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74-Johan Ludvig Runeberg



TODOS PARECÍAN ESTAR HABLANDO

A quien le haya dado el viento de la sabiduría,
prestado al aire el habla tan ligeramente,
su discurso estará listo para remar en los jardines,
y los pequeños pájaros volarán en tierna bandada.

Johan Ludvig Runeberg

211-John Keats



LA CIGARRA Y EL GRILLO

Jamás la poesía de la tierra se extingue:
cuando a todos los pájaros abate el sol ardiente
y ocúltanse en frescores de umbría, una voz corre
de seto en seto, por prados recién segados.
Es la de la cigarra. El concierto dirige
de la pompa estival y no se sacia nunca
de sus delicias, pues si le cansan sus juegos,
se tumba a reposar bajo algún junco amable.
En la tierra jamás la poesía cesa:
cuando, en la solitaria tarde invernal, el hielo
ha labrado el silencio, en el hogar ya vibra
el cántico del grillo, que aumenta sus ardores,
y parece, sumido en somnolencia dulce,
la voz de la cigarra, entre colinas verdes.

John Keats

213-Eusebio Lillo y Robles



EL POETA Y EL VULGO

Al altanero y encumbrado pino
díjole un día la rastrera grama:
-¿Por qué tan orgulloso alzas tu rama
cuando no alfombras como yo el camino?

Y él respondió: -Yo doy al peregrino
sombra, cuando su luz el sol derrama,
y cobijo las flores cuando brama
el ronco y desatado torbellino.

Así el vulgo al poeta gritó un día:
-¿Por qué miráis indiferente el suelo?
¿Qué hacéis? ¿Quién sois? – Y el bardo respondía:

-Soy más que tú porque tal vez recelo
que sólo de mi canto a la armonía
comprendes que hay un Dios y que hay un cielo.

Eusebio Lillo y Robles

336-Adolfo Vila Valencia



ESTRAMBOTE

Yo no soy el poeta de los versos de oro,
ni de plata siquiera, y, acaso, ni de cobre.
Yo no soy el poeta que en su torno le sobre
esa turba de ecos que le ensalcen a coro.

En mi cítara humilde nunca tuve un tesoro,
y he de morir lo mismo que nací: triste y pobre;
no he esperado, ni espero, que mi cítara obre
el milagro de hacerse un nuevo Artemidoro.

Yo no soy, lo repito, el poeta de alturas;
son mis versos peldaños de misérrima arcilla,
y al pisarlos se hunden, sin lograr la ascensión...

Yo soy sólo un poeta con sinfín de amarguras,
que en su vida sin lauros, en penumbra, sencilla,
consumió como llama su tenue inspiración.

Adolfo Vila Valencia

496-Diego de Rabadán


 
DEFINICIÓN DEL SONETO

El soneto es poema bien sucinto,
de leyes rigidísimas, severas,
que en ficciones y cosas verdaderas
nunca debe salir de su recinto.

Terrible complicado laberinto,
nivel de burlas y compás de veras,
que suele remontarse a las esferas,
mejorado de Apolo en tercio y quinto.

Sus partes han de ser todas perfectas,
derivadas de un solo pensamiento,
sin estribos, tacones ni muletas.

En los fines está su encantamiento,
y es la piedra de toque de poetas,
o el Caribdis y potro de tormento.

Diego de Rabadán

524-Ramón Vélez y Herrera



EL GUAJIRO POETA

Una noche deliciosa
en el pueblo de Melena,
al son del triple y güiro
se juntaron las sitieras.
La población celebraba
al tierno amante de Elena
que la palma arrebató
a López en la carrera.
Al deleite convidaba
del aire la transparencia:
copos de nieve fingían
las nubecillas ligeras;
el céfiro susurrando
jugaba en las arboledas,
y las melodiosas auras
alegraban las florestas.
Graciosamente vestidas
entonaban las vegueras
al son del triple cubano
esas sublimes endechas
con que al cantar sus amores
lloran placeres y penas.
Al pie de un alto jagüey
que una fuentecilla riega
salpicando con sus aguas
arbustos, flores y yerbas,
regocijadas y alegres
las guajiritas se sientan.
Cantó con voz melodiosa
una gallarda trigueña
y la expresión de sus ojos
pintaban sus notas bellas.
Cuando improviso Juan López
desenfadado se acerca,
y ¡a improvisar! gritan todos,
y el bardo con faz serena
después de un cortés saludo
a complacer se presenta.
Era el mozo en el partido
muy amado de las bellas,
decidor, de fácil habla,
y galante con las hembras,
y aun le picaba la musa
al joven, y era poeta
porque el guajiro de Cuba
al ver la naturaleza
que vierte el rico tesoro
de su virginal belleza,
en el rumor de los mares,
en la luz de las estrellas,
en los ricos manantiales
de aguas diáfanas y tersas,
en los brillantes cocuyos
que aleteando centellean,
en el guatini que salta,
en los sunsunes que vuelan,
en la yegua desprendida
de la flexible palmera,
en las auras de la tarde,
o en los ecos de la selva,
instantánea inspiración
brota de su alma y se eleva,
y a meditaciones graves
en la alta noche se entrega.
Toma con desembarazo
López el triple, puntea,
y afirmando las clavijas
recorre airoso las cuerdas,
y suelta al viento apacible
sus melodiosas cadencias:

