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167-Anacreonte de Teos



A UNA DONCELLA

Hace tiempo, la hija de Tántalo
se convirtió en piedra,
junto a las riberas frigias.
Y asimismo, la hija de Pandion
atravesó el espacio, transformada en golondrina.
¡Si pudiera yo convertirme en espejo,
para que siempre tuvieras
en mí fija tu mirada!
¡Que no sea yo túnica
y siempre me llevarías encima!
Quisiera volverme agua límpida
para bañar tu hermoso cuerpo.
O esencia, dueña mía, para perfumarte;
cintilla de tu garganta
y perla para tu cuello;
o sandalia para que así, al menos,
siempre estuviera tu pie sobre mí.

Anacreonte de Teos

248-Lisimaco Chavarria Palma



LAOCOONTE

Maravilla de clásica escultura
que recuerda de Grecia los fulgores
es el grupo que diestros escultores
en mármol entallaron con tersura.

De triste Laocoonte la amargura
revela de su cuerpo los dolores:
y al lanzar los postreros estertores
se retuerce luchando con bravura.

Dos serpientes feroces de Teneros
lo enlazan a sus hijos con enredos
quitándoles al cabo la existencia.

¡Así el genio sostiene ruda lidia
con la sierpe terrible de la envidia
que le acosa y le muerde sin clemencia!

Lisimaco Chavarria Palma

308-Salvador Rueda



AFRODITA

Venus, la de los senos adorados
que nutren de vigor savias y rosas;
la que al mirar derrama mariposas
y al sonreír florecen los collados;

la que en almas y cuerpos congelados
fecunda vierte llamas generosas,
de Eros a las caricias amorosas
ostenta sus ropajes cincelados.

Ella es la fuerza viva, el soplo ardiente
de cuanto sueña y goza, piensa y siente;
de cuanto canta y ríe, vibra y ama.

En el niño es candor, eco en la risa;
en el agua canción, beso en la brisa,
ascua en corazón, flor en la rama.

Salvador Rueda

338-Hipólita de Narváez



SONETOS

I

Engañó el navegante a la sirena,
el dulce canto en blanda cera roto;
y ayudado del santo, su devoto,
el cautivo huyó de la cadena.

De la serpiente que en la selva suena,
la virgen se libró con alboroto,
y de las ondas se escapó el piloto
haciendo remo el brazo, nao la entena.

Yo, fuerte, presa tímida, constante,
venzo sirenas, sierpes, ondas, hierro,
y sola muero a manos de mi daño.

Virgen, piloto, esclavo, navegante,
ven, libres, que no importa a mi destierro
voto, temor, necesidad, engaño.


II

Fuése mi sol y vino la tormenta,
que yo no espero de su ausencia menos,
y el cielo turquesado sus serenos
ojos cubrió, obligado de la afrenta.

Un acento tristísimo revienta
entre los vientos de tinieblas llenos;
tiemblan las nubes con los roncos truenos,
arden los campos, el temor se aumenta.

Salió mi sol y de dorados jaspes
vistió su oriente, y de esmeraldas finas
los altos montes y las llanas tierras;

bordó las vagas nubes de giraspes,
sudaron rubias mieles las encinas
y blanca leche las azules tierras.


III

Leandro rompe, con gallardo intento,
el mar confuso, que soberbio brama;
y el cielo, entre relámpagos, derrama
espesa lluvia con furor violento.

Sopla con fuerza el animoso viento,
triste de aquel que es desdichado y ama,
al fin al agua ríndese la llama,
y a la inclemente furia el sufrimiento.

Mas, ¡oh felice amante!, pues al puerto
llegaste deseado de ti tanto,
aunque con cuerpo muerto y gloria incierta.

Y desdichada yo, quien mar incierto,
muriendo entre las aguas de mi llanto,
aún no espero tal bien después de muerta.

Hipólita de Narváez

347-Aristófanes



EL HIJO DE LA NOCHE

En el principio existían el Caosy la Noche,
el Erebo oscuro y el Tártaro inmenso:
la Tierra no existía, ni el aire ni el cielo.
En el regazo infinito del Erebo
la noche de alas negras
puso un huevo sin germen,
y pasado el tiempo preciso
nació el adorable Eros, con alas de oro,
semejante a un viento huracanado.
Y en el Tártaro enorme
se unió Eros al Caos tenebroso
engendrando nuestra raza.
No existían entonces los dioses
hasta que Eros mezcló los elementos
y forjó el Océano con ellos,
surgieron Cielo y Tierra
y la indestructible estirpe
de los Dioses dichosos.

