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Julio Mariscal Montes



NADIE. NADIE EN EL MUNDO...

Nadie, nadie en el mundo.
Porque el mundo está hecho para el amor.
Para la oscura selva de brazos que se ajustan
al sarmiento triunfante de una cintura esquiva.
Para labios que mueren
y labios que reviven
por menos que una rosa, una palabra apenas.

El mundo está vacío, desmantelado, yermo...
Cuerpos opacos rugen vendavales sin luna;
alcobas espectrales sin la melancolía
de una rama de otoño;
manos que no se ajustan a otra mano y que aprietan
entre los dedos fríos el beso y el negocio.

Pero queda una última mañana de domingo,
un niño que aún ignora lo gris de la manzana,
y queda la esperanza loca entre las estrellas
para que el mundo vuelva a poblarse de nuevo.

Julio Mariscal Montes

Juan Carlos Aragón Becerra



Me recuerdas al fusil en la noche de Cuba,
al sol del malecón sonriendo,
a los pecados plurales de Plaza de Armas,
al bar de los trovadores,
a una novia desayunando huevos con mojito.
Oh tú mi libertad derretida en las manos
como una alud gigante y millonario,
tú me haces saber las verdades más impermeables
a golpe de grito, a golpe de risa, a golpe de amor,
derretida en las manos tanto que se me resbala.
Me recuerdas a la mañana en la madera de la guitarra,
al acantilado en el sol de la tarde,
al pecado venial de la noche interminable,
a la golondrina del pueblo,
a una novia nerviosa y única.
Oh tú mi libertad derretida en las sienes
como un alud gigante y guayabero,
hasta me haces sentir que el mundo no importa,
a golpe de canción, a golpe de palabra, a golpe de amor.
Derretida en las manos tanto que se pierde.
Me recuerdas a la guitarra en la mañana de la madera,
al sol de la tarde acantilada, 
al pecado interminable de la noche venial,
al pueblo de las golondrinas,
a una novia de temple blanco.
Oh tú mi libertad derretida en tu pecho,
como un alud gigante y chirigotero,
hasta me haces sentir que el mundo aún me importa,
a golpe de humor, a golpe de ironía, a golpe de deseo,
derretida en la historia tanto que se detiene.
Oh tú mi libertad derretida en la esperanza,
como un alud gigante y afinado.
No es que me importe el mundo,
pero suena mejor que antes de ayer.
A grito cambiado, a grito alterno, a grito de combate,
derretido en los astros de tu sonrisa.
Me recuerdas a la playa de Atlanterra,
a la cala de San Marcos,
a la colección de pecados más distinguida,
al bar del pueblo,
a tanto me recuerdas.

Juan Carlos Aragón Becerra

Pilar Paz Pasamar



LA TRISTEZA

No te asustes por mí. No me habías visto
-¿verdad?- nunca tan triste. Ya conoces
mi rostro de dolor; lo llevo oculto
y a veces, sin querer, cubre mi cara.
No temas, volveré pronto a la risa
Basta que oiga un trino, o tu palabra.
No te preocupes que ha de volver pronto
a florecer intacta la sonrisa.
Me has descubierto a solas con la pena
e inquieres el porqué. ¡Si no hay motivo!
Cuando menos se espera, el aguacero
cae sobre la tranquila piel del día.
Así ocurre. No temas, no te aflijas,
no hay secreto, mi amor, que nos separe.
La tristeza es un soplo, o un aroma,
para llevarlo dulce y suavemente.
No te quejes de mí. Yo estaba sola
y vino ella, y quiso acariciarme.
Déjanos un momento entretenidas
en escuchar los pasos del silencio
y sentir la tristeza de otros muchos
que no tienen amor ni compañía.

Pilar Paz Pasamar

Romance de la Mente y el Corazón



ROMANCE DE LA MENTE Y EL CORAZÓN

- ¿Qué te pasa, Corazón,
que pareces como ausente?

- Es sólo que no me escuchas,
pues yo estoy contigo siempre...

