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José María Blanco White



MYSTERIOUS NIGHT

¡Oh noche! cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,
¿no temió que enlutase tu estandarte
el bello alcázar de zafir dorado?

Mas ya el celaje etéreo, blanqueado
del rayo occidental, Héspero parte:
su hueste por los cielos se reparte,
y el hombre nuevos mundos ve admirado.

¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,
oh Sol! ¿quién acertara, cuando ostenta
la brizna más sutil tu luz mentida,

esos orbes sin fin que nos velabas? ...
¡Oh, mortal! y ¿el sepulcro te amedrenta?
Si engañó el Sol, ¿no engañará la vida? 

José María Blanco White (versión de Alberto Lista)

Francisco Caudet Yarza



EL NUEVO DÍA

Mirar un nuevo día
es volver a la vida,
es volver a nacer...
¡es llorar de alegría!
Y si nacemos por amor...
¿por qué no empezar amando
el nuevo día?
El amor, no lo dudes, es optimismo.
Es ese optimismo... ¡que tanto necesitas!
¿Verdad que te hace falta el optimismo?
¡Ahí lo tienes, al levantarte!
Está a tu alrededor...
Es ese que, al asomarte a la ventana,
por la mañana,
te hace comprender que todo...
es hermoso.
¡Y lo es, de veras, a poco que te empeñes!
La luz del sol, el aire, el azul del cielo, las flores,
tus hermanos...
Todo es hermoso.
¡Lo es, de veras, a poco que lo intentes!
Porque en el sol, el aire, el cielo, las flores
y en cada uno de tus hermanos...
está Él,
está Dios.
¿Y digo yo... qué más quieres?
¡Si te lo ha dado todo hecho!
¡Si te ha puesto en el camino!
¡Si te impulsa a correr en pos de la felicidad!
¡Pues corre, sé feliz!
¿Qué más quieres?

Mirar un nuevo día, pues...
es mirar a Dios, es mirarse en Él,
es verlo, es tenerlo...
¿Qué más quieres?
¡Pues corre, sé feliz!

Si así haces,
si así piensas,
si así lo entiendes...
¡sabrás que vivir es hermoso!
Lo que es más todavía....
¡sabrás que eres feliz!

Cuando salgas a la calle
impregnado de amor
y con enormes deseos
de hacer el bien,
de vivir con cristiana intensidad...
¡Verás como la vida misma te corresponde!
¿Cómo...?
¡Devolviéndote multiplicada la felicidad!
Verás como aquel que ayer juzgaste ruin,
no lo es.
Verás como hay amor...
Verás como está Dios...
Y es que para hallarlos, amigo,
basta únicamente con desear encontrarlos.
Deséalo en este amanecer, con toda la fuerza,
¡y verás como los hallas!.
¡y verás como eres feliz!

Si así haces
el optimismo renacerá en ti,
te sentirás diferente, nuevo...
y tendrás tantas ganas de vivir,
tanto hambre de amor y de Dios...
que difícilmente podrás saciarte.

Francisco Caudet Yarza

Hermann Hesse



SERVICIO

Al comienzo reinaron príncipes piadosos 
para consagrar el campo, el grano y el arado, 
el derecho del hombre y la medida 
para la raza mortal que tiene sed
  
de la justicia, por el Invisible
que sol y luna en su girar conserva
y cuya luz eternamente bella
  no conoce del mondo el dolor y la muerte.
  
Hace mucho esta estirpe hija de Dios 
pereció dejando a la humanidad tan sola 
en vértigo de dolor y placer y duda, 
eterno devenir sin pausa ni hermosura.
     
Nunca murió la idea de aquella vida 
y en nuestra decadencia nos compete 
con signos de juego, símbolos y cantos 
seguir guardando norma del respeto santo.

Tal vez un día la tiniebla se pierda,
tal vez un día los tiempos se repitan
y el sol como Dios otra vez nos gobierne
y acepte sobre el ara nuestra ofrenda de amor.

Hermann Hesse

29-Avicebrón


 
SOL DEL OCASO

Fíjate en el sol del ocaso, rojo,
como revestido de un velo de púrpura:
va desvelando los costados del norte y el sur,
mientras cubre de escarlata el poniente;
abandona la tierra desnuda
buscando en la sombra de la noche cobijo;
entonces el cielo se oscurece, como si
se cubriera de luto por la muerte de Yequtiel.

