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20-Ibn Zuhr



¡POR DIOS!

¡Por Dios!, oh médico del amor, coge mi mano
que muero de debilidad.
Libera mi cuerpo, que de dolor se queja
de la camisa débil que lo viste.
El fuego de la pasión ardió en mi interior
y creció la nostalgia.
El amor descubrió mis secretos
y las lágrimas corrieron.

Ibn Zuhr

236-Madame de Sevigné



AMAROS

Amaros, pensar en vos,
llenándome de ternura
sin que quiera mi albedrío,
quedarme a la vera tuya
vaciando mi corazón,
escuchando tu amargura
y enjugándote las lágrimas...
Tal sentimiento me abruma
y me hace amar a la vida,
más que a la propia, a la tuya.

Madame de Sevigné

277-Umm Al-kiram Bint Al-mu´tasim



OJALÁ

¡Ojalá supiera encontrar el medio para estar solos,
y apartar de nosotros los oídos del espía!
¡Oh maravilla!
Amo estar a solas con quien viene,
cuando mora en mis entrañas y en mi pecho!

Umm Al-kiram Bint Al-mu´tasim

318-Enrique Fernández Granados



EL VINO DE LESBOS

Si queréis de mi lira
oír los sones,
dadme vino de Lesbos
que huele a flores.

Y si queréis que dulces
amores cante,
venga Lelia a mi lado
y el vino escancie.

Pero no en cinceladas
corintias copas,
¡porque el vino de Lesbos
se liba en rosas!

El Amor nos lo brinda,
y el que lo bebe,
¡arder en sacro fuego
feliz se siente!

Es suave como el néctar
que, en los festines
del Olimpo, Ganímedes
alegre sirve.

¡Que venga Lelia hermosa,
y sus hechizos
celebraré en mis cantos
bebiendo vino!

Veréis cómo la niña
si oye mis coplas,
me da vino de Lesbos,
pero en su boca...
¡Porque el vino de Lesbos
se liba en rosas!

Enrique Fernández Granados

319-Eugenio Gerardo Lobo



ARDER EN VIVA LLAMA

Arder en viva llama, helarme luego,
mezclar fúnebre queja y dulce canto,
equivocar la risa con el llanto,
no saber distinguir nieve ni fuego.

Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto,
efecto natural, fuerza de encanto,
ver que estoy viendo y contemplarme ciego.

La razón libre, preso el albedrío,
querer y no querer a cualquier hora,
poquísimo valor y mucho brío.

Contrariedad que el alma sabe e ignora,
es, Marsia soberana, el amor mío.
¿Preguntáis quién lo causa? Vos, Señora.

Eugenio Gerardo Lobo

377-Nieves Xenes



JULIO

Ostenta el campo su verdor lucido,
de intenso azul el cielo se colora,
y el Sol vierte su luz deslumbradora
ardiente como el oro derretido.

Es un amante de pasión rendido
ante la hermosa Cuba a quien adora,
que a su ávida caricia abrasadora
abandona su cuerpo enardecido.

Y en languidez erótica postrada,
voluptuosa, gentil y enamorada,
a sus besos ofrece incitadores,

perfumados con lúbricos aromas,
ya los erectos senos de sus lomas,
ya los trémulos labios de sus flores.

Nieves Xenes

393-Ángel Silva Medardo



EL ALMA EN LOS LABIOS

Cuando de nuestro amor la llama apasionada,
dentro  tu pecho amante contemples extinguida,
ya que sólo por ti la vida me es amada,
el día en que me faltes me arrancaré la vida.

Porque mi pensamiento lleno de este cariño,
que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo,
lejos de tus pupilas es triste como un niño,
que se duerme soñando en tu acento de arrullo.

Para envolverte en besos quisiera ser el viento,
y quisiera ser todo lo que tu mano toca;
ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento,
para poder estar más cerca de tu boca.

Vivo de tu palabra y eternamente espero,
llamarte mía como quien espera un tesoro.
Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero,
y besando tus cartas ingenuamente lloro.

Perdona que no tenga palabras con que pueda,
decirte la inefable pasión que me devora;
para expresar mi amor solamente me queda,
rasgarme el pecho, Amada, y en tus manos de seda,
dejar mi palpitante corazón que te adora.

Ángel Silva Medardo

418-Louise Labé



SONETO

Bellos ojos mirada ausente, esquiva,
suspiros hondos, lágrimas copiosas,
noches de espera en vano interminables,
amaneceres negros y vacíos.

Tercos deseos, doloridas quejas,
estúpido dolor, perdidas horas,
¡males crüeles que padezco sola
y presa de mil muertes y en mil redes!

¡Cabellos, risas, manos, frente, voz
ardiente y hermosa, laúd lloroso!
¿Tan sólo yo me quemaré en el fuego?

