Mostrando entradas con la etiqueta anónimo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anónimo. Mostrar todas las entradas

73-Poeta Anónimo



LA MOZA DE VILLAREJO

Se peinaba la lunita
con un peine de luceros
y una estrellita jugaba
con las trenzas de su pelo.

Se iba a dormir presurosa
por los caminos del cielo
porque el lucero del alba
ya asomaba por los cerros.

Olía la madrugada
a mejorana y romero.
Un jilguerito piaba
en las ramas de un almendro.

Por entre mil olivares
pasaba silbando el viento
y a su paso iba dejando
de esta copla el dulce acento:

Para que tú tengas pan
en la guerra, compañero,
con el sudor de mi frente
la tierra para ti riego.

Arre, mulica, ligera;
arre, mulica, que quiero
con la reja del arado
ahondar en el duro suelo
para abrir su sepultura
al invasor extranjero.

Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo,
la cara como una rosa,
los ojos de raso negro,
el alma hechida de gozo,
henchido de gozo el pecho.
Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo.

Poeta Anónimo

88-Poeta Anónimo



TU MANO

Todo espíritu es formado por Tu mano,
y toda su labor Tú la has determinado
antes incluso de crearlo.
¿Cómo podrá nadie evitar Tus designios?
Tú, sólo Tú, has creado al justo.
Desde que estaba en el vientre
estableciste para él el tiempo de la gracia,
para que observe Tu pacto
y marche por todos Tus caminos,
para derramar sobre él
la abundancia de Tus misericordias,
para abrir la angostura de su alma
a la salvación eterna.

Poeta Anónimo

89-Poeta Anónimo



TÚ ME HAS COLOCADO

Tú me has colocado como estandarte
para los escogidos de la Justicia,
como sabio diseminador
de los secretos maravillosos.
Para probar a todos los hombres de la verdad,
para acrisolar a los que aman la enseñanza.
Para los que esparcen errores
soy un hombre contencioso,
pero un hombre de paz
para todos los verdaderos profetas.
Me he convertido en un espíritu celoso
contra todos los intérpretes de cosas halagüeñas.
Todos los hombres soberbios
murmuran contra mí
como el tremendo clamor
de las aguas estruendosas.
Todos sus proyectos son pensamientos demoníacos.

Poeta Anónimo

90-Poeta Anónimo



POLVO Y CENIZA

Yo soy polvo y ceniza.
¿Qué puedo planear, si Tú no lo quieres?
¿Qué puedo idear sin Tu permiso?
¿Cómo puedo ser fuerte sin Tu sostén?
¿Cómo puedo ser instruido si Tú no me enseñas?
Nada puede hacerce fuera de Tu voluntad.
Y nada se conoce sin que Tú lo desees.

Poeta Anónimo

91-Poeta Anónimo



DEL MAR VIVO

Sé todas estas cosas por tu sabiduría,
porque abriste mis ojos a todos los enigmas,
aunque yo sea de barro con agua modelado,
y me llamen impuro los falsos sacerdotes,
impío y otras cosas los hijos de Satán,
y los que están podridos iracundo me apunten,
y buscan que te tema... o que les tema a ellos.

Poeta Anónimo

141-Poeta Anónimo



ENTONCES

En aquel entonces
los hombres
eran jóvenes
y el pueblo
tan bonito
y ella
más hermosa
que nunca

Hoy cuentan
esta historia
de otro tiempo
mientras yo
que me he vuelto vieja
escucho
hechizada.

Poeta Anónimo

142-Poeta Anónimo



JARDÍN INTERIOR

Al oír la música
se queda inmóvil
como una cierva encantada.
Las amigas le han traído
noticias de su amante.
Escucha sin perder detalle,
pero vuelve a preguntar;
sueña sin estar dormida
y puede decirse que el amor
alimentó en ella
su más pequeña planta.