Avicebrón

59-María Monvel



YO ERA LA LUNA

Es que yo era la luna
y es que tú eras el sol.
Cuando resplandecías
blanca brillaba yo.
Me miraban diciendo:
"¡qué dulce resplandor!"
y bajo mis destellos
de clara respiración
se amaban los amantes
con más ardiente amor.

Es que yo era la luna
y es que tú eras el sol.
Las gentes lo ignoraban
y lo ignoraba yo.
¡Yo creía que mío
era todo el fulgor!
Pero un día en el cielo
el sol apagó Dios.
No brilló más la luna
ni nunca más bañó
rostros de amantes pálidos
con pálido fulgor.
Como apagada escoria
en las nubes quedó
y supo ¡oh desencanto!
que no era un resplandor,
sino un reflejo pálido
que le mandaba el sol.

Tú eras el sol, mi vida,
y la luna era yo.

María Monvel

72-Yalal ad-Din Muhammad Rumi



SÉ COMO EL SOL

Sé como el Sol para la Gracia y la Piedad.
Sé como la noche para cubrir defectos ajenos.
Sé como una corriente de agua para la generosidad.
Sé como la muerte para el odio y la ira.
Sé como la Tierra para la modestia.
Aparece tal como eres.
Sé tal como pareces.

Yalal ad-Din Muhammad Rumi


UN MOMENTO DE FELICIDAD

Un momento de Felicidad:
tú y yo sentados en la terraza,
aparentemente dos, pero espiritualmente uno, tú y yo.
Sentimos el agua de la vida fluir aquí,
tú y yo, con el jardín de la belleza
y los pájaros que cantan;
las estrellas nos mirarán
y les mostraremos
lo que significa ser como una luna creciente.
Desprendidos de sí mismos, seremos juntos
indiferentes ante cualquier simple elucubración, tú y yo.
Los loros del Cielo chasquearán azúcar
en tanto juntos reímos, tú y yo.
En una forma sobre esta Tierra
y en otra forma en una dulce tierra atemporal.

Yalal ad-Din Muhammad Rumi


LLAMÉ A LA PUERTA

Llamé a la puerta
de Aquel que abraza el amor.
La abrió y, al verme, empezó a reír.
Me hizo entrar dentro,
y me fundí cual terrón de azúcar
en los brazos de ese Amante,
de ese Hechicero del Mundo.

Yalal ad-Din Muhammad Rumi

87-Restituto del Valle Ruiz



SOL DE ORIENTE

Avanza, oh Sol; de inmensas armonías
himno triunfal la Creación te canta;
hierve la vida y, trémula de amores,
se estremece la tierra como un alma.

Salve, oh Sol; a la luz de tu presencia
su voz el ritmo universal levanta:
Vivir de luz del Cielo... ¡dulce vida!
Amar y amar sin fin... ¡feliz quien ama!

Alma inmortal, de luz y amor sedienta,
¿por qué tú gimes cuando todo canta?
Arriba está la luz, hija del Cielo,
arriba está el amor... ¡Avanza, avanza!

¡Brilla en mi corazón, Sol sin ocasos!
¡Oh, Dios, Luz de la Luz, vida del alma!
¡Oh amor de todo amor! Nace en mi pecho
y romperán en himnos mis entrañas.

Brilla, ¡mi Dios!, que si anochece el mundo
su himno de amor renovará mañana,
mas si anochece el alma y tu hora llega,
no espere, no, cantar la luz del alma.

Restituto del Valle Ruiz

96-Maqrebi



EL SOL DE TU CARA

Cuando el sol de tu cara
se manifestó,
aparecieron los átomos
de los dos mundos.
Cuando ese sol de tu cara
proyectó sombra,
de aquella penumbra apareció
cuanto existe en el universo.
Cada átomo inundado
por el sol de tu rostro,
amaneció brillando
como un nuevo sol.

Maqrebi

160-Arthur Rimbaud



¡LA HEMOS VUELTO A HALLAR!

¡La hemos vuelto a hallar!
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según...

Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.

Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.

