Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

69-Antonio Plaza Llamas



A UNA NIÑA

Niña gentil que a la vida
despertaste alegre ayer,
como en Oriente despierta
la luz al amanecer.

Niña, que del oro cielo
viniste al mundo a caer,
como aljofarada gota
del nítido rosicler.

Y en inmaculada cuna
te remeciste después,
como ilusión que se mece
del sueño al dulce vaivén.

Niña de cabellos de oro
y de labios de clavel
Son de rosa tus mejillas
es de raso tu alba tez.

Es tu sonrisa inconsciente,
de ángel tu mirada es,
y como brilla una estrella
brilla el candor en tu sien.

Dichosa tú que del mundo
pasando vas el dintel,
sin sospechar que las flores
espinas tienen también.

En mi canto, bella niña,
le ruego al Dios de Israel,
que la virtud de tus años
tiernos en otros te dé.

Para que ese mundo nunca
con su lodo y fetidez,
ensucie de tu pureza
el blanquísimo glasé;

Qué siempre tú, mariposa
en primoroso vergel
hueles y en las flores halles
ánforas ricas de miel;

Que dé calor a tus alas
el santo sol de la fe,
y que jamás una espina
tus alas llegue a romper.

Antonio Plaza Llamas

329-Tom Llewellyn



AL APAGARSE LAS LUCES

De pequeño pensaba que unos monstruos
y unas brujas malvadas
aparecían cada vez que el Sol
se marchaba a dormir tras la jornada.

Eran seres horribles
que a los pobres humanos devoraban
empapados en té,
como si fueran pasta.

Entonces desperté muy asustado
al llegar despacito la mañana,
y me sentí feliz por estar vivo
y libre de carnívoros fantasmas.

¡Y lo mejor de todo es que triunfé
sin que siquiera hubiera una batalla!

Tom Llewellyn

408-Manuel Eulogio Carpio Hernández



AL RÍO DE COSAMALOAPAN

Arrebatado y caudaloso río
que riegas de mi pueblo las praderas,
¡quién pudiera llorar en tus riberas
de la redonda luna al rayo frío!

De noche en mi agitado desvarío
me parece estar viendo tus palmeras,
tus naranjos en flor y enredaderas,
y tus lirios cubiertos de rocío.

¡Quién le diera tan sólo una mirada
a la dulce y modesta casa mía,
donde nací, como ave en la enramada!

Pero tus olas ruedan en el día
sobre las ruinas, ¡ay!, de esa morada,
donde feliz en mi niñez vivía.

Manuel Eulogio Carpio Hernández

436-Juan de Dios Peza



EL CUENTO DE MARGOT

Vamos Margot, repíteme esa historia
que estabas refiriéndole á María,
ya vi que te la sabes de memoria
y debes de enseñármela, hija mía.

-La sé porque yo misma la compuse.
-¿Y así no me la dices ? Anda, ingrata.
-¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo!, repuse,
¿te has vuelto a los seis años literata?

-¡No, literata no! pero hago cuentos…
-No temas que tal gusto te reproche.
-Al ver á mis hermanos tan contentos
yo les compongo un cuento en cada noche.

-¿Y cómo dice el que contando estabas?
-Es muy triste, papá, ¿que no lo oíste?
-Sólo oí que lloraban y llorabas.
-¡Ah! si, todos lloramos; ¡es muy triste!

Imagínate un niño abandonado
de grandes ojos de viveza llenos,
rubio, risueño, gordo y colorado:
Como mi hermano Juan, ni más ni menos

Figúrate una noche larga y fría,
de muda soledad, sin luz alguna,
y ese niño muriendo, en agonía,
encima de la acera, no en la cuna.

-¿En las heladas losas ? -Si, en la acera,
Es decir, en la calle… -¡Qué amargura!
-Hubo alguien que pasando lo creyera
un olvidado cesto de basura.

Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos
queriendo darle maternal abrigo
y envuelto en un pañal hecho pedazos
lo alcé á mi pecho y lo llevé conmigo.

