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Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia



LARGO PEREGRINAR

 ¡Qué peregrinar más largo…!
¡Qué nostalgias por tu encuentro…!
¡Qué ansias por poseerte,
en este vivir muriendo,
en este clamar constante
por encontrarte en tu seno…!

 Parece que las entrañas
se me resecan, pidiendo
la llenura de mi vida
en tu Manantial eterno,
en la Luz de tu mirada,
en la hondura de tu Pecho.

 Yo necesito meterme
en tu divino Misterio,
en la profundidad honda
de tu infinito Cauterio,
y, en él, quedar sumergida,
cauterizada en su fuego.

 ¡Oh, qué urgencias por tenerte
en mis urgencias muriendo,
en mis nostalgias vividas,
en mi torturante anhelo,
para sentirme engolfada
ya para siempre en tu Seno…!

 Es mi vivir tan divino
y en tan terrible misterio,
que, si no vienes piadoso
y compasivo a mi encuentro,
de tanto y tanto tenerte,
en tu posesión me muero,
ante mi sed anhelante
por poseerte sin velos.

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

José Luis Blanco Vega



SENTENCIA DE DIOS AL HOMBRE

Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
«Que el pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.

Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas
y buscan quien las maneje.

El mar les pone corazas
de sal amarga a los peces;
el hondo sol campesino
madura a fuego las mieses.

La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y en el rumor de la nube
combaten el rayo y la nieve.

A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.

No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril

José Luis Blanco Vega

Antonio Bellido Almeida



¿QUE DONDE ESTOY, ME PREGUNTAS?

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo,
en la noche de la espera,
en el alba de la vida,
en el viento de la sierra,
en la tarde despoblada,
en el sueño que no sueña,
en el hambre desgarrada
y en el pan para la mesa;
en el hombre que me busca
y en aquel que se me aleja,
en el canto del hogar
y en el llanto de la guerra,
en el gozo compartido
y en la larga amarga pena.
En el silencio sellado
y en el grito de protesta.
En la cruz de cada día
y en la muerte que se acerca.
En la luz de la otra orilla,
y en mi amor como respuesta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo;
vivo y camino en la Tierra,
peregrino hacia Emaús
para sentarme a tu mesa;
al partir de nuevo el pan
descubrirás mi presencia.
Estoy aquí con vosotros,
con el alma en flor despierta,
en esta Pascua de amor
galopando por las venas
de vuestra sangre empapada
de un Dios que vive y que sueña.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
A tu lado estoy, amigo;
desnúdate a la sorpresa,
abre los ojos y mira
hacia dentro y hacia fuera,
que en el lagar del dolor
tengo mis gozos y penas,
y en la noria del amor,
yo tu Dios, llamo a tu puerta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
¡En tu vida, es la respuesta!

Antonio Bellido Almeida

Francisco Contreras Molina



EL NIÑO MIRA A SU MADRE...

El niño mira a su madre
con los ojillos del alma.
La madre le respondía
con su corazón en ascuas.
Madre, déjame crecer
como el sauce junto al agua,
a tu orilla, por el aire,
la luz de nieve en la rama.
Madre, déjame apoyar
mi cabeza en tu almohada,
mis nubes en tus mejillas,
mi corazón en tu llama.
Su madre le respondía
-la ternura enajenada-
derritiéndose sus ojos
en miles de estrellas claras.
Como me llena, hijo mío,
cuando te aprieto y me abrazas.
Eres mi tierno tesoro,
la joya de mis entrañas.
Tú eres mi mar y mi cielo,
el balcón de mi morada,
partitura de mi risa,
de mi silencio cantata.
El niño, siendo un lucero,
se ha dormido en la mañana.
Su madre le sonreía.
Al amanecer, al alba...

