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175-Oscar Wilde



EL ARTISTA

Ardió su alma, una noche, el deseo vehemente
de perpetuar tu imagen, placer que solamente
por un instante duras, y fuese por el mundo
a conseguir el bronce para sus esculturas.

Y era el bronce la única obsesión de su mente.
Más en el mundo había desaparecido el bronce:
en la extensión del mundo se erguía únicamente
el bronce de una estatua:
la del dolor que dura eternamente.
Esa estatua, obra suya, púsola con sus manos,
en días ya lejanos,
en la tumba del único ser que adoró en la vida...
En la tumba desierta de la muerta criatura
que amara con pasión enloquecida
levantó la figura dolorida
como alma de su alma, como eterna señal
del amor de los hombres que perdura
y como vivo símbolo
del dolor de los hombres que para siempre dura.

Y en la extensión del mundo
no había ya más bronce
que el de aquella escultura.

Arrancóla el artista del sarcófago, y luego,
sobre la enorme boca de un horno incandescente,
viola fundirse al ósculo devorador del fuego.

Y con el bronce mudo
del dolor que perdura eternamente
modeló de otra estatua la figura:
la estatua del placer que solo dura
un instante.

Oscar Wilde

296-Juan Meléndez Valdés



A DORILA

¡Cómo se van las horas,
y tras ellas los días,
y los floridos años
de nuestra frágil vida!
La vejez luego viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,
que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.
Si esto, pues, nos aguarda,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra frágil vida?
Para juegos y bailes
y cantares y risas
nos los dieron los cielos,
las Gracias los destinan.
Ven ¡ay! ¿qué te detiene?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do lene el viento aspira;
y entre vinos suaves
y mimosas delicias
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.

Juan Menéndez Valdés

395-María Rosa Gálvez



LA VANIDAD DE LOS PLACERES

Oigo del mundo el eco lisonjero
sonar gozoso en torno de mi mente,
y la insensata gente
veo correr en vano
sin poder halagar ningún sentido:
¿será, que la fortuna a los mortales
jamás otorgue algún placer cumplido;
o que el fastidio siga a las pasiones,
que no pueden saciar sus corazones?

Genio, que inspiras sin cesar mi canto,
yo me abandono a ti; guía mi acento;
vuela en pos del contento
que el hombre te presenta en su grandeza,
cuando engañado su vivir fatiga,
y sus tesoros por gozar prodiga.

Jamás el espectáculo pomposo
vio del sol al nacer, ni sus oídos
el canto de las aves melodioso
gozaron, cuando el orbe se ilumina;
sumido en ocio, de velar cansado,
la noche se avecina
cuando el lecho dejando lentamente,
torna de los placeres al bullicio,
con que el mundo le encubre el precipicio.

Piensa que puede amar, y ser amado;
y los deleites del amor siguiendo,
un instante engañado
vivió de su ilusión encantadora;
pero nunca gozó: desconfianzas,
ingratitud, traiciones le atormentan;
celos devoradores
le acosan sin cesar con sus furores;
y si en la variedad busca delicias,
el interés le vende sus caricias.

El lujo le previene los banquetes
que la gula inventó; soberbio en ellos
adula su deseo caprichoso
con viandas exquisitas:
naturaleza de su seno hermoso,
los dones le presenta, que cultiva
bañado de sudor el desvalido,
allí desvanecido,
de falaces amigos rodeado,
con extraños licores lisonjea
su apetito estragado,
hasta que en el desorden ya beodo
pierde con la razón el placer todo.

Envilecido entonces, degradado
del nombre racional corre aturdido
del circo al espectáculo sangriento,
en él, igual a las sañudas fieras,
del hombre perseguidas,
tranquilo goza el bárbaro contento
de ver los inocentes animales
rabiando de perecer; y si la suerte
no protege los diestros lidiadores
también sin susto ve llegar su muerte.

Si asiste del teatro a las delicias,
sólo es por vanidad; su entendimiento
desconoce del arte los encantos:
el vano lucimiento
ocupa su atención; no las pasiones
que ve representar; no las desgracias,
ni el castigo, que alcanza el vicio impío,
su corazón movieron,
de sentimientos y virtud vacío.

Alguna vez de estruendo venatorio
seguido al campo sale;
y en el placer de muerte embebecido
las libres aves su rigor destruye;
que el privilegio de volar no vale
contra el ronco estallido
de la pólvora atroz; ni el manso ciervo,
ni la tímida liebre,
ni el veloz gamo su vivir libraron;
todos perecen: ¡ay!, cuando se aleja,
rastros de sangre por el valle deja.

