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Walt Whitman



A AQUÉL QUE FUE CRUCIFICADO

Mi espíritu al tuyo, querido hermano,

No importa que muchos de los que pronuncian tu nombre no te entiendan.
Yo no pronuncio tu nombre, pero te entiendo.
Te señalo con alegría, oh compañero, para saludarte,
y para saludar a aquellos que estuvieron contigo, antes y después, y los que vendrán.
Todos los que trabajamos juntos transmitiendo la misma tarea y la misma herencia.
Unos pocos iguales, por encima de países y épocas,
Abarcamos todos los continentes, todas las castas, y aceptamos todas las teologías.
Compasivos, observadores, cerca de los hombres,
Caminamos en silencio entre discusiones y afirmaciones,
aunque sin rechazar a quienes discuten, ni nada de lo afirmado.
Oímos el griterío y el estruendo, divisiones, celos,
recriminaciones, nos llegan de todas partes.
Nos cercan imperiosamente para que nos rindamos, compañero.
Pero caminamos sueltos, libres, por toda la tierra,
viajando de un lado a otro, hasta que dejamos
nuestra marca imborrable en el tiempo y en las diversas eras.
Hasta que saturamos el tiempo y las eras,
para que los hombres y las mujeres de razas y edades futuras
puedan ser hermanos y amantes como nosotros somos.

Walt Whitman

Bernardo Velado Graña



SONETO

Dos mil años después de tu venida
te espera nuestro mundo en nuevo adviento;
sólo contigo cobrará el aliento
para vivir la tierra envejecida.

Tú eres la luz de su razón perdida,
el agua viva del que está sediento,
el verdadero pan del hombre hambriento;
vencedor de la muerte, eres la Vida.

Eres alfa y omega de la Historia
que vive tu cruz y tu victoria.
Tú descubres al hombre qué es ser hombre.

Y le ayudas a serlo y lo levantas.
Por eso el mundo entero ante tus plantas
confiesa el Nombre sobre todo nombre.

Bernardo Velado Graña

Dulce María Loynaz



POEMA XCVII

Señor mío: Tú me diste estos ojos;
dime dónde he de volverlos
en esta noche larga, que ha de durar más que mis ojos.
Rey jurado de mi primera fe: Tú me diste estas manos;
dime qué han de tomar o dejar en un peregrinaje sin sentido
para mis sentidos, donde todo me falta y todo me sobra.
Dulzura de mi ardua dulzura:
Tú me diste esta voz en el desierto;
dime cuál es la palabra digna de remontar el gran silencio. 
Soplo de mi barro: Tú me diste estos pies...
Dime por qué hiciste tantos caminos,
si Tú solo eres el Camino, y la Verdad, y la Vida.

Dulce María Loynaz

Jacint Verdaguer i Santaló



PREDICANT ALS AUCELLS

Va l’Apòstol de l’amor
per una selva d’Itàlia;
l’amor que sent per Jesús
ja no cap dins la seva ánima.

Ne parla als rius y a les flors,
i pins i roures abraça.
És desterrat Serafí
que del cel sent enyorança

D’alegria tot cantant
los aucellets l’acompanyen;
los que trastegen pel bosc
voleien de branca en branca;
los que volen per lo cel
paren atents la volada.

Francesc los vol predicar,
sota un roure s’aturava.
Sobre l’herba es posen uns,
los altres sobre les mates,
los més estimats de tots
damunt sos genolls y espatlla;
cada bri d’herba en porta un,
cada arbre una nuvolada.

– ¡Germanets aucellets, -los diu,-
lo Criador quant vos ama!
Sense sembrar ni segar
teniu sempre en vostra taula
la llavor d’herbeta humil,
de la font la gota d’aigua,
si en lo calze d’una flor
no voleu beure rosada.

Com no fileu ni cosiu,
Déu vos vesteix i vos calça;
vostre vestit i calçat
valen més que d’or i plata.

