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Walt Whitman



A AQUÉL QUE FUE CRUCIFICADO

Mi espíritu al tuyo, querido hermano,

No importa que muchos de los que pronuncian tu nombre no te entiendan.
Yo no pronuncio tu nombre, pero te entiendo.
Te señalo con alegría, oh compañero, para saludarte,
y para saludar a aquellos que estuvieron contigo, antes y después, y los que vendrán.
Todos los que trabajamos juntos transmitiendo la misma tarea y la misma herencia.
Unos pocos iguales, por encima de países y épocas,
Abarcamos todos los continentes, todas las castas, y aceptamos todas las teologías.
Compasivos, observadores, cerca de los hombres,
Caminamos en silencio entre discusiones y afirmaciones,
aunque sin rechazar a quienes discuten, ni nada de lo afirmado.
Oímos el griterío y el estruendo, divisiones, celos,
recriminaciones, nos llegan de todas partes.
Nos cercan imperiosamente para que nos rindamos, compañero.
Pero caminamos sueltos, libres, por toda la tierra,
viajando de un lado a otro, hasta que dejamos
nuestra marca imborrable en el tiempo y en las diversas eras.
Hasta que saturamos el tiempo y las eras,
para que los hombres y las mujeres de razas y edades futuras
puedan ser hermanos y amantes como nosotros somos.

Walt Whitman

Bernardo Velado Graña



SONETO

Dos mil años después de tu venida
te espera nuestro mundo en nuevo adviento;
sólo contigo cobrará el aliento
para vivir la tierra envejecida.

Tú eres la luz de su razón perdida,
el agua viva del que está sediento,
el verdadero pan del hombre hambriento;
vencedor de la muerte, eres la Vida.

Eres alfa y omega de la Historia
que vive tu cruz y tu victoria.
Tú descubres al hombre qué es ser hombre.

Y le ayudas a serlo y lo levantas.
Por eso el mundo entero ante tus plantas
confiesa el Nombre sobre todo nombre.

Bernardo Velado Graña

1-Jesús de Nazaret



DÉCIMA

Todo aquel que tenga sed,
que venga y beba de mí;
y si no lo veis así,
sólo os digo: creed.
Cuanto yo tengo, merced
a la bondad del Señor,
es también del pecador
que abraza cuando me ve
con sincera y llana fe
este credo redentor.

Jesús de Nazaret

81-Ana de Jesús



EL REY DE REYES

Mirad al Rey de los reyes
que por hacernos señores
se sujeta a nuestras leyes
y se carga de dolores.

Ana de Jesús

100-Fray Pedro Malón de Chaide



SONETO

Tú, que con celo santo y pecho osado
(despreciando del mar tempestuoso
las ondas), arribaste al poderoso
Reino de gente indómita habitado

y esparciendo en los pechos del helado
pueblo el licor süave y precïoso
más que néctar, dejaste el glorïoso
estandarte de Cristo enarbolado,

el inmortal trïunfo de tamaña
victoria goza; la famosa frente
de verde yedra y arrayán ceñida;

tu nombre cante la feliz España
por mil causas, quedando eternamente
a tan sabrosa historia agradecida.

Fray Pedro Malón de Chaide

158-Ángel Ignacio González



A JESÚS CRUCIFICADO

Predicaste a los hombres: “Sed hermanos,
y amad el bien, la paz y la justicia”,
pero los hombres con atroz codicia,
se matan y destruyen, inhumanos.

Oprimen a los pueblos los tiranos,
de la virtud se mofa la impudicia.
¿Por qué, Jesús, la redención propicia
nunca brotó de tus preceptos sanos?

Si no fuiste inventado para hundirnos
en torpe fanatismo, si eres lazo
de amor y de bondad que vino a unirnos,

si eres Dios y no has muerte, en ese caso,
apresúrate Cristo a redimirnos,
¡pues va por veinte siglos tu fracaso!

Ángel Ignacio González

161-Ashram El-Kebir



AMOR

Siglos, milenios, eras tal vez, habían pasado
desde que Adán y Eva se unieron. No existía
ya en el mundo el amor... Pero a la grey judía
llegó un poeta rubio, dulce y atormentado.

