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64-Concepción Estevarena



HOJAS Y SERES

Hojas que brotan en la misma rama,
si unas el viento logra arrebatar
y otras se quedan a la rama unidas,
¿a verse volverán?

Seres unidos por amantes lazos,
si los viene la muerte a separar
y unos se van mientras los otros quedan
¿a verse volverán?

Concepción Estevarena


GRANDE Y SABIO

Alcé los ojos: tu mirada, entonces,
brilló intensa en mis lágrimas,
como un rayo de sol que ardiente cae
sobre trémulas aguas.

Te dejé de mirar, por parecerme
que te causaba pena,
aunque yo, contemplándola, sentía
satisfacción secreta.

Volví a mirarte cuando ya a mis labios
atrajo una sonrisa:
llorando estabas tú, pero tus lágrimas
eran lágrimas mías.

Grande es tu corazón, porque consuela
con el triste sufriendo:
tu corazón es sabio porque sabe
llorar males ajenos.

Concepción Estevarena

145-Walt Whitman




TU MIRADA

Mirándome a los ojos, sumergiste
todo tu ser en mi interior; perplejo,
de tu mirada viendo en el espejo,
me quedé al contemplar a aquel que viste:

El poeta de piedra al que pediste
cariño, o cuanto menos un bosquejo,
el mismo que te aparta en un consejo
pero cuando te vas se pone triste.

Mirándome, brotó la maravilla
de esa perla avanzando en tu mejilla
que era el grito callado del dolor.

Mas tocado por ver cuánto sufrías,
y anhelando llenarte de alegrías,
te dije que te amaba sin rubor.

Walt Whitman

676-Ignacio María de Acosta y Guerra



LA SONRISA

Esa sonrisa hermosa
que entre tus labios juega
como el ligero soplo
del aura en la flor bella,
aquí, en el alma causa
una impresión secreta,
que a comprender no alcanza
mi pobre inteligencia.
Me burlan mis amigos,
y Clori la discreta
con sus malignos ojos
también me burla, Iselia,
si mustio, pensativo,
absorto en mis quimeras,
sorpréndenme en la choza
o bien en la pradera.
Ignoran mi secreto
y a mi aflicción extrema
ni aun el consuelo triste
de compasión le queda.
Pregúntanme la causa:
mas, cielos, quién creyera
que es tu sonrisa hermosa,
encantadora Iselia.

Ignacio María de Acosta y Guerra


SONETO

Soñaba yo que por la senda hermosa
de la virtud la humanidad corría,
y el sol de la verdad resplandecía
llenando el orbe de su luz radiosa.

La torpe envidia, la calumnia odiosa
abaten su poder y bastardía;
y a la voz del progreso se veía
la sociedad aparecer dichosa.

Un pueblo sólo es el linaje humano,
triunfa la ilustración, y por su empeño
su templo cierra para siempre Jano...

A tan mágico cuadro y halagüeño,
al arpa de oro le tendí la mano
por cantar tanto bien... ¡mas era un sueño!

Ignacio María de Acosta y Guerra

714-Pedro Nolasco Préndez



A ELISA

Risueña estás, Elisa, y yo admirado
al ver que te sonríes muy sin gana,
sonríes por la tarde y la mañana
y yo siempre sonriendo te he encontrado.

¿Nunca el dolor tu frente ha doblegado?
Al oír una fúnebre campana
¿te has quedado sonriendo muy ufana?
Di la verdad, Elisa. ¿no has llorado?

Tu continuo reír no lo comprendo,
si dices que no sufres nunca, mientes;
el hombre aquí en la tierra está sufriendo.

Déjate de esas risas tan frecuentes
porque muchos quizás están creyendo
que deseas mostrar tu bellos dientes.

Pedro Nolasco Préndez

897-Eduardo de la Barra



EL MAR

Vi un día el mar altivo y arrogante
hinchar su seno, y al rugir del viento
tempestuoso lanzar desde su asiento
altas montañas con poder gigante.

Y lo vi en su furor amenazante
pretender escalar el firmamento
y vi que a refrenar tan vano intento
fue una mirada de su Dios bastante.

Volvió la calma, y sólo bulliciosa
una tras otra olilla rodó aprisa
jugueteando en su falda veleidosa.

Al raudo viento sucedió la brisa,
la crespa ondina a la ola tempestuosa,
¡tal mis dolores calma tu sonrisa!

Eduardo de la Barra