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501-Poeta Anónimo



DESDE EL FRENTE

¿Qué veo ahora en tus ojos
que antes eran dos luceros?
¿Qué veo ahora en tus labios,
labios que tanto rieron?
¿Qué pasa ahora en tu cara
que antes era como el cielo?
¿Es que temes por mi muerte?
¿Es que acaso no te quiero?
¡Qué apesadumbrada estás,
estando yo tan contento!
Quiero que miren tus ojos
como miraron en tiempos,
quiero que rían tus labios
como antaño se rieron,
quiero que alegres tu cara,
que antes era como el cielo;
quiero que, tampoco pienses,
en que acaso yo esté muerto;
quiero que pienses también
en que siempre yo te quiero;
quiero que pienses también
que a nuestra España defiendo,
que junta con mi Bandera,
está la mujer que quiero,
que eres tú mi dicha entera,
y ella la madre del pueblo;
que por ti doy yo mi vida,
y por ella, el mundo entero;
hasta que quede sin mancha
la Bandera que defiendo,
hasta que se quede limpia
la nación que yo más quiero.

Así que alegra esa cara,
abre esos labios, ¡mi cielo!,
que aunque estamos separados,
ya muy pronto nos veremos.

P.D. Adiós, Julica del alma,
adiós, ¡mi vida, ¡mi sueño!,
recibe con estas líneas
en tus "morricos" un beso...
Destacamento, Serué,
a veintiséis de febrero,
"cocinando" en la cocina
lo escribe un carabinero
que ya va para tres meses
que está haciendo de ranchero.

Poeta Anónimo

590-Marceline Desbordes-Valmore



UNA CARTA DE MUJER

Te escribo, aunque ya sé que ninguna mujer
debe escribir;
lo hago, para que lejos en mi alma puedas leer
como al partir.

No he de trazar un signo que en ti mejor grabado
no exista ya.
De quien se ama, el vocablo cien veces pronunciado
nuevo será.

La dicha sea contigo; yo sólo he de esperar,
y aunque distante,
yo me siento ir a ti para ver y escuchar
tu paso errante.

¡Jamás la golondrina al cruzar el sendero
pueda apartarte!
Será mi fiel cariño que pasará ligero
para rozarte…

Tú te vas, como todo se va… Su éxodo emprenden
la luz, la flor;
el estío te sigue; las tormentas sorprenden
mi triste amor.

De esperanza y zozobra suspira mientras tanto
el que no ve…
Repartámoslo bien: a mí me queda el llanto,
a ti la fe.

Yo no quiero que sufras, que está muy arraigado
mi amor por ti.
Quien desea dolores para el ser adorado
guarda odio a sí.

Marceline Desbordes-Valmore

597-Jefe Seattle



CARTA DE RESPUESTA

Esta Tierra no es una posesión
de los seres humanos, esta Tierra
es la dueña del hombre que la habita
aunque en su estupidez no lo comprenda.
Los hilos de la vida no se hicieron
por la mano del hombre, y una hebra
es simplemente el hombre, y todo el mal
a sí mismo se lo hace en vez de a ella.
Esta Tierra, decidlo a vuestros hijos,
es nuestra madre; aquello que la afecta,
afectará a sus hijos: ellos son
de la misma familia que la Tierra.

Hermanos son el águila, el caballo,
y las flores también, hermanas nuestras,
igual que las praderas y los montes,
el lago azul o las rocosas crestas.
Por eso si pretende el Jefe Blanco
comprar con su dinero nuestras tierras,
nos suena como si comprar las nubes
en su absurda locura pretendiera.

Jefe Seattle

1001-Carole Hughes



TUS CARTAS

Me cortejabas cuando éramos jóvenes,
con tus cartas desde el mar.
Escribías sobre el amor, la vida, los sueños,
desnudabas tu alma para mí.
Raramente mencionabas exóticos lugares,
el Sol y los cielos eran ignorados,
y en lugar de ello hablabas del destino,
la devoción, la verdad, Dios…
Aunque apartados por los océanos, nuestros espíritus
se mantenían unidos,
y tus cartas eran la clara impresión
de aquello que tu corazón guardaba.
Clásicas referencias, poetas evocados,
fragmentos románticos, una frase inspirada,
citas bíblicas, tus propios versos,
expresados por pasión, con franqueza,
para ser leídos y devorados en un millón de formas diferentes.


Y ahora que has navegado hacia otra orilla,
descansas en un plano distinto,
tus cartas vuelven a despertar mi alma
y de nuevo me estás cortejando.


Carole Hughes