Mostrando entradas con la etiqueta ave. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ave. Mostrar todas las entradas

10-Casilda Antón del Olmet



MATERNIDAD

De sus polluelos siempre rodeada,
cuidado infatigable les prodiga;
les cede el trigo y la sabrosa hormiga,
con verlos prosperar recompensada.

Pierde su mansedumbre acostumbrada
si el defenderlos a luchar obliga;
con sus alas de madre los abriga
en los rigores de la madrugada.

Cantando sólo en el alumbramiento,
la gallina demuestra su contento
y en triunfo resonante lo convierte.

Febril e inmóvil no abandona el nido
y de sí misma llegará al olvido
hasta causarle por amor la muerte.

Casilda Antón del Olmet

115-Josefa Estévez de García del Canto



SONETO

Dad jaula de oro al ave aprisionada,
poned en ella flores y verdura,
en limpia y ancha taza linfa pura
y otra de alpiste y cañamón colmada.

Dadle todo esto, sí; mas desdichada
veréis que de su cárcel la hermosura
desprecia, y con afán sólo procura
romper ansiosa su prisión dorada.

De la materia vil en las prisiones
así el alma también vive sujeta
y el mundo con sus dichas e ilusiones

calmar no puede su ansiedad inquieta.
Libre es el ave cuando tiende el vuelo;
la libertad del hombre está en el cielo.

Josefa Estévez de García del Canto

202-Pedro Garfias



EXALTACIÓN

Los trinos de los pájaros
serpentinas azules como arroyos
vuelan de árbol en árbol

         mañana recién brotada

y todas las campanas
corren por los tejados persiguiéndose

Clavada en lo más alto ondea mi esperanza

Pedro Garfias

303-José de Espronceda



RUISEÑOR

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranta y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo süave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.

José de Espronceda

363-Meng Hao-Ren



MAÑANA DE PRIMAVERA

Durmiendo en primavera no se advierte la aurora.
En el lugar dulce se oyen cantos de pájaros.
Llega la noche, hay sonidos de viento y lluvia.
cayeron flores, quién sabe cuántas.

Meng Hao-Ren

367-Yuan Chi



PÁJARO EXTRAÑO

El pájaro extraño hace su residencia en los bosques,
su nombre es "fénix".
Por la mañana bebe del arroyo de miel,
por la noche busca reposo en la colina.
A través del campo suena su nota penetrante,
estirando el cuello, su ojo alcanza
todos los rincones de la tierra.
Ahí va una ráfaga del viento Oeste,
hace que su plumaje se deteriore.
Entonces vuela al oeste, hacia las Montañas K'un-lung,
y ¿quién sabe cuándo regresará?
Ahora un gran lamento se apodera de mi mente.
¡Si sólo tuviese mi hogar en otro lugar!

Yuan Chi

470-Vicente Wenceslao Querol



GOLONDRINA DE OTOÑO

Del norte huyendo las glaciales brumas,
de África busca el prolongado estío,
y rauda pasa, las azules plumas
rozando leve en el cristal del río.

Si atrás pudiera yo, corazón mío,
dejar así el dolor con que me abrumas,
el nido huyendo de mi hogar vacío,
surcara, oh mar, tus pérfidas espumas.

Pero ella ve el turbión que se avecina
y va a otros climas de apacible calma,
porque remonta hasta el cenit su vuelo.

Yo imitaré a esa pobre golondrina
y hallaré la perdida paz del alma
subiendo en alas de la fe hasta el cielo.

Vicente Wenceslao Querol

552-José Santos Chocano



EL SUEÑO DEL CÓNDOR

Al despuntar el estrellado coro,
pósase en una cúspide nevada:
lo envuelve el día en la postrer mirada;
y revienta a sus pies trueno sonoro.

Su blanca gola es imperial decoro;
su ceño varonil, pomo de espada;
sus garfios, siempre actitud airada,
curvos puñales de marfil con oro.

Solitario en la cúspide se siente:
en las pálidas nieblas se confunde;
desvanece el fulgor de su aureola,

y esfumándose entonces lentamente,
se hunde en la noche como el alma se hunde
en la meditación cuando está sola.

José Santos Chocano

614-Gabriel de la Concepción Valdés



LA LUNA DE ENERO

Resuene el pandero,
al monte, a la loma,
vegueros, que asoma
la luna de Enero.

No la estéis buscando
sobre el firmamento,
que viene cual viento
las flores hollando.