Me dañas con tu luz, con tu calor,
y se abrasa mi pecho por tu culpa
mientras tú miras gélido e indemne.

Louise Labé

463-Gastón Fernando Deligne y Figueroa



SUBJETIVA

¡Así es mejor! Porque de ti atraído
con ímpetu febril, te amo de veras;
por eso no te he dicho que te amo;
y aún pesárame hermosa que lo sepas.

Por eso no he venido a deshacerme
en ruego vil ni en desmayada queja,
porque temo, no tanto tus desdenes,
como tu blanda y fiel correspondencia.

En la mas honda y apartada cueva,
hay un monstruo voraz que a Amor vigila,
como terco y terrible centinela.

Cuando prende en dos almas el cariño,
su ojo apagado entre la sombra acecha;
y brilla -cuando en una se confunden,-
como un botón de fuego en las tinieblas.

El precede a la tarde en que declinan
albas que los amores encendieran;
él es el sacerdote que salmodia
de todo afecto la hora postrimera;

Oculto en el jardín del sentimiento,
él es la nube que ensombrece el cielo;
el petrel que se goza en la tormenta:
para él lo eterno es irrisión, y sólo
-si habla de la constancia- es como befa.

Por eso, porque te amo, yo no quiero
que hagamos en sus garras mutua presa.
¿Quién más pronto o más tarde, del Hastío
no es juguete en la efímera existencia?…

Por eso, porque te amo y porque quiero
amarte siempre, con pasión eterna;
no te he dicho el cariño que me inspiras
y no anhelo tampoco que me quieras.

¡Así es mejor! -Vivir en el deseo,
es una llama alimentar perpetua;
¡es vivir abrasados, cual vivían
los mártires, los místicos y ascetas!

Gastón Fernando Deligne

498-Cristóbal Suárez de Figueroa



ENDECHAS

Bella zagaleja
del color moreno,
blanco milagroso
de mi pensamiento;

gallarda triguera,
de belleza extremo,
ardor de las almas
y de amor trofeo;

suave sirena,
que con tus acentos
detienes el curso
de los pasajeros;

desde que te vi
tal estoy, que siento
preso del albedrío
y abrasado el pecho.

Hasta donde estás
cuelan mis deseos
llenos de afición,
y de miedos llenos,

viendo que te ama
más digno sujeto,
dueño de tus ojos,
de tu gusto cielo.

Mas ya que se fue,
dando al agua remos,
sienta de mudanza
el antiguo fuero.

Al presente olvidan;
y quien fuere cuerdo,
en estando ausente
téngase por muerto;

y pues vive el tuyo
en extraño reino,
por ventura esclavo
de rubios cabellos,

antes que los tuyos
se cubran de hielo,
con piedad acoge
suspiros y ruegos.

Permite a mis brazos
que se miren hechos
hiedras amorosas
de tu airoso cuerpo;

que a tu fresca boca
robaré el aliento,
y en ti transformado,
moriré viviendo.

Himeneo haga
nuestro amor eterno,
nazcan de nosotros
hermoso renuevos.

Tu beldad celebren
mis sonoros versos,
por quien no te ofendan
olvido mi tiempo.

Cristóbal Suárez de Figueroa

499-Cristóbal de Castillejo



BESOS SIN CUENTO

Dame, Amor, besos sin cuento,
asida de mis cabellos,
y mil y ciento tras ellos
y tras ellos mil y ciento,
y después
de muchos millares, tres;
y porque nadie lo sienta,
desbaratemos la cuenta
y contemos al revés.

Cristóbal de Castillejo

503-Carolina Coronado



TE ADORO

¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco, apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando mi amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.

Carolina Coronado

512-Ben Hani



QASIDA DE LAS ESTRELLAS

¡Qué bella aquella noche!
Desde que nos envió de prisa a su mensajero,
la pasamos contemplando
a los Gemelos del Zodíaco en sus orejas,
como pendientes.
Y la pasó también con nosotros
un copero que se rebelaba
contra la oscuridad con su rostro,
candela de aurora, a la que no hay que despabilar
 y que no se apaga.
Había en su voz un dejo nasal
como el runrún de la gacela;
era fragante; la molicie hacía ligero su talle,
mientras el licor hacía pesados
sus párpados, de abundantes pestañas.
El temblor del vino no le dejó mano,
ni la vejación del curvarse
para llenar los vasos, cintura.
Diríase que sus caderas
eran un montón de arena
sobre el que se cimbreaba la caña del talle.
¿Es que no conocéis la caña y el montón de arena?
Nuestros lechos sirvieron de vestido
para nuestro vino, y para cubrirnos,
la tiniebla rasgó sábanas de su piel.
De corazón a corazón se acercaba el amor;
de labio a labio volaba el beso.
Mas, por tu vida, despierta de nuevo al vaso
y a los párpados del copero;
que de nuevo está despierto
el porrón después de lo que dormitó.
La tiniebla ha comenzado a desanudar sus trabas,
y el ejército de la noche
se apresta y se alinea para dar la batalla a la aurora.
Los luceros huyen para dejar paso a las Pléyades,
que son como sortijas
que brillan en los dedos de una mano escondida.