Poeta Anónimo

186-Poeta Anónimo



MUJER

Cuando Dios te hizo mujer,
pensaba que el Universo,
no se llenaría de estrellas,
ni la tierra de veneros,
ni los arroyos y ríos
recorrerían los senderos,
ondulados de las sierras
en torrentes de misterio.

Cuando Dios te hizo mujer,
pensó que serías el verso,
que escribirían los poetas
en la nostalgia de un sueño;
recibiendo la dulzura
de los arrullos y besos,
llenos de gozo y ventura
y fragancia de tu aliento.

Cuando Dios te hizo mujer,
pensó que sólo tu cuerpo
sería poesía en el aire
y sensación de deseo,
que los hombres al mirarte
añoran con sentimiento
los besos que puedas darles
en una noche de ensueño.

Cuando Dios te hizo mujer,
¡sólo pensó en admirarte!

Poeta Anónimo

197-Poeta Anónimo



ROMANCE REBELDE

La Macarena lucía
los soles de sus alhajas.
¿Te acuerdas, viejo, aquel día?
Los tambores martillaban
tus oídos y tus sienes
y tu corazón lloraba...
Sollozos estrangulados
subían a tu garganta.
En un catre miserable
tu compañera expiraba,
el hambre la consumió
poco a poco... ¡como a tantas!
Y mientras, la vanidad
de los ricos paseaba
por las calles de Sevilla,
encendida como un ascua
en la luz de sus diamantes
lucía la Macarena
los soles de sus alhajas...
Jornales de medio duro,
hambre y miseria en las casas.
Junto al surco, el campesino
los terrones destripaba
derritiéndose los sesos,
quemándose las entrañas.
Sevilla, sumida en luto,
entre las piedras calladas
de sus callejuelas tristes,
pavorosas, desoladas,
sangre reseca del pueblo
clamando a gritos venganza.
Negro luto en los hogares
y rebeldía en las almas.
El odio envenena el aire...
Las narices dilatadas
de los sabuesos de Queipo,
que de sangre no se sacian,
olfatean carne roja
en la que clavar las garras.
Ahora la Virgen no tiene
ni brillantes ni esmeraldas.
Para su causa siniestra
Queipo las necesitaba:
Ya sin joyas se quedó
la Virgen de la Esperanza.
Pronto esas joyas serán
bombas de fuego y metrallas,
los brillantes de la Virgen
presto han de tornarse balas,
y harán que corra la sangre
de los pobres en riadas.
Niños, mujeres, ancianos,
pueblo que empuñas las armas
a tu Patria defendiendo:
la Virgen de la Esperanza
ya sin joyas se quedó
para que allá en Alemania
las conviertan en obuses,
para que hagan en Italia
más aviones, tanques... ¡Sangre,
sangre en que anegar España!

Poeta Anónimo

226-Poeta Anónimo



SONETO

Amo la noche y aborrezco el día,
enójame el placer, quiero el tormento,
busca para estorbar cualquier contento
invenciones cien mil mi fantasía.

De esta contrariedad otra se cría
que ofrece la memoria al pensamiento,
alegría tristeza y sentimiento,
¡oh cuán confusa vive el alma mía!

Un depósito soy de adversidades
de extraña cualidad terrible y fuerte,
imagen de dolor y variedades.

Amor, fortuna, mundo, hado y suerte,
si no ablandan sus duras cualidades
también para los tristes hubo muerte.

Poeta Anónimo

228-Poeta Anónimo




MAMITA

Mamita mía...
dulce y hermosa...
te me figuras...
botón de rosa...

Gotita de agua...
que hay en la fuente...
como diamante
muy transparente.

Aunque a tu lado.
me ves travieso,
me vuelvo bueno
cuando te beso.

Mamita amada,
mi gran tesoro,
yo soy tu niño...
y yo te adoro.

Poeta Anónimo

230-Poeta Anónimo



UN LUGAR

Hay un lugar donde la fantasía habita,
está más allá de las estrellas,
más allá del sol;
es el mundo de los sueños
donde el silencio llora cada noche
y todo puede suceder.