Vos dóna per llit un brot,
una fulla per teulada,
gentils boscúries per niu,
lo cel i terra per gábia.

Aucellets, los meus germans,
lo Criador quant vos ama!
Ameu-lo, volsaltres, bé,
que amor ab amor se paga;
canteu-li a l’hora de l’alba
d’amor la dolça cançó
que els homes han oblidada!-

Tot predicant als aucells
Sant Francesc s’extasiava.
Ells, per fer-li reverència,
sos jolius capets abaixen;

l’aureneta estira el coll,
la perdiu estira l’ala,
alçant los ulls cap al sol
obre son bec la calándria,

fa la’atleta el passerell,
saltirons la cogullada,
fent pujar i fent baixar
sa cogulla franciscana.

Quan Francesc los beneeix,
un sospir d’amor exhalen
i algun diví rossinyol
preludia ab la seva arpa.

Del signe sagrat que fa
pren la forma l’aucellada,
que cantant se’n vola al cel
com una creu que s’hi exampla
de llevant cap a ponent,
de migdia a tramuntana.

Així la creu de Jesús,
que el màrtir d’amor abraça,
serà duita a tot lo món
pels fills de l’Ordre Seràfica,
que pobres com los aucells,
ja entonen per monts i planes
d’amor la dolça canço
que els homes han oblidada.

Jacint Verdaguer i Santaló


PREDICANDO A LOS PÁJAROS

Va el Apóstol del amor
por una selva de Italia;
el amor que siente por Jesús
ya no le cabe en su alma.

Lo cuenta a los rios y a las flores,
y pinos y robles abraza.
Es Serafín desterrado
que del cielo siente añoranza.

De alegría cantando
los pajaritos lo acompañan;
los que andan por el bosque
vuelan de rama en rama;
los que vuelan por el cielo
paran atentos el vuelo.

Francisco quiere predicarles,
bajo un roble se detiene.
En la hierba se posan unos,
los otros sobre las matas,
los más queridos de todos,
sobre sus rodillas y espalda;
en cada brizna de hierba hay uno,
en cada árbol, una nube.

Hermanitos pajaritos, -les dice,-
el Creador, cuánto os ama!
Sin sembrar ni segar
tenéis siempre en vuestra mesa
la semilla de hierbita humilde,
de la fuente, la gota de agua,
si en el cáliz de una flor
no queréis beber rociada.

Como no hiláis ni coséis,
Dios os viste y os calza;
vuestro vestido y calzado
valen más que de oro y plata.

Os da por lecho un brote,
una hoja por tejado,
amables espesuras por nido,
el cielo y tierra por jaula.

¡Pajarillos, mis hermanos,
el Creador, cuánto os ama!
¡Amadlo vosotros, bien,
que amor con amor se paga;
cantadle a la hora del alba
la dulce canción de amor 
que los hombres olvidaron!

Predicando a los pájaros
San Francisco se extasiaba.
Ellos, por reverencia,
sus alegres cabecitas bajan;

La golondrina estira el cuello,
la perdiz estira el ala,
alzan los ojos al sol,
abre el pico la calandria,

Hace el atleta el gorrión,
saltitos la cogullada,
haciendo subir y bajar
su cogulla franciscana.

Cuando Francisco los bendice,
un suspiro de amor exhalan
y algún divino ruiseñor
preludia con su arpa.

Del signo sagrado que hace
toma forma la bandada,
que cantando vuela al cielo
como una cruz que se ensancha
de levante hasta poniente,
de mediodía a tramontana.

Así la cruz de Jesús, 
que el mártir de amor abraza,
será llevada a todo el mundo
por los hijos de la Orden Seráfica,
que pobres como los pájaros,
ya entonan por montes y llanos
de amor la dulce canción
que los hombres olvidaron.