Ben Hani

513-Ben Farrach




CASTIDAD

Aunque estaba pronta a entregarse,
me abstuve de ella,
y no obedecí la tentación que me ofrecía Satán.
Apareció sin velo en la noche,
y las tinieblas nocturnas,
iluminadas por su rostro,
también levantaron aquella vez sus velos.
No había mirada suya
en la que no hubiera incentivos
que revolucionaban los corazones.
Mas di fuerzas al precepto divino
que condena la lujuria
sobre las arrancadas caprichosas
del corcel de mi pasión,
para que mi instinto no se resbalase
contra la castidad.
Y, así, pasé con ella la noche
como el pequeño camello
sediento al que el bozal impide mamar.
Tal, un vergel, donde para uno como yo
no hay otro provecho que el ver y el oler.
Que no soy yo como las bestias abandonadas
que toman los jardines como pasto.

Ben Farrach

525-Antonio de Villegas



CANCIÓN

¡Oh ansias de mi pasión;
dolores que en venir juntos
habéis quebrado los puntos
de mi triste corazón!

Con dos prisiones nos ata
el amor cuando se enciende:
hermosura es la que prende,
y la gracia es la que mata.

Ya mi alma está en pasión;
los miembros tengo difuntos
en ver dos contrarios juntos
contra un triste corazón.

Antonio de Villegas

606-Tristán de Jesús Medina



LAGUNA DORMIDA

Soñaba la laguna que escondido
un cielo en sus entrañas poseía;
y aún figuróse loca de alegría
ser de estrellas nacientes dulce nido.

Por leve guija su cristal herido,
se despertó con trémula agonía,
y en círculos sin fin se deshacía,
por abrazos pidiendo el bien perdido.

De su guirnalda deshojó las flores,
contra sí propia revolverse quiso,
y sólo cieno hallaron sus furores.

Volverse al sueño en paz la fue preciso,
cual a mi pecho cuando busca amores
para abrazar de nuevo el Paraíso.

Tristán de Jesús Medina

623-Margarita de Hickey y Pellizzoni



AL OÍDO

Déjame penetrar por este oído,
camino de mi bien el más derecho,
y, en el rincón más hondo de tu pecho,
deja que labre mi amoroso nido.

Feliz eternamente y escondido,
viviré de ocuparlo, y satisfecho...
¡De tantos mundos como Dios ha hecho,
este espacio no más a Dios le pido!

Ya no codicio fama dilatada,
ni el aplauso que sigue a la victoria,
ni la gloria de tantos codiciada...

Quiero cifrar mi fama en tu memoria;
quiero encontrar mi aplauso en tu mirada;
y en tus brazos de amor toda mi gloria.

Margarita de Hickey y Pellizzoni

639-Catalina Clara Ramírez de Guzmán



SONETO

Cuando quiero deciros lo que siento,
siento que he de callaros lo que quiero:
que no explican amor tan verdadero
las voces que se forman de un aliento.

Si de dulces memorias me alimento,
que enfermo del remedio considero,
y con un accidente vivo y muero,
siendo el dolor alivio del tormento.

¿Qué importa que me mate vuestra ausencia
si en el morir por vos hallo la vida
y vivo de la muerte a la violencia?

Pues el remedio sólo está en la herida...
mas, si no he de gozar vuestra asistencia,
la piedad de que vivo es mi homicida.

Catalina Clara Ramírez de Guzmán

655-Manuel Botelho de Oliveira



LAS LUCES DE TUS OJOS

Cuando las luces de tus ojos veo,
se enciende mi deseo,
el corazón se inflama
de suerte pues, que en la amorosa llama,
las que en tus ojos son luces vivientes,
son en mi corazón llamas ardientes.

Manuel Botelho de Oliveira

703-Pierre de Ronsard



SONETO

¿Qué decís y qué hacéis, pequeña amada?
¿En qué soñáis? ¿Pensáis acaso en mí?
¿Acaso no os preocupa mi desmayo,
y este penar por vos que me envenena?

Por vuestro amor mi corazón se agita
y ante mis ojos os veo sin cesar,
ausente os escucho y aun os oigo,
y sólo vuestro amor suena en mi mente.

Siempre están vuestros ojos, vuestras gracias,
en mí grabadas y también los sitios
donde os viera danzar, leer y hablar.

Os tengo siempre en mí, siendo yo ajeno,
vos sois la sola que en mi ser respira,
mi ojo, mi sangre, mi dolor, mi bien.

Pierre de Ronsard