Era el Hijo de Dios... Habló contra el pecado
de la lujuria, la sed de oro, la falsía
del mercader que roba y reza, y de la orgía
de un mundo corrompido que a Dios había olvidado.

Al pueblo dijo entonces Jesús: "Seguid mi ejemplo"...
¡y echó a los fariseos a látigo del templo!
Una joven pareja se acercó al Nazareno:

"Señor, Señor" -dijéronle- "¿amarnos es pecado?",
y Él, sonriente : "Yo mismo seré crucificado
por el amor; ¡amaos! ¡Amar es lo que es bueno!"

Ashram El-Kebir

232-Helen Schucman




EL SALUDO
 
No digas otra cosa que "te amo"
a todas las criaturas vivientes,
y ellas extenderán sus bendiciones
que te mantendrán a salvo
y en la completa seguridad
de que perteneces a Dios y Él te pertenece.
¿Cuál si no "te amo"
podría ser el saludo de Cristo a Cristo
cuando consigo mismo se encuentra?
¿Y qué eres tú sino el Hijo de Dios,
el Cristo al que Él quiere dar la bienvenida?

Helen Schucman

302-Antoni Febrer i Cardona



AFECTOS DE UN PECADOR ARREPENTIDO

¡Oh, gran Dios! Tus decretos son llenos de equidad.
Tú siempre te complaces en sernos muy propicio,
mas yo soy tan malvado que, tu inmensa bondad,
será, si me perdonas, contra tu justo juicio.

Sí, Señor, pues lo extremo de mi loca maldad
no permite otra cosa que ordenar mi suplicio.
Tu interés está en lucha con mi felicidad
y tu clemencia espera para punir mi vicio.

Contenta tu deseo pues que te es glorioso;
que sea mi dolor a tus ojos odioso;
¡castiga, que ya es hora, aquesta gran malicia!

Justo será el castigo que te sea bien visto...
Pero, dime: ¿En qué parte me herirá tu justicia
que no la haya cubierto con sangre Jesucristo?

Antoni Febrer i Cardona

400-Manuel María Flores



LA CRUZ

Hace dieciocho siglos, humillado
y lleno el mundo de terror veía
cómo Roma triunfal le conducía
al rudo carro de su gloria atado.

Hace dieciocho siglos, ignorado
del mundo que su fe no conocía,
un hombre en el patíbulo moría
como vil criminal crucificado.

Dieciocho siglos ha... Tras gloria tanta
besó Roma imperial el polvo inmundo
del bárbaro feroz bajo la planta;

mientras la cruz del Cristo moribundo
entre el cielo ya la tierra se levanta
sobre el inmenso pedestal del mundo.

Manuel María Flores

735-Sor María de la Antigua



CANCIÓN

Alma, que estando muerta
y en horrores de vicios sepultada,
Dios te llama y despierta
con una voz tan dulce y regalada,
¿qué haces, que no escuchas
sus amorosos ecos? ¿Con quién luchas?

¿Qué miedos te combaten?
¿Qué temores te impiden? ¿Qué recelos
hay en ti que delaten
el logro de tus ansias y desvelos?
Responde a quien te llama
y no te hieles cuando Dios te inflama.

Concede al ocio justo
la piadosa atención que está pidiendo,
y con intenso gusto
escucharás a un cisne que muriendo
entre las ansias suyas
se acuerda así de las miserias tuyas.

- Pobre ovejuela -dice -,
¿qué quieres ignorante de tu daño,
malograrte, infelice?
¿No ves que vas huyendo del rebaño
de mis mansos corderos,
a ser manjar de lobos carniceros?

De ti te compadece;
ten lástima de ti, que vas perdida,
y si no te parece
que es muy grande tu culpa y tu caída,
mira, fiel, con cuidado,
verás lo que me cuesta tu pecado.

Mira estas nobles sienes
coronadas de espinas rigurosas,
y si en tu pecho tienes
piedad, mira estas puntas dolorosas
que el cerebro me pasan
y el corazón y el alma me traspasan.