Corre luego al festín; el atractivo
de la danza le ofrece sus deleites;
allí en tropel festivo
los mortales alegres se abandonan:
quien, en vueltas acá y allá girando,
en sus brazos conduce la doncella;
quien, rápido saltando,
del bello sexo la pasión excita;
quien, por danzar se agita,
y a los espectadores atropella:
los ojos se deleitan, los oídos;
y el tacto encanta los demás sentidos.

En vano este delirio pasajero
su languidez desvela,
mas poderoso objeto necesita,
para gozar placer; al juego vuela,
al juego destructor; en él consume
su tiempo y su riqueza:
en sus falaces suertes pierde el oro,
que socorrer pudiera cien familias,
y deja entre las manos de un malvado,
lo que aliviar debiera al desdichado.

Si honoríficos puestos solicita,
¡cuánto a su orgullo que sufrir le espera!
La brillante carrera
de los premios emprende,
sin merecer ninguno; en ella ansioso
teme desaires, humillado ruega,
lisonjea, importuna,
y si acaso concede la fortuna
a su anhelar la injusta recompensa,
llega la senectud, y en pos la muerte
se presenta, seguida
del atormentador remordimiento,
de dolencia y terror; en vano entonces
remedios busca, por alivio clama;
el sepulcro lo llama;
baja a su seno, y su memoria en tanto
de nadie logra compasión ni llanto.

¿Y qué placer gozó? Todos huyeron
fugaces, del destino a la inconstancia;
todos en aflicción se convirtieron
cuando llegó su fin. ¿Acaso existe
algún placer durable cual la vida?
¿Acaso el mundo los consuelos niega
de recordar la dicha, aunque perdida?
No, débiles mortales;
la sagrada virtud en nuestros males
brilla, como la luz en las tinieblas;
ella conforta el corazón humano
contra la adversidad; y el poderoso,
que al triste socorrió con larga mano,
consigue venturoso
el supremo placer de hacer felices:
este es solo el deleite duradero
hasta el instante de vivir postrero.

María Rosa Gálvez

629-Enrique Sierra Valenzuela



LA DICHA ES BREVE

Del risueño placer tras el halago
corrí afanoso, de gozar sediento;
y vi que es el placer onda que el viento
alza al tender su vuelo sobre el lago.

Seguí mi ruta, y el dolor aciago
turbó mi alma con su puro aliento:
y vi que es el dolor firme y violento,
como es el goce transitorio y vago.

En la senda del mundo peregrino,
mi soledad y mi dolor deploro
y un rayo de placer busco sin tino,

mas ¡ay! en vano mi tristeza lloro;
y si un goce vislumbro en mi camino,
es breve cual la luz de un meteoro.

Enrique Sierra Valenzuela

865-Abu al Cassim ebn Tabataba



A LA MODERACIÓN EN NUESTROS PLACERES

Está en gozar el placer,
mas la precipitación
de la ardorosa pasión
suele el bien en mal volver,
pues en todo debe haber
orden, medida y asiento.
El aceite, que alimento
de a la llama, si arrojado
es con golpe inmoderado
la sofoca en un momento.

Abu al Cassim ebn Tabataba

884-Abd al Malec al Harithi



LOS VERDADEROS PLACERES

Vino, y festín sabroso,
y el dulce retozar de la camella,
que firme el suelo huella,
a la que amo ansioso
recuesta en lo interior del bosque umbroso.

Muchachas agraciadas,
que en torno nos rodean, con vestidos
de oro y seda tejidos;
y las frentes veladas
cual ebúrneas estatuas delicadas;

abundancia y sosiego,
y el ay suave de la cuerda herida
hacen feliz la vida:
y el hombre sigue ciego
de la fortuna el inconstante juego.

El caso adverso y fuerte,
y la dicha apacible, y la riqueza,
y la amarga pobreza
tienen la misma suerte:
que cuanto vive está sujeto a muerte.

Abd al Malec al Harithi

919-Friedrich Nietzsche




OTRA VEZ

¡Atención, hombre! ¡Escúchame!
¿Qué nos dice la profunda medianoche?
Dormí, dormí,
pero desperté del abismo del sueño.
El Mundo es profundo,
más de lo que el día supuso.
¡Profundo es su dolor,
pero el placer es aún más profundo
que la profundidad de la tristeza!
Pasa, dice el dolor,
pero todo placer quiere eternidad,
¡profunda, profunda eternidad!

Friedrich Nietzsche