Francisco Contreras Molina

Cristina de Arteaga




INVERNAL

Solos por el parque,
por el parque viejo
que tenía un largo
cansancio de invierno;
tras de tantos años
volvimos a vernos.
yo llevaba el triste
corazón enfermo,
caía en el suyo
la niebla del tedio.
Cuan lejos las horas
vírgenes de duelos
en que nuestras vidas
eran como versos
que a veces rimaban
casi sin saberlo...
Me clavó sus ojos
como en otros tiempos,
mas nada me dijo
su turbado acento.
Yo cerraba el arca
de mis pensamientos
porque no rasgase
lo gris del silencio
que esfumaba un mudo
soñador arpegio...
Y con una angustia
despertaba en nuevo
pavoroso acorde
dentro de su pecho,
nos miramos como
se miran los ciegos...
¡Y nos separamos
para nunca vernos!

Cristina de Arteaga

Ernestina de Champourcín




SI DERRIBAS EL MURO

¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la Tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido...
Si derribas el muro
de todas las mentiras,
¡qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del Cielo!

Ernestina de Champourcín

Romance de la Mente y el Corazón



ROMANCE DE LA MENTE Y EL CORAZÓN

- ¿Qué te pasa, Corazón,
que pareces como ausente?

- Es sólo que no me escuchas,
pues yo estoy contigo siempre...

- Sí te escucho... Te oigo andar
con tu compás permanente...

- Mis latidos son los ecos
de la Verdad que se siente...

- La Verdad... ¿qué otra verdad
puede haber sino la muerte?

- Ay, amiga, quien la busca
es normal que se lamente...

- Yo no sé qué es la Verdad,
pero sé que tú no mientes...

- Pues si sabes que no miento,
será tuya eternamente...

- Siempre que tú estés conmigo...
- Siempre que jamás me dejes.

Jesús María Bustelo Acevedo

Jacint Verdaguer i Santaló



PREDICANT ALS AUCELLS

Va l’Apòstol de l’amor
per una selva d’Itàlia;
l’amor que sent per Jesús
ja no cap dins la seva ánima.

Ne parla als rius y a les flors,
i pins i roures abraça.
És desterrat Serafí
que del cel sent enyorança

D’alegria tot cantant
los aucellets l’acompanyen;
los que trastegen pel bosc
voleien de branca en branca;
los que volen per lo cel
paren atents la volada.

Francesc los vol predicar,
sota un roure s’aturava.
Sobre l’herba es posen uns,
los altres sobre les mates,
los més estimats de tots
damunt sos genolls y espatlla;
cada bri d’herba en porta un,
cada arbre una nuvolada.

– ¡Germanets aucellets, -los diu,-
lo Criador quant vos ama!
Sense sembrar ni segar
teniu sempre en vostra taula
la llavor d’herbeta humil,
de la font la gota d’aigua,
si en lo calze d’una flor
no voleu beure rosada.

Com no fileu ni cosiu,
Déu vos vesteix i vos calça;
vostre vestit i calçat
valen més que d’or i plata.

Vos dóna per llit un brot,
una fulla per teulada,
gentils boscúries per niu,
lo cel i terra per gábia.

Aucellets, los meus germans,
lo Criador quant vos ama!
Ameu-lo, volsaltres, bé,
que amor ab amor se paga;
canteu-li a l’hora de l’alba
d’amor la dolça cançó
que els homes han oblidada!-

Tot predicant als aucells
Sant Francesc s’extasiava.
Ells, per fer-li reverència,
sos jolius capets abaixen;

l’aureneta estira el coll,
la perdiu estira l’ala,
alçant los ulls cap al sol
obre son bec la calándria,

fa la’atleta el passerell,
saltirons la cogullada,
fent pujar i fent baixar
sa cogulla franciscana.

Quan Francesc los beneeix,
un sospir d’amor exhalen
i algun diví rossinyol
preludia ab la seva arpa.

Del signe sagrat que fa
pren la forma l’aucellada,
que cantant se’n vola al cel
com una creu que s’hi exampla
de llevant cap a ponent,
de migdia a tramuntana.

Així la creu de Jesús,
que el màrtir d’amor abraça,
serà duita a tot lo món
pels fills de l’Ordre Seràfica,
que pobres com los aucells,
ja entonen per monts i planes
d’amor la dolça canço
que els homes han oblidada.

