agua, todo junto,
y vigor juvenil y lindo rostro.

No digas nada de esto a los censores
que, preñados de orgullo,se figuran
con enfático tono alucinarnos,
y ninguna expresión se te deslice
que a la nuestra amistad en algo ofenda.

Arabshah