- Sí te escucho... Te oigo andar
con tu compás permanente...

- Mis latidos son los ecos
de la Verdad que se siente...

- La Verdad... ¿qué otra verdad
puede haber sino la muerte?

- Ay, amiga, quien la busca
es normal que se lamente...

- Yo no sé qué es la Verdad,
pero sé que tú no mientes...

- Pues si sabes que no miento,
será tuya eternamente...

- Siempre que tú estés conmigo...
- Siempre que jamás me dejes.

Jesús María Bustelo Acevedo

3-Fermín Salvochea



EL POBRE Y EL RICO

Un pasajero que de orgullo henchido
navegaba en primera,
con desprecio miraba al desvalido
viajero de tercera.
"Al que hable de igualdad -decía el primero-
considero insensato.
¿Cómo ha de ser cual yo, quien sin dinero
se encuentra y sin zapatos?"
Y entre tanto en el pecho del segundo
el odio se despierta,
al ver que en contra suya todo el mundo
parece se concierta.
Mas pronto la comedia cruel y fría
tornárase en tragedia
al no surgir brillante un nuevo día
del mismo mal que asedia.
Un choque atroz, terrible y formidable
la catástrofe anuncia
y de la muerte el fallo inapelable
en alta voz denuncia.
Entonces de las clases los extremos
sin mirar diferencia,
con ardor se dirigen a los remos
y se unen sin violencia.
El peligro común de los mortales
la vanidad ahuyenta
y hace se reconozcan como iguales
entrando en la ancha senda.
La vida del error no es más que un día,
aunque parezca larga;
la verdad solamente da alegría
y nunca es una carga.

Fermín Salvochea

67-Arístides Pongilioni



DEDICATORIA

Yo escucho en el espacio torrentes de armonía;
naturaleza me habla con su gigante voz;
aliéntame potente y agita el alma mía
el celestial impulso que nos acerca a Dios.

No hay en los vagos vientos murmullo ni gemido,
ni acentos pavorosos en el hinchado mar,
no hay trinos de las aves, ni misterioso ruido
de arroyo entre las piedras quebrando su cristal;

No tiene el firmamento matices ni colores,
ni sombra el bosque umbrío, ni las estrellas luz,
ni aroma fugitivo las matizadas flores,
ni las lejanas cumbres resplandeciente azul:

No vibra en torno mío, no vaga en el ambiente
perfume, luz, colores, ni sombra ni rumor,
que no eleve a otro espacio mi enardecida mente,
que no abrase mi alma con fuego creador.

Tal vez, cuando, agitado del numen que me inspira,
mi pensamiento en himnos pretendo derramar,
exhala sones flébiles mi descorde lira,
y pobre, humilde y triste se arrastra mi cantar.

¿Mas qué importa? Yo siento que su divina esencia
el alma poesía dentro mi ser vertió:
si pobre es y sin galas la torpe inteligencia,
¿sera menos poeta por eso el corazón?

¿Ese inefable encanto, las vagas sensaciones
que al contemplar el mundo, me inundan en tropel,
no son tal vez poesía, no son emanaciones
de espíritu divino que agítase en mi ser?

¡Oh madre! ¡cuántas veces, en el pesar sumido,
el soplo de aura leve mis ojos enjugó!
¿Por qué al son de sus alas prestaba atento oído?...
No sé: -vagaba en ella consoladora voz.

Inmóvil, escuchando rugir el oceano,
mi vista al firmamento se eleva con afán.
¿Qué busca tras el velo sutil del aire vano?
¡No sé: -las roncas olas me nombran a Jehová!

¡Ah! la creación entera, con mágica armonía
me habló, y, desde la cuna, yo comprendí su voz,
y germinó en mi pecho la flor de la poesía,
de tu cariño, madre, al celestial calor.

Él dio a mi pensamiento su plácida ternura,
las alas de mi espíritu al cielo encaminó:
de Dios me hablabas, madre, y, a tu enseñanza pura,
tan armonioso nombre mi boca murmuró.