Jacint Verdaguer i Santaló


PREDICANDO A LOS PÁJAROS

Va el apóstol del Amor
por una selva de Italia,
y el amor que por Dios siente
ya no le cabe en el alma.
Habla a los ríos y flores
y a los árboles abraza.
Es serafín desterrado
que de Dios siente añoranza.
Cantando, llenos de gozo,
los pájaros le acompañan:
los que trinan en el bosque,
volando de rama en rama,
y los que el espacio cruzan,
atentos, su vuelo paran.
Francisco les quiere hablar
y bajo un roble se para.
Los pájaros en el césped
se posan unos, en matas
otros se paran, y otros
en sus rodillas y espaldas.
Cada brizna tiene un pájaro
y hay varios en cada rama.
-Hermanas aves- les dice-,
¡cuánto el Creador os ama!
Sin sembrar ni coger nunca,
siempre en vuestra mesa se hallan
semillas de humilde hierba,
de la fuente gotas de agua,
si en el cáliz de una flor
la queréis beber más clara.
Como no hiláis ni coséis,
el Señor os viste y calza,
y vuestro traje y calzado
valen más que oro y que plata.
Un brote os brinda por lecho
y por techo la enramada,
bellos boscajes por nido
y cielo y tierra por jaula.

Mis hermanas avecillas:
¡cuánto el Creador os ama!
Amadle vosotras, pues
amor con amor se paga.
Cantadle al atardecer
y cantadle a la alborada
la dulce canción de amor
que el hombre tiene olvidada.

Y predicando a las aves,
San Francisco se extasiaba.
Las aves, por reverencia,
sus vivas cabezas bajan:
la golondrina se inclina,
la perdiz bate sus alas
alzando al cielo sus ojos;
abre el pico la calandria;
la rueda hace el pajarel,
da saltos la cojugada,
bajando y subiendo a un tiempo
su cogulla franciscana.
Al bendecirlas Francisco,
trinos amorosos lanzan
y algún ruiseñor divino
comienza a tañer su arpa.
Del signo sagrado que hacen
toman la forma sus alas,
y vuelan cantando al cielo
como una cruz que se ensancha
del Levante hasta Poniente,
del Sur a la Tramontana.
Así la cruz de Jesús
que el mártir de amor abraza
será llevada doquiera
por los de la Órden Seráfica,
que pobres, como las aves,
por valles y por montañas
cantan la canción de amor
que el hombre tiene olvidada.

Jacint Verdaguer i Santaló

1-Jesús de Nazaret



DÉCIMA

Todo aquel que tenga sed,
que venga y beba de mí;
y si no lo veis así,
sólo os digo: creed.
Cuanto yo tengo, merced
a la bondad del Señor,
es también del pecador
que abraza cuando me ve
con sincera y llana fe
este credo redentor.

Jesús de Nazaret

158-Ángel Ignacio González



A JESÚS CRUCIFICADO

Predicaste a los hombres: “Sed hermanos,
y amad el bien, la paz y la justicia”,
pero los hombres con atroz codicia,
se matan y destruyen, inhumanos.

Oprimen a los pueblos los tiranos,
de la virtud se mofa la impudicia.
¿Por qué, Jesús, la redención propicia
nunca brotó de tus preceptos sanos?

Si no fuiste inventado para hundirnos
en torpe fanatismo, si eres lazo
de amor y de bondad que vino a unirnos,

si eres Dios y no has muerte, en ese caso,
apresúrate Cristo a redimirnos,
¡pues va por veinte siglos tu fracaso!

Ángel Ignacio González

161-Ashram El-Kebir



AMOR

Siglos, milenios, eras tal vez, habían pasado
desde que Adán y Eva se unieron. No existía
ya en el mundo el amor... Pero a la grey judía
llegó un poeta rubio, dulce y atormentado.

Era el Hijo de Dios... Habló contra el pecado
de la lujuria, la sed de oro, la falsía
del mercader que roba y reza, y de la orgía
de un mundo corrompido que a Dios había olvidado.