Más adentro, en ese mundo invisible,
sobre las blancas alas de la imaginación
cada día y cada noche
está el mundo de los sueños,
de la magia y de la fantasía
y en él te encuentro
y siento que no quiero regresar.

Ven, acompáñame,
busquemos ese lugar maravilloso
entre el cielo y la tierra,
entre la luna y el sol;
no hay caminos que andar
ni distancias que recorrer,
sólo alza la mano y siente
que lo puedes alcanzar..

Poeta Anónimo

253-Poeta Anónimo



EL PINTOR

El pintor: la tinta negra y roja,
artista, creador de cosas con el agua negra.
Diseña las cosas con el carbón, las dibuja,
prepara el color negro, lo muele, lo aplica.
El buen pintor: entendido, dios en su corazón,
diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.
Conoce los colores, los aplica, sombrea;
dibuja los pies, las caras,
traza las sombras, logra un perfecto acabado.
Todos los colores aplica a las cosas,
como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.

El mal pintor: corazón amortajado,
indignación de la gente, provoca fastidio,
engañador, siempre anda engañando.
No muestra el rostro de las cosas,
da muerte a sus colores,
mete a las cosas en la noche.

Pinta las cosas en vano,
sus creaciones son torpes, las hace al azar,
desfigura el rostro de las cosas.

Poeta Anónimo

254-Poeta Anónimo



CONSEJOS DE UN PADRE A SU HIJA

Aquí estás, mi hijita,
mi collar de piedras finas,
mi plumaje de quetzal, mi hechura humana,
la nacida de mí.
Tú eres mi sangre, mi color,
en ti está mi imagen.

Ahora recibe, escucha: vives, has nacido,
te ha enviado a la tierra el Señor Nuestro,
el Dueño del cerca y del junto,
el hacedor de la gente,
el inventor de los hombres.

Ahora que ya miras por ti misma, date cuenta.
Aquí en la tierra es de este modo:
no hay alegría, no hay felicidad.
Hay angustia, preocupación, cansancio.
Por aquí surge, crece el sufrimiento y la preocupación.

Aquí en la tierra es lugar de mucho llanto,
lugar donde se rinde el aliento,
donde es bien conocida la amargura y el abatimiento.
Un viento como de obsidianas sopla
y se desliza sobre nosotros.

Dicen que en verdad nos molesta
el ardor del sol y del viento.
Es este lugar donde casi perece uno
de sed y de hambre. Así es aquí en la tierra.

Oye bien, hijita mía, niñita mía:
no es lugar de bienestar en la tierra,
no hay alegría, no hay felicidad.
Se dice que la tierra es lugar de alegría penosa,
de alegría que punza.

Así andan diciendo los viejos:
para que no siempre andemos gimiendo,
para que no estemos siempre llenos de tristeza,
el Señor Nuestro nos dio a los hombres
la risa, el sueño, los alimentos, nuestra fuerza
y nuestra robustez y finalmente el acto sexual,
por el cual se hace siembra de gentes.

Todo esto embriaga la vida en la tierra,
de modo que no se ande siempre gimiendo.
Pero, aún cuando así fuera,
si saliera verdad que sólo se sufre,
si así son las cosas en la tierra,
¿acaso por esto se ha de estar siempre con miedo?
¿Hay que estar siempre temiendo?
¿Habrá que vivir llorando?

Porque, hijita mía, se vive en la tierra,
hay en ella señores, hay mando,
hay nobleza, hay águilas y tigres.
¿Y quién anda diciendo siempre que así es en la tierra?
¿Quién anda tratando de darse la muerte?
Hay afán, hay vida, hay lucha, hay trabajo.
Se busca, mujer, se busca marido.

Pero, ahora, mi muchachita,
escucha bien, mira con calma:
he aquí a tu madre, tu señora, de su vientre,
de su seno te desprendiste, brotaste.

Cómo si fueras una yerbita, una plantita,
así brotaste. Como sale la hoja, así creciste, floreciste.
Como si hubieras estado dormida
y hubieras despertado.