Si al ver el salero
de mi guajirilla,
y el rostro hechicero
parece que brilla
la luna de Enero.
Ábrense las flores
aromas vertiendo
¡qué hermosa es riendo!
Miradla, cantores;
y los ruiseñores
con trino parlero
la cercan volando,
como saludando
la luna de Enero.

¿La veis entre galas
como aves sencillas
sobre sus rodillas
sacuden las alas?
Cantando el jilguero
junto a su hermosura
dice el lisonjero:
-No luce tan pura
la luna de Enero.

El céfiro blando
y amorcitos bellos,
rizan sus cabellos
las hebras soltando;
y con grato esmero
salpican su sayo,
porque es mi lucero
la rosa de Mayo,
la luna de Enero.

Gabriel de la Concepción Valdés

633-Gregoria Francisca de la Parra Queinogue



EL PAJARILLO

Celos me da el pajarillo
que remontándose al cielo,
tanto en sí mismo se excede,
que deja burlado el viento.

Enamorado del sol,
sus plumas bate ligero,
y escalando el aire bajo,
toca la región del fuego.

¡Oh, quién imitar pudiera,
juguete hermoso del viento,
de tu natural impulso
el acelerado vuelo!

Mi amor ansioso te sigue
con impacientes afectos,
que es dura prisión del alma
la cárcel triste del cuerpo.

Del Sol más supremo soy
mariposa, en cuyo incendio
deseo abrasarme cuando
sus luces, amante, bebo.

Avecilla soy en jaula,
que al verl del sol los reflejos,
son sus gorjeos endechas,
son sus trinados lamentos.

Envidio tu libertad,
y abrasándome tus celos,
quisiera ser salamandra,
para vivir en el fuego.

Los rayos del Sol Divino
hieren en mi amante pecho,
siendo halago en la prisión
lo que en la prisión tormento.

Vuela feliz, pajarillo,
cuando yo presa me quedo;
y viendo que al cielo subes,
me llevas el alma al cielo.

Por amante, y por cautiva,
dos veces presa, padezco.
¡Oh, quién quebrantar pudiera
de las cadenas el hierro!

¡Quién de aqueste lazo débil
deshiciera el nudo estrecho,
y con más ardiente impulso
te excediera en el empeño!

Ese luminar celeste,
es de tu amor el objeto,
que simplemente te eleva,
negado el conocimiento.

Mas yo, que conozco y amo
sol de mayor hemisferio,
formo de mis ansias plumas,
y de mis suspiros, vuelos.

En lo inmenso de sus luces,
cuanto más miro, me anego,
que en golfos de claridad
se absorve el entendimiento.

Sus lucientes resplandores
me excitan rápido vuelo;
y detiéneme la liga
del vital unido aliento.

¡Oh tú, que con blandas plumas,
giras el vago elemento!
Sube más alto, si puedes,
y serás mi mensajero.

Darás de mis tristes penas
un amoroso recuerdo
a la luz inaccesible
del Sol de Justicia Eterno.

Dile que sus resplandores
me tienen de amor muriendo,
porque a la luz de mi fe
descubro sus rayos bellos.

Que en ellos me engolfo tanto
cuanto en ellos más me ciego;
que es gloria quedar vencida
del imposible a que anhelo.

Dile que de mí se duela,
que rompa el vital aliento,
que desate las prisiones
de tan dilatado tiempo.

Que el mirarle por resquicios
es del amor más tormento,
pues al herirme sus rayos,
más me abrazo, y más me quemo.

Que del todo los descubra,
corriendo el cándido velo,
para que le goce el alma
del todo, y al descubierto.

Pajarillo, si de amor
has gustado los efectos,
lastímate de mis ansias,
duélete de mis tormentos.

Mi libertad solicita
con mi dulce Amante Dueño;
y de tus alas me presta
plumas, que vuelen al centro.

Salga de esta dura cárcel,
de este largo cautiverio,
donde triste gimo, y lloro
mi prolongado destierro.

Donde, advirtiendo tu dicha,
tan infeliz me contemplo
cuanto es mi amor impaciente,
y mas divino mi objeto.

Gregoria Francisca de la Parra Queinogue

660-José Marchena Ruiz de Cueto



LA PRIMAVERA

¿Ves, hermosa, la fuente que bullendo
el céfiro menea blandamente?
Amor la agita: mira su corriente
hacia el amado arroyo huir riendo.

Mira volar la abeja susurrante
en torno de las violas olorosas,
y su néctar le ofrecen amorosas,
zagala, que es la flor también amante.