Al pueblo dijo entonces Jesús: "Seguid mi ejemplo"...
¡y echó a los fariseos a látigo del templo!
Una joven pareja se acercó al Nazareno:

"Señor, Señor" -dijéronle- "¿amarnos es pecado?",
y Él, sonriente : "Yo mismo seré crucificado
por el amor; ¡amaos! ¡Amar es lo que es bueno!"

Ashram El-Kebir

198-José Fernández Guerra y Orbe



SONETO

En tus juicios, gran Dios, la equidad brilla:
tu amor al hombre forma tu embeleso;
mas perdonar mi ingratitud, confieso
que de tu augusto Ser fuera mancilla. 

El alma, un tiempo cándida, sencilla,
inicua ya y dolosa en luengo exceso,
de tu cólera aguarda el justo peso;
ni en tu poder cupiera el reprimilla.

¿No es tuyo el rayo? ¿Tu bondad qué espera?
Guerra por guerra a la impotente nada
que provocó tu indignación severa.

El rayo estalle de tu diestra airada...
Mas, ¿en qué parte descargar pudiera,
que no esté en sangre de Jesús bañada? 

José Fernández Guerra y Orbe

215-Juan López de Úbeda



SONETO

Dulcísimo Jesús, mi amor festina,
festina que por verte peno y muero;
muero por ti, y ansí, mi amor, lo quiero;
quiérolo porque amor a esto me inclina.

Inclíname a decir: Mi amor, camina,
camina más que el gamo muy ligero,
ligero y sin tardarte, porque espero,
espero que esperando amor se afina.

Enfermo estoy de amor y muy sediento,
sediento como el siervo fatigado;
fatigado de amor tengo mi pecho;

mi pecho sólo en verte está contento;
contento no hay sin ti, Jesús amado,
amado con amor fuerte y estrecho.

Juan López de Úbeda


NIÑO DIOS

Niño Dios que lloráis ahora,

no hay placer que en vos no mora.

Vuestro llanto es mi consuelo,

vuestra pena es mi alegría,
y es calor al alma mía
veros temblar en el suelo,
porque, Niño y Rey del Cielo,
aunque sollozáis ahora,
no hay placer que en vos no mora.

Veros pobre a causa mía

me es a mí gozo y riqueza,
pues que con vuestra pobreza
me dais gloria y gran valía,
que aunque estáis sin alegría
temblando y llorando ahora,
no hay placer que en vos no mora.

Juan López de Úbeda

232-Helen Schucman




EL SALUDO
 
No digas otra cosa que "te amo"
a todas las criaturas vivientes,
y ellas extenderán sus bendiciones
que te mantendrán a salvo
y en la completa seguridad
de que perteneces a Dios y Él te pertenece.
¿Cuál si no "te amo"
podría ser el saludo de Cristo a Cristo
cuando consigo mismo se encuentra?
¿Y qué eres tú sino el Hijo de Dios,
el Cristo al que Él quiere dar la bienvenida?

Helen Schucman

272-Poeta Anónimo



FLORECILLAS

El que quiera belleza
venga a tu rostro;
quien quiera luz del cielo,
venga a tus ojos
¡Ay, Niño amado!
Y el que quiera dulzura
venga a tus labios.
Por el valle de rosas
de tus mejillas
corren dos arroyitos
de lagrimitas.
Déjame, deja
que ellas la sed apaguen
que me atormentan.
Jesús, Tú eres el alma
del alma mía:
sin ti la luz es sombra,
muerte la vida.
¡Manso cordero!
Contigo, hasta el Calvario;
sin ti, ni al cielo.
En vano te disfrazas
y escondes, Niño;
los ángeles del cielo
te han conocido.
Tan sólo el nombre,
por más que te descubres,
no se conoce.
Son la Cruz y el pesebre
de una madera
con que Dios ha labrado
todas tus flechas.
¡Ay, prenda mía!
Atraviésame el pecho
con una astilla.
Mil corazones, Niño,
yo te daría
por lograr una sola
de tus caricias.
Mas... ¡miento, miento!,
que el que tengo me pides
y te lo niego.
Yo no puedo acallarle,
toma allá al Niño;
porque si llora, llora
por ir contigo.
¡Ay, Madre, Madre!
¿Quién si tú no le acallas
podrá acallarle?
Duérmete, Jesús mío,
duerme en mis brazos;
y no llores, no llores
por mis pecados.
Duérmete, duérmete,
y aunque llorar me sientas,
no te despiertes.