Un aura de cariño mi frente acariciaba
y ensueños deliciosos en ella hacía brotar;
si en pos de idea indecisa mi espíritu vagaba,
sentía a su lado, madre, tu espíritu flotar.

Y así mi mente alzaba por el espacio el vuelo,
y sus primeros sones mi lira moduló;
si de entusiasmo en alas me desprendía del suelo,
el cielo era mi norte, mi inspiración tu amor.

¡Ah! ¡si me fuera dado poblar de ecos sonoros
el aura que tu frente se acerca a acariciar,
pagando en armonías los célicos tesoros
de amor, que en mí vertiera tu seno maternal!

Si al soberano aliento que llena el pecho mío
las cuerdas de mi lira pudieran responder,
mis cánticos se alzaran, con noble poderío,
y el mundo dominando vivieran lo que él.

Jamás los igualaran murmuradora fuente,
ni céfiro ligero, ni amante ruiseñor,
y altivos dominaran el trueno del torrente,
del ponto los rugidos, la voz del aquilón.

¡Y cuando las naciones, mis cánticos premiando,
corona de poeta ciñeran a mi sien,
con qué orgullo tan noble, sus hojas arrancando,
cubriera tu camino de triunfador laurel!

¡Delirios! ¡Sueños vanos! Sin galas, sin aliño,
con estas tristes flores un ramo entretejí;
mas, ¿si lo ofrezco en prenda de mi filial cariño,
no es cierto, dí, que tienen gran precio para ti?

Extiende con orgullo sus ramas altanero
el árbol, si de flores cubiertas ya las ve,
y, al agitarse al soplo del céfiro ligero,
las ramas por alfombra las tienden a su pie.

Arístides Pongilioni

243-Ramón Díaz Gómez



VERSO

Se me pide que haga un verso
y yo versos no sé hacer...
Si no lo hago, ¿qué hago?
Y si lo hago, ¡qué haré!

¡Bendito Dios!, ¿cómo salgo
de tan mortífera prueba?,
yo que ni versos ni besos
jamás escribí ni diera.

Pero, en fin, algo hay que hacer,
vamos a ver si lo intento:

Entre pétalos de rosas
y perfumes de mujer...
¡Si no sabes hacer prosa,
cómo versos vas a hacer!

Mas, ¿por qué razón pregunto
si tal empresa me embarga?,
si el no saber no es delito
ni por ello incurro en falta;
¡más vale falta de un verso
que un verso con muchas faltas!

Ramón Díaz Gómez

269-María Hore Gertrudis Ley



ANACREÓNTICA

¿Hasta cuándo, Gerarda,
tu peregrino intento
en frívolos asuntos
malgastará conceptos?

¿ Hasta cuándo has de darles,
infelice, fomento
a tus locas pasiones
con amorosos versos?

Esas luces tan claras
que te concedió el Cielo,
no le causen enojos,
sí tribútenle inciensos.

Yo también algún día
templaba el instrumento,
creyéndole sonoro
cuanto más descompuesto.

Yo también invocaba
al que llaman dios ciego,
e hice, ¡rara locura!,
me prohijara Febo.

Yo lloré ingratitudes,
yo celebraba afectos,
empleando en delirios
la dulzura del metro.

Pero, ya arrepentida
de tan frivolo empleo,
sólo a dignos asuntos
dedicarle pretendo.

Tú, amada compañera,
sigue también mi ejemplo,
no aguardes que algún día
lo exija el escarmiento.

Emprenda, emprenda mucho,
elévese tu ingenio,
remóntese tu numen,
no aletee rastrero.

No tejas más laureles
a ese contrario sexo,
que sólo en nuestra ruina
fabrica sus trofeos.

María Gertrudis Hore Ley

336-Adolfo Vila Valencia



ESTRAMBOTE

Yo no soy el poeta de los versos de oro,
ni de plata siquiera, y, acaso, ni de cobre.
Yo no soy el poeta que en su torno le sobre
esa turba de ecos que le ensalcen a coro.