¿No escuchas gorgear los ruiseñores,
de aguda flecha el tierno pecho heridos,
y en melodiosos trinos no aprendidos
explicar sus dulcísimos amores?

¿No ves las palomillas amorosas
exhalar sus arrullos inflamados?
¿Los pichones no ves enamorados
responder en querellas cariñosas?

Todo es amor; la alegre primavera,
al universo nueva vida dando,
naturaleza yerta va inflamando,
que Enero con su escarcha entorpeciera.

Y tú, por más que lo rehuyas dura,
has de rendir a Amor el cuello erguido,
que todo se avasalla ¡ay! a Cupido:
tal es la ley eterna de natura.

José Marchena Ruiz de Cueto

686-William Wordsworth



AHORA

Ahora, mientras los pájaros cantan alegres melodías
y los pequeños corderos retozan
como si bailaran al son de un tambor,a mí
me invade la pena: un lamento me brindó
alivio pasajero y ahora recupero mi fortaleza.

Desde arriba resuenan las trompetas de las cascadas,
mi dolor no enturbiará de nuevo la primavera.
Oigo los ecos que retumban en las montañas,
el viento llega hasta mí desde hermosos valles
y nace la felicidad en mí.

La tierra y el mar se entregan de nuevo a ella,
y a mediados de mayo los animales se sienten alegres.
¡Tú, hijo de esa alegría, grita a mi alrededor,
quiero oírte gritar, oh pastor feliz!

William Wordsworth


OH TRISTE HUMANIDAD

Oh triste humanidad, monstruos, enanos,
tullidos, jorobetas y gibosos,
cojos y mancos, ciegos legañosos,
medio-hombres que arrastráis cintura y manos

junto a los pies de los demás humanos,
bracisecos llagados y leprosos
carcomidos, oh cuerpos lastimosos,
almas torcidas, monstruos, mis hermanos.

Que entre las sombras de la muchedumbre
devoráis la amargura y pesadumbre
de vuestro vergonzoso cautiverio,

bajo el sol imperial, para que alumbre
mi pena y mi vergüenza, aquí en la cumbre,
conmigo reinaréis sobre este Imperio.

William Wordsworth

688-Francisco de Jesús



UN RUISEÑOR JUNTO A UNA ROSA

Aquélla, la más dulce de las aves,
y ésta, la más hermosa de las flores,
esparcían suavísimos amores
en sus cántos y nácares suaves.

Cuando, suspensa entre cuidados graves,
un alma, que atendía sus primores,
arrebatada a objetos superiores,
les entregó del corazón las llaves.

Si aquí, dijo, en el yermo de esta vida
tanto una rosa, un ruiseñor eleva,
tan grande es su belleza y su dulzura,

¿cuán será la floresta prometida?
¡Oh dulce melodía siempre nueva,
oh siempre floradísima hermosura!

Francisco de Jesús

713-Florencia del Pinar



CANCIÓN

Destas aves su nación
es cantar con alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave pasión,
sin sentir nadie la mía.

Ellas lloran que se vieron
sin temor de ser cativas,
y a quien eran más esquivas
esos mismos las prendieron:

Sus nombres mi vida son,
que va perdiendo alegría,
y de vellas en prisión
siento yo grave pasión,
sin sentir nadie la mía.

Florencia del Pinar

765-Charles Baudelaire



EL ALBATROS

A menudo se mofan los simples marineros
de los grandes albatros que coronan los mares,
esas aves que siguen su navío indolentes
dibujando en los cielos con sus alas gigantes.

Una vez que colocan su cuerpo en la cubierta,
los reyes del azul rinden sus blancas alas,
como remos que duermen colgando en sus costados
sin que los tripulantes sientan ninguna lástima.

Ahora el ave parece tan torpe, tan inútil,
ha poco fue tan bello, pero ahora es tan horrible;
uno le abrasa el pico con su pipa asesina
mientras otro se mofa sobre él haciendo chistes.

Pues sin duda el Poeta es cual es este príncipe,
que reina en la tormenta y ríe del arquero,
mas abajo exiliado se le acaba la fiesta:
sus alas de gigante le arrastran por el suelo.

Charles Baudelaire

782-Leopoldo Lugones



EL NIDO AUSENTE

Sólo ha quedado en la rama
un poco de paja mustia
y, en la arboleda, la angustia
de un pájaro fiel que llama.

Cielo arriba y senda abajo,
no halla tregua a su dolor,
y se para en cada gajo
preguntando por su amor.

