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417-Luis Gálvez De Montalvo



CANCIÓN

Pastora, tus ojos bellos
mi cielo puedo llamallos,
pues en llegando a mirallos,
se me pasa el alma a ellos.

Ojos cuya perfección
desprecia humanos despojos,
los ojos los llamen ojos,
que el alma sabe quién son.

Pastora, la fuerza dellos
por espejo hace estimallos,
pues viene junto el mirallos
y el pasarse el alma a ellos.

Muchas cosas dan señal
desta verdad sin recelo:
que tus ojos son del cielo
y su poder celestial.

Pastora, pues solo vellos
fuerza el corazón a amallos,
y la gloria de mirallos,
a pasarse el alma a ellos.

Luis Gálvez De Montalvo

429-Juan Rodríguez del Padrón



CANCIÓN

Vive leda si podrás,
y no penes atendiendo,
que según peno partiendo,
ya no espero que jamás
te veré ni me verás.

¡Oh dolorosa partida!
¡Oh triste amador que pido
licencia, que me despido
de tu vista y de mi vida!
El trabajo perderás
en haber de mí más cura:
según que mi gran tristura
ya no espero que jamás
te veré ni me verás.

Juan Rodríguez del Padrón

451-Joan Escrivá



CANCIÓN

Ven, muerte, tan escondida,
que no te sienta conmigo,
porque el gozo de contigo
no me torne a dar la vida.

Ven como rayo que hiere,
que hasta que ha herido
no se siente su ruido,
por mejor herir do quiere:

Así sea tu venida;
si no, desde aquí me obligo
que el gozo que habré contigo
me dará de nuevo vida.

Joan Escrivá

525-Antonio de Villegas



CANCIÓN

¡Oh ansias de mi pasión;
dolores que en venir juntos
habéis quebrado los puntos
de mi triste corazón!

Con dos prisiones nos ata
el amor cuando se enciende:
hermosura es la que prende,
y la gracia es la que mata.

Ya mi alma está en pasión;
los miembros tengo difuntos
en ver dos contrarios juntos
contra un triste corazón.

Antonio de Villegas

767-Cristobalina Fernández de Alarcón



CANCIÓN AMOROSA

Cansados ojos míos,
ayudadme a llorar el mal que siento,
hechos corrientes ríos
daréis algún alivio a mi tormento
y al triste pensamiento
que tanto me atormenta,
anegaréis con vuestra tormenta.

Llora el perdido gusto
que ya tuvo otro tiempo el alma mía,
y el eterno disgusto
en que vive muriendo noche y día;
que estando mi alegría
de vosotros ausente,
es justo que lloréis eternamente.

¡Que viva yo pensando
por quien tanto de amarme se desdeña!;
que cuando estoy llorando
haga tierna señal la dura peña,
y que a su zahareña
condición no la mueven
las tiernas lluvias que mis ojos llueven!

¡Sombras que en noche oscura
habitáis de la tierra el hondo centro,
decidme ¿por ventura
iguala con mi mal el de allá dentro?
Mas, ¡ay!, que nunca encuentro
ni aun en el mismo infierno
tormento igual a mi tormento eterno.

¿Cuándo tendrá, alma mía,
la tenebrosa noche de su ausencia
fin, y en dichoso día
saldrá el alegre sol de tu presencia?
Mas ¿Quién tendrá paciencia?
Que es la esperanza amarga
cuando el mal es prolijo y ella es larga.

¡Oh tú, sagrado Apolo,
que del alegre oriente al triste ocaso,
el uno y el otro polo
del cielo vas midiendo paso a paso,
¿has descubierto acaso
desde tu sacra cumbre
el hemisferio a quien mi sol da lumbre?

Diráste, si lo esconde
en sus dichosas faldas el aurora,
lo mal que corresponde
a aquesta alma cautiva, que le adora;
y como siempre mora
dentro el pecho mío,
tan abrasado cuando el frío es frío.

Infierno de mis penas,
fiero verdugo de mis tiernos años,
que con fuertes cadenas
tienes el alma presa en tus engaños,
donde los desengaños,
aunque se ven tan ciertos,
cuando llegan al alma llegan muertos.

Yo viviré sin verte
penando, si tú gustas que así viva,
o me daré la muerte,
si muerte pide tu piedad esquiva;
bien puedes esa altiva
frente ceñir de gloria
que amor te ofrece cierta la victoria.

Tuyos son mis despojos
adorna las paredes de tu templo;
que tus divinos ojos
vencedores del mundo los contemplo;
ellos serán ejemplo
de ingratitud interna
como los míos de firmeza eterna.

¡Ay ojos, quién os viera!,
que no hubiera pasión tan inhumana
que no se suspendiera
con vista tan divina y soberana.
Quedara tan ufana,
que el pensamiento mío
cobrara nuevas fuerzas, nuevo brío.