Mira estos ojos bellos,
por tu culpa sangrientos y eclipsados,
y estos rubios cabellos,
en mi sangre teñidos y bañados;
verás al sol ponerse
y al oro entre la púrpura esconderse.

Mira aquestas mejillas
que a esmaltes de carmín fondo de nieve
les daban, ya amarillas,
sin su beldad hermosa cuanto breve;
mira, y verás mis labios
cárdenos lirios de sufrirte agravios.

Mira estas manos santas
que ocupadas en tales ejercicios,
misericordias tantas
obraron, por hacerte beneficios,
y para tu remedio
las verás taladradas por el medio.

Mira ésta de rubíes
puerta, que en mi costado generoso
con pompas carmesíes
abrió un golpe de lanza impetuoso,
verás con este hierro
pagar mi amor lo que debió tu yerro.

Mira estos pies divinos
que, descalzos por una y otra parte,
tan diversos caminos
anduvieron gustosos a buscarte,
y en ellos castigada
verás tu liviandad desenfrenada.

Mira, si acaso puedes
mirar sin compasión, todo llagado
mi cuerpo, y si no excedes
en fiereza al león y al tigre airado,
viendo no lo merezco,
te dolerá lo que por ti padezco.

Mira que si en el verde
leño se hace tan cruel castigo,
es para que se acuerde
cuál será aquel que se hará contigo,
que, dada a tus placeres,
seca de gracia y de virtudes eres.

Pero si estás tan dura
que no te mortifican mis dolores,
y tu vana locura
los oídos le niega a mis clamores,
alma, repara y mira
que cuanta es mi piedad, tanta es mi ira.

Sor María de la Antigua

778-Gabriel García Tassara



HIMNO AL MESÍAS

Baja otra vez al mundo,
¡baja otra vez, Mesías!
De nuevo son los días
de tu alta vocación:
y en su dolor profundo
la humanidad entera
el nuevo oriente espera
de un sol de redención.

Corrieron veinte edades
desde el supremo día
en esa cruz te veía
morir Jerusalén,
y nuevas tempestades
surgieron y bramaron,
de aquellas que asolaron
el primitivo Edén.

De aquellas que le ocultan
al hombre su camino
con ciego torbellino
de culpa y expiación;
de aquellas que sepultan
en hondos cautiverios
cadáveres de imperios
que fueron y no son.

Sereno está en la esfera
el sol del firmamento;
la tierra en su cimiento
inconmovible está;
la blanca primavera
con su gentil abrazo
fecunda el gran regazo
que flor y fruto da.

Mas, ¡ay!, que de las almas
el sol yace eclipsando;
mas, ¡ay! que ha vacilado
el polo de la fe;
mas, ¡ay!, que ya tus palmas
se vuelven al desierto:
no crecen, no, en el huerto
del que tu pueblo fue.

Tiniebla es ya la Europa:
ella agotó la ciencia,
maldijo su creencia,
se apacentó con hiel;
y rota ya la copa
en que su fe bebía,
se alzaba y te decía:
“¡Señor!, yo soy Luzbel”

Mas, ¡ay!, que contra el cielo
no tiene el hombre rayo,
y en súbito desmayo
cayó de ayer a hoy;
y en son de desconsuelo,
y en llanto de impotencia,
hoy clama en tu presencia:
“Señor, tu pueblo soy”.

No es, no, la Roma atea
que entre aras derrocadas
despide a carcajadas
los dioses que se van;
es la que, humilde rea,
baja a las catacumbas,
y palpa entre las tumbas
los tiempos que vendrán.

Todo, Señor, diciendo
está los grandes días
de luto y agonías,
de muerte y orfandad;
que, del pecado horrendo
envuelta en el sudario,
pasa por un Calvario
la ciega humanidad.

Baja ¡oh Señor! No en vano
siglos y siglos vuelan;
los siglos nos revelan
con misteriosa luz
el infinito arcano
y la virtud que encierra,
trono de cielo y tierra
tu sacrosanta cruz.

Toda la historia humana,
¡Señor!, está en tu nombre;
Tú fuiste Dios del hombre,
Dios de la humanidad
tu Sangre soberana
en su Calvario eterno;
tu triunfo del infierno
es su inmortalidad.