Ya remonta con su queja,
ya pía por el camino
donde deja en el espino
su blanda lana la oveja.

Pobre pájaro afligido
que sólo sabe cantar
y, cantando, llora el nido
que ya nunca ha de encontrar.

Leopoldo Lugones

793-Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso



YARABÍ

Vuelve, que ya no puedo
vivir sin tus cariños,
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Mira que hay cazadores
que con afán maligno
te pondrán en sus redes
mortales atractivos;

Y cuando te hagan presa
te darán cruel martirio:
no sea que te cacen,
huye tanto peligro.

Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Ninguno ha de quererte
como yo te he querido,
te engañas si pretendes
hallar amor más fino.

Habrá otros nidos de oro,
pero no como el mío:
por quien vertió tu pecho
sus primeros gemidos.

Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Bien sabes que yo, siempre
en tu amor embebido,
jamás toqué tus plumas,
ni ajé tu albor divino;

si otro pudo tocarlas
y disipar su brillo,
salva tu mejor prenda,
ven al seguro asilo.

Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

¿Por qué, dime, te alejas?
¿Por qué con odio impío
dejas un dueño amante
por buscar precipicios?

¿Así abandonar quieres
tu asiento tan antiguo?
¿Con que así ha de quedarse
mi corazón vacío?

Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

No pienses que haya entrado
aquí otro pajarillo:
no, palomita mía,
nadie toca este sitio.

Tuyo es mi pecho entero,
tuyo es este albedrío;
y por ti sola clamo
con amantes suspiros.

Vuelve mi palomita
vuelve a tu dulce nido.

No seas pues, tirana:
haz ya paces conmigo:
ya de llorar cansado
me tiene tu capricho.

No vueles más, no sigas
tus desviados giros;
tus alitas doradas
vuelve a mí que ya expiro.

Vuelve, que ya no puedo
vivir sin tus cariños;
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso

796-Jacinto Sala



LA ALONDRA

Caminito del cielo
iba la Alondra
modulando contenta
divinas trovas:
-Sube, -gritóla un ángel,-
sube, avecilla,
y darás al Eterno
tus armonías.
Verás como estos campos
del Paraíso
tienen para los pájaros
grato atractivo;
no hay mortífero plomo,
ni Halcón aleve,
ni rudas tempestades,
ni falsas redes.
Aquí todo es hartura
y blandos sones,
ambrosía y perfumes,
luces y flores.
Ven presto a las alturas,
ven, avecilla,
y da a Dios por ofrenda
tus melodías.
Cuando el ángel le dijo
tales palabras,
distraída la Alondra
no le escuchaba;
en la tierra sus ojos
tenía fijos,
y la atraía a ella
potente hechizo.
Era la luz brillante
del espejuelo,
que la cegaba ardiente
con sus reflejos.
De pronto el ave cesa
en sus cantares;
abandona el espacio;
su vuelo abate;
y cuando el embeleso
alcanza alegre,
en sus pérfidos lazos
halla la muerte.

Huid la tentación, almas
de noble vuelo;
no dejéis el camino,
si vais al cielo.

Jacinto Sala

827-Carlos Ossorio y Gallardo



EN EL JARDÍN

-¡Papá, papá! decía
la tierna Rosa, del jardín volviendo.
-La jaula que guardaste el otro día
no seguirá vacía,
porque he logrado el nido que estás viendo.
¡Mira qué pajaritos tan pintados!
En esa jaula les pondré su nido;
prodigaré solicitos cuidados
a los que aprisionar he conseguido,
y les daré en constantes ocasiones,
migas de pan, alpiste y cañamones.
Luego la jaula pintaré por fuera
y mandaré que doren su alambrera...
Pero, ¿en qué estás pensando?
¿No me escuchas papá?, ¡te estoy hablando!
-Sí, querida hija mía;
pensaba al escuchar esa querella,
que en la cárcel me han dicho que hay vacía
una celda muy bella...
y que te pienso trasladar a ella.
Como allí el reglamento es algo fuerte,
ni tu mamá ni yo podremos verte;
pero te mandaremos cien brocados
que aumenten tu hermosura,
haré dorar cerrojos y candados,
y de bronce pondré la cerradura.
¡Pero, cómo! ¿Llorando estás por eso?
- Ya no lloro, papá. ¡Te he comprendido!
Corro a llevar al árbol este nido,
y vuelvo a darte un beso.

Carlos Ossorio y Gallardo