¡La hemos vuelto a hallar!
-¿Qué?- -La Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Arthur Rimbaud

185-Osip Mandelstam



LA TRISTEZA INEXPRESIVA

La tristeza inexpresiva
abrió sus dos ojos enormes,
el florero al despertar
del cristal arrojó las flores.

Todo el cuarto se invadió
de una lánguida ,¡dulce medicina!,
este reino tan pequeño
tanto sueño ha devorado.

Un poco de vino rojo,
-otro poco de sol de mayo-
y rompiendo un delgado bizcocho
la blancura de dedos finos.

Osip Mandelstam

633-Gregoria Francisca de la Parra Queinogue



EL PAJARILLO

Celos me da el pajarillo
que remontándose al cielo,
tanto en sí mismo se excede,
que deja burlado el viento.

Enamorado del sol,
sus plumas bate ligero,
y escalando el aire bajo,
toca la región del fuego.

¡Oh, quién imitar pudiera,
juguete hermoso del viento,
de tu natural impulso
el acelerado vuelo!

Mi amor ansioso te sigue
con impacientes afectos,
que es dura prisión del alma
la cárcel triste del cuerpo.

Del Sol más supremo soy
mariposa, en cuyo incendio
deseo abrasarme cuando
sus luces, amante, bebo.

Avecilla soy en jaula,
que al verl del sol los reflejos,
son sus gorjeos endechas,
son sus trinados lamentos.

Envidio tu libertad,
y abrasándome tus celos,
quisiera ser salamandra,
para vivir en el fuego.

Los rayos del Sol Divino
hieren en mi amante pecho,
siendo halago en la prisión
lo que en la prisión tormento.

Vuela feliz, pajarillo,
cuando yo presa me quedo;
y viendo que al cielo subes,
me llevas el alma al cielo.

Por amante, y por cautiva,
dos veces presa, padezco.
¡Oh, quién quebrantar pudiera
de las cadenas el hierro!

¡Quién de aqueste lazo débil
deshiciera el nudo estrecho,
y con más ardiente impulso
te excediera en el empeño!

Ese luminar celeste,
es de tu amor el objeto,
que simplemente te eleva,
negado el conocimiento.

Mas yo, que conozco y amo
sol de mayor hemisferio,
formo de mis ansias plumas,
y de mis suspiros, vuelos.

En lo inmenso de sus luces,
cuanto más miro, me anego,
que en golfos de claridad
se absorve el entendimiento.

Sus lucientes resplandores
me excitan rápido vuelo;
y detiéneme la liga
del vital unido aliento.

¡Oh tú, que con blandas plumas,
giras el vago elemento!
Sube más alto, si puedes,
y serás mi mensajero.

Darás de mis tristes penas
un amoroso recuerdo
a la luz inaccesible
del Sol de Justicia Eterno.

Dile que sus resplandores
me tienen de amor muriendo,
porque a la luz de mi fe
descubro sus rayos bellos.

Que en ellos me engolfo tanto
cuanto en ellos más me ciego;
que es gloria quedar vencida
del imposible a que anhelo.

Dile que de mí se duela,
que rompa el vital aliento,
que desate las prisiones
de tan dilatado tiempo.

Que el mirarle por resquicios
es del amor más tormento,
pues al herirme sus rayos,
más me abrazo, y más me quemo.

Que del todo los descubra,
corriendo el cándido velo,
para que le goce el alma
del todo, y al descubierto.

Pajarillo, si de amor
has gustado los efectos,
lastímate de mis ansias,
duélete de mis tormentos.

Mi libertad solicita
con mi dulce Amante Dueño;
y de tus alas me presta
plumas, que vuelen al centro.

Salga de esta dura cárcel,
de este largo cautiverio,
donde triste gimo, y lloro
mi prolongado destierro.

Donde, advirtiendo tu dicha,
tan infeliz me contemplo
cuanto es mi amor impaciente,
y mas divino mi objeto.

Gregoria Francisca de la Parra Queinogue

710-Isabel de Castro y Andrade



LA ROSA Y EL SOL

Púrpura ostenta, disimula nieve,
entre malezas peregrina rosa,
que mil afectos suspendió frondosa,
que mil donaires ofendió por breve.

Madre de olores a quien ambas debe
lisonjas, no por prenda de la diosa,
mas porque a los aromas deliciosa
lo más sutil de los alientos bebe.

