714-Pedro Nolasco Préndez



A ELISA

Risueña estás, Elisa, y yo admirado
al ver que te sonríes muy sin gana,
sonríes por la tarde y la mañana
y yo siempre sonriendo te he encontrado.

¿Nunca el dolor tu frente ha doblegado?
Al oír una fúnebre campana
¿te has quedado sonriendo muy ufana?
Di la verdad, Elisa. ¿no has llorado?

Tu continuo reír no lo comprendo,
si dices que no sufres nunca, mientes;
el hombre aquí en la tierra está sufriendo.

Déjate de esas risas tan frecuentes
porque muchos quizás están creyendo
que deseas mostrar tu bellos dientes.

Pedro Nolasco Préndez

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