¿Quién dijo, Dios clemente,
que Tú no volverías,
y a horribles gemonías
y a eterna perdición,
condena a esta doliente
raza del ser humano
que espera de tu mano
su nueva salvación?

Sí, tu vendrás. Vencidos
serán con nuevo ejemplo
los que del santo templo
apartan a tu grey.
Vendrás y confundidos
caerán con los ateos
los nuevos fariseos
de la caduca ley.

¿Quién sabe si ahora mismo
entre alaridos tantos
de tus profetas santos
la voz no suena ya?
Ven, saca del abismo
a un pueblo moribundo;
Luzbel ha vuelto al mundo,
y Dios no volverá?

¡Señor!, en tus juicios
la comprensión se abisma;
mas es siempre la misma
del Gólgota la voz.
Fatídicos auspicios
resonarán en vano;
no es el destino humano
la humanidad sin Dios.

Ya pasarán los siglos
de la tremenda prueba;
¡Ya nacerás, luz nueva
de la futura edad!
Ya huiréis, ¡negros vestiglos
de los antiguos días!
Ya volverás, ¡Mesías!,
en gloria y majestad.

Gabriel García Tassara


LA PRIMAVERA

¡Oh campos!, ¡oh deleite!, ¡oh hermosura!
¡Oh rica aurora en rosicler y gualda!
¡Oh flores que en balsámica guirnalda
os derramáis por la feraz llanura!

¡Oh bosques de prolífica espesura
que de los montes recamáis la espalda!
¡Oh vivas auras que de falda en falda
la fragancia lleváis y la frescura!

¡Oh hermoso río que el genial tesoro
dilatas por la espléndida ribera,
fluctuante espejo del naciente día!

¡Oh claro cielo de amaranto y oro!
¡Oh mañana del año! ¡Oh primavera!
¡Oh alma esposa del sol! ¡Oh Andalucía!

Gabriel García Tassara

800-Fray Pedro de Padilla



A LA MUERTE DE CRISTO

En el árbol de la cruz
estaba Cristo pendiente,
y el cielo, el mar y la tierra
cada cual su muerte siente.
Tiene su cuerpo sagrado,
hecho de sangre, una fuente,
con la cual fue redimida
la miseria y pobre gente.
Culpas ajenas pagaba
aquel Cordero inocente,
que fue por salvar al hombre
hasta morir obediente.
En madero fue la ofensa
de nuestro primer pariente,
y en madero la redime
el que es todo omnipotente.
Mirándole está su Madre
y llorando amargamente,
y el sagrado Evangelista,
que también está presente.
Consolando el desconsuelo
de aquel dolor tan urgente,
que vida en ninguno de ellos
ni permite ni consiente.
La naturaleza humana
fue al morir correspondiente,
que puesto que allí Dios hombre
con divino amor ardiente
estuviese padeciendo
por el hombre delincuente,
en cuanto hombre padecía,
que en cuanto Dios no es paciente.
Por el divino costado
tiene el corazón patente,
y de allí sangre divina
con soberana corriente
sale lavando la culpa
de su siervo inobediente.
Y al tiempo que ya expiraba
con el mortal accidente,
los rayos del sol perdieron
su lumbre resplandeciente.
Las piedras unas con otras
combaten ásperamente;
muriendo el Sol de justicia,
no quedó cosa viviente
que no mostrase dolor,
lo sensible y que no siente;
cesó la ley de Escritura
celebrada antiguamente,
la de gracia comenzando
tan süave y aplaciente.
Quedó el hombre desde allí
de nuevo convaleciente,
capaz de merecer gloria
si viviere justamente.

Fray Pedro de Padilla

804-Fernán Caballero



LEY DE CRISTO

Ley de Cristo: tú fecundas,
fortaleces, purificas.
Acrisolas, glorificas
y de paz el mundo inundas.

Ley de Cristo: tú ennobleces,
sanas los entendimientos,
sublimas los sentimientos
y la Patria robusteces.

De tu luz divina en pos
seguro va el que camina
porque todo se ilumina
con el Código de Dios.