Poeta Anónimo

325-Manuel Paso Cano



A CRISTO (DESDE LA FÁBRICA)

Te llaman la miseria y los pesares,
hambre que gime, cólera que estalla,
y en el rudo trajín de la batalla
tus hijos que se matan a millares.

Oficia la mentira en tus altares
y gobierna tu pueblo la canalla,
oye si no la voz de la metralla
que clama por las tierras y los mares.

La dinamita a voces te ha llamado.
"Nada hiciste al morir", grita iracundo
este pueblo irredento y desquiciado.

Pide tu sangre, manantial fecundo.
¡Baja otra vez a ser crucificado!
¡Vuelve, Señor, a redimir al mundo!

Manuel Paso Cano

452-Jacint Verdaguer i Santaló



LLAMARON A MI CORAZÓN

A mi corazón llamaron:
corrí a abrir con vida y alma.
Veo en la puerta a mi Amor
con una cruz que me espanta.
-Pasad, si os place, Señor,
pasad, que ésta es vuestra casa;
si sólo una choza es,
haced de ella vuestro alcázar.
Y, haciendo mi noche día,
Jesús entró en mi morada;
pero al entrar en mi pecho
dejó la cruz en mi espalda.

Jacint Verdaguer i Santaló

531-Adela Zamudio



QUO VADIS?

Sola, en el ancho páramo del mundo,
sola con mi dolor,
en su confín, con estupor profundo
miro alzarse un celeste resplandor:

¡Es Él! Aparición deslumbradora
de blanca y dulce faz,
que avanza, con la diestra protectora
en actitud de bendición y paz.

Inclino ante Él mi rostro dolorido
temblando de ternura y de temor,
y exclamo con acento conmovido:
-¿A dónde vas, Señor?

-La Roma en que tus mártires supieron
en horribles suplicios perecer
es hoy lo que los Césares quisieron:
emporio de elegancia y de placer.

Allí está Pedro, el pescador que un día
predicó la pobreza y la humildad,
cubierto de lujosa pedrería
ostenta su poder y majestad.

Feroz imitador de los paganos,
el santo inquisidor
ha quemado en tu nombre a sus hermanos…
¿Adónde vas, Señor?

Allá en tus templos donde el culto impera,
¿qué hay en el fondo? O lucro o vanidad.
¡Cuán pocos son los que con fe sincera
te adoran en espíritu y verdad!

El mundo con tu sangre redimido,
veinte siglos después de tu pasión,
es hoy más infeliz, más pervertido,
más pagano que en el tiempo de Nerón.

Ante el altar de la Deidad impura,
huérfana de ideal, la juventud
contra el amor del alma se conjura
proclamando el placer como virtud.

Las antiguas barbaries que subsisten,
sólo cambian de nombre con la edad;
la esclavitud y aun el tormento existen
y es mentira grosera la igualdad.

Siempre en lucha oprimidos y opresores
de un lado, la fortuna y el poder,
del otro, la miseria y sus horrores;
y todo iniquidad… Hoy como ayer.

Hoy como ayer, los pueblos de la tierra
se arman para el asalto y la traición,
y alza triunfante el monstruo de la guerra
su bandera de espanto y confusión.

Ciega, fatal, la humanidad se abisma
en los antros del vicio y del error.
Y duda, horrorizada de sí misma…
¿A dónde vas, Señor?

