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Pilar Paz Pasamar



LA TRISTEZA

No te asustes por mí. No me habías visto
-¿verdad?- nunca tan triste. Ya conoces
mi rostro de dolor; lo llevo oculto
y a veces, sin querer, cubre mi cara.
No temas, volveré pronto a la risa
Basta que oiga un trino, o tu palabra.
No te preocupes que ha de volver pronto
a florecer intacta la sonrisa.
Me has descubierto a solas con la pena
e inquieres el porqué. ¡Si no hay motivo!
Cuando menos se espera, el aguacero
cae sobre la tranquila piel del día.
Así ocurre. No temas, no te aflijas,
no hay secreto, mi amor, que nos separe.
La tristeza es un soplo, o un aroma,
para llevarlo dulce y suavemente.
No te quejes de mí. Yo estaba sola
y vino ella, y quiso acariciarme.
Déjanos un momento entretenidas
en escuchar los pasos del silencio
y sentir la tristeza de otros muchos
que no tienen amor ni compañía.

Pilar Paz Pasamar

37-Al Qalfat



UNA GACELA

Una gacela me negó su amor,
y por ello mi alma se llenó de tristeza,
Si digo: "Mi corazón ya la olvidó",
se renueva mi amor y se acentúa mi desesperación.
Yo saludo, y daría mi vida por ella,
porque ese rostro bien lo merece.

Al Qalfat

54-Manuel de Cabanyes



MEMORIA

¡Memoria inmortal de un momento
de ilusión, delirio y encanto!
Nunca, nunca de mi alma te borrarás;
y mientras en ella esté grabada
la imagen de mi Julia,
mientras sienta y aliente este agitado corazón,
serás tú el suplicio y la felicidad de mi vida.

Perdón, celeste Virgen,
si a tus honestos labios
arrebaté de amor costoso un sí:
si a tu inocente pecho,
si a tus sueños tranquilos
turbé la calma plácida, perdón.

Yo te adoré: y un ara
de purísimo culto
en el seno del alma te erigí;
que ni mi ardiente boca,
ni mis ojos de fuego,
ni un pensamiento vago profanó.

¡Yo te adoré a ti sola!
Y ledo ya tejía
nupcial corona para orlar tu sien:
mas de repente en punzas,
en punzas venenosas
vi tornarse en mis manos cada flor.

¡Lejos, fatal guirnalda!
De la dicha renuncio,
si al bien que adoro llanto ha de costar:
de mi dolor el cáliz
apuraré yo solo:
sé tú feliz ¡oh amada! y pene yo.

¡Sé tú feliz!... Del pecho
la infausta imagen borra
de quien más que amador tu amigo fue;
y en urna funeraria
la triste llama ahoga,
llama primera que en tu seno ardió.

Sin una pobre choza,
sin un árbol antiguo
a cuya sombra el cuerpo adormecer,
yo arrastraré mi vida,
como torrente inútil
entre jaras y breñas corre al mar.

Mas solitario, errante
entre agitadas olas,
Sso el templo santo, en desperada lid,
¡oh Virgen! donde quiera
al ánima afligida
dulzura tus memorias llevarán.

Y cuando al fin mi espirtu
las odiadas cadenas
rompa que le atan a la arcilla vil;
y sus alas despliegue,
y a volar se aperciba
a la eterna mansión del Sumo Bien;

¡Ángel mío! en los coros
yo esperaré encontrarte
que himnos santos entonan al Señor;
y a tan plácida idea
sobre el muriente labio
sonrisa celestial florecerá.

Manuel de Cabanyes

132-Saigyō



FÍJATE

Fíjate bien allí:
aún los retoños
del viejo cerezo se ven tristes:
¿cuántas veces más
verán la primavera?

Saigyō

137-Wen Yi To



COLORES

Mi vida es una hoja blanca sin valor.
El verde me ha dado el crecimiento,
el rojo el ardor,
el amarillo me enseñó lealtad y rectitud,
el azul la pureza,
el rosa me ofreció la esperanza,
el gris claro la tristeza.
Para terminar esta acuarela,
el negro me impondrá la muerte.
Desde entonces,
adoro mi vida,
pues adoro sus colores.

