José María Zandueta Munárriz



INMACULADA

Inmaculada cual la luz del día
que nace en los umbrales de la aurora.
Inmaculada y pura en toda hora
Santa Madre de Dios, Virgen María.

Inmaculada en la celeste vía
de traernos a Cristo y ser la autora
del virginal prodigio que atesora
tan divina y humana eucaristía.

Deja que al ver tu rostro y proclamarte
Purísima entre todas las mujeres,
me derrita de gozo en tu mirada.

Y encendido de amor sepa cantarte
demostrando ante el mundo que Tú eres
intacta, virginal, ¡Inmaculada!

José María Zandueta Munárriz

Bernardo Velado Graña



SONETO

Dos mil años después de tu venida
te espera nuestro mundo en nuevo adviento;
sólo contigo cobrará el aliento
para vivir la tierra envejecida.

Tú eres la luz de su razón perdida,
el agua viva del que está sediento,
el verdadero pan del hombre hambriento;
vencedor de la muerte, eres la Vida.

Eres alfa y omega de la Historia
que vive tu cruz y tu victoria.
Tú descubres al hombre qué es ser hombre.

Y le ayudas a serlo y lo levantas.
Por eso el mundo entero ante tus plantas
confiesa el Nombre sobre todo nombre.

Bernardo Velado Graña

Juan de Contreras



SONETO

¿Quién recuerda el aroma de las flores
abiertas en lejanas primaveras?
¿Quién aquel resplandor de las hogueras
que hicieron, otro invierno, los pastores?

Pasa la vida así, con sus dolores;
así la gloria, que afanoso esperas.
Poeta, ¿quién sabrá de tus quimeras?
Amante, ¿qué ha de ser de tus amores?

Una noche serena así decía,
mirando de los cielos la grandeza,
cuando una voz me susurró al oído:

Ama con puro amor, trabaja y reza;
duérmete luego en paz y en Mí confía:
¡Cuanto se hace por Mí, nunca es perdido!

Juan de Contreras

Patxi Loidi



CADA MAÑANA

Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte por ver si vuelvo.
Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.
Cada mañana me cortas la palabra,
te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo el cuerpo entero.
Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí por el ancho mundo.
Cada mañana me dices al oído con voz de primavera:
"Hoy puedes empezar de cero".

Patxi Loidi

Gabriela Mistral



EL PLACER DE SERVIR

Toda la Naturaleza es un anhelo de servir.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú;
donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú.
Sé el que apartó la piedra del camino,
el odio de los corazones y las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y la de ser justo;
pero hay la hermosa, la inmensa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho,
si no hubiera en él un rosal que plantar,
una empresa que emprender.
No caigas en el error de creer
que sólo se hace mérito con los grandes trabajos;
hay pequeños servicios:
regar un jardín, ordenar unos libros, peinar a una niña.
El servir no sólo es tarea de seres inferiores.
Dios, que da el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamársele así: El que sirve.
Y tiene sus ojos en nuestras manos y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?
Servir ¡Oh Dios...! Tú que estás en este Sol cálido, en el fruto.
Tú que unes cosas y hombres;
que me has puesto un corazón
pronto al sentimiento, oye mi voz:
¡Que no haya guerra, llantos y temores!
Aleja el mal del alma de los hombres.
Quiero servir con mi ruego a todos los que luchan
y a todos los que esperan.
¡Si mi cuerpo no está presente, mi alma está con ellos!
Te ofrezco mis ojos húmedos mirando el Cielo...
Mi boca fresca repitiendo este ruego...
¡que es mi modo humilde y sincero de servir hoy y siempre...!

Gabriela Mistral

Dulce María Loynaz



POEMA XCVII

Señor mío: Tú me diste estos ojos;
dime dónde he de volverlos
en esta noche larga, que ha de durar más que mis ojos.
Rey jurado de mi primera fe: Tú me diste estas manos;
dime qué han de tomar o dejar en un peregrinaje sin sentido
para mis sentidos, donde todo me falta y todo me sobra.
Dulzura de mi ardua dulzura:
Tú me diste esta voz en el desierto;
dime cuál es la palabra digna de remontar el gran silencio. 
Soplo de mi barro: Tú me diste estos pies...
Dime por qué hiciste tantos caminos,
si Tú solo eres el Camino, y la Verdad, y la Vida.

Dulce María Loynaz

Miguel Hernández



EL SILBO DEL DALE

Dale al aspa, molino, 
hasta nevar el trigo.
Dale a la piedra, agua, 
hasta ponerla mansa.
Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.
Dale al aire, cabrero, 
hasta que silbe tierno.
Dale al cabrero, monte,
hasta dejarlo inmóvil.
Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.
Dale, Dios, a mi alma,
hasta perfeccionarla.
Dale que dale, dale,
molino, piedra, aire, 
cabrero, monte, astro;
dale que dale largo.
Dale que dale, Dios,
¡ay! hasta la perfección.

Miguel Hernández