Aristófanes

410-Enrique José Varona



DEL VINO

Del mirto la fragancia,
del oro los reflejos,
del Hibla los panales,
de Citeres el fuego.

Las risas de las Gracias,
las danzas de Sileno,
de Apolo las canciones,
la quietud de Morfeo.

¡Y todo en ese jarro!
Pues ¡ea! compañeros,
hasta mirar el fondo
un punto no cesemos.

Enrique José Varona

634-Rebeca Correa


 
DÉCIMAS

No sólo un vital aliento
te exalta, sublima y dora;
divino influjo mejora
tu cándido entendimiento.
Con el alto lucimiento
de tu ingenio superior
das al Pindo más verdor,
cualquiera musa es más bella,
cada renglón una estrella,
y cada letra una flor.

Sale, con gracias difusas,
de tu método profundo,
al gran teatro del mundo
todo el Coro de las Musas.
Por las líneas que andar usas,
igualándose a ti sólo,
vuelas al ursario polo
desde el hispánico nido,
entre las Gracias, Cupido,
y entre las Musas, Apolo.

Rebeca Correa

719-Lorenzo Laso de la Vega y Cerdá



SONETO

Dorada isla de Cuba o Fernandina,
de cuyas altas cumbres eminentes
bajan a los arroyos, ríos y fuentes
el acendrado oro y plata fina;

Si el dulce canto y música divina
de aquel que vio las infernales gentes,
las peñas suspendió tan diferentes,
y movió a compasión a Proserpina;

Con cuanta más razón, Isla dichosa,
estáis vos dando al orbe admiración
con este nuevo Homero y fértil yedra.

Pues su dulzura os hace más famosa
que aquella a quien la lira de Anfión
hizo los muros de ladrillo y piedra.

Lorenzo Laso de la Vega y Cerdá

840-José Cadalso y Vázquez de Andrade



A VENUS

Madre divina del alado niño,
oye mis ruegos, que jamás oíste
otra tan triste lastimosa pena
como la mía.

Baje tu carro desde el alto Olimpo
entre las nubes del sereno cielo,
rápido vuelo traiga tu querida
blanca paloma.

No te detenga con amantes brazos
Marte, que deja su rigor al verte,
ni el que por muerte se llamó tu esposo
sin merecerlo.

Ni las delicias de las sacras mesas,
cuando a los dioses llenos de ambrosía,
alegre brinda Jove con la copa
de Ganimedes.

Ya el eco suena por los altos techos
del noble alcázar, cuyo piso huellas,
lleno de estrellas, de luceros lleno
y tachonado.

Cerca del ara de tu templo, en Pafos,
entre los himnos que tu pueblo dice,
este infelice tu venida aguarda:
baja volando.

Sobre tus aras mis ofrendas pongo,
testigo el pueblo, por mi voz llamado,
y concertado con mi tono el suyo
te llaman madre.

Alzo los ojos al verter el vaso
de leche blanca y el de miel sabrosa;
ciño con rosas, mirtos y jazmines
esta mi frente.

Ya, Venus, miro resplandor celeste
bajar al templo; tu belleza veo;
ya mi deseo coronaste, ¡oh madre,
madre de amores!

Vírgenes tiernas, niños y matronas,
ya Venus llega, vuestra diosa viene;
el aire suene con alegres himnos,
júbilo santo.

José Cadalso y Vázquez de Andrade


A LA FORTUNA

Fortuna, a quien el vulgo llama diosa
(y tanto tu inconstancia lo desmiente),
ni creas que tu ceño me amedrente
ni que por ver tu cara más gustosa
inmute yo mi frente.

Con ella levantada te he mirado,
despreciando tus males y tus bienes;
y cuando de triunfar del orbe vienes,
te venzo, y del laurel que tú has ganado
corono yo mis sienes.

José Cadalso y Vázquez de Andrade