"Amé una fragante rosa,
pompa del bello pensil,
en su más lozano abril,
que fue mi esperanza hermosa,
más que el alba, deliciosa,
fijé en ella la mirada,
en su frente retratada
el alma de un ángel vi
y entre sus brazos creí
ver mi existencia encantada.

"Oh, qué amargos sinsabores,
batallas, celos, tormentos,
sorprendidos pensamientos
de unos culpables amores;
¡alma ultrajada! No llores;
recuerda lo que pasé,
y di, si puede la fe,
santo culto tributar
a la que ciego un altar
en mi corazón alcé.

"Yo mi existencia pasaba
en dolorosa agonía,
y la ingrata me vendía,
y el tálamo profanaba:
con labio impío juraba
una fingida inocencia,
sin pensar que la conciencia
cuando en el rostro se pinta,
mancha como negra tinta
del alma la transparencia."

"¡Ilusión de mi esperanza,
sueño de la fantasía,
en secreto te quería
como el que imposible alcanza"
¿Qué conseguí? Destemplanza,
fuga, amenaza, otro amor,
y ver marchitar la flor
cuyo aliento virginal
secó con soplo fatal
el desencanto traidor."

"Recuerdos halagadores
de mi juventud ardiente,
venid, y en torno a mi frente
borrad mis tristes dolores:
el campo no tiene flores,
ni luz el sol para mí,
¡muerta está... Ya la perdí!
¿Qué importa que viva esté?
¿Puede un corazón sin fe
despertar el frenesí?".

Cesa el canto, enajenada
aplaude la concurrencia,
admirando la expresión
de aquellas sentidas quejas.
Yo que escuché al trovador,
alcé mis tristes querellas,
y el destino lamenté
del malogrado poeta.
¿Qué le importa el porvenir?
Su alma abrasada se eleva
al ver las sonoras linfas
que del monte se despeñan;
hallará la inspiración
en nuestras noches serenas,
o si la luz de la luna
con su clara transparencia
baña el bosque silencioso
que en la alta roca contempla;
en el vuelo del sinsonte
que en las ramas aletea,
en el bello tocororo
que ricas plumas ostenta,
en las gaviotas del mar,
en las garzas de la selvas,
o en la música solemne
de las palmas y las ceibas,
la flor, el ave y el río
inspirarán su alma inquieta,
pero su ingenio perdido
como las vírgenes tierras
donde una estéril semilla
en vez de frutos da yerbas,
no le ofrecerá la palma
de la gloria duradera,
ni la alta inmortalidad
le abrirá jamás sus puertas.
Vendrá el arado mañana
con la cortadora reja
a remover fecundando
la sequedad de la tierra,
mas no la luz del saber
a mi guajiro poeta
que pasará silencioso
improvisando en las ferias,
y en el ruido del festín
a una poesía austera
verá marchitar las galas
de su nativa belleza,
sin que nos quede del bardo
más que una memoria muerta.
¡Perdido vate! Los cielos
en olas de luz inmensas
bañaron tu pura frente,
y el ángel de la existencia
veló tu cuna al nacer,
y en tu frente centellea
la luz divina del genio...
¿Malgastarás tus cadencias,
y la pompa y armonía
que tu alta musa desplega,
perdiéndose tus canciones,
¡oh malogrado poeta!
como aquel sonido vago
que nunca un eco despierta?
¡Oh! no: con osado vuelo
la imaginación elevas,
y un océano ilimitado
en tu carrera atraviesas,
en el silencio medita,
estudia avaro las ciencias
que ofrecen rico tesoro,
y cuando tu mente llena
de concepciones sublimes
las rápidas alas tienda,
aspirarás el renombre
de la ilustre Avellaneda,
del severo Milanés
o del inmortal Heredia.

Ramón Vélez y Herrera

628-Rubén Darío



AMA TU RITMO

Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos,
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones,
hará brotar en ti mundos diversos;
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

Mata la indiferencia taciturna,
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

Rubén Darío

734-Amado Nervo



DIOS TE LIBRE, POETA

Dios te libre, poeta
de verter en el cáliz de tu hermano
la más pequeña gota de amargura,
Dios te libre, poeta,
de interceptar siquiera con tu mano
la luz que el sol regale a una criatura.

Dios te libre, poeta
de escribir una estrofa que contriste;
de turbar con tu ceño
la lógica divina de un ensueño:
de obstruir el sendero, la vereda
que recorra la más humilde planta;
de quebrantar la pobre hoja que rueda;
de entorpecer, ni con el más suave
de los pesos, el ímpetu de un ave
o de un bello ideal que se levanta.

