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Laudato Si



DE LA HERMANA Y MADRE TIERRA

Esta hermana que tenemos

como madre cada año
nos reclama por el daño
que el mal provecho le hacemos
cuando el pecado en extremo
explota el bien esencial
con ambición desleal
desperdiciando recursos
sin respetar el transcurso
de renovación vital.

No pensar en los demás,

qué indiferente querella,
son todos hijos de ella,
hermanos todos, y aún más:
hijos de un Padre veraz
que tanto en ella dispuso
para todos en buen uso
con ecuánime reparto,
no estos dolores de parto
que ella sufre por abusos.

Laudato Si 

Alonso de Ledesma



DÉCIMA

La naturaleza humana,
según en sus hijos veo,
parió en gigante al deseo,
y a la posesión enana.

Mas la Gloria soberana
está de su ser distante
al gusto más importante,
porque el Cielo que deseo,
imaginado, es Pigmeo,
y poseído, Gigante.

Alonso de Ledesma

1-Jesús de Nazaret



DÉCIMA

Todo aquel que tenga sed,
que venga y beba de mí;
y si no lo veis así,
sólo os digo: creed.
Cuanto yo tengo, merced
a la bondad del Señor,
es también del pecador
que abraza cuando me ve
con sincera y llana fe
este credo redentor.

Jesús de Nazaret

56-Luis Carrillo de Sotomayor



COLORES

Deja colores del suelo
para dibujar su frente
y tome el pincel valiente
lo más sereno del cielo;
tu cuidado y tu desvelo
de la vía láctea, breve
parte tome, si se atreve,
y saldrá desta mixtura
serenidad y blancura
de cielo claro y de nieve.

Luis Carrillo de Sotomayor

58-Manuel Martínez de Navarrete



A UNOS OJOS

Cuando mis ojos miraron
de tu cielo los dos soles,
vieron tales arreboles
que sin vista se quedaron.
Mas por ciegos no dejaron
de seguir por sus destellos,
por lo que duélete de ellos,
que aunque te causen enojos,
son girasoles mis ojos
de tus ojos soles bellos.

Manuel Martínez de Navarrete

225-Pedro Calderón de la Barca



DÉCIMA

Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
"Habrá otro", entre sí decía,
"más pobre y triste que yo?"
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

Pedro Calderón de la Barca

455-Juan Cristóbal Nápoles Fajardo



LA PRIMAVERA

Ya vino la primavera
sobre nuestros campos bellos
y el sol fulgurante en ellos
fuertemente reverbera.
En la selva y la pradera,
cantan ya los ruiseñores,
los zorzales trinadores
alzan alegres el vuelo,
y ya se entapiza el suelo
de hierbas, plantas y flores.

Susurran los platanales
al pausado son del viento,
y con blando movimiento
se oyen murmurar los mares.
Ostentan ya los palmares
verde pompa de esmeralda,
y del cerro allá en la falda,
para mayor hermosura,
el limpio arroyo murmura
y el sol las peñas escalda.

Nubes de varios colores
de tarde en el firmamento,
vagan a merced del viento
formando dulces rumores.
Los humildes labradores
siembran las tierras que abonan,
sus cosechas amontonan,
gozan de dúlcidas calmas,
ya las sombras de las palmas
alegres trovas entonan.

Las guajiritas hermosas
tan sencillas como ufanas,
corren por esas sabanas
detrás de las mariposas.
De las flores más hermosas
contemplas los ramos bellos,
y mientras juegan con ellos
y hacen preciosas guirnaldas,
en sus trigueñas espaldas
lucen sus negros cabellos.

Ya sonríen nuestros prados,
florece el guao en las costas
y en las veredas angostas
rebraman ya los ganados.
Ya los montes escarpados
verdes y bellos se ven,
el cauto undoso también
un grato murmullo forma,
y mi Cuba se transforma
en un delicioso Edén.

Frutos ostentan las jaguas,
los atejes y mameyes,
reverdecen los jagüeyes
y óyense crujir las yaguas.
Fuertes y copiosas aguas
fertilizan los terrenos.
Cristalinos y serenos
están ya los lagunatos,
y de noche algunos ratos
se escuchan lejanos truenos.

Todo seduce y encanta
bajo nuestro sol ardiente,
Cuba hermosa y esplendente
su regia frente levanta.
Vegeta la estéril planta
de la sabana en la orilla,
la pura atmósfera brilla,
pare el corojo en las sierras,
brotan flores de las tierras
de nuestra feraz Antilla.

Ya vendrán las noches bellas
en que después de un aguaje
no empañe ningún celaje
el fulgor de las estrellas.
Se escucharán las querellas
de las aves nocturnales,
crujirán los colosales
árboles del bosque umbrío,
y oiremos crecido el río
sonar en los pedregales.

También vendrán las mañanas
en que la neblina densa,
extienda su capa inmensa
sobre las verdes sabanas.
Las ceibas americanas
se alzarán sobre los montes,
los melodiosos sisontes
cantarán acá y allá
y el sol iluminará
los cubanos horizontes.