Jacint Verdaguer i Santaló


PREDICANDO A LOS PÁJAROS

Va el Apóstol del amor
por una selva de Italia;
el amor que siente por Jesús
ya no le cabe en su alma.

Lo cuenta a los rios y a las flores,
y pinos y robles abraza.
Es Serafín desterrado
que del cielo siente añoranza.

De alegría cantando
los pajaritos lo acompañan;
los que andan por el bosque
vuelan de rama en rama;
los que vuelan por el cielo
paran atentos el vuelo.

Francisco quiere predicarles,
bajo un roble se detiene.
En la hierba se posan unos,
los otros sobre las matas,
los más queridos de todos,
sobre sus rodillas y espalda;
en cada brizna de hierba hay uno,
en cada árbol, una nube.

Hermanitos pajaritos, -les dice,-
el Creador, cuánto os ama!
Sin sembrar ni segar
tenéis siempre en vuestra mesa
la semilla de hierbita humilde,
de la fuente, la gota de agua,
si en el cáliz de una flor
no queréis beber rociada.

Como no hiláis ni coséis,
Dios os viste y os calza;
vuestro vestido y calzado
valen más que de oro y plata.

Os da por lecho un brote,
una hoja por tejado,
amables espesuras por nido,
el cielo y tierra por jaula.

¡Pajarillos, mis hermanos,
el Creador, cuánto os ama!
¡Amadlo vosotros, bien,
que amor con amor se paga;
cantadle a la hora del alba
la dulce canción de amor 
que los hombres olvidaron!

Predicando a los pájaros
San Francisco se extasiaba.
Ellos, por reverencia,
sus alegres cabecitas bajan;

La golondrina estira el cuello,
la perdiz estira el ala,
alzan los ojos al sol,
abre el pico la calandria,

Hace el atleta el gorrión,
saltitos la cogullada,
haciendo subir y bajar
su cogulla franciscana.

Cuando Francisco los bendice,
un suspiro de amor exhalan
y algún divino ruiseñor
preludia con su arpa.

Del signo sagrado que hace
toma forma la bandada,
que cantando vuela al cielo
como una cruz que se ensancha
de levante hasta poniente,
de mediodía a tramontana.

Así la cruz de Jesús, 
que el mártir de amor abraza,
será llevada a todo el mundo
por los hijos de la Orden Seráfica,
que pobres como los pájaros,
ya entonan por montes y llanos
de amor la dulce canción
que los hombres olvidaron.

Jacint Verdaguer i Santaló


PREDICANDO A LOS PÁJAROS

Va el apóstol del Amor
por una selva de Italia,
y el amor que por Dios siente
ya no le cabe en el alma.
Habla a los ríos y flores
y a los árboles abraza.
Es serafín desterrado
que de Dios siente añoranza.
Cantando, llenos de gozo,
los pájaros le acompañan:
los que trinan en el bosque,
volando de rama en rama,
y los que el espacio cruzan,
atentos, su vuelo paran.
Francisco les quiere hablar
y bajo un roble se para.
Los pájaros en el césped
se posan unos, en matas
otros se paran, y otros
en sus rodillas y espaldas.
Cada brizna tiene un pájaro
y hay varios en cada rama.
-Hermanas aves- les dice-,
¡cuánto el Creador os ama!
Sin sembrar ni coger nunca,
siempre en vuestra mesa se hallan
semillas de humilde hierba,
de la fuente gotas de agua,
si en el cáliz de una flor
la queréis beber más clara.
Como no hiláis ni coséis,
el Señor os viste y calza,
y vuestro traje y calzado
valen más que oro y que plata.
Un brote os brinda por lecho
y por techo la enramada,
bellos boscajes por nido
y cielo y tierra por jaula.

Mis hermanas avecillas:
¡cuánto el Creador os ama!
Amadle vosotras, pues
amor con amor se paga.
Cantadle al atardecer
y cantadle a la alborada
la dulce canción de amor
que el hombre tiene olvidada.