Adela Zamudio 

584-Antonio Almendros Aguilar



LA CRUZ

Muere Jesús del Gólgota en la cumbre,
con amor perdonando al que le hería,
siente deshecho el corazón María
del dolor en la inmensa pesadumbre.

Se aleja con pavor la muchedumbre
cumplida ya la Santa Profecía,
tiembla la tierra, el luminar del día
cegando a tal horror, pierde su lumbre.

Se abren las tumbas, se desgarra el velo,
y a impulsos de un amor grande y fecundo
parece estar la cruz, signo de duelo,

cerrando augusta con el pie el profundo,
con la excelsa cabeza abriendo el cielo
y con los brazos abarcando el mundo.

Antonio Almendros Aguilar

610-Judas Iscariote



JUDAS

Yo soy el chivato, vendí a un gran amigo
por treinta monedas de plata, y me ahorqué
porque ya no pude vivir en mi ombligo
que siempre me acusa del mal que causé.

Yo soy el chivato, perdí mi palabra
y la confianza que obtuve de sí
vendiendo la llave para que se abra
la puerte a su muerte que hoy me mata a mí.

Colgado de un árbol que ofrece su fruta
de nuestra Natura con esa bondad,
volví a ser cobarde perdido en la ruta
que trajo el mal uso de mi libertad.

Yo soy el chivato, no tuve ni dudas
cuando Jesucristo vilmente besé,
y es algo muy fuerte saber que yo, Judas,
con tan sólo un beso traidor lo maté.

A ti que persigues también la riqueza
y a veces te arrastra tu gran ambición,
Dios quiera que nunca a tu propia cabeza
la cuelgues de un árbol por una traición.

Judas Iscariote

632-Bogatchevsky



APRENDE

Aprende a no conformarte
con lo que otros consideren
que está bien o que está mal,
pues solamente tú debes,
en conciencia y libertad,
decidir tu acción; aprende
y adquiere tu madurez,
pero mientras no la tienes
haz lo que dijo Jesús:
"Lo que para ti no quieres
no lo des a los demás",
y te irá divinamente.

Bogatchevsky

652-Pedro Bonifacio Palacios "Almafuerte"



LETANÍAS A JESÚS

Jesús de Galilea,
para mí no eres Dios,
eres sólo una idea
de la que marcho en pos.

No me humillo ni ruego
a tus plantas Jesús,
llego a ti como un ciego
que va en busca de luz.

Jesucristo eres nuestro
más grande innovador,
Profeta ¡no!, Maestro
de piedad y de amor.

No le niegues al mundo
la gloria de tu ser,
que en su vientre fecundo
te engendró una mujer.

Pastor de la gleba,
sabio teorizador,
de la turba que lleva
el signo del dolor.

¡Oh, si fuera divino
el destello de tu luz
que alumbró tu camino!,
¿qué valdría tu cruz?

Tu doctrina redime,
de ella vamos en pos,
como hombre eres sublime,
¡pequeño como Dios!

Pedro Bonifacio Palacios "Almafuerte"

657-Abelardo Moncayo Jijón



EL SERMÓN DEL MONTE

Mientras tendido el gladiador, los ojos
vuelve espirantes a la dulce patria,
desde el sangriento circo do de rosas
el Pueblo-rey ceñido, de matanza
ávido ruge y de placeres monstruos
que adormezcan su hastío... ¿esa montaña
veis allá lejos de verdor vestida
de fresco bosquecillo coronada?

Niños y pobres, a su sombra, atentos
clavan los ojos en un hombre... ¡El alba
dio a su sonrisa su apacible lumbre,
su calor cedió el sol a su mirada!

Tomando un niño en su regazo, afable
mira a la turba estática a sus plantas,
mueve los labios, y aún la leve brisa
pliega al instante sus inquietas alas.