En mi cítara humilde nunca tuve un tesoro,
y he de morir lo mismo que nací: triste y pobre;
no he esperado, ni espero, que mi cítara obre
el milagro de hacerse un nuevo Artemidoro.

Yo no soy, lo repito, el poeta de alturas;
son mis versos peldaños de misérrima arcilla,
y al pisarlos se hunden, sin lograr la ascensión...

Yo soy sólo un poeta con sinfín de amarguras,
que en su vida sin lauros, en penumbra, sencilla,
consumió como llama su tenue inspiración.

Adolfo Vila Valencia

479-Carlos Fernández Shaw



LA ESTROFA INMORTAL

Como quien vuelve a la febril lectura
de una estrofa de amor interrumpida,
así vuelvo a las horas de mi vida
que llenó de quimeras tu hermosura.

¡Oh cuán gentil resurge tu figura,
de blanco traje, virginal, vestida;
rubio el cabello, la cabeza erguida,
claros los ojos y la frente pura!

El Azar te devuelve a mi camino,
hoy que de amores y de azares huyo,
víctima negra de infeliz destino.

Y ante el Azar, que de mi amor se mofa,
mi corazón... que dicen que no es tuyo...
¡sigue cantando la inmortal estrofa!

Carlos Fernández Shaw

601-Francisco Iturrondo



LA AUSENCIA

¿Y nunca dejaréis la margen bella
del límpido Almendar, donde orgullosa
la ceiba su vellón tremola airosa,
y el cocotero altísimo descuella?

¿Nunca en su arena vuestra noble huella
del Yurumí verá la ninfa hermosa,
ni en su plácida sombra deliciosa
de la tórtola oiréis la fiel querella?

En vano os pide mi amistad ardiente
al monte, al prado, a la espesura, al río
dulces asilos de placer y calma.

Que la Náyade frena su corriente,
y sólo escucho entre el ramaje umbrío
los profundos suspiros de la palma.

Francisco Iturrondo

630-José Ulloa Navarro



COPLA

Una mujer fue la causa
de mi perdición primera;
no hay ningún mal de los hombres
que de mujeres no venga.

José Ulloa Navarro

667-Ángel María Dacarrete Hernández



A TI

Triste, en la noche solitaria y fría
entre sueños te llamo;
triste, al brillar el trabajoso día
te digo que te amo.

Tu seno implora mi abrasada frente
que abaten los enojos;
por ti preguntan con afán doliente
a cuanto ven mis ojos.

Tiendo los brazos al vapor liviano
de la niebla ligera,
y busco entre las sombras con mi mano
tu undosa cabellera.

¿Dónde estás? ¡Ven a mí! ¡Que otra vez suene
tu palabra en mi oído!
¡Que este vacío de mi pecho llene
de tu pecho el latido!

¡De tu mirada con la luz tranquila
serena mi alma loca,
y el llanto que en mis párpados oscila
enjuga con tu boca!

Ángel María Dacarrete Hernández

670-Juan Nicolás Böhl de Faber



RIMAS SACRAS

Señora, estrella luciente,
que a todos los hombres guía,
guía a este tu sirviente
que su alma en ti confía.

A canela bien oliente
Señora, eres comparada,
de la mirra del Oriente
has loor muy señalada:
a ti da clamor la gente
en sus cuitas todavía,
quien por pecador se siente
llama a Santa María.

Al cedro que está en la altura
te comparó Salomón,
y la Iglesia tu hermosura
al ciprés del monte Sión:
palma fresca en verdura
hermosa y de gran valía,
y oliva la escritura
te llama, Señora mía.

De la mar eres estrella,
del cielo puerta lumbrosa,
después del parto doncella
de Dios, hija,madre, esposa;
tú amansaste la querella
que por Eva nos venía,
y el mal que nos hizo ella
por ti tuvo mejoría.