Y predicando a las aves,
San Francisco se extasiaba.
Las aves, por reverencia,
sus vivas cabezas bajan:
la golondrina se inclina,
la perdiz bate sus alas
alzando al cielo sus ojos;
abre el pico la calandria;
la rueda hace el pajarel,
da saltos la cojugada,
bajando y subiendo a un tiempo
su cogulla franciscana.
Al bendecirlas Francisco,
trinos amorosos lanzan
y algún ruiseñor divino
comienza a tañer su arpa.
Del signo sagrado que hacen
toman la forma sus alas,
y vuelan cantando al cielo
como una cruz que se ensancha
del Levante hasta Poniente,
del Sur a la Tramontana.
Así la cruz de Jesús
que el mártir de amor abraza
será llevada doquiera
por los de la Órden Seráfica,
que pobres, como las aves,
por valles y por montañas
cantan la canción de amor
que el hombre tiene olvidada.

Jacint Verdaguer i Santaló

69-Antonio Plaza Llamas



A UNA NIÑA

Niña gentil que a la vida
despertaste alegre ayer,
como en Oriente despierta
la luz al amanecer.

Niña, que del oro cielo
viniste al mundo a caer,
como aljofarada gota
del nítido rosicler.

Y en inmaculada cuna
te remeciste después,
como ilusión que se mece
del sueño al dulce vaivén.

Niña de cabellos de oro
y de labios de clavel
Son de rosa tus mejillas
es de raso tu alba tez.

Es tu sonrisa inconsciente,
de ángel tu mirada es,
y como brilla una estrella
brilla el candor en tu sien.

Dichosa tú que del mundo
pasando vas el dintel,
sin sospechar que las flores
espinas tienen también.

En mi canto, bella niña,
le ruego al Dios de Israel,
que la virtud de tus años
tiernos en otros te dé.

Para que ese mundo nunca
con su lodo y fetidez,
ensucie de tu pureza
el blanquísimo glasé;

Qué siempre tú, mariposa
en primoroso vergel
hueles y en las flores halles
ánforas ricas de miel;

Que dé calor a tus alas
el santo sol de la fe,
y que jamás una espina
tus alas llegue a romper.

Antonio Plaza Llamas

73-Poeta Anónimo



LA MOZA DE VILLAREJO

Se peinaba la lunita
con un peine de luceros
y una estrellita jugaba
con las trenzas de su pelo.

Se iba a dormir presurosa
por los caminos del cielo
porque el lucero del alba
ya asomaba por los cerros.

Olía la madrugada
a mejorana y romero.
Un jilguerito piaba
en las ramas de un almendro.

Por entre mil olivares
pasaba silbando el viento
y a su paso iba dejando
de esta copla el dulce acento:

Para que tú tengas pan
en la guerra, compañero,
con el sudor de mi frente
la tierra para ti riego.

Arre, mulica, ligera;
arre, mulica, que quiero
con la reja del arado
ahondar en el duro suelo
para abrir su sepultura
al invasor extranjero.

Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo,
la cara como una rosa,
los ojos de raso negro,
el alma hechida de gozo,
henchido de gozo el pecho.
Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo.

Poeta Anónimo

286-Poeta Anónimo



VEREDAS DEL PUEBLO

No hay vereditas más claras
ni más alegres veredas
que las veredas del pueblo,
¡ya te lo dijo el poeta!
Yendo por otros caminos
es muy fácil que te pierdas
y que nunca pueda estar
muy tranquila tu conciencia.
Fue en una tarde de julio,
tarde caliente y morena,
cuando emprendiste el camino,
¡malhaya la tarde aquella!
Que desde entonces España
se desangra por las venas
de sus hijos y sus campos,
y la miel de sus colmenas
se convirtió en odio y hiel
y en vientos de ruina y pena.
Pero le sobran alientos
de heroísmo que a la fuerza
en clarines de victoria
tienen que atronar la tierra
pregonando en alaridos
triunfales que sus cadenas
están rotas, y no hay quien
se atreva ya a componerlas.
Desde Córdoba a Teruel,
desde Toledo a Valencia,
el Ejército del pueblo,
como alud que se despeña,
va liberando a su patria
del yugo que la encadena;
de tan potente y audaz
no hay dique que lo contenga.
Cada infante en su fusil,
prendido en su bayoneta,
lleva un milagro de luz
cuajado de auroras nuevas,
y en su espíritu las alas
del bergantín de Espronceda.
¡Soldado del pueblo, vas
viento en popa a toda vela,
a reconquistar lo tuyo,
a librarte de miseria,
a hacer trizas tu ignorancia
con una fecunda siembra
de sueños y realidades!
¡Que ni de soñar siquiera
te dejaban los tiranos
que han despertado esta guerra!
Camino que no es camino,
ay, qué mal final le espera
al que te sigue y no va
por las alegres veredas
del pueblo, que son las claras
y por firmes duraderas.