En ti por Cristo nacimos.
Y a Cristo en ti confesamos.
¡Ley de Cristo, te acatamos!
¡Ley de Cristo, te seguimos!

Nuestro cristiano nacer
traiga el cristiano vivir:
nuestro cristiano morir
como el vivir ha de ser.

Tal será nuestra existencia,
¡Divino Código viejo!
Tu letra, en la inteligencia;
tu sentido, en la conciencia,
y en las obras tu reflejo.

Fernán Caballero

891-San Juan de la Cruz



CÁNTICO ESPIRITUAL

ESPOSA

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores
ni temeré las fieras;
y pasaré los fuertes y fronteras.

PREGUNTA A LAS CRIATURAS

¡Oh bosques y espesuras,
plantados por la mano del Amado,
oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

ESPOSA

!Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero,
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Mas, ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Por qué, pues has llagado
a aqueste corazón, no lo sanaste?
Y pues me lo has robado,
¿por qué así lo dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para Ti quiero tenellos.

Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!
Apártalos, Amado,
que voy de vuelo.

ESPOSO

Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

ESPOSA

Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos.

La noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Cazadnos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

Detente, Cierzo muerto;
ven, Austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Oh ninfas de Judea,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.

Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.

ESPOSO

A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores,
y miedos de las noches veladores,

por las amenas liras
y canto de sirenas, os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro,
porque la Esposa duerma más seguro.

Entrádose ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

ESPOSA

Nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado.

A zaga de tu huella
los jóvenes discurren el camino,
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.

En la interior bodega
de mi Amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa,
allí le prometí de ser su esposa.

Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido,
que andando enamorada
me hice perdidiza, y fui ganada.

De flores y esmeraldas
en las frescas mañanas escogidas
haremos las guirnaldas,
en tu amor florecidas
y en un cabello mío entretejidas.

En solo aquel cabello,
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

Cuando tú me mirabas
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían.

No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

ESPOSO

La blanca palomica
al Arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.

En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

ESPOSA

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego, a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos
y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.

El aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía.

San Juan de la Cruz

905-Eduardo Calcaño



SACRA NAVIS

Náufrago voy sin fuerza y sin aliento,
luchando con la solas de la vida,
hiere mi faz la espuma enfurecida,
me estremece el turbión, me injuria el viento.

Sólo en tu barca, oh Pedro, hay salvamento
para mi alma por el mundo herida;
bien la miro, del Noto combatida,
bregar con el colérico elemento.

Mas quiero en ella ir, que naveguemos
por rumbo que la fe tiene antevisto;
truenos, rayos, tormentas… todo inútil.

No temo zozobrar, -al puerto vamos,
que es tu vela la túnica inconsútil
y llevas de timón la cruz de Cristo.

Eduardo Calcaño

987-José Antonio Torrentbó de la Serna



AL CRISTO DEL MILAGRO

Este Cristo al que busco, rezo y lloro;
este Cristo marchito y dolorido,
esquelético, triste y retorcido,
es el Cristo al que eternamente imploro.

Sobre Él la rosa de mi amor desfloro,
que es el Cristo tal cual yo lo he sentido:
sudoroso, sangrante, corroído
por nosotros crueles. Yo te exploro

con mis ojos. Por no querer mancharte,
te beso con mis lágrimas vertidas.
¡Oh, Cristo del Milagro, al contemplarte,

me perfuman tus llagas florecidas!
Eres bálsamo y luz cuando al rezarte
me iluminas y cierras mis heridas.

José Antonio Torrentbó de la Serna

989-Juan Luis Estrella Ibáñez



ANTE UN CRISTO CRUCIFICADO

El alma en carne viva se entristece
por el alto dolor atormentada.
La sombra escueta de la Cruz se mece
en la noche de luna desolada.

El agua gris camina y la flor crece
en sus ojos abiertos sin mirada.
Por el silencio el eco se estremece
que su voz también fue crucificada.

Anida la tristeza entre la gente
y permanece en mí cuando recibo
duda plena de humano desconcierto.

Al no saber lo que es más elocuente,
si su palabra cuando hablaba vivo
o su mirada cuando mira muerto.

Juan Luis Estrella Ibáñez