Juan Nicolás Böhl de Faber

739-José de Vargas Ponce



OCTAVA

Mas, ¿quién el guapo que a contar se atreve
sus gracias todas? Con menor faena
dirá las gotas que un invierno llueve
y del cerúleo mar la rubia arena.
Confieso, porque el diablo no me lleve,
que es un ángel mujer que sale buena.
¡Así el cielo de allá me la enviara
de veinte abriles y donosa cara!

José de Vargas Ponce

741-Pedro Muñoz Seca



SONETO

Es tan bella y sin par la Virgen mía,
que el Cielo es bello por formar su ambiente
bellos los astros, por orlar su frente
con mil limbos de lúcida alegría.

Bella la esplendidez del claro día,
por ser ella su aurora sonrïente.
Sublime el mar estático y cadente,
por ser de su grandeza alegoría.

Es hechicera la fragante rosa
por tener de su tez el colorido.
Y es, en fin, tan divina, tan hermosa,

que en mi loco pensar siempre he creído
que el hombre Dios aún más hermoso ha sido
por nacer de una madre tan preciosa.

Pedro Muñoz Seca


ASUNCIÓN

No quiero engañar a usté,
es tan chiquita Asunción
que cuando estamos de pie
me llega hasta el corazón.
Y a mí me gusta la mar
el defecto que usted alega,
pues nadie podrá dudar
que es una mujer que llega
a donde debe llegar.

Pedro Muñoz Seca

747-José Velarde Yusti



LA PRIMAVERA

Saliendo de su lánguido desmayo,
Naturaleza toda resucita
al fecundo calor del sol de Mayo.
Las entrañas benéficas visita
de la madre común vívido rayo,
y las semillas que ateridas duermen
hinchadas rompen su corteza dura,
y se hace planta el germen,
y brota, y crece, y cubre la cañada
de una mullida alfombra de verdura
de arabescos de flores recamada.

Todo obedece al mágico conjuro:
El vendaval se trueca en blanda brisa;
vestido el cielo de su azul más puro
se mira absorto en el cristal del río,
y en el alba a la flor con su sonrisa
le manda una diadema de rocío;
la yema se hace pámpana frondosa,
rojo y dorado tul la densa bruma,
la oscura larva blanca mariposa,
la nieve arroyo, el arroyuelo espuma,
el brote tallo y el capullo rosa;
entona al anidar su cantinela
el avecilla que de amor se abrasa;
el insecto parece flor que vuela
agitando unos pétalos de gasa;
Naturaleza toda canta en coro,
y arrastra el aire en sus revueltos giros
aromas y suspiros,
y cascada de luz en ondas de oro.

