781-Juan Martínez Villergas



GUAPAS Y FEAS

Ninguna al nacer bonita
supo su gracia quizás,
y ninguna nace fea
por su propia voluntad.

Y unas y otras, sin saberlo,
por su cara nada más,
vienen al injusto mundo
a padecer o gozar.

La mujer que nace fea,
Dios la dé su santidad,
que aun con esto la diremos
imagen de Satanás.

La mujer que nace hermosa,
aunque de genio infernal,
no hay quien no la haga, rendido,
suprema divinidad.

¿Y ella qué méritos tiene
para diferencia tal?
¿Y qué delitos la fea
que tanta pena la dan?

Yo bien sé que al elegir
cuando venimos acá,
pudiendo ser Serafín
ninguno fuera Caifás.

¿Qué culpa tenemos todos
de que el papá o la mamá
pensaran al construirnos
en algún orangután?

Y eso que yo no soy fea,
si he de decir la verdad;
seré feo y no es lo mismo
feo con o que con a.

Pero volviendo, señores,
al asunto principal
que es tratar en las mujeres
de hermosura y fealdad,

Si una fea viste bien
dicen que la sienta mal.
Mona vestida de seda
la llaman por donde va.

Y una bella de trapillo
a todos nos da que hablar,
y hallamos más elegante
la indiana que el tafetán.

Cuando una hermosa sonríe
nos figuramos mirar
una tan alta sonrisa
que es sonrisa celestial.

Y si una fea se ríe
decimos sin caridad:

"¡Jesús qué boca tan grande!
¡Cabe dentro medio pan!"

Si una bella vierte lágrimas,
¡oh corazón singular!,
¡oh virgen de Rafael!,
¡oh ternura angelical!

Una lágrima que rueda
por sus mejillas no más,
aun tiene más poesía
que un libro de Chateaubriand.

Y cuando llora una fea
no se la puede mirar,
y acaso nos causa risa
su desventura fatal.

A una fea nadie llega
o pasa sin saludar;
una bonita no sale
sin un enjambre detrás.

Así son todos los hombres
y es lo más original,
que yo también soy así
sin poderlo remediar.

Juan Martínez Villergas

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