En prevenir al sol tomó licencia:
sintiólo él, que, desde un alto risco,
sol de las flores halla que le incita;

miróla al fin ardiente basilisco,
y, ofendido de tanta competencia,
fulminando veneno la marchita.

Isabel de Castro y Andrade

774-José Eusebio Caro



EL ÚLTIMO INCA

Ya de los blancos el cañón huyendo,
hoy a la falda del Pichincha vine,
como el sol vago, como el sol ardiente.
como el sol libre.

¡Padre Sol, oye!, por el polvo yace
de Manco el trono; profanadas gimen
tus santas aras: yo te ensalzo solo,
solo, mas libre.

¡Padre Sol, oye!, sobre mí la marca
de los esclavos señalar no quise
a las naciones; a matarme vengo,
a morir libre.

Hoy podrás verme desde el mar lejano,
cuando comiences en ocaso a hundirte
sobre la cima del volcán tus himnos
cantando libre.

Mañana solo, cuando ya de nuevo
por el oriente tu corona brille,
tu primer rayo dorará mi tumba,
mi tumba libre.

Sobre ella el cóndor bajará del cielo.
Sobre ella el cóndor que en las cumbres vive
pondrá sus huevos y armará su nido,
ignoto y libre.

José Eusebio Caro

791-Serafín Estébanez Calderón



LA TARDE

¡Qué fresco delicioso
corre por la marina,
y el pecho, al blanco influjo,
con qué placer respira!

Sobre las claras aguas
salta la afable brisa,
y en soplos apacibles
el verde azul agita.

El mar, al fausto beso
en olas mil se riza,
y con leve murmullo
lame la hermosa orilla.

El Sol, ya trasponiendo
por las opuestas cimas,
hiere con tibios rayos
las aguas cristalinas.

La luz se desvanece
en el movible prisma,
y entre hermosos colores
que su perfil matizan,

los africanos montes,
con rosadas neblinas,
en la región del Moro
se roban a mi vista.

La alegre gavïota
allá en los aires gira,
y tras el pez dorado,
veloz, al mar se libra.

Zambúllese, trazando
mil ruedas cristalinas,
que entre insensibles sombras
se apagan cual la vida.

El ave sale ilesa
sobre las tersas linfas,
meciéndose entre espuma
como pomposa isla.

El marinero canta,
remando en su barquilla,
sus sencillos amores,
sus redes y fatigas.

El ave de la noche
en las rocas vecinas
se angustia y se lamenta
con voces doloridas.

Del Norte las tinieblas
a descender principian,
y entre pardos celajes
la Luna se divisa.

En tanto, errante, vaga
mi mente embebecida
tras la imagen incierta
de mi esperada dicha:

¡Dicha infiel e inconstante,
cual del abril los días,
engañosa cual sombra,
cual viento fugitiva!

Serafín Estébanez Calderón

920-Simón Calcaño



LA MUERTE DEL POETA

Canta la patria y el amor, ferviente
culto tributa a la virtud divina;
como el sol los espacios ilumina,
que un rayo de su luz lleva en la mente.

No se dobla ante el déspota insolente
ni el oro vil su corazón domina;
ante el altar de la verdad inclina
ceñida de laurel la noble frente.

Y cuando al fin de la vital jornada
viene la muerte a detenerle el paso
y apaga el numen que agitó al gigante,

baja el Poeta a la postrer morada
como desciende el sol hacia su ocaso
dejando tras de sí rastro brillante.

Simón Calcaño

962-Franciszek Karpinski



A JUSTINA, AÑORANZA DE LA PRIMAVERA

Tantas veces vino el sol
a coronar la mañana.
¿Y con mi luz qué pasó,
que permanece apagada?

Los cereales se yerguen,
las espigas ya se granan,
todo en el campo está verde,
pero de mi trigo... ¡nada!

Canta el roncal en el huerto
y el bosque todo le habla.
Gorjean los pajarillos,
¡y mi pájaro no canta!

Tantas flores dio la tierra
después de mudarla el agua
que se llenó de colores.
¡Sólo es mi flor la que falta!

¡Oh, primavera! ¿Es que es mucho
lo que un labrador reclama?
¡Devuélveme la cosecha,
que la regué con mis lágrimas!

Franciszek Karpinski