Mira, escucha, advierte, así es en la tierra:
no seas vana, no andes como quiera,
no andes sin rumbo.
¿Cómo vivirás, cómo seguirás aquí por poco tiempo?
Dicen que es muy difícil vivir en la tierra,
lugar de espantosos conflictos,
mi muchachita, mi palomita, mi pequeñita...

Se cuidadosa, porque vienes de gente principal,
desciendes de ella,
gracias a personas ilustres has nacido.
Tú eres la espina y el brote de nuestros señores.
Nos fueron dejando los señores,
los que gobiernan, los cuales
allá se fueron colocando en fila,
los que vinieron a hacerse cargo de poder en el mundo;
dieron renombre y fama a la nobleza.

Escucha: mucho te he dado a entender que eres noble.
Mira que eres cosa preciosa,
aún cuando sólo seas una mujercita.
Eres piedra fina, eres turquesa.
Fuiste forjada, taladrada, tienes la sangre,
el color, eres brote y espina, cabellera,
desprendimiento, eres de noble linaje.

Todavía esto ahora te voy a decir:
¿acaso no lo entenderás muy bien?
¿Todavía andas jugando con tierra y tepalcates?
¿Acaso todavía estas reposando en la tierra?
En verdad un poco escuchas ya,
te das cuenta de las cosas:
por tu propia cuenta, vas cobrando experiencia.

Mira no te deshonres a ti misma,
a nuestros señores, a los príncipes,
a los gobernantes que nos precedieron.
No te hagas como la gente del pueblo,
no vengas a salir plebeya, macehual.
En tanto que vivas en la tierra,
junto y al lado de la gente,
sé siempre en verdad una mujercita.

He aquí tu oficio, lo que tendrás que hacer:
durante la noche y durante el día,
conságrate a las cosas de Dios,
muchas veces piensa en él
que es como la Noche y el Viento.
Hazle súplicas, invócalo, llámalo, ruégale mucho
cuando estés en el lugar donde duermes.
Así se te hará gustoso el sueño...

Despierta, levántate a la mitad de la noche,
póstrate con tus codos y tus rodillas,
levanta tu cuello y tus hombres.
Invoca, llama al Señor, a Nuestro Señor,
a aquel que es como la Noche y el Viento.
Será misericordioso, te oirá de noche,
te verá entonces con misericordia,
te concederá entonces aquello que mereces,
lo que te está asignado.

Pero si fuera malo el merecimiento,
la asignación que se te dieron
cuando aun para ti era de noche,
la que te tocó al nacer, cuando viniste a la vida,
con eso (con tus súplicas) se te hará buena,
se te rectificará: la modificará el Señor,
el Señor Nuestro, el Dueño del cerca y del junto.

Y durante la noche está vigilante,
levántate aprisa, extiende tus manos,
extiende tus brazos, aderézate la cara,
aséate las manos, lávate la boca,
toma de prisa la escoba, ponte a barrer.
No te estés dando gusto,
no te pongas nada más a calentar,
lava la boca a los otros, haz la incensación de copal,
no la dejes, porque así se obtiene
de Nuestro Señor su misericordia.

Y hecho esto, cuando ya estés lista, ¿qué harás?,
¿cómo cumplirás tus deberes de mujer?
¿Acaso no prepararás la bebida, la molienda?
¿No tomarás el huso, la cuchilla del telar?
Mira bien cómo quedan la bebida y la comida,
cómo se hacen, cómo quedan buenas,
cómo se hace una buena comida y una buena bebida.

Estas cosas que de algún modo se llaman
"las que pertenecen a las personas",
son las que corresponden a las señoras,
a los que gobiernan, por esto se las llamó
"cosas propias de los rostros
y los corazones, de las personas",
la comida propia de los que gobiernan, su bebida:
sé diestra en preparar la bebida, en preparar la comida.