Poeta Anónimo

293-Magerit



ROMANCE

Quiero una novia derecha
como la espiga del campo,
serena como el lucero,
sana como el sol de mayo.

Que tenga mirar de madre
sus ojos de arroyo claro;
que cante como una niña...
que piense como un hermano...

Quiero una novia en quien fíe
como fío en mi caballo;
que me escriba mientras lucho:
¡Para ti bordan mis manos!
¡Contigo sueñan mis ojos
y por ti rezan mis labios!

¡Quiero una novia que rime
con la palabra collado!
¡Quiero una novia de bronce
con el corazón de nardo!

Magerit

296-Juan Meléndez Valdés



A DORILA

¡Cómo se van las horas,
y tras ellas los días,
y los floridos años
de nuestra frágil vida!
La vejez luego viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,
que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.
Si esto, pues, nos aguarda,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra frágil vida?
Para juegos y bailes
y cantares y risas
nos los dieron los cielos,
las Gracias los destinan.
Ven ¡ay! ¿qué te detiene?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do lene el viento aspira;
y entre vinos suaves
y mimosas delicias
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.

Juan Menéndez Valdés

298-Juan de Salinas



LA MOZA GALLEGA

La moza gallega
que está en la posada
subiendo maletas
y dando cebada,
penosa se sienta
encima de un arca,
por ver ir un huésped
que tiene en el alma,
mocito espigado,
de trenza de plata,
que canta bonito
y tañe guitarra;
con lágrimas vivas
que al suelo derrama,
con tristes suspiros,
con quejas amargas,
del pecho rabioso
descubre las ansias,
¡mal hay quien fía
de gente que pasa!

"Pensé que estuviera
dos meses en casa,
y cuando se fuera
que allá me llevara;
pensé que el amor
y fe que cantaba
supiera rezado
tenella y guardalla;
pensé que eran ciertas
sus falsas palabras.
¡Mal haya quien fía
de gente que pasta!

Diérale mi cuerpo,
mi cuerpo de grana,
para que sobre él
la mano probara,
y jugara a medias,
perdiera o ganara.
Hámele rasgado
y henchido de manchas,
y de los corchetes
un macho me falta.
¡Mal haya quien fía
de gente que pasa!

Hámelo parado,
que es vergüenza mala.
¡Ay Dios! Si lo sabe,
¿qué dirá mi hermana?
Diráme que soy
una perdularia,
pues di de mis perlas
la más estimada,
y él va tan alegre
y más que una pascua.
¡Mal haya quien fía
de gente que pasa!

¿Qué pude hacer más
que darle polainas,
poniendo a sus puntas
encaje y holanda,
cocerle su carne
y hacerle su salsa,
encender su vela
de noche sin llama;
y en dándole gusto,
soplar y matarla?
¡Mal haya quien fía
de gente que pasa!

Llévame contigo,
serviré en la farsa
de hacer mi figura
en la zarabanda.."
En esto ya el huésped
la cuenta remata,
y el pie en el estribo,
furiosa cabalga;
y antes de partirse,
para consolarla,
de ella se despide
con estas palabras:
"Isabel, no llores;
no llores, amores.

Si por dicha lloras
porque yo no lloro,
sabrás que mi llanto
no es de todas horas,
y aunque me desdoras,
otros hay peores.
Isabel, no llores;
no llores, amores."