Si amor, que me transforma,
quitándome el pesado y triste velo,
me diera nueva forma,
volara, cual espíritu, a mi cielo,
y no abatiera el vuelo,
que yo rompiera entonces
de cualquier imposible duros bronces.

No estuviera seguro
el monte mas excelso y levantado,
ni el mas soberbio muro,
de ser por mis ardides escalado,
y a despecho del hado,
descendiera, por verte,
al reino oscuro de la oscura muerte.

Mil veces me imagino
gozando tu presencia, en dulce gloria,
y con gozo divino
renueva el alma su pasada historia;
que con esta memoria
se engaña el pensamiento,
y en parte se suspende el mal que siento.

Mas como luego veo
qu´es falsa imagen, que cual sombra huye,
aumentase el deseo,
y ansias mortales en mi pecho influye,
con que el vivir destruye:
que amor en mil maneras
me da burlando el bien, y el mal de veras.

Canción, de aquí no pases,
cese tu triste canto;
que se deshace el alma en triste llanto.

Cristobalina Fernández de Alarcón

796-Jacinto Sala



LA ALONDRA

Caminito del cielo
iba la Alondra
modulando contenta
divinas trovas:
-Sube, -gritóla un ángel,-
sube, avecilla,
y darás al Eterno
tus armonías.
Verás como estos campos
del Paraíso
tienen para los pájaros
grato atractivo;
no hay mortífero plomo,
ni Halcón aleve,
ni rudas tempestades,
ni falsas redes.
Aquí todo es hartura
y blandos sones,
ambrosía y perfumes,
luces y flores.
Ven presto a las alturas,
ven, avecilla,
y da a Dios por ofrenda
tus melodías.
Cuando el ángel le dijo
tales palabras,
distraída la Alondra
no le escuchaba;
en la tierra sus ojos
tenía fijos,
y la atraía a ella
potente hechizo.
Era la luz brillante
del espejuelo,
que la cegaba ardiente
con sus reflejos.
De pronto el ave cesa
en sus cantares;
abandona el espacio;
su vuelo abate;
y cuando el embeleso
alcanza alegre,
en sus pérfidos lazos
halla la muerte.

Huid la tentación, almas
de noble vuelo;
no dejéis el camino,
si vais al cielo.

Jacinto Sala

889-Juan de Timoneda



CANZONETA

Aquel si viene o no viene,
aquel si sale o no sale,
en los amores no tiene
contento que se le iguale.
Aquel pensar que es amado
el amante y venturoso
y tenerse por dudoso
de verse bien empleado,
si con esto se mantiene
y que el seso no resbale,
en los amores no tiene
contento que se le iguale.
Aquel mirarse de día
ella a él y él a ella,
y esperar la noche bella
y hablarle como solía:
aquel cuando se detiene
aguardando quien le vale,
en los amores no tiene
contento que se le iguale.
Aquel pensar si me ha oído
si me ha visto por ventura,
si llegó la hora y postura
que se había constituido;
si en esperanza se aviene
y el amor con esto sale,
todito el mundo no tiene
contento que se le iguale.
Aquellas señas que espere
que le señale la dama,
aquel ¡ce! con que le llama,
aquel decir que le quiere,
aquel sí cuando conviene
en cosa que poco vale,
en los amores no tiene
contento que se le iguale.

Juan de Timoneda

945-Chao Yong



CANCIÓN

Delante de las flores bebo y me emborracho;
ebrio, sosteniendo un ramo de flores en mi mano,
continúo cantando.
¡Encantadoras flores, no os burléis de mi blanca cabeza,
porque esta cabeza blanca ha visto ya numerosas
y encantadoras flores!

Chao Yong

947-Tchan Tsi



CANCIÓN

El cielo azul es inmenso y vacío,
el claro sol alumbra sin raíces ni apoyo,
su fulgor luminoso salido de la tierra
de nuevo entra en la tierra.
Su curso hace que nuestra juventud
dure sólo un instante.
Nos hemos encontrado los dos y, de pronto,
quedamos silenciosos,
entristecidos con la edad que avanza.
Jamás tendremos más alegría que hoy.
Una copa de oro está ante ti, llena de vino.
Saludándote, te deseo que vivas mil años.

Tchan Tsi

955-Pao Tchao



CANCIÓN

Noche de invierno profunda,
canto sentado en la noche.
Antes que el acorde vibre
puedes conocer mi alma.
Queda escarcha en mis cortinas,
el viento gime en el bosque.
La lámpara está apagándose,
tu rostro ardiente no veo.
Es tu canción la que canto,
sobre el aire de tu música.
Poco me importan sus notas,
lo que busco es el recuerdo.

Pao Tchao