Ten, para todo júbilo, la santa
sonrisa acogedora que lo aprueba:
pon una nota nueva
en toda voz que canta;
y resta, por lo menos,
un mínimo aguijón a cada prueba
que torture a los malos y a los buenos.

Amado Nervo


CONTIGO

Espíritu que no hallas tu camino,
que hender quieres el cielo cristalino
y no sabes qué rumbo
has de seguir, y vas de tumbo en tumbo,
llevado por la fuerza del destino. 

¡Detente! Pliega el ala voladora:
¡buscas la luz, y en ti llevas la aurora!
Recorres un abismo y otro abismo
para encontrar al Dios que te enamora,
¡y a ese Dios tú lo llevas en ti mismo! 

¡Y el agitado corazón latiendo,
en cada golpe te lo está diciendo,
y un misterioso instinto,
de tu alma en el oscuro laberinto,
te lo va noche a noche repitiendo! 

¡Más tú sigues buscando lo que tienes!
Dios, en ti, de tus ansias es testigo;
y, mientras pesaroso vas y vienes,

como el duende del cuento, Él va contigo.

Amado Nervo

765-Charles Baudelaire



EL ALBATROS

A menudo se mofan los simples marineros
de los grandes albatros que coronan los mares,
esas aves que siguen su navío indolentes
dibujando en los cielos con sus alas gigantes.

Una vez que colocan su cuerpo en la cubierta,
los reyes del azul rinden sus blancas alas,
como remos que duermen colgando en sus costados
sin que los tripulantes sientan ninguna lástima.

Ahora el ave parece tan torpe, tan inútil,
ha poco fue tan bello, pero ahora es tan horrible;
uno le abrasa el pico con su pipa asesina
mientras otro se mofa sobre él haciendo chistes.

Pues sin duda el Poeta es cual es este príncipe,
que reina en la tormenta y ríe del arquero,
mas abajo exiliado se le acaba la fiesta:
sus alas de gigante le arrastran por el suelo.

Charles Baudelaire

841-Diego de Torres y Villarroel



PAGO QUE DA EL MUNDO A LOS POETAS

Dícese de Quevedo que fue claro,
y que en algunas coplas está obsceno;
Góngora puede ser que fuese bueno,
pero ya sus comentos le hacen raro.

El Calderón, que nos lo venden caro,
sólo de lo amatorio fue muy lleno
y nos dejó en la cómica un veneno
que nos hemos bebido sin reparo.

La idea de Juan Pérez fue abatida,
de Solís intrincada, ¡infeliz suerte!
¡Oh, ciencia pobre! ¡Facultad perdida!

¡Mundo borracho, que al varón más fuerte
después de ajarlo, miserable, en vida,
predicas estas honras en su muerte!

Diego de Torres y Villarroel

920-Simón Calcaño



LA MUERTE DEL POETA

Canta la patria y el amor, ferviente
culto tributa a la virtud divina;
como el sol los espacios ilumina,
que un rayo de su luz lleva en la mente.

No se dobla ante el déspota insolente
ni el oro vil su corazón domina;
ante el altar de la verdad inclina
ceñida de laurel la noble frente.

Y cuando al fin de la vital jornada
viene la muerte a detenerle el paso
y apaga el numen que agitó al gigante,

baja el Poeta a la postrer morada
como desciende el sol hacia su ocaso
dejando tras de sí rastro brillante.

Simón Calcaño

961-Zygmunt Krasinski



DIOS ME NEGÓ

Dios me negó esa dimensión angelical
sin la cual un poeta de nada sirve a las personas.
Si la tuviera, vestiría el mundo con encantamientos,
mas como no la tengo, sólo soy un hacedor de versos.

Hay en mi corazón sonidos celestiales,
pero antes de que lleguen a la boca se abren en dos.
Las personas sólo oirán los estruendosos crujidos.
¡Yo de día y de noche oigo a mi corazón!

Él late así en las olas de mi sangre,
cual estrella que suena en las turbulencias del firmamento.
Nadie la oye en el salón de bodas,
pero Dios sí la escucha desde el ocaso al orto.

Zygmunt Krasinski

975-Rafael Carvajal



A UNA POETISA

Ni el dulce murmurar del arroyuelo
que se desliza con variado encanto,
ni el triste arrullo con que eleva al cielo
la tórtola afligida su quebranto,

ni al descorrer el misterioso velo
natura ufana con su rico manto
me ofrecieron jamás ese consuelo
que ofrecen las dulzuras de tu canto.

Canta feliz, de un cielo bonancible
hija privilegiada, que tu lira
te muestra hermosa cuanto más sensible.

¡Por Dios! canta, otra vez y el alma inspira
de un triste trovador que en su amargura
halla en tus versos celestial ternura.

Rafael Carvajal