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Dulce María Loynaz



POEMA XCVII

Señor mío: Tú me diste estos ojos;
dime dónde he de volverlos
en esta noche larga, que ha de durar más que mis ojos.
Rey jurado de mi primera fe: Tú me diste estas manos;
dime qué han de tomar o dejar en un peregrinaje sin sentido
para mis sentidos, donde todo me falta y todo me sobra.
Dulzura de mi ardua dulzura:
Tú me diste esta voz en el desierto;
dime cuál es la palabra digna de remontar el gran silencio. 
Soplo de mi barro: Tú me diste estos pies...
Dime por qué hiciste tantos caminos,
si Tú solo eres el Camino, y la Verdad, y la Vida.

Dulce María Loynaz

1-Jesús de Nazaret



DÉCIMA

Todo aquel que tenga sed,
que venga y beba de mí;
y si no lo veis así,
sólo os digo: creed.
Cuanto yo tengo, merced
a la bondad del Señor,
es también del pecador
que abraza cuando me ve
con sincera y llana fe
este credo redentor.

Jesús de Nazaret

79-Pablo de Tarso



EL MAYOR ES EL AMOR

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas,
y no tengo amor, soy como bronce
que resuena o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese
todos los misterios y toda ciencia,
y si tuviese toda la fe,
así como para trasladar montañas,
pero no tengo amor, nada soy.
Si le doy a todos mis bienes,
y si entrego mi cuerpo para ser quemado,
pero no tengo amor, de nada me sirve.

Pablo de Tarso

88-Poeta Anónimo



TU MANO

Todo espíritu es formado por Tu mano,
y toda su labor Tú la has determinado
antes incluso de crearlo.
¿Cómo podrá nadie evitar Tus designios?
Tú, sólo Tú, has creado al justo.
Desde que estaba en el vientre
estableciste para él el tiempo de la gracia,
para que observe Tu pacto
y marche por todos Tus caminos,
para derramar sobre él
la abundancia de Tus misericordias,
para abrir la angostura de su alma
a la salvación eterna.

Poeta Anónimo

90-Poeta Anónimo



POLVO Y CENIZA

Yo soy polvo y ceniza.
¿Qué puedo planear, si Tú no lo quieres?
¿Qué puedo idear sin Tu permiso?
¿Cómo puedo ser fuerte sin Tu sostén?
¿Cómo puedo ser instruido si Tú no me enseñas?
Nada puede hacerce fuera de Tu voluntad.
Y nada se conoce sin que Tú lo desees.

Poeta Anónimo

119-Martín Miguel Navarro



SONETO

Cuando a los padres del linaje humano
creó Dios, e imprimió su imagen santa,
les negó sólo el fruto de una planta
y su vida libró, muerte en su mano.

Mas persuadidos del común tirano,
que a los hombres a ser dioses levanta,
creyeron que el honor de dicha tanta
les vedaba su Autor con miedo vano.

Siguieron la ilusión de la serpiente,
prefiriendo a la luz un torpe engaño
y la más feliz vida su ruina.

Desde entonces consigue, aun cuando miente,
más crédito el demonio en nuestro daño
que en favor nuestro la verdad divina.

Martín Miguel Navarro

249-Rémy de Gourmont



MARÍA

Dulzura y amargura de los besos
en las barcas del Nilo;
María de Egipto, túnica del sol
y velo azul que rozan los dedos de la noche,
los dedos de la brisa y el deseo,
viajera pobre, errando de un amor a otro amor
en la noche del Nilo enardecida
como una boca joven cuando besa;
María finalmente arrojada por el huracán
en la isla penitente,
María con los labios quemados
por el azufre del Jordán,
María por las arenas, María bajo las palmas,
María entre los leones;
María alimentada siete años
con un pan milagroso,
Santa María, quema nuestros corazones
en el fuego divino.

Rémy de Gourmont

672-Salomón de Judá



SABIDURÍA

Cuando la sabiduría
en tu corazón arraigue
y el mismo conocimiento
a tu alma se haga agradable,
será el propio pensamiento
el que en tus juicios mande
y un noble discernimiento
a tu vida salvaguarde
haciendo que el buen camino
sea por siempre en el que andes,
librándote de los hombres
que expresan perversidades
y de quienes de la senda
verdadera se desplacen,
o del que se regocija
cuando comete sus males
con carcajadas estúpidas.
El propósito es que andes
el camino de los buenos
y el sendero siempre guardes
del amor y la justicia,
que los hombres desleales
arrancados de la Tierra
van a ser por sus maldades.

Salomón de Judá

802-Abigail Lozano



LA BIBLIA

Yo he leído ese libro misterioso
que por el mismo cielo fue dictado;
del Profeta y del Ángel he escuchado
de nube en nube retronar la voz.
He asistido al festín de las ciudades,
y de sus copas al hirviente ruido,
he escuchado el horrísono chasquido
de las llamas coléricas de Dios.

Mas ni el Ángel, ni el fuego, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como una triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Es la historia de un Niño que en el cielo
durmió el sueño primero de la vida,
y al abrazar una ilusión querida,
despertó en este valle terrenal.

Mas despertó en los brazos cariñosos
de una Virgen purísima y divina,
hermosa cual la estrella matutina,
más pura que el radiante serafín.
Cada letra del nombre de esa Virgen
es en el cielo un canto, una armonía:
la tierra misma al pronunciar María
exhala el dulce aroma del jazmín.

A ese nombre Luzbel en sus abismos
tiembla... ve el cielo y brilla suspendida
en su pupila cárdena, encendida,
una lágrima hirviente de dolor.
Porque ese nombre lo llevó en la tierra
una mujer que alimentó en su seno
al Dios que guarda entre la nube el trueno,
el relámpago, el rayo abrasador.

Del sagrado Jordán las aguas puras,
de aquel Niño la imagen retrataron;
sus playas solitarias escucharon
el beatífico nombre de Enmanuel,
a esa voz se inclinaron con respeto
los árboles del bosque y las montañas;
y del Jordán las olvidadas cañas
humillaron su rústico dosel.

Aquel Niño creció... Mas unos hombres
le escupieron el rostro y le mofaron,
y en sus hombros sagrados colocaron
una pesada y vergonzosa cruz.
Él la llevó hasta el Gólgota bendito,
y en ella con furor le suspendieron,
y de espinas, sacrílegos, ciñeron
la sien del genio que formó la luz.

La Madre estaba allí.., y en su abandono
la salpicó la sangre del Calvario...
¿Quién enjugó sus llantos? El sudario,
prenda de amor del Niño que perdió...
La Madre estaba allí.. . Flor solitaria
que brota en la maleza del desierto,
y que cierra su cáliz entreabierto,
cuando huye el sol que su calor le dio.

Sí; ni el Ángel, ni el Santo, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como la triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Los siglos rugirán sobre las torres
que levanta a las nubes el orgullo;
mas su potente y colosal murmullo
respetará esa página inmortal.

Abigail Lozano

934-Francisco Camprodón Lafont



SONETO

Así que el primer hombre hubo pecado,
se nublaron los cielos de repente,
y empuñando una espada refulgente
le dijo un ángel con acento airado:

“Lejos de este lugar que has profanado,
y al recordar su encanto , eternamente
surquen arrugas tu orgullosa frente
y anda a comer el pan del desterrado.”

Transido Adán de amargo desconsuelo
cruzó sus manos y exhaló un gemido,
y al ver cerrar, con lágrimas de duelo,

tras sí las puertas del Edén perdido,
exclamó el infeliz mirando el cielo:
“¡Si me quitáis el bien, dadme el olvido!”

Francisco Camprodón Lafont