Por atención, dedícate, aplícate,
aplícate a ver cómo se hace esto,
así pasarás tu vida, así estarás en paz.
Así serás valiosa.
No sea que en vano alguna vez
te envíe el infortunio el Señor Nuestro.
Acaso crezca la pobreza entre los nobles.
Míralo bien, abrázalo, que es oficio de mujer:
el huso, la cuchilla de telar.

Abre bien los ojos para ver cómo es el arte tolteca,
cuál el arte de las plumas, cómo bordan con colores,
cómo entreveran los hilos, cómo los tiñen, las mujeres,
las que son como tú,
las señoras nuestras, las mujeres nobles.
Cómo urden las telas, cómo se hace su trama,
cómo se ajusta. Pon atención, aplícate,
no seas vana, no te dejes vanamente,
deja de ser negligente contigo misma.

Ahora es buen tiempo, todavía es buen tiempo,
porque todavía hay en tu corazón
un jade, una turquesa.
Todavía está fresco, no se ha deteriorado,
no ha sido aún torcido, todavía está entero,
aún no se ha logrado, no se ha torcido nada.
Todavía estamos aquí nosotros,
nosotros tus padres,
que te metimos aquí a sufrir,
porque con esto se conserva el mundo.
Acaso así se dice: así lo dejó dicho,
así lo dispuso el Señor Nuestro
que debe haber siempre,
que debe haber generación en la tierra.

Todavía aquí estamos, todavía en tiempo nuestro,
aún no ha venido el palo
y la piedra del Señor Nuestro.
Todavía no morimos, todavía no perecemos,
¿qué es lo que tú piensas,
niñita, palomita, muchachita?
Cuando nos haya ocultado el señor nuestro,
con la ayuda de otro podrás vivir,
porque no es tu destino, no es tu don
vender yerbas, palos, sartas de chile,
tiestos de sal, tierra de tequesquite,
parada en la entrada de las casas,
porque tú eres noble. Adiéstrate en el huso,
en la cuchilla del telar, en preparar bebidas y comidas.

Que nunca sea vano el corazón,
nadie diga de ti, te señale con el dedo,
hable de ti. Si nada sale bien, ¿cómo será tu fracaso?
Por eso, ¿no vendríamos nosotros a ser vituperados?
Y si ya nos recogió el Señor Nuestro,
¿acaso por esto no se nos vituperará por atrás,
acaso no seremos reprendidos
en la región de los muertos?
En cuanto a ti, ¿acaso no pondrás en movimiento
en tu contra el palo y la piedra?,
¿no harás que contra ti se dirijan?

Pero si atiendes,
¿también entonces podrá venir la represión?
Tampoco seas ensalzada por otros en exceso,
no ensanches tu rostro, no te ensoberbezcas,
como si estuvieras en el estrado
de las águilas y los tigres,
como si estuvieras luciendo tu escudo,
como si todo el escudo de Huitzilopochtli
estuviera en tus manos.
Como si gracias a ti estuvieras levantando la cabeza
y a nosotros nos acrecentarás el rostro.
Pero si no haces nada,
¿no serás entonces como una pared de piedra,
no se hablará de ti, apenas serás ensalzada?
Pero sé en estas cosas como
lo desea para ti el Señor Nuestro.

He aquí otra cosa que quiero inculcarte,
que quiero comunicarte, mi hechura humana,
mi hijita: sabe bien, no hagas quedar burlados
a nuestros señores por quienes naciste.
No les eches polvo y basura,
no rocíes inmundicias sobre su historia,
su tinta negra y roja, su fama.

No los afrentes con algo,
no como quiera desees las cosas de la tierra,
no como quiera pretendas gustarlas,
aquello que se llama las cosas sexuales
y si no te apartas de ellas ¿acaso serás divina?
Mejor fuera que perecieras pronto.