Wen Yi To

185-Osip Mandelstam



LA TRISTEZA INEXPRESIVA

La tristeza inexpresiva
abrió sus dos ojos enormes,
el florero al despertar
del cristal arrojó las flores.

Todo el cuarto se invadió
de una lánguida ,¡dulce medicina!,
este reino tan pequeño
tanto sueño ha devorado.

Un poco de vino rojo,
-otro poco de sol de mayo-
y rompiendo un delgado bizcocho
la blancura de dedos finos.

Osip Mandelstam

204-Juan M. Leiseca Sansón



EN LA TARDE GRIS

¡Triste la tarde gris! ¡Triste el celaje
que frente al fondo rosicler surgía
a la manera de sutil encaje!
¡Tristeza en todo al fenecer el día!

Frente a la mar. absorto en el mirage
de mi propia cruel melancolía,
encontraba en le tedio del paisaje
la propia imagen de la vida mía;

y lloré, por la tarde, por mi pena,
por esta pena de mi vida buena
que entre ladrones el calvario escala,

mientras la muchedumbre indiferente,
porque ni sabe del dolor, ni siente,
ignora el crimen de saberse mala.

Juan M. Leiseca Sansón

288-Inarda de Arteaga



SONETO

Alegres horas de memorias tristes
que, por un breve punto que durastes,
a eterna soledad me condenastes
en pago de un contento que me distes.

Decid: ¿por qué de mí, sin mí, os partistes
sabiendo vos, sin vos, cual me dejastes?
Y si por do venistes os tornastes,
¿por qué no al mismo punto que vinistes?

¡Cuánto fue esta venida deseada
y cuán arrebata esta venida!
Que, en fin, la mejor hora fue menguada.

No me costastes menos que una vida
la media en desear vuestra llegada
y la media en llorar vuestra partida.

Inarda de Arteaga

301-Josefa Murillo



CONTRASTE

Sobre los troncos de las encinas
paran un punto las golondrinas
y alegres notas al viento dan:
¿Por qué así cantan? ¿Qué gozo tienen?
Es porque saben de dónde vienen
y a dónde van.

En este viaje que llaman vida,
cansado el pecho y el alma herida,
tristes cantares al viento doy:
¿Por qué así sufro? ¿Qué penas tengo?
Es porque ignoro de dónde vengo
y a dónde voy.

Josefa Murillo

303-José de Espronceda



RUISEÑOR

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranta y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo süave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.

José de Espronceda

338-Hipólita de Narváez



SONETOS

I

Engañó el navegante a la sirena,
el dulce canto en blanda cera roto;
y ayudado del santo, su devoto,
el cautivo huyó de la cadena.

De la serpiente que en la selva suena,
la virgen se libró con alboroto,
y de las ondas se escapó el piloto
haciendo remo el brazo, nao la entena.

Yo, fuerte, presa tímida, constante,
venzo sirenas, sierpes, ondas, hierro,
y sola muero a manos de mi daño.

Virgen, piloto, esclavo, navegante,
ven, libres, que no importa a mi destierro
voto, temor, necesidad, engaño.


II

Fuése mi sol y vino la tormenta,
que yo no espero de su ausencia menos,
y el cielo turquesado sus serenos
ojos cubrió, obligado de la afrenta.

Un acento tristísimo revienta
entre los vientos de tinieblas llenos;
tiemblan las nubes con los roncos truenos,
arden los campos, el temor se aumenta.

Salió mi sol y de dorados jaspes
vistió su oriente, y de esmeraldas finas
los altos montes y las llanas tierras;

bordó las vagas nubes de giraspes,
sudaron rubias mieles las encinas
y blanca leche las azules tierras.


III

Leandro rompe, con gallardo intento,
el mar confuso, que soberbio brama;
y el cielo, entre relámpagos, derrama
espesa lluvia con furor violento.

