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Romance de la Mente y el Corazón



ROMANCE DE LA MENTE Y EL CORAZÓN

- ¿Qué te pasa, Corazón,
que pareces como ausente?

- Es sólo que no me escuchas,
pues yo estoy contigo siempre...

- Sí te escucho... Te oigo andar
con tu compás permanente...

- Mis latidos son los ecos
de la Verdad que se siente...

- La Verdad... ¿qué otra verdad
puede haber sino la muerte?

- Ay, amiga, quien la busca
es normal que se lamente...

- Yo no sé qué es la Verdad,
pero sé que tú no mientes...

- Pues si sabes que no miento,
será tuya eternamente...

- Siempre que tú estés conmigo...
- Siempre que jamás me dejes.

Jesús María Bustelo Acevedo

76-Wallace Stevens



EL POEMA DEL ACTO DE LA MENTE

El poema de la mente en el acto de hallar
lo que haga falta. No siempre había tenido
algo que hallar: la escena estaba ya dispuesta;
repetía lo que decía el libreto.
Después cambiaron el teatro
por alguna otra cosa,
y su pasado se volvió un souvenir.
Debe ser algo vivo,
aprender cómo se habla en el lugar.
Debe pararse frente a los hombres de la época,
y conocer a las mujeres de la época.
Debe ocuparse de la guerra
y debe hallar lo que haga falta.
Debe construir un escenario nuevo.
Debe subir a ese escenario,
y como un actor insaciable,
despacio y meditadamente,
debe decir palabras que, al oído,
al delicado oído de la mente,
repitan exactamente lo que éste quiera oír,
a oídas de lo cual, un público invisible,
oiga ya no la obra sino su propia voz,
manifestada en la emoción como de dos personas,
como dos emociones que se funden en una.
El actor es un metafísico en la oscuridad,
que tañe un instrumento,
que rasguea una cuerda que resuena
al ser atravesada por súbitos aciertos,
que contiene a la mente por completo,
debajo de la cual no puede rebajarse.
Más allá de la cual no tiene voluntad de alzarse.
Debe ser el hallazgo de una satisfacción,
y puede hablar de un hombre patinando,
de una mujer bailando, de una mujer peinándose.
El poema del acto de la mente.

Wallace Stevens

500-Constantine Cavafy



VOCES

Ideales y profundamente amadas voces
de aquellos que murieron, o de quienes
se perdieron para nosotros como los muertos.

A veces nos hablan en los sueños;
a veces, pensando, la mente los escucha.

Y por un momento con su eco otros ecos
regresan desde la primera poesía de nuestra vida,
como música que extinguieran las lejanas tinieblas.

Constantine Cavafy

684-Basavanna



COMO UN MONO

Igual que un mono en el árbol,
que vuela de rama en rama,
mi corazón va saltando
perdiendo mi confianza,
puesto que impide elevar
hasta mi Padre mi alma,
hasta el Señor de los ríos
que en el camino se abrazan.

Basavanna