Yo recorreré cantando
los terrenos que poseo,
y de mi tiple el punteo
será delicioso y blando.
Subiré de vez en cuando
a la elevada colina,
y la flor más peregrina
sabré coger diligente,
para engalanar la frente
de mi adorada Rufina.

¡Oh deliciosa estación!
¡Época de dulce encanto!
Yo te bendigo y te canto
de mi dura lira al son.
Gratísima inspiración
siento bullir en mi mente,
al cielo elevo la frente,
tus mil bellezas admiro,
y me gozo cuando aspiro
tu fresco vernal ambiente.

Juan Cristóbal Nápoles Fajardo

509-Bernardo López García



DOS DE MAYO

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron…
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona…!

Do quiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África , que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!…

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantosa esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque indómitos y fieros,
saben hacer tus vasallo,
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros…

Y aun hubo en la tierra un hombre,
que osó profanar tu manto…
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!…
Sin que el recuerdo me asombre
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que en su delirio profundo
captando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!…

La virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmado está
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!…”

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!…

Mártires de la lealtad
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad…
en la tumba descansad,
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.


EL PAN EUCARÍSTICO

Tú nos diste la luz, nos diste el viento,
la cumbre secular, y el océano;
con tu gigante y poderosa mano,
hiciste al mundo del mortal asiento.

Tú nos diste el amor y el sentimiento
y el genio de las artes soberano;
tú bajaste a la tierra, como hermano
de a criatura que te alzó el tormento.

Tú diste al hombre del saber la palma;
la fe que alumbra; la razón que advierte;
la religión que los pesares calma;

¡y grande, santo, generoso y fuerte,
te diste Tú, como manjar del alma,
al mundo infame que te dio la muerte.

Bernardo López García

527-Antonio de Solís y Rivadeneira



A LA MUERTE DE MONTALVÁN

Joven, de la parca atroz
el golpe airado y violento
pudo extinguirte el aliento,
mas no usurparte la voz;
que de la fama veloz
el bronce la ha repetido,
y halla en el bronce el oído,
cuando a los vientos la fía,
no sé qué dulce armonía
que dura más que el sonido.

Antonio de Solís y Rivadeneira

538-Alfonso E. Ollero



DÉCIMA

-¡Válgame Dios!- con razón
dijo al Viento la Veleta -,
¿querrás dejarme estar quieta
en alguna posición?
Ora miro al septentrión...
Al sur hoy, si al norte ayer...
-Así place a mi poder -,
repuso el Viento ya dicho.

Quien obedece al capricho
víctima suya ha de ser.

Alfonso E. Ollero

634-Rebeca Correa


 
DÉCIMAS

No sólo un vital aliento
te exalta, sublima y dora;
divino influjo mejora
tu cándido entendimiento.
Con el alto lucimiento
de tu ingenio superior
das al Pindo más verdor,
cualquiera musa es más bella,
cada renglón una estrella,
y cada letra una flor.

Sale, con gracias difusas,
de tu método profundo,
al gran teatro del mundo
todo el Coro de las Musas.
Por las líneas que andar usas,
igualándose a ti sólo,
vuelas al ursario polo
desde el hispánico nido,
entre las Gracias, Cupido,
y entre las Musas, Apolo.

Rebeca Correa

636-Ana Francisca Abarca de Bolea y Mur



DÉCIMA A UN JAZMÍN

Estrella entre verdes hojas
naciste radiante y bella,
errante en tu misma estrella
pues te ocasiona congojas.
De los alientos que arrojas
por ese candor nevado,
a presumir he llegado
que hurtó tu mano sutil
si la blancura al marfil
la fragancia a todo el prado.

Ana Francisca Abarca de Bolea y Mur

715-Félix Fernández de Veranés



DÉCIMA

Aunque es varia la fortuna
que goza en la tierra el hombre,
sólo es diversa en el nombre,
pero en la sustancia una:
desnudo viene a la cuna,
y aún en este humilde ensayo
lleva de su fin el fallo
aprendiendo de esta suerte
que en la cuna y en la muerte
es uno el Rey y el Vasallo.

Félix Fernández de Veranés

716-Miguel González



DÉCIMA

Aunque de dobles prisiones
quiera cargarme la envidia,
no podrá su fiera lidia
oscurecer mis acciones.
Aumente sus sinrazones,
dé pábulo a la malicia,
que yo tengo la delicia,
como al mundo le es patente,
de haber obrado fielmente
con equidad y justicia.

Miguel González

717-Agustín Fernández Arsila



DÉCIMAS

Esta pálida señal,
que miras, caduca, inerte,
con tantas sombras de muerte,
habla contigo, mortal:
mira la suerte fatal
a que me hallo reducido,
y si en esto ha consistido
lo que en el hombre hay de cierto,
cumplí con haberme muerto
la deuda de haber nacido.

Yo ahora, triste esqueleto,
sin aliento y sin sentido,
a la nada reducido
por soberano decreto:
en la tierra estoy sujeto,
ya de todos olvidado,
pero aunque tú hayas logrado
el vivir un poco más,
igual conmigo serás
en estado sepultado.