Juan de Salinas

310-V. de Boda



NUNCA JAMÁS SERÁ ESCLAVA

España la laboriosa
jamás derramó sus lágrimas
ante Felipe Segundo
ni ante el cruel Torquemada.
España, la roja y libre.
nunca jamás será esclava.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ente los Francos y Molas,
Queipos de Llanos y Arandas.
Hacer frente sólo sabe
en el campo de batalla.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ante las mil injusticias
que el vil fascismo le causa.
España, la roja y libre,
nunca jamás será esclava.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ni jamás se humillará
ante la vil clerigalla,
ni ante el criminal fascismo,
ni ante obispos, ni ante el Papa.
España la laboriosa
sabe bien librar su causa;
ofrenda su roja sangre
entre cerros y montañas
por una España feliz,
libre, culta y democrática.
España, la roja y libre,
nunca jamás será esclava.

V. de Boda

372-Félix Gutiérrez González



ROMANCE

Siempre cara al enemigo,
siempre alerta la mirada,
agudo siempre el oído
en la noche quieta en calma
vela como buen soldado
sobre las bruñidas armas.
¡Aprendió del caballero
Don Quijote de la Mancha!
¡Alerta buen paladín
de la heroica cruzada!
Que Dios pagará con creces
tu vigilancia bizarra,
pues a ti te ha encomendado
la salvación de la patria,
el honor de las mujeres
y la religión cristiana.
A ti, noble defensor
de nobles y justas causas,
Dios pondrá sobre tus sienes,
bendecidas y ensalzadas,
coronas de roble y lauro,
¡para los mártires palmas!

Félix Gutiérrez González

427-Sor Luisa Magdalena de Jesús



ROMANCE

Más quiero yo a Jesucristo,
con tormentos y fatigas,
que no a vos, mundo engañoso,
con vuestras pompas altivas.

Más quiero verme a sus pies
humildemente rendida,
que en vuestra mayor grandeza
tener la primera silla.

Más quiero ofrecerle a Él
las tiernas lágrimas mías,
que gozar vuestros regalos,
que admitir vuestras caricias.

Con Dios no espero tristezas;
sin Dios no espero alegrías;
pena con Dios gozo es;
gozo sin Dios es mentira.

Quien quiere aparentes gustos,
promesas del mundo admita;
quien busca seguros bienes,
tome su Cruz y a Dios siga.

Si del reino de los cielos
es difícil la conquista,
también los premios son largos
también es corta la vida.

Los bienes que el mundo ofrece,
quien más de cerca los mira,
tan limitados los halla,
que se le pierden de vista.

Los consuelos que hay en Dios,
cuando a la Cruz nos convida,
quien más pesada la lleva
mayores los averigua.

Llegad, almas, a entender
este soberano enigma:
que está en la pena la gloria
y en los trabajos la dicha.

Sor Luisa Magdalena de Jesús

526-Poeta Anónimo



ROMANCE DEL MOZUELO QUE FUE A LA GUERRA

El mozuelo va a la guerra
vestida de risa el alma,
risa de luz y rocío
en la mañana de plata.
El fusil firme en el hombro.
"¡No vayas, niño! ¡No vayas!"
El pisar fuerte y seguro.
"¡Mira, niño, que te matan!"
El burgués desde su miedo,
cobarde, sólo le daba
consejos de cobardía
que le abrasaban la cara.
El mozuelo va a la guerra
vestida de risa el alma.
Pasados los parapetos
la muerte, exacta, esperaba.

Sombra en fuego de su sombra,
sus compañeros ya marchan,
y le gritan a la muerte,
medio llorando su rabia;
y al burgués los ojos secos,
su desprecio sin palabras:
y al cielo, aceros al aire,
el brillo de su venganza.
Cantar seco de fusiles.
Sus compañeros ya marchan.
Bañado en Sol es su paso
un flamear de esperanzas.

El mozuelo está tendido
sobre la loma tomada,
una sonrisa en los labios,
vestida de risa el alma.

Poeta Anónimo