Ahora bien, con calma, con mucha calma,
pon atención, si así lo ha de pensar el Señor Nuestro,
si alguno hablara de ti, si se dice algo de ti,
no lo desdeñes, no golpees
con tu pie la inspiración del Señor Nuestro,
acógela, no te retraigas, que no pase junto a ti,
dos o tres veces, no te andes haciendo la retraída,
aunque nosotros te tengamos por hija,
aun cuando por medio nuestro hayas nacido,
no te envanezcas olvidando
en tu corazón al señor Nuestro.
Así te arrojarías al polvo y a la basura,
a la vida de las alegradoras, las mujeres públicas.
Y entonces el Señor Nuestro se burlaría,
obraría contigo como él quisiera.

No como si fuera en un mercado
busques al que será tu compañero,
no lo llames, no como en primavera
lo estés ve y ve, no andes con apetito de él.
Pero, si tal vez tú desdeñas
al que puede ser tu compañero,
al escogido del Señor Nuestro,
si lo desechas, no vaya a ser que de ti se burle,
en verdad se burle de ti
y te conviertas en alegradora, en mujer pública.

Pero, prepárate, ve bien quién es tu enemigo,
que nadie se burle de ti,
no te entregues al vagabundo,
al que te busca para darse placer,
al muchacho perverso.

Que tampoco te conozca
dos o tres rostros que tú hayas visto.
Quien quiera que sea tu compañero,
vosotros, juntos tendréis que acabar la vida.
No lo dejes, agárrate de él,
cuélgate de él aunque sea un pobre hombre,
aunque sea sólo un aguilita, un tigrito,
un infeliz soldado, un pobre noble,
tal vez cansado, falto de bienes,
no por eso lo desprecies.

Que a vosotros os vea,
os fortalezca el Señor Nuestro,
el conocedor de los hombres,
el inventor de la gente,
el hacedor de los seres humanos.

Todo esto te lo entrego
de mis labios y mis palabras.
Así, delante del Señor Nuestro,
delante de Tloque Nahuaque,
cumplo con mi deber.
Y si tal vez por cualquier parte arrojaras esto,
tú ya lo sabes.
He cumplido mi oficio, muchachita mía, niñita mía.
Que seas feliz, que Nuestro Señor te haga dichosa.

Poeta Anónimo

255-Poeta Anónimo



FLOR Y CANTO

Ahora lo sabe mi corazón:
Escucho un canto, contemplo una flor.
¡Ojalá jamás se marchite!

Poeta Anónimo

256-Poeta Anónimo



EL DADOR DE LA VIDA

Con flores hablas,
dentro de ti vive,
dentro de ti escribe,
inventa el Dador de la vida,
el que es Dios.
¡Oh príncipe chichimeca,
Nezahualcóyotl!

Poeta Anónimo

257-Poeta Anónimo



EXISTAMOS AQUÍ

¿Tienen raíz, son verdaderos los hombres?
Nadie acabará de entender
lo que es tu riqueza, lo que son tus flores,
¡inventor de ti mismo!

Sin terminar dejamos las cosas.
Por esto lloro,
me aflijo.

Aquí entrelazo con flores,
a la nobleza, a los amigos.
¡Alegraos!

Nuestra casa común es la tierra.
En el lugar del misterio, allá,
¿También es así?
En verdad no es igual.

Sobre la tierra: flor y canto
¡Existamos aquí!

Poeta Anónimo

258-Poeta Anónimo



DAR RUMBO AL CORAZÓN

¿Qué era lo que acaso tu mente hallaba?
¿Dónde andaba tu corazón?
Por esto das tu corazón a cada cosa,
sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón.
Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo?

Poeta Anónimo

259-Poeta Anónimo



FLOR Y CANTO

¿Sólo así he de irme
como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!
¿Que podrá hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
en vano hemos brotado en la tierra.

Poeta Anónimo

260-Poeta Anónimo



CANTO DE NEZAHUALCÓYOTL

He llegado aquí,
soy Yoyontzin.
Sólo flores deseo,
ha venido a estar deshojando flores
sobre la tierra.
Allá corto
la flor preciosa,
corto la flor de la amistad:
junto contigo, con tu persona;
¡oh príncipe!
Yo Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin.

Poeta Anónimo