No me mires con horror
en tan extraña figura,
que tú y yo somos hechura
de un eterno Criador:
preciso en que tu vigor
moderes por mi tamaño,
y no siendo nada extraño,
que tu orgullo lo resista,
me presento hoy a tu vista
para vuestro desengaño.

Con atención mirarás
lo que estos huesos ostentan,
que en el mundo se presentan
sólo miserias no más:
quita a la vista el disfraz
con que te hallas aturdido,
y viendo que no es fingido
de mi figura el cotejo,
mirándote en este espejo,
¿qué te importa haber nacido?

La vida del hombre es nada,
es humo, que lleva el viento,
es sombra, que en un momento
nace, cuando está acabada:
de delicias inundada
fue la que yo me propuse,
y pues ya nada reluce,
repase vuestra memoria,
cual es del Mundo la gloria,
pues a esto se reduce.

Adán inmortalizado
debió vivir, es muy cierto,
y fue preciso haber muerto
por la pena del pecado;
todos en su triste hado
hemos de tener tal suerte,
pero al mismo tiempo advierte,
en este pálido horror,
como el pecado en rigor,
es la verdadera muerte.

Murió nuestro Redentor
en la cruz crucificado
para extinguir el pecado
y salvar al pecador:
si no demostró su amor
haciéndote tan feliz,
curándote de raíz
para que así consideres,
el que si tu alma perdieres
serás el más infeliz.

De vuestra atención espero
si cabe atención en ti,
el que te acuerdes de mí,
sin sondear mi paradero:
no atiendas a mi horror fiero,
ni hagas juicios imprudente,
advirtiendo, diligente,
que el lugar que me ha tocado
o feliz o desgraciado
lo habitaré eternamente.

Agustín Fernández Arsila

718-Juan Miguel Castro Palomino



DÉCIMA

Sellando vuestros arrojos,
ojos, si a Dios os volvéis
con su gracia lograréis
ser las niñas de sus ojos;
no os abandonéis por flojos
ni la empresa os acobarde;
haced de vuestra fe alarde,
dad a Dios honor y gloria
y acabará vuestra historia
felizmente, Dios os guarde.

Juan Miguel Castro Palomino

775-Diego José de Cádiz



AYER, HOY, MAÑANA

¿Qué tengo, pobre de mí,
hoy de haber vivido ayer?
Sólo tengo el no tener
las horas que ayer perdí:
lo que hoy de ayer discurrí
diré mañana, si soy:
pero tan incierto estoy
de que mañana seré,
que quizás no lo diré
por haberme muerto hoy.

Si hoy me hubiera de morir,
como puede suceder,
mañana el hoy será ayer
en que acabe de vivir:
pues si esto llego a sentir
infaliblemente cierto,
¿cómo peco cuando advierto
mi vivir tan fugitivo,
que mañana, el hoy de un vivo,
puede ser ayer de un muerto?

Si en pecado ayer muriera,
me hubiera ayer condenado,
y de tan terrible estado
hoy librarme no pudiera:
que hoy en mi pecado muera
ya que ayer no sucedió,
puede ser; pues ¿cómo yo
no lloro mis culpas tierno,
si hoy me libro del infierno,
y quizás mañana no?

El hoy, ayer y mañana
son del tiempo la medida,
y la trama de esta vida
falsa, engañosa y liviana.
Pasó ayer cual sombra vana;
hoy pasa rápidamente;
mañana, incierto y ausente,
ignoro si lo tendré:
¡Oh!, ¡qué insensato seré
si no aprovecho el presente!

Diego José de Cádiz

855-Tirso de Molina



AMOR

¿Cómo, amor, te llaman ciego,
si te engendras de mirar?
¿Por qué tiemblas al hablar
si te dan nombre de fuego?
¿Por qué quitas el sosiego
si el mundo paz te ha llamado?
¿Cómo eres Rey sin Estado?
¿Cómo dios y estás desnudo?
¿Cómo elocuente, si mudo?
¿Cómo cobarde, si osado?

Tirso de Molina


AMOR

Amor, hoy como astuto me aconsejas
que a pesar de tus celos y favores,
cogiendo de tus gustos verdes flores,
labre la miel que en mi esperanza dejas.

Yo sé que los amantes son abejas,
que en el jardín que aumentan sus amores
labran panales dulces, sin temores
no mezclan el acíbar de sus quejas.

Abeja, soy, amor; dame palabra
de darme miel sabrosa de consuelos,
que la esperanza entre sus flores labra.

No sequen mi ventura tus desvelos;
que si es abeja amor, y el panal labra,
los zánganos la comen, que son celos.

Tirso de Molina

865-Abu al Cassim ebn Tabataba



A LA MODERACIÓN EN NUESTROS PLACERES

Está en gozar el placer,
mas la precipitación
de la ardorosa pasión
suele el bien en mal volver,
pues en todo debe haber
orden, medida y asiento.
El aceite, que alimento
de a la llama, si arrojado
es con golpe inmoderado
la sofoca en un momento.

Abu al Cassim ebn Tabataba