Sopla con fuerza el animoso viento,
triste de aquel que es desdichado y ama,
al fin al agua ríndese la llama,
y a la inclemente furia el sufrimiento.

Mas, ¡oh felice amante!, pues al puerto
llegaste deseado de ti tanto,
aunque con cuerpo muerto y gloria incierta.

Y desdichada yo, quien mar incierto,
muriendo entre las aguas de mi llanto,
aún no espero tal bien después de muerta.

Hipólita de Narváez

346-Fujiwara no Tadafusa



GRILLO

No cantes, grillo,
tan lastimosamente,
que si es grande tu tristeza
cual una noche otoñal,
es mayor la que a mí me abruma.

Fujiwara no Tadafusa

383-Pedro de Cartagena



COPLAS

La fuerza del fuego que alumbra, que ciega
mi cuerpo, mi alma, mi muerte, mi vida,
do entra, do hiere, do toca, do llega,
y mata y no muere su llama encendida:
pues ¿qué haré yo triste, que todo me ofende?
Lo bueno y lo malo me causan congoxa;
quemándome el fuego que mata, que enciende,
su fuerza que fuerza, que ata, que prende,
que prende, que suelta, que tira, que afloxa.

¿Ay dó iré yo triste, que alegre me halle,
pues tantos peligros me tienen en medio?
Que llore, que ría, que grite, que calle,
ni tengo, ni quiero, ni espero remedio:
ni quiero que quiera, ni quiero querer,
pues tanto que quiere tan rabiosa plaga;
ni ser yo vencido, ni quiero vencer,
ni quiero pesar, ni quiero placer,
ni sé qué me diga, ni sé qué me haga.

Pues ¿qué haré yo triste, con tan gran fatiga?
¿A quién me mandáis que mis males quexe?
¿Qué me mandáis que siga, que diga,
que sienta, que tome, que haya, que dexe?
Dadme remedio, que yo no lo hallo
para este mi mal que no es escondido;
que muestro, que cubro, que sufro, que callo,
que vivo me mata y no puedo dexallo,
por donde de vida ya soy despedido.

Pedro de Cartagena

397-María Antonieta Le-quesne



RECODO AZUL

Hay caminitos tristes, retorcidos,
por donde vamos siempre
cabizbajos y solos...
donde hay recodos hondos como nidos,
donde hay nidos de sedas
y cabecitas de oro.

Caminitos tan nuestros, donde entramos
con devoción fanática y humilde...
caminitos divinos,
que nos llevan tan lejos
del ambiente grotesco en que vivimos.

Una tarde lluviosa
penetré a otros caminos:
hallé algunos tan tristes
así como los míos,
donde dejó su paso
la sangre de una huella...
Otros solos... tan solos,
que no tienen más lumbre
que dos ojos oscuros,
lejanos como estrellas.

María Antonieta Le-quesne

429-Juan Rodríguez del Padrón



CANCIÓN

Vive leda si podrás,
y no penes atendiendo,
que según peno partiendo,
ya no espero que jamás
te veré ni me verás.

¡Oh dolorosa partida!
¡Oh triste amador que pido
licencia, que me despido
de tu vista y de mi vida!
El trabajo perderás
en haber de mí más cura:
según que mi gran tristura
ya no espero que jamás
te veré ni me verás.

Juan Rodríguez del Padrón

432-Juan Díaz Covarrubias



A LA LUNA

Quédate, ¡oh luna!, plácida, argentada,
queda con tus encantos, tu luz pura,
yo ocultaré mi vida abandonada
entre las sombras de la noche oscura.

Y si alumbra tu luz, pálida y triste,
a la hermosa que amé sin esperanza,
dila que el llanto que en mis ojos viste,
nadie en el mundo a disipar alcanza.

Ahora, tal vez risueña y afanosa
te contempla al vagar entre las flores,
o a su amante esperando cariñosa
se aduerme en sueños de ilusión y amores.