José Velarde Yusti

763-Javier de Burgos y Sarragoiti



VIRGEN DE LOS MILAGROS

Virgen de los Milagros, Señora de este Puerto,
para todas las nobles singladuras abierto.
Puerto que goza todos mis respetos de hombre,
entre otros mil motivos porque lleva tu Nombre:
deja que a tus pies, Madre, llegue, y mi mano diestra
este canto de eleve de mi fervor en muestra.
Solo una cosa, ¡oh, Madre!, me acongoja al cantarte:
no es mi sombra de audacia, ni mi falta de arte.
No es que por ser yo hijo de la vieja Castilla,
en cuya burda estética son parcos los vergeles,
no pueda yo llevarte, Divina Maravilla,
para alfombrar tus plantas, manojos de claveles.
No es que me sienta extraño en esta ciudad bella
ya que mis ascendientes vieron la luz en ella.
Es, ¡ay!, que la pureza de los santos me falta.
Mi vivir es humilde, y es tu Vida tan alta,
que temo que las cumbres de tu celeste Rango
manchen, sin yo quererlo, los limos de mi fango.
¡Ay quien, para probarte tu férvido cariño,
tuviese, Madre mía, la candidez de un niño,
esa inocencia angélica, que es caricia y es vuelo!
Yo, para hacer el canto de tu Vida en el Cielo,
si ese candor tuviese, mi pluma mojaría
en las pálidas tintas del despuntar del día.
Y cuando terminase la aurora primorosa,
seguiría mojando mi pluma en una rosa.
Y si rosas no hallara, por mi mala fortuna,
en los cándidos rayos de la luz de la Luna;
y en las hojas de púrpura de la encendida Puesta;
y en la brisa que pasa, meciendo la floresta;
y en el mar de tu Puerto que remansa su brío,
tras de rizar las linfas cristalinas del río.
En todas las Purezas que en la Tierra encontrara
mi pluma mojaría para ensalzar tu cara;
tu cara pura y bella, como no hay otra alguna,
que envidian brisa, y rosa, y aurora, y puesta, y Luna.
Mas como soy un hombre y el pecado me ronda
sólo puedo ofrendarte mi devoción más honda,
mi devoción humilde, mi devoción tranquila.
¡Dame la Paz, oh Madre, que reina en tus pupilas!
¡Piensa que no eres sólo Faro de esa ribera!;
¡que eres sol, faro y guía de la Nación entera!
¡Mira, pues, por mi Patria, cólmala de mercedes!
Piensa que a todas horas su fervor te acompaña;
del piélago del odio levántala en tus redes;
y Tú, que haces Milagros, Tú que todo lo puedes...
¡pídele a tu Hijo amado la ventura de España!

Javier de Burgos y Sarragoiti

775-Diego José de Cádiz



AYER, HOY, MAÑANA

¿Qué tengo, pobre de mí,
hoy de haber vivido ayer?
Sólo tengo el no tener
las horas que ayer perdí:
lo que hoy de ayer discurrí
diré mañana, si soy:
pero tan incierto estoy
de que mañana seré,
que quizás no lo diré
por haberme muerto hoy.

Si hoy me hubiera de morir,
como puede suceder,
mañana el hoy será ayer
en que acabe de vivir:
pues si esto llego a sentir
infaliblemente cierto,
¿cómo peco cuando advierto
mi vivir tan fugitivo,
que mañana, el hoy de un vivo,
puede ser ayer de un muerto?

Si en pecado ayer muriera,
me hubiera ayer condenado,
y de tan terrible estado
hoy librarme no pudiera:
que hoy en mi pecado muera
ya que ayer no sucedió,
puede ser; pues ¿cómo yo
no lloro mis culpas tierno,
si hoy me libro del infierno,
y quizás mañana no?

El hoy, ayer y mañana
son del tiempo la medida,
y la trama de esta vida
falsa, engañosa y liviana.
Pasó ayer cual sombra vana;
hoy pasa rápidamente;
mañana, incierto y ausente,
ignoro si lo tendré:
¡Oh!, ¡qué insensato seré
si no aprovecho el presente!

Diego José de Cádiz

825-Cayetano Fernández



EL ESQUILÓN Y EL GATO

Un esquilón muy ladino
asomado a su tronera,
con limpio acento argentino,
llamaba al culto divino
al pueblo de esta manera:

"¡Parroquiano,
mal cristiano!,
ven a misa,
pues te avisa
que ya es hora
mi sonora
voz de serafín:
tin, tin, tin.

"¿No te pasma
y entusiasma
mi desvelo
y ese celo
con que llamo
cual reclamo,
del empírico confín?
Tin, tin, tin".

Oyó el sonsonete un gato
(el rubio Marramaquí)
desde el tejado inmediato,
y sin pizca de recato,
hubo de argüirle así:

"¡Linda pieza!
¿No es rareza
que con tanto
son de santo,
nunca al templo
dando ejemplo,
descendió tu beatitud?
Miau, miau.

"Así digo
que conmigo,
tu palabra
poco labra,
pues no tiene
lo que viene
a dar paso a la virtud.
Miau, miau."

Quien las virtudes predique
sin dar a la vez ejemplo,
que no muy alto repique,
no sea que se le aplique
lo que al esquilón del templo.

Cayetano Fernández