Y rompe a hablar: «Feliz el pobre, dice,
el que su pan con lágrimas empapa.
¡Oh bienhadado! pues cual ave libre
hacia el Reino de Dios tiende sus alas.

»¡Feliz el manso que en los hombres todos
hermanos suyos ve, y a todos ama;
suya es la tierra y deleitosa sombra
a todos, como el álamo regala!

»¡Feliz quien de la vida los placeres
desdeña, y llora su dolor; del alma
las lágrimas son perlas, y al Eterno
un ángel las ofrece al enjugarlas.

»Y el que hambre y sed padece, por el triunfo
de la justicia lucha aún entre llamas.
¡Feliz atleta, de justicia ahíto,
tiene en el cielo inmarcesible palma!

»¡Feliz quien para el débil, para el triste
de amor y de piedad tesoros guarda;
para él, en cambio, es Dios, a toda hora,
de piedad y de amor fuente inexhausta!

»¡Feliz el corazón que limpio, puro,
sólo de Dios refleja las miradas;
blanca paloma de amorosos ojos,
en el seno de Dios su nido labra!

»La sangre, oh hijos míos, de la tierra
es la más negra y formidable mancha.
¡Feliz el hijo de la Paz, que hijo
también de Dios los ángeles le aclaman!

»¡Venid a mí los que lloráis! El peso
yo alivio del dolor, le trueco en calma;
fuente de luz y de la eterna vida,
vida y calor derraman mis palabras.

»De mí aprended que manso y humildoso
sólo de amor mi corazón es brasa.
¿Queréis felices ser?... De este angelito
el candor recobrad, míseras almas».

Y hablando así, como tranquilo arroyo,
se deslizan, cantando sus palabras.
¿Oyó jamás tan dulce melodía
en su destierro, la proscrita raza?

Y al alma luz, y al corazón consuelo,
y al ciego vista, y voz al que no habla,
y vida al muerto, y paz, paz a la tierra,
brotan radiantes esas tersas aguas.

Y el que habla así y trastorna de natura
las leyes, tierno con los niños habla...
Ciega razón... ¡humíllate! ¿La aureola
de esa divina faz a ver no alcanzas?

Mas, ya en la arena el gladiador, helado
cerró los mustios ojos, de venganza
roído y de dolor... ¡ay infelice,
de Jesús no escuchó ni una palabra!

Abelardo Moncayo Jijón

733-Teresa de Calcuta



AMOR

Sin un corazón lleno de amor
y sin unas manos generosas,
es imposible curar a un hombre
enfermo de su soledad.

Si no tenemos paz en el mundo
es porque hemos olvidado
que nos pertenecemos el uno al otro,
que ese hombre, esa mujer, esa criatura,
es mi hermano o mi hermana.

Empieza transformando
todo lo que haces en algo bello para Dios.

Para hacer que una lámpara
esté siempre encendida
no debemos de dejar de ponerle aceite.

Muchas veces basta una palabra,
una mirada, un gesto
para llenar el corazón del que amamos.

Lo que importa es cuánto amor
ponemos en el trabajo que realizamos.

El perdón es una decisión,
no un sentimiento,
porque cuando perdonamos
no sentimos más la ofensa,
no sentimos más rencor.
Perdona, que perdonando
tendrás en paz tu alma
y la tendrá el que te ofendió.

La paz comienza con una sonrisa.
Si realmente queremos amar,
tenemos que aprender a perdonar.

El fruto del silencio es la oración.
El fruto de la oración es la fe.
El fruto de la fe es el amor.
El fruto del amor es el servicio.

Sin nuestro sufrimiento
nuestra tarea no diferiría de la asistencia social.

No deis sólo lo superfluo, dad vuestro corazón.

Jesús es mi Dios,
Jesús es mi Esposo,
Jesús es mi Vida,
Jesús es mi único Amor,
Jesús es todo mi ser,
Jesús es mi todo.

El sufrimiento de unos puede ser provocado por la ambición de otros.

Teresa de Calcuta