Yo adoré a esa mujer, pura violeta
que brotó entre la lava de este suelo;
más pura que el ensueño de un poeta,
traslado de los ángeles del cielo.

Dulce suspiro de inocente niño,
ángel de amor que por amor delira,
plácida virgen del primer cariño,
flor que perfuma y perfumando expira.

Contémplala feliz, luna querida
al dulce lazo del placer sujeta,
que yo tranquilo cruzaré la vida
con mi llanto y miseria de poeta.

Dila que su recuerdo en mi memoria
por siempre existirá, solo, profundo,
ya me acaricie un porvenir de gloria
o ya cruce mendigo por el mundo.

Y al dejar de la vida la ribera,
cuando cansado de llorar, sucumba,
alumbra ¡oh luna! por la vez postrera
las olvidadas flores de mi tumba.

Juan Díaz Covarrubias

439-Juan Álvarez Gato



UN LARGO CAMINO

Hoy comienzan mis dolores,
hoy pierde placer mi vida,
hoy será la despedida
y la más triste partida
que se hizo por amores.

Hoy tan grande pensamiento,
señora, llevo conmigo,
que muero porque no digo
a vos, mi bien, lo que siento;
adiós, adiós, los mejores
gozos de mi triste vida,
que hoy será la despedida
y la más triste partida
que se hizo por amores.

Juan Álvarez Gato

454-Marilyn Monroe



CANCIÓN DE LA TRISTEZA

Tengo una lágrima amarga
que amenaza a mi cerveza,
y siendo tan leve carga
me da infinita tristeza.

Es tan triste
cuanto existe...
Y cargar con esta vida,
que en verdad ya fue vivida...

Si existiera alguna fuente
que esta horrible sed me quite...
asiría un clavo ardiente
para que me resucite.

La vida dice que es bella...
Y al saber que soy aquella
que sufre, me lo repite...

Me llaman afortunada
por el brillo de mi vida,
pero jamás viví nada
que no dejara una herida.

Marilyn Monroe

467-Garci Sánchez de Badajoz



COPLA

En dos prisiones estó
que me atormentan aquí:
la una me tiene a mí,
y a la otra la tengo yo.

Y aunque de la una pueda,
que me tiene, libertarme,
de la otra que me queda
jamás espero soltarme.

Ya no espero, triste, no,
verme libre cual nací,
que aunque me suelten a mí,
no puedo soltarme yo.

Garci Sánchez de Badajoz

472-Francisco Martínez de la Rosa



RELOJ DE ARENA

¡Cuán rápida desciende
la arena ante mi vista;
y cada leve grano
lleva un mísero instante de mi vida! …
Tardos los juzga el Tiempo,
y el curso precipita,
y el frágil vidrio estalla
entre las manos de la Muerte impía:
Al viento arroja el polvo
con bárbara sonrisa;
y amor, gloria, ilusiones
al borde de la tumba se disipan…
¿Dónde voló mi infancia,
mi juventud florida,
mis años más dichosos,
mis gustos, mis encantos, mis delicias?
Todo pasó cual sueño.
Todo finó en un día,
cual flor que al alba nace,
y al trasmontar del sol yace marchita.
Mi corazón sensible
a la piedad divina,
a la amistad sincera,
del amor a las plácidas caricias,
abrió su incauto seno,
exento de perfidia;
y la maldad proterva
clavó con sangre en él duras espinas…
¿Por qué, decid, crueles,
desgarráis tan aprisa
la venda de mis ojos,
que el fementido mundo me encubría?
Amar es mi destino.
Amar mi bien, mi dicha.
El cielo bondadoso
para amar me dio un alma compasiva.
Si aborrecer es fuerza,
trocad el alma mía.
Que el odio y la venganza
en mi pecho jamás tendrán cabida…
¡Así, Dios de clemencia,
mis súplicas recibas
con tu piedad, y enjugues
las lágrimas que riegan mis mejillas!

Francisco Martínez de la Rosa