Lloraba tanto y tanto el angelito
que ya estaban sus párpados muy rojos..
Y a cada nueva queja, a cada grito
el alma me sacaba por los ojos.

Me lo llevé á mi cama: entre plumones
lo hice dormir caliente y sosegado…
¡Cómo hubo en este mundo corazones
capaces de dejarlo abandonado!

¡Ay! yo sé por mi libro de lectura
que estudio en mis mayores regocijos,
que ni los tigres en la selva oscura
dejan abandonados a sus hijos.

¡Pobrecito! Yo sé su mal profundo,
le curo como madre toda pena:
parece que este niño en este mundo
no es hijo de mujer sino de hiena.

De mi colchón en el caliente hueco
duerme para que en lágrimas no estalle;
y llorando Margot, mostró el muñeco
que en cierta noche se encontró en la calle.

Juan de Dios Peza

553-Vicente Riva Palacio y Guerrero



A MI MADRE

¡Oh, cuán lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!

¡Con qué grato embeleso recogías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera,
con maternal orgullo repetías!

Hoy que de la vejez con el quebranto
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,

el recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque pensando en ti me siento niño.

Vicente Riva Palacio y Guerrero

554-Ignacio Manuel Altamirano



RECUERDOS

Se oprime el corazón al recordarte,
madre, mi único bien, mi dulce encanto;
se oprime el corazón y se me parte,
y me abrasa los párpados el llanto.

Lejos de ti y en la orfandad, proscrito,
verte nomás en mi delirio anhelo;
como anhela el presito
ver los fulgores del perdido cielo.

¡Cuánto tiempo, mi madre, ha transcurrido
desde ese día en que la negra suerte
nos separó cruel!... ¡Tanto he sufrido
desde entonces, oh Dios, tanto he perdido,
que siento helar mi corazón de muerte!

¿No lloras tú también, ¡oh madre mía!,
al recordarme, al recordar el día
en que te dije adiós, cuando en tus brazos
sollozaba infeliz al separarme,
y con el seno herido hecho pedazos,
aun balbucí tu nombre al alejarme?

Debiste llorar mucho. Yo era niño
y comencé a sufrir, porque al perderte
perdí la dicha del primer cariño.
Después, cuando en la noche solitaria
te busqué para orar, sólo vi el cielo,
al murmurar mi tímida plegaria,
mi profundo y callado desconsuelo.

Era una noche obscura y silenciosa,
sólo cantaba el búho en la montaña;
sólo gemía el viento en la espadaña
de la llanura triste y cenagosa.
Debajo de una encina corpulenta
inmóvil entonces me postré de hinojos,
y mi frente incliné calenturienta.

¡Oh! ¡Cuánto pensé en ti llenos los ojos
de lágrimas amargas! ... La existencia
fue ya un martirio, y erial de abrojos
el sendero del mundo con tu ausencia.

Mi niñez pasó pronto, y se llevaba
mis dulces ilusiones una a una;
no pudieron vivir, no me inspiraba
el dulce amor que protegió mi cuna.
Vino después la juventud insana,
pero me halló doliente caminando
lánguido en pos de la vejez temprana,
y las marchitas flores deshojando
nacidas al albor de mi mañana.

Nada gocé; mi fe ya está perdida;
el mundo es para mí triste desierto;
se extingue ya la lumbre de mi vida,
y el corazón, antes feliz, ha muerto.

Me agito en la orfandad, busco un abrigo
donde encontrar la dicha, la ternura
de los primeros días; ni un amigo
quiere partir mi negra desventura.
Todo miro al través del desconsuelo;
y ni me alivia en mi dolor profundo
el loco goce que me ofrece el mundo,
ni la esperanza que sonríe en el cielo.

Abordo ya la tumba, madre mía,
me mata ya el dolor... voy a perderte,
y el pobre ser que acariciaste un día
¡presa será temprano de la muerte!

Cuando te dije adiós, era yo niño:
diez años hace ya; mi triste alma
aún siente revivir su antigua calma
al recordar tu celestial cariño.

Era yo bueno entonces, y mi frente
muy tersa aún tu ósculo encontraba...
Hace años, de dolor la reja ardiente
allí dos surcos sin piedad trazaba.

Envejecí en la juventud, señora;
que la vejez enferma se adelanta,
cuando temprano en el dolor se llora,
cuando temprano el mundo desencanta,
y el iris de la fe se descolora.

Cuando contemplo en el confín del cielo,
en la mano apoyando la mejilla,
mis montañas azules, esa sierra
que apenas a vislumbrar mi vista alcanza,
Dios me manda el consuelo,
y renace mi férvida esperanza,
y me inclino doblando la rodilla,
y adoro desde aquí la hermosa tierra
de las altas palmeras y manglares,
de las aves hermosas, de las flores,
de los bravos torrentes bramadores,
y de los anchos ríos como mares,
y de la brisa tibia y perfumada
do tu cabaña está, mujer amada.

Ya te veré muy pronto madre mía;
ya te veré muy pronto, ¡Dios lo quiera!
y oraremos humildes ese día
junto a la cruz de la montaña umbría,
como en los años de mi edad primera.
Olvidaré el furor de mis pasiones.
me volverán rientes una a una
de la niñez las dulces ilusiones,
el pobre techo que abrigó mi cuna.
Reclinaré en tu hombro mi cabeza,
escucharás mis quejas de quebranto,
velarás en mis horas de tristeza
y enjugarás las gotas de mi llanto.

Huirán mi duda, mi doliente anhelo.
recuerdos de mi vida desdichada;
que allí estarás, ¡oh ángel de consuelo!
Pobre madre infeliz... ¡madre adorada!

Ignacio Manuel Altamirano

618-Joaquín Lorenzo Luaces



RECUERDOS DE LA INFANCIA

Estos los campos son donde corría
hollando flores de exquisita esencia;
este monte que forma una eminencia
me vio cuando al insecto perseguía.

Este mamey sus frutos ofrecía
a mi pueril y cándida impaciencia,
y en campestre y feliz independencia
miré en sus troncos reflejarse el día.

En aquel techo de sonante guano
me inspiró Rosa mi primer cariño
medio rústico y medio cortesano...

¡Oh campos, al mirar tan verde aliño
el joven corazón me late ufano!
¡Hombre os bendice el que os amaba niño!

Joaquín Lorenzo Luaces

677-José Joaquín de Olmedo



ORACIÓN DE LA INFANCIA

Señor, tu nombre santo
celebra la voz mía
en armonioso canto,
cuando brilla la luz del nuevo día.

Tú mandaste a tu sol que disipara
las sombras de la noche, y obediente
por la inflamada esfera
emprende su magnífica carrera.

Vida, belleza, acción, todos los seres
recobran ya; la tierra se engalana
de flores, y presenta
una nueva creación cada mañana.

Señor, tu nombre santo
celebra la voz mía
en armonioso canto,
cuando brilla la luz del nuevo día.

El sol llena los cielos,
y del trono gobierna
los astros que su marcha
siguen cumpliendo con su ley eterna.

Así también, oh Dios, pues el Sol eres
verdadero del mundo, ocupa, enciende
todos los corazones,
y dirige a tu ley nuestras acciones.

Si te es grata la voz de la inocencia,
escúchanos, Señor, bajo tus alas
pon a los que te adoran
y tu luz, tu piedad, tu gracia imploran.

Señor, tu nombre santo
celebra la voz mía
en armonioso canto,
cuando brilla la luz del nuevo día.

José Joaquín de Olmedo

750-José de Jesús Domínguez



ECOS DE UNA ÉPOCA

Yo siento que la patria verdadera,
la que nunca los hombres han vendido,
la que nunca se esfuma en el olvido
con los recuerdos de la edad primera.

Es tanto realidad, como quimera;
es risa con esencia de gemido;
un eco, un eco lánguido y perdido
que en el fondo del alma persevera.

Podrá la veleidad o la arrogancia
decir que es un concepto equivocado
por irse tras la gloria o la ganancia,

pero, cuando ya viejo y ya cansado
vuelve el hombre los ojos al pasado,
la patria se confunde con la infancia.

José de Jesús Domínguez

759-Kaga no Chiyo



HAIKU

Sin niños que destrocen con sus juegos
los muros de papel que hacen mi casa
éstos se vuelven fríos como el hielo.

Kaga no Chiyo

814-Carlos Frontaura y Vázquez



LA CABRITA Y EL LOBO

Con halagos y mimos,
un lobo fiero
fingiéndose tan manso
como un cordero,
de una cabrita
logró conquistar toda
la simpatía.

Es un mísero viejo-
llena de lástima,
decía al ver al lobo
la pobre cabra-
y yo no veo
que haya motivo para
tenerle miedo.

Siempre que iba la cabra
por allí cerca
de donde aquel tenía
su madriguera,
fino y amable,
salía a darle el lobo
las buenas tardes.

Contábales aventuras
maravillosas
y a la cabra encantaba
con sus historias;
y le ofrecía
algún sabroso ramo
por despedida.

Una tarde, la cabra,
siempre inocente,
a ver a aquel amigo
fue, como siempre,
y, ¡ay!, en sus garras
expiró aquella tarde
la pobre cabra.

Padres, buenos cristianos,
tened gran cuenta,
que hoy hay lobos que buscan
a la inocencia.
Y astutos tratan
de matar en los niños
la fe del alma.

Carlos Frontaura y Vázquez

823-Jose Selgas y Carrasco



LA INFANCIA

Cielos azules,
nubes de nácar,
limpios celajes
de oro y de grana;
campos floridos,
verdes montañas,
valles amenos,
cumbres lejanas;
ricos paisajes
de sombras vagas,
que misteriosos
pinceles trazan;
luces que vienen,
luces que pasan,
nidos que pían,
aves que cantan;
ángeles bellos
de blancas alas,
sueños de oro,
cuentos de hadas;
días risueños,
noches calladas
en que discurren
negros fantasmas;
ecos del aire,
voces del agua,
vagos perfumes
de esencia varia;
mucha alegría,
mucha esperanza,
pocas tristezas
y algunas lágrimas.
Esa, hijo mío,
flor de mi alma,
esa es tu vida,
esa es tu infancia.

Jose Selgas y Carrasco

922-Sant Surdas



EL DESAYUNO

Oh, Hari, esta mañana, despierto,
hay agua en la jarra para que laves tu semblante,
no te apresures, tenemos mucho tiempo.
Te traeré lo que te apetezca para desayunar,
frutos secos, mantequilla, miel y pan.
Así habla Suradas Yashoda
y su corazón reboza de júbilo
cuando su mirada descansa sobre su niño querido.

Sant Surdas

932-Lewis Carroll



ÁNGEL DEL HOGAR

El regazo de una madre:
de sus problemas y pueriles lágrimas,
niebla que envuelve sus nacientes años;
mira como en sueños ella parece cantar
un salmo sin voz, una ofrenda
elevada para gloria de su rey
por amor, porque amar es descanso.

El beso de un ángel:
La más valiosa de todas las expresiones
que unos labios amorosos pueden ofrecer
una vez y otra como dulce mensaje
Llena hasta rebosar de alegría infantil,
la niñez es verdaderamente niña
y su visión del Cielo es aún
la de su hogar, tal es su Gloria.

Lewis Carroll

978-Hayley Carter



MI AMIGO IMAGINARIO

Cuando era pequeña, tuve un amigo,
se llamaba Carl.
Solíamos correr y charlar todo el día,
jugábamos a todo tipo de juegos,
sentándonos en la habitación del dentista,
en la silla del dentista,
y jamás tuve miedo,
porque Carl estaba allí conmigo.
Tumbada sobre mi cama toda la noche,
intentando conciliar el sueño,
sintiendo pánico, diciéndoselo a mi amigo,
contábamos ovejitas...
Entonces mi madre me dijo
que pronto tendríamos un bebé.
Cuando Carl escuchó esto, preparó su equipaje
y salió volando a la Luna.
Ahora tengo un hermano,
y soy feliz de saber
que mi pequeño amigo que creía tener
estaba